{"id":11953,"date":"2018-05-09T13:37:35","date_gmt":"2018-05-09T18:07:35","guid":{"rendered":"https:\/\/www.diariocatolico.org\/?p=11953"},"modified":"2026-04-17T15:04:07","modified_gmt":"2026-04-17T15:04:07","slug":"domingo-savio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/2018\/05\/09\/domingo-savio\/","title":{"rendered":"Domingo Savio"},"content":{"rendered":"<div class=\"impresion\"><\/div>\n<div id=\"ArticleAuthorDiv\" class=\"article-body-author\"><b>Luis Rosario<\/b><\/div>\n<div id=\"ArticleBody\">\n<p>Abramos el ropero y busquemos el mejor de los vestidos. Parece raro, pero la santidad se visti\u00f3 de alegr\u00eda. Estamos acostumbrados a ver la santidad con el vestido de la tristeza y el rostro torcido.<\/p>\n<p>Deseamos tomar del ropero el m\u00e1s hermoso de los vestidos, el de la verdadera alegr\u00eda. Queremos retratarnos con el traje de la alegr\u00eda y de la fiesta. Nuestro mejor selfie, el autorretrato m\u00e1s aut\u00e9ntico y hermoso, es el que refleja nuestra santidad.<\/p>\n<p>Pero, \u00bfen qu\u00e9 consiste la santidad? Tal vez no sea una definici\u00f3n teol\u00f3gicamente depurada, pero: \u201cNosotros hacemos consistir la santidad en estar siempre alegres\u201d, responder\u00eda Don Bosco. Y as\u00ed se lo ense\u00f1\u00f3 a los muchachos.<\/p>\n<p>La pedagog\u00eda de Don Bosco ha bajado la santidad de la altura dif\u00edcilmente alcanzable, para colocarla al nivel de ni\u00f1os, adolescentes j\u00f3venes. \u00c9l le ha dado a la santidad un color m\u00e1s humano y menos austero, poni\u00e9ndole el vestido de la alegr\u00eda. En esta escuela de la alegr\u00eda se santific\u00f3 Domingo Savio, cuya fiesta celebr\u00f3 la Iglesia el domingo pasado, 6 de Mayo.<\/p>\n<p>\u201cUn santo triste es un triste santo\u201d, afirmaba San Francisco de Sales, del cual Don Bosco aprendi\u00f3 que la alegr\u00eda es camino a la santidad. Por esa misma raz\u00f3n Don Bosco dec\u00eda: \u201cTristeza y melancol\u00eda fuera de la casa m\u00eda.\u201d<\/p>\n<p>Don Bosco se sent\u00eda profundamente preocupado cuando ve\u00eda a un joven triste, taciturno, arrinconado y perdido en sus propios pensamientos. Consideraba que estaba enfermo, del alma o del cuerpo.<\/p>\n<p>Los vestidos del mundo son confeccionados por los mejores modistos y, quien m\u00e1s y qui\u00e9n menos, de acuerdo a sus posibilidades, quiere vestir lo mejor posible. Hasta concursos de moda y de belleza se organizan, en los que parece que la alegr\u00eda llega a su m\u00e1xima expresi\u00f3n. Pero \u00a1Qu\u00e9 va! Mucha espuma y poco chocolate. Todo es pura apariencia.<\/p>\n<p>La alegr\u00eda y la santidad van de la mano. Por eso, para ponernos el vestido de la alegr\u00eda, es necesario iniciar una vida nueva, enraizada en el amor de Dios, que se expresa en bondad solidaria a los dem\u00e1s, especialmente a los marginados sociales.<\/p>\n<p>En el ropero del mundo hay muchos vestidos; el m\u00e1s hermoso es el de la verdadera alegr\u00eda, el de la santidad. Este vestido cuesta poco y vale mucho. Es un regalo de Dios a quienes han abandonado el camino de la maldad y han hecho del amor el sentido de su vida.<\/p>\n<p>En un mundo en que las nuevas generaciones desconocen la verdadera alegr\u00eda, la familia salesiana ofrece el ejemplo de Santo Domingo Savio, un jovencito que se entreg\u00f3 de lleno a darle a la vida el verdadero sabor, prefiriendo morir antes que mancillar su armon\u00eda espiritual con el pecado.<\/p>\n<p>Fuente: <a href=\"https:\/\/www.listindiario.com\/puntos-de-vista\/2018\/05\/09\/514146\/domingo-savio\">List\u00edn Diario<\/a><\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Luis Rosario Abramos el ropero y busquemos el mejor de los vestidos. Parece raro, pero&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":11954,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"content-type":"","_lmt_disableupdate":"","_lmt_disable":"","footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-11953","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized"],"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11953","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11953"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11953\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11953"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11953"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11953"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}