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Homilía integra pronunciada por Mons. Morel Diplan, en patronales de la Parroquia Jesús Maestro

by MInerva Hernández

Damos el saludo a las instituciones que nos acompañan en esta mañana las comunidades también que nos acompañan, así a cada uno de ustedes, hermanos, hermanas, reunidos para celebrar esta fiesta. en el que contemplamos con fe y con confianza a nuestro señor como el gran maestro así el saludo a las personas que nos están siguiendo a través de televida el canal católico de esta arquidiócesis que está también transmitiendo esta eucaristía Y agradecer a Dios también por todos aquellos y aquellas que han sido parte de la historia de esta comunidad parroquial.

Recordando al padre Bedoya, jesuita que trabajó también acá. Y tantos hombres y mujeres que han sido parte de la historia de fe, de vida cristiana de esta comunidad. Lo que es la comunidad, lo que es esta parroquia. ha sido el esfuerzo el testimonio y la vida de tantos hombres y mujeres que diariamente fueron sembrando la semillita de los valores y principios cristianos en esta comunidad hoy lo celebramos disfrutamos del trabajo del esfuerzo de tantas personas y La gratitud a Dios por cada uno de estos hombres y mujeres y pedirle al Señor el descanso eterno por aquellos que ya se nos han adelantado. No podemos perder la memoria de todos esos hombres y mujeres que han sido testigos de la vida de fe de esta comunidad y del testimonio también que dieron ellos. con su palabra con su vida y con sus obras si recordamos en esta celebración de la clausura también de las patronales que ha venido celebrando esta comunidad y es interesante que cada año la comunidad organice sus fiestas para para reavivar, para hacer memoria de lo que ha significado la fe para esta comunidad y renovar esa fe que se ha ido cultivando a lo largo del tiempo para seguir fortaleciendo el presente y el futuro de la vida cristiana de la comunidad. Y al acercarnos a la palabra de Dios en este día, Dichos textos son propios para la fiesta de esta comunidad, no son lo que estamos leyendo en otras comunidades, porque son propios para esta fiesta.

Porque se nos invita a contemplar, a mirar la persona de Jesús, pero en la dimensión del Maestro, el Gran Maestro. Y la gente fue mirando en Jesús. Al maestro, que no había hecho, había hecho todo el proceso que hacían los judíos de aquel entonces, que pasaban por las escuelas, los grupos, y Jesús no pasó por nada de eso.

Pero la gente lo reconoció como el gran maestro. Y en él entonces miramos las cualidades del maestro, que nos debe servir también a nosotros. para continuar esa obra hermosa de nuestro Señor Jesucristo. Y el mundo necesita maestro de fe, maestro de vida cristiana, maestros y maestras que reflejen la presencia de Dios en este mundo.

Pero Jesús, de una manera muy sencilla y simple, nos enseña. Y cuando tomamos cada uno de los evangelios, Leemos cómo Jesús de manera práctica, sin complicarse mucho la vida y sin complicarse a los demás, le va enseñando. Es un maestro práctico, pero muy concreto en lo que enseña, que hoy nos ayuda también a nosotros.

Y leemos entonces los textos, el libro del profeta Isaías, que nos habla del que escucha. Y el profeta se presenta con los oídos abiertos para escuchar la voz de Dios, como aquel que está dispuesto a dejarse enseñar y a dejarse guiar para ser un buen discípulo. Y Jesús entonces se convierte en el gran maestro del escucha, un gran maestro del escucha.

Y cuando vamos leyendo los textos bíblicos, especialmente como he dicho de los evangelios, encontramos a un Jesús que siempre está escuchando a la gente. Tiene un gran don, tiene un arte hermoso de poner los oídos a las necesidades y a las preocupaciones de los demás.

Y se convierte en un gran maestro, porque es el maestro de la escucha, de la atención. de poner la mirada en el otro y la otra que necesita ser atendido, necesita ser escuchado, necesita ser valorado. Y para nosotros los cristianos de este tiempo, es también una invitación para que ejerzamos y practiquemos y hagamos de la escucha un arte.

Desafortunadamente, hemos ido perdiendo esa capacidad. ese don, ese arte de saber escuchar a la otra persona. Por eso se destruyen muchos matrimonios, porque no saben escuchar. Por eso suceden los conflictos y las confrontaciones entre las personas, porque no sabemos escucharnos. Por eso suceden los problemas en la sociedad, porque no nos escuchan y hay gente que no sabe escuchar.

Y perdió el don, el arte de saber escuchar. El que tiene la dirección o un puesto de mando en la sociedad, tiene que saber escuchar. Hay gente que se cierra en su soberbia, en su vanidad, y no quiere escuchar a nadie, encerrado en una oficina. Te dieron la oportunidad para que escuche, te hicieron funcionario, te hicieron tal cosa, te hicieron lo otro, para que escuche a los otros.

Pero a veces la vanidad cierra el corazón y cierra los oídos y hay gente que no quiere escuchar a nadie. Ni ellos mismos escuchan, ni su propia conciencia la escuchan, porque se han cerrado al escuchar. ¿Qué bien hace cuando tú escuchas al otro? Cuando tú te detienes. Pero no solamente escuchar para salir del otro, porque a veces queremos para salir de fulano ya, vamos a ver lo que quiere y ya. Sino escuchar al otro. con la mirada puesta en los ojos del otro, escuchar al otro con una atención particular, singular, que el otro sienta que tú le estás escuchando, no con los oídos, sino con el corazón. Y qué bien nos hace cuando el joven se acerca al papá o la mamá y que ese joven se siente escuchado.

Cuando se acerca el maestro o la maestra, que se siente escuchado por el maestro o la maestra. Cuando una persona se acerca a un sacerdote o a un servidor que se siente escuchado, a veces creemos que hay que perder tiempo y no se pierde tiempo. Es una inversión de tiempo porque está invirtiendo un tiempo en algo que transforma la vida de un ser humano y ayuda a que el otro sea diferente.

Por eso Jesús dedicó tiempo a escuchar al leproso, a la prostituta, a los niños, al enfermo, al cojo, al ciego. A todos le escuchaban. Y fíjense cómo todos se sanaban. Todos se sanaban. Y Jesús no hacía nada extraordinario. Con solamente escucharlo. Y uno también, con solamente que escuchen a uno. A veces uno se sana con solamente sentir que el otro te escuche.

Como el que va a un médico. Y sin el médico tomar el lápiz para anotar una receta, con el hecho de solamente ese médico acogerle, extenderle, escucharle, ya comienza la primera sanación. Ya se siente curado porque me escucharon. Vivimos en un mundo ahogado, en un mundo donde no sabemos a veces a quién acudir ni dónde acudir.

Nos sentimos a veces cargados de muchas preocupaciones y problemas. Porque nos falta quien nos escuche. El adulto mayor que no tiene quien le escuche encerrado en una casa se deprime y se enferma. Y por eso muchos adultos mayores viven constantemente enfermos. Porque ni los nietos, ni los hijos, ni nadie le escucha.

Porque todos estamos muy ocupados. El arte de escuchar. El don de escuchar. Hasta entre nosotros mismos escucharnos. Y Jesús sana más con la escucha que con los signos que hace. Porque el arte de escuchar, el don de escuchar es la mejor terapia y medicina para sanar el corazón herido de un ser humano. Por eso Jesús es el gran maestro de la escucha, el gran maestro de la atención al otro, el gran maestro de la acogida a la otra persona. Por eso Jesús es el gran maestro. Pero otra característica también del gran maestro y que Jesús lo expresa y lo manifiesta como, bien sabemos, es la forma en que ilumina la vida de los demás.

Y Pedro nos habla de la luz, de una luz, que es la vida, el testimonio, la presencia de un cristiano, de una cristiana. Y Jesús entonces bien lo dice. Yo soy la luz del mundo. Y se presenta como una luz. Y el maestro o la maestra debe ser una luz. Para la otra persona. En medio de la tensión. En medio de la crisis. En medio de la confusión. En medio de la turbación. En medio de la tristeza. Ser una luz. Y Jesús es como una luz. Para muchas personas que andan confundidas o turbadas, desorientadas en el camino, y cuando se encuentran con Jesús, encuentran una luz. Y recordamos ejemplos interesantísimos como la Samaritana, como Saqueo, o así también como la Magdalena, y tantos ejemplos de Jesús que se convierte en una luz para aquellos que andan confundidos.

Y entonces al mirar a Jesús y escuchar a Jesús, encuentran una luz. Nosotros como cristianos y cristianas, debemos ser una luz para los demás. Debemos ser una luz. Nuestro mundo, nuestra sociedad se va oscureciendo cada vez más. Mucha tiniebla. La tiniebla del odio, del rechazo, de la indiferencia. La indiferencia constante y la apatía para acercarnos a los otros. Son oscuridades. El trato al otro, la escucha al otro, la atención a las demás personas y el mal que gana espacio entre nosotros es como una oscuridad. Nosotros debemos ser luces. Y qué agradable es cuando uno se encuentra con personas que son para uno como una luz. Cuando uno encuentra a alguien que le sonríe y que te da la mano, te abraza, te toca el hombro. y te dice, mira, estamos contigo, y te apoyamos. O cuando en la familia se apoyan unos a otros, los hermanos se apoyan unos a otros, uno siente como una luz en esa familia. O cuando uno está pasando por una situación difícil de la vida, una crisis, un problema de salud, un problema personal, que uno encuentre a alguien que le sirva de luz.

Cuando se vive en un ambiente de tinieblas y de oscuridad, Crece la ansiedad y la depresión y la crisis, porque los lugares oscuros provocan crisis, provocan ansiedad y provocan depresión. Cuando usted está en un lugar claro, bonito, usted se siente cómodo. Y por eso uno quiere irse hasta el campo, a un lugar donde haya luz, porque quiere buscar un espacio donde el alma se libere.

Pero nuestros espacios se están convirtiendo en oscuridad. Persona molesta, malhumorada, incómoda, quejosa, peleona. Todo un ambiente de oscuridad. Necesitamos una luz. Una gente que te sonríe, una gente que te salude, una gente que te acoja, una gente que tenga solución a los problemas. Y por eso uno mira en nuestra calle de Santo Domingo como andamos, como en medio de una oscuridad.

Gente molesta, gente quejosa, diciendo malas palabras, insultando al otro. Todo un ambiente de tinieblas. Ser luz. Y Jesús es como la luz. En medio de un ambiente de oscuridad, iluminó. Y por eso la resurrección es la luz. Y se presenta Cristo y la transfiguración radiantes que ilumina a los demás.

Estamos llamados a ser luz. Tú y yo que escuchamos la palabra, que comulgamos, que venimos a la iglesia, que celebramos. Debemos salir radiante de aquí. No podemos salir de aquí con una actitud de pesimismo, de cansancio y desencanto. El que ha conocido al Maestro y el que ha conocido y está en comunicación con el Maestro debe ser una luz para los demás.

Para nuestros jóvenes, iluminar sus vidas cuando nosotros, los adultos, los que tenemos responsabilidades, que podamos iluminar a nuestros muchachos. Que ellos miren en nosotros un ejemplo de vida y una persona imitada, porque somos luces. Jesús es el gran maestro de la luz. Su vida es transparente, ilumina.

Y así también nosotros ser la luz para poder iluminar nuestra sociedad como Jesús, el gran Maestro que ilumina las mentes y los corazones de cada ser humano. Y el Evangelio entonces que hemos escuchado de Juan nos habla del gesto de Jesús, incomprensible para Pedro, incomprensible para los discípulos, que el Maestro se baja a lavarle los pies a un discípulo. Incomprensible. ¿No se entiende? Incomprensible para la gente. Pero Jesús hace un acto, no por populismo, ni para llamar la atención, ni para que la gente le tome una imagen y lo publique que Jesús se bajó a lavarle los pies a un discípulo, para hacer una pose. Es un acto muy natural y espontáneo de testimonio. Un hombre de testimonio, de dar testimonio a los discípulos. Para que ustedes también se bajen y aprendan a bajarse y no se crean grandes. Es una gran lesión que le da Jesús a los discípulos. Porque humanamente está ese ego que nos hace entender que somos muy grandes e importantes en este mundo. Y que los demás están por debajo de mí.

Jesús le da testimonio de bajamiento. Se pone por debajo de todos dándole testimonio de vida. Jesús es el gran modelo de vida para nosotros. Y es no solamente un texto para ser leído y para recordar que Jesús hizo eso y repetirlo, no. Y no tiene que ser exactamente así, pero sí ser un signo de testimonio para los demás y eso atrajo a los discípulos y puso en atención a todo el mundo por el gesto de Jesús.

Nuestra sociedad necesita de testigos, hombres y mujeres que sean testigos, que den testimonio. Es uno de los males sociales que tenemos, los malos testimonios. Hasta en nosotros mismos, los que tenemos cierta posición en la sociedad, los signos que mandamos hacen mucho daño muchas veces, necesitamos signo positivo de buen testimonio de todos y todas para que nuestra sociedad sea mejor que nuestros niños y jóvenes miren en nosotros hombres y mujeres ejemplares honestos de buen comportamiento de vida cristiana de valores y principios en la convivencia cotidiana en nuestra sociedad no cambia la sociedad de otra manera La educación, la formación, vale mucho del testimonio nuestro.

No solamente las clases que le dan en el aula, no solamente lo que se aprende en una universidad, sino el buen testimonio que uno va aprendiendo de papá, de mamá, de los abuelos, de los familiares, de la gente que está en nuestro entorno, que nos ayuda a ser mejores personas. Los jóvenes de hoy, nuestros jóvenes, necesitan un modelo de vida.

Jesús es un modelo de vida, pero también tú y yo debemos ser un modelo de vida para nuestros hombres, para que crezcan mirando un referente, un gran referente moral, un gran referente humano, un gran referente espiritual, que miren en nosotros los adultos, un referente. Nuestra humanidad hoy está carente de referentes.

¿Qué referentes tengo yo a nivel mundial? Presidentes matándose uno con otro y peleando y acabando con la humanidad. ¿Cuáles son los referentes que tenemos nosotros actualmente? Es triste, porque el mundo necesita de buenos referentes. Cristo es el modelo de vida para nosotros, para que nosotros como cristianos miremos el estilo de vida, la forma de ser, para poder transformar el mundo y la humanidad.

Cristo transformó la humanidad de esa forma. Impactó la sociedad, impactó el mundo con su comportamiento, con su estilo de vida y con su forma de ser. Así nosotros también podemos impactar nuestra sociedad, transformar nuestra sociedad, siguiendo los valores cristianos y teniendo a Cristo como nuestro modelo y maestro. Que así sea.

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