Un Mundo que se Cierra a la Urgencia de la Fraternidad

En un mundo marcado por tensiones crecientes y un resurgimiento de nacionalismos cerrados, el sueño de una fraternidad universal parece desvanecerse. En este análisis, exploramos las sombras que oscurecen el camino hacia la unidad y la importancia de resistir las tendencias que amenazan el desarrollo colectivo.

Sueños Rotos y Nacionalismos Resurgentes:

A pesar de décadas de avances hacia la integración global, las divisiones y conflictos anacrónicos resurgen, amenazando el tejido de la cooperación internacional. El anhelo de una Europa unida y una integración latinoamericana se ve desafiado por nacionalismos exasperados que promueven el egoísmo enmascarado como defensa de intereses nacionales.

Globalización Económica y Fragmentación Social:

“Abrirse al mundo” ha sido cooptado por la economía, limitándose a la apertura a los intereses extranjeros. La globalización, si bien acerca a las personas, las deja más solas que nunca en un mundo masificado. La cultura global unifica, pero las divisiones persisten, y las identidades de regiones más débiles se ven amenazadas. ¿Estamos más cerca o más lejos de la fraternidad universal?

La Pérdida de la Conciencia Histórica:

Se observa una peligrosa pérdida del sentido de la historia, alimentada por un “deconstruccionismo” cultural que abraza el consumismo desenfrenado y el individualismo sin contenido. ¿Cómo podemos construir un futuro sólido si ignoramos la riqueza espiritual transmitida por generaciones anteriores?

Colonización Cultural y Palabras Vacías:

Las nuevas formas de colonización cultural buscan despojarnos de nuestra tradición, debilitando la conciencia histórica y el pensamiento crítico. Palabras como democracia, libertad, justicia y unidad son manipuladas para justificar acciones que socavan estos mismos valores.

Desesperanza y Polarización:

La desesperanza y la desconfianza son sembradas deliberadamente para avanzar sin límites. La política se ve reducida a estrategias de polarización y ridiculización, socavando cualquier discusión sana sobre proyectos a largo plazo para el bien común. En este juego mezquino, el vencedor destruye, y la sociedad se empobrece.

En un mundo donde la fraternidad universal parece desvanecerse, es crucial resistir las fuerzas que dividen y destruyen. La búsqueda de un proyecto común para el desarrollo de la humanidad debe prevalecer sobre los intereses inmediatistas. Cuidar el mundo que compartimos es cuidarnos a nosotros mismos, y es hora de alzar la voz contra las sombras que amenazan nuestro futuro colectivo. La fraternidad universal, lejos de ser un delirio, es una necesidad urgente para un mundo más justo y unido.

 

Análisis: Dado en Asís, junto a la tumba de san Francisco, el 3 de octubre del año 2020, víspera de la Fiesta del “Poverello”, octavo de mi Pontificado. Francisco

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