{"id":42168,"date":"2019-10-20T08:08:43","date_gmt":"2019-10-20T12:38:43","guid":{"rendered":"https:\/\/www.diariocatolico.org\/?p=42168"},"modified":"2026-04-17T15:04:11","modified_gmt":"2026-04-17T15:04:11","slug":"santa-misa-dia-mundial-de-las-misiones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/2019\/10\/20\/santa-misa-dia-mundial-de-las-misiones\/","title":{"rendered":"Santa Misa. D\u00eda Mundial de las misiones"},"content":{"rendered":"<h1 class=\"article__title\">El Papa: ninguno est\u00e1 excluido del coraz\u00f3n de Dios<\/h1>\n<div class=\"article__subTitle\">El Papa Francisco ha celebrado la ma\u00f1ana de este 20 de octubre la misa del d\u00eda mundial de las misiones en la Plaza de San Pedro. Subray\u00f3 que \u201cEl testigo de Jes\u00fas va al encuentro de todos, no s\u00f3lo de los suyos\u201d.<\/div>\n<div>\n<p>El Papa Francisco desarrolla la homil\u00eda en torno a tres palabras presentes en las lecturas: un sustantivo, un verbo y un adjetivo: monte, subir y todos.<\/p>\n<h2>El monte<\/h2>\n<p>Para el Papa Francisco, el sustantivo es el monte: \u201cEs el lugar donde a Dios le gusta dar cita a toda la humanidad. Es el lugar del encuentro con nosotros, como muestra la Biblia, desde el Sina\u00ed pasando por el Carmelo, hasta llegar a Jes\u00fas, que proclam\u00f3 las Bienaventuranzas en la monta\u00f1a, se transfigur\u00f3 en el monte Tabor, dio su vida en el Calvario y ascendi\u00f3 al cielo desde el monte de los Olivos. El monte, lugar de grandes encuentros entre Dios y el hombre, es tambi\u00e9n el sitio donde Jes\u00fas pasa horas y horas en oraci\u00f3n (cf.\u00a0<i>Mc<\/i>\u00a06,46), uniendo la tierra y el cielo; a nosotros, sus hermanos, con el Padre\u201d.<\/p>\n<p>El Papa se pregunta \u00bfQu\u00e9 significado tiene para nosotros el monte? El monte es un lugar donde tomamos distancia, para acercarnos a Dios y a los dem\u00e1s: el silencio, la oraci\u00f3n nos acercan a Dios, pero nos distancian de las habladur\u00edas. Igual con los dem\u00e1s: \u201cEl monte nos recuerda que los hermanos y las hermanas no se seleccionan, sino que se abrazan, con la mirada y, sobre todo, con la vida. El monte une a Dios y a los hermanos en un \u00fanico abrazo, el de la oraci\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>Para Francisco, \u201cLa misi\u00f3n comienza en el monte: all\u00ed se descubre lo que cuenta. En el coraz\u00f3n de este mes misionero, pregunt\u00e9monos: \u00bfQu\u00e9 es lo que cuenta para m\u00ed en la vida? \u00bfCu\u00e1les son las cumbres que deseo alcanzar?\u201d<\/p>\n<h2>Subir<\/h2>\n<p>El Papa cita al profeta Isa\u00edas cuando nos anima: \u00abVengan,\u00a0<i>subamos<\/i>\u00a0al monte del Se\u00f1or\u00bb (2,3), y contin\u00faa: \u201cNo hemos nacido para estar en la tierra, para contentarnos con cosas llanas, hemos nacido para alcanzar las alturas, para encontrar a Dios y a los hermanos. Pero para esto se necesita subir: se necesita dejar una vida horizontal, luchar contra la fuerza de gravedad del ego\u00edsmo, realizar un \u00e9xodo del propio yo. Subir, por tanto, cuesta trabajo, pero es el \u00fanico modo para ver todo mejor, como cuando se va a la monta\u00f1a y s\u00f3lo en la cima se vislumbra el panorama m\u00e1s hermoso y se comprende que no se pod\u00eda conquistar sino avanzando por aquel sendero siempre en subida\u201d.<\/p>\n<p>La acci\u00f3n de subir est\u00e1 acompa\u00f1ada por un elemento no siempre evidente: \u201cno se puede subir bien si se est\u00e1 cargado de cosas\u201d. Por tanto, el secreto de la misi\u00f3n es la renuncia: \u201cpara\u00a0<i>anunciar<\/i>\u00a0se necesita\u00a0<i>renunciar<\/i>\u201d.\u00a0 E insiste: \u201cuna vida de servicio, que sabe renunciar a muchas cosas materiales que empeque\u00f1ecen el coraz\u00f3n, nos hacen indiferentes y nos encierran en nosotros mismos\u201d.<\/p>\n<p>El Papa luego cuestiona a su auditorio: \u201c\u00bfC\u00f3mo es mi subida? \u00bfS\u00e9 renunciar a los equipajes pesados e in\u00fatiles de la mundanidad para subir al monte del Se\u00f1or?\u201d<\/p>\n<h2>Todos<\/h2>\n<p>El Papa recuerda a San Pablo: Dios quiere \u00abque\u00a0<i>todos<\/i>\u00a0los hombres se salven\u00bb, escribe (<i>1 Tm<\/i>\u00a02,4). Luego insiste: \u201cEl Se\u00f1or es obstinado al repetir este\u00a0<i>todos<\/i>. Sabe que nosotros somos testarudos al repetir \u201cm\u00edo\u201d y \u201cnuestro\u201d: mis cosas, nuestra gente, nuestra comunidad\u2026, y \u00c9l no se cansa de repetir: \u201ctodos\u201d. Todos, porque ninguno est\u00e1 excluido de su coraz\u00f3n, de su salvaci\u00f3n\u2026\u201d<\/p>\n<p>Seguidamente subraya: \u201cEsta es la misi\u00f3n: subir al monte a rezar por todos y bajar del monte para hacerse don a todos\u201d.<\/p>\n<h2>Estar siempre en salida<\/h2>\n<p>Subir y bajar: el cristiano, por tanto, est\u00e1 siempre en movimiento, en salida, afirma el Papa. A esto a\u00f1ade: \u201cEl testigo de Jes\u00fas jam\u00e1s busca ser destinatario de un reconocimiento de los dem\u00e1s, sino que es \u00e9l quien debe dar amor al que no conoce al Se\u00f1or\u201d.<\/p>\n<h2>Instrucciones para ir al encuentro de todos<\/h2>\n<p>Para el Papa Francisco hay una sola: \u201cUna sola, muy sencilla:\u00a0<b><i>hagan disc\u00edpulos<\/i><\/b>. Pero, atenci\u00f3n: disc\u00edpulos\u00a0<i>suyos<\/i>, no nuestros. La Iglesia anuncia bien s\u00f3lo si vive como disc\u00edpula. Y el disc\u00edpulo sigue cada d\u00eda al Maestro y comparte con los dem\u00e1s la alegr\u00eda del discipulado. No conquistando, obligando, haciendo pros\u00e9litos, sino\u00a0<i>testimoniando<\/i>, poni\u00e9ndose en el mismo nivel, disc\u00edpulos con los disc\u00edpulos\u201d.<\/p>\n<p>El Papa finaliz\u00f3 la homil\u00eda diciendo: \u201cEstamos aqu\u00ed para testimoniar, bendecir, consolar, levantar, transmitir la belleza de Jes\u00fas. \u00c1nimo, \u00a1\u00c9l espera mucho de ti! El Se\u00f1or tiene una especie de ansiedad por aquellos que a\u00fan no saben que son hijos amados del Padre, hermanos por los que ha dado la vida y el Esp\u00edritu Santo. \u00bfQuieres calmar la ansiedad de Jes\u00fas? Ve con amor hacia todos, porque tu vida es una misi\u00f3n preciosa: no es un peso que soportar, sino un don para ofrecer. \u00c1nimo, sin miedo, \u00a1vayamos al encuentro de todos!\u201d<\/p>\n<p><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-42151\" src=\"https:\/\/www.diariocatolico.org\/wp-content\/uploads\/2019\/10\/PapaFrancisco_BasilicaSanPedro_20oct2019_DanielIban\u0303ezACI-300x167.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"167\" \/> <img decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-42144\" src=\"https:\/\/www.diariocatolico.org\/wp-content\/uploads\/2019\/10\/PapaFrancisco_Homilia_Misa_JornadaMisioneraMundial_20oct2019_DanielIban\u0303ezACI-300x167.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"167\" \/><\/p>\n<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.vaticannews.va\/es\/papa\/news\/2019-10\/papa-francisco-ninguno-excluido-corazon-de-dios.html\">https:\/\/www.vaticannews.va\/es\/papa\/news\/2019-10\/papa-francisco-ninguno-excluido-corazon-de-dios.html<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Papa: ninguno est\u00e1 excluido del coraz\u00f3n de Dios El Papa Francisco ha celebrado la&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":42169,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"content-type":"","_lmt_disableupdate":"","_lmt_disable":"","footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-42168","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized"],"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/42168","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=42168"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/42168\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=42168"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=42168"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=42168"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}