Renovados en el Bautismo, enviados a servir: seis nuevos presbíteros para la Diócesis de La Vega

La ordenación sacerdotal se une a la apertura del Año del Bautismo como fuente de toda vocación.

by José Medrano
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La Iglesia que peregrina en la República Dominicana vivió un significativo momento de fe, comunión y alegría con la Solemne Ordenación Sacerdotal de seis nuevos presbíteros y la apertura del Año del Bautismo en la Diócesis de La Vega,  celebrada el sábado 10, en la Catedral Inmaculada Concepción.

La Eucaristía fue presidida por S. E. R. Mons. José Amable Durán Tineo, Administrador Apostólico de la Diócesis de La Vega, quien confirió el orden sacerdotal a Isaías, José Andrés, José Eduardo, Leudis Manuel, Plinio Miguel y Roemil, mediante la imposición de manos y la plegaria de ordenación, conforme al rito de la Iglesia.

Durante la celebración, marcada por un ambiente de oración, gratitud y profunda alegría, los nuevos sacerdotes pronunciaron su “sí” definitivo al llamado del Señor, comprometiéndose a servir al Pueblo de Dios con los mismos sentimientos de Cristo Jesús, en fidelidad a la misión recibida.

En su homilía, Mons. Amable Durán destacó el carácter especial de esta celebración, al coincidir con la apertura del trienio pastoral que prepara a la Diócesis de La Vega para la conmemoración de los 75 años de su creación, iniciando con un año pastoral centrado en la renovación del Bautismo como fundamento de la vida cristiana.

El prelado explicó que el año 2026 se presenta como un tiempo de gracia, en el que la Iglesia es invitada a profundizar en tres pilares fundamentales: el Bautismo, la sinodalidad y la santidad, los cuales —afirmó— no son simples temas, sino el pulso de la vida cristiana y del crecimiento de la misión del Pueblo de Dios.

Al reflexionar sobre el Bautismo, recordó que este sacramento es el punto de partida de la fe, sólido fundamento de la identidad cristiana y puerta a la vida en el Espíritu. “En el Bautismo somos liberados del pecado, hechos hijos de Dios y constituidos miembros vivos del Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia”, expresó, exhortando a los fieles a volver con gratitud a las pilas bautismales y a vivir con renovado compromiso su condición de bautizados.

Mons. Durán subrayó además que del Bautismo brota la sinodalidad, entendida no como una moda, sino como la expresión viva de la comunión, la participación y la corresponsabilidad eclesial. En ese sentido, invitó a seguir cultivando el diálogo, la escucha y el caminar juntos entre obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, diáconos y laicos, como un solo Pueblo de Dios guiado por el Espíritu Santo.

Dirigiéndose de manera particular a los nuevos presbíteros, el Obispo destacó el significado profundo de la unción del Espíritu Santo, que los configura con Cristo, sacerdote eterno, para ser enviados a anunciar la Buena Nueva, consolar a los afligidos y servir con especial cercanía a los más necesitados. Les exhortó a vivir su ministerio con humildad, unidad y espíritu de servicio, sin buscar intereses propios, sino el bien del pueblo que les será confiado.

Asimismo, recordó que la santidad no es privilegio de unos pocos, sino una llamada universal que se vive en la fidelidad cotidiana y en los pequeños gestos de amor, animando a todo el Pueblo de Dios a aspirar a la plenitud de la vida cristiana.

Bajo la maternal intercesión de la Virgen de las Mercedes, los nuevos presbíteros son encomendados para que perseveren fieles en el ministerio recibido, caminen siempre en comunión con la Iglesia y sirvan al Pueblo de Dios con un corazón configurado con Cristo, en santidad de vida y entrega generosa.

 

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