Ciudad del Vaticano. En una celebración marcada por un profundo espíritu de cercanía con los más vulnerables, el Papa León XIV presidió este domingo la misa del Jubileo de los Pobres, invitando a la Iglesia y a la sociedad a “romper el muro de la soledad” y a renovar la esperanza en medio de las dificultades que atraviesa el mundo.
Durante su homilía, el Pontífice destacó que los últimos domingos del año litúrgico impulsan a los creyentes a contemplar la historia “en su desenlace final”, recordando que el profeta Malaquías anuncia el “día del Señor” como el inicio de un tiempo nuevo en el que Dios se manifiesta en favor de los humildes y erradica la injusticia.
El Papa subrayó que este “sol de justicia” es Jesús mismo y que el Reino de Dios se hace presente en los acontecimientos de la historia, incluso en aquellos marcados por la violencia, el sufrimiento y la incertidumbre. Citando las palabras de Cristo, recordó que los discípulos no deben temer porque “ni siquiera un cabello se les caerá de la cabeza”, reafirmando así la fidelidad de Dios.
León XIV señaló que la Iglesia continúa su peregrinación “entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios”, y que en medio de cualquier adversidad, el Señor permanece cercano a los pequeños, los pobres y los indefensos. “Dios no nos abandona; Él aboga por nosotros”, expresó, recordando que la Escritura está atravesada por la defensa divina del huérfano, del extranjero y de la viuda.
Un Jubileo para escuchar el grito de los pobres
El Papa afirmó que celebrar el Jubileo de los Pobres significa reconocer que la Buena Nueva de Jesús es motivo de júbilo para quienes sufren. En este sentido, dirigió un mensaje directo a los más necesitados: “Dilexi te — Te he amado”, enfatizando que, incluso en la pequeñez humana, Dios mira con amor y su Iglesia desea ser “madre de los pobres, lugar de acogida y de justicia”.
El Pontífice advirtió sobre la multiplicidad de pobrezas que afectan al mundo —materiales, morales y espirituales— y señaló que un drama común a todas ellas es la soledad. Ante esto, pidió promover una “cultura de la atención” que transforme ambientes cotidianos como la familia, el trabajo, la escuela y el mundo digital.
Llamado a líderes del mundo
En su mensaje, León XIV exhortó a los Jefes de Estado y responsables de las naciones a escuchar el clamor de los más vulnerables: “No podrá haber paz sin justicia”, afirmó, denunciando el mito del progreso que excluye a los débiles y genera migración, abandono y desigualdad.
Asimismo, agradeció el trabajo de voluntarios y agentes de pastoral que sirven diariamente a los pobres, animándolos a seguir siendo “conciencia crítica” en la sociedad. Recordó que para la fe cristiana, los pobres son “la misma carne de Cristo”, no una categoría sociológica.
Una invitación a la responsabilidad comunitaria
El Papa también citó a san Pablo para recordar que la espera del Señor no debe llevar a una vida encerrada en uno mismo, sino a un compromiso decidido por transformar la convivencia humana en un espacio de fraternidad. Alertó sobre el peligro de vivir como “viajeros distraídos”, indiferentes al sufrimiento ajeno.
En este Jubileo, propuso como ejemplo a san Benito José Labre, conocido como el “vagabundo de Dios”, a quien presentó como especial intercesor de las personas sin hogar.
Bajo el amparo de María
La celebración concluyó con una invocación a la Virgen María, cuyo Magníficat —recordó el Papa— continúa proclamando la opción de Dios por los humildes. Pidió que ella ayude a la Iglesia a encarnar la lógica del Reino: un amor que acoge, sana, consuela y levanta a los caídos.