Cada 24 de enero, la Iglesia Católica conmemora a San Francisco de Sales, obispo de Ginebra y Doctor de la Iglesia, reconocido universalmente como el santo de la amabilidad y patrono de los periodistas, escritores y comunicadores. Su figura adquiere hoy una relevancia especial en un mundo marcado por la sobreinformación, la polarización y el uso irresponsable de la palabra.
Nacido en 1567 en el castillo de Sales, en el ducado de Saboya, Francisco fue el mayor de seis hermanos. Desde niño manifestó un carácter inquieto y fuerte, rasgo que con el tiempo aprendería a dominar con la gracia de Dios y una profunda vida espiritual. Esa lucha interior lo llevó a comprender que la verdadera fuerza del cristiano no está en la imposición, sino en la mansedumbre.
Formado por los jesuitas y dotado de una sólida preparación intelectual, estudió leyes y teología. Aunque su padre deseaba para él una carrera civil, Francisco escuchó el llamado de Dios y fue ordenado sacerdote en 1593. Desde entonces se distinguió por una predicación cercana, clara y profundamente humana.
Durante su misión en la región de Chablais, donde el calvinismo era dominante, encontró cerradas las puertas de los templos. Lejos de rendirse, recurrió a la creatividad: escribió sus homilías y las distribuía casa por casa, deslizándolas bajo las puertas. Aquellos textos, redactados con respeto, paciencia y claridad doctrinal, se convirtieron en un instrumento eficaz de evangelización y lo consagraron como precursor de la comunicación pastoral moderna.
Por este motivo, la Iglesia lo reconoce hoy como patrono de los comunicadores, al haber comprendido antes que nadie que comunicar la fe no es imponer ideas, sino tocar los corazones con verdad y amor. Su estilo, marcado por la dulzura, el respeto y la cercanía, sigue siendo un modelo para periodistas, escritores, predicadores y creadores de contenido.
Nombrado obispo de Ginebra, estableció su sede en Annecy y desarrolló una intensa labor pastoral. Junto a Santa Juana Francisca de Chantal fundó la Orden de la Visitación, y de su acompañamiento espiritual nació su obra más conocida, Introducción a la vida devota, considerada una joya de la espiritualidad cristiana.
San Francisco de Sales murió el 28 de diciembre de 1622. Fue canonizado en 1665 y proclamado Doctor de la Iglesia en 1877. Más tarde, San Juan Bosco lo eligió como patrono de la familia salesiana, reconociendo en él un modelo de educación basada en la razón, la fe y el amor.
Hoy, en la era digital, su mensaje resuena con fuerza renovada. En medio del ruido, la desinformación y el lenguaje agresivo, San Francisco de Sales recuerda que la comunicación auténtica nace del corazón, se expresa con respeto y busca siempre construir puentes de paz.
Su vida enseña que la verdad, cuando se comunica con caridad, tiene el poder de transformar el mundo.