{"id":52436,"date":"2020-03-10T09:26:06","date_gmt":"2020-03-10T13:56:06","guid":{"rendered":"https:\/\/www.diariocatolico.org\/?p=52436"},"modified":"2026-04-17T15:04:21","modified_gmt":"2026-04-17T15:04:21","slug":"coronavirus-el-papa-los-sacerdotes-lleven-la-eucaristia-a-los-enfermos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/2020\/03\/10\/coronavirus-el-papa-los-sacerdotes-lleven-la-eucaristia-a-los-enfermos\/","title":{"rendered":"Coronavirus, el Papa: los sacerdotes lleven la Eucarist\u00eda a los enfermos"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Segunda misa de la ma\u00f1ana presidida por el Papa en directo desde la Casa Santa Marta. Al nuevo aliento para los trabajadores de la salud que luchan contra el COVID-19 y a las oraciones por los enfermos, Francisco a\u00f1ade la exhortaci\u00f3n a los sacerdotes para que salgan y lleven la Eucarist\u00eda a los enfermos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un lento acercamiento al crucifijo sobre el altar y luego la figura de Francisco saliendo de la sacrist\u00eda. La segunda misa matutina que el Papa preside desde la Casa Santa Marta comienza en el silencio total de la capilla. Un silencio que el Papa rompe inmediatamente recordando como ayer, que la ofrenda de la celebraci\u00f3n es para los que sufren del coronavirus, para los que curan a los enfermos, acompa\u00f1\u00e1ndola con un nuevo deseo:<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Recemos al Se\u00f1or tambi\u00e9n por nuestros sacerdotes, para que tengan el coraje de salir y acudir a los enfermos, llevando la fuerza de la Palabra de Dios y la Eucarist\u00eda y acompa\u00f1en a los trabajadores sanitarios, los voluntarios, en este trabajo que est\u00e1n haciendo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La homil\u00eda se inspira en el Evangelio en el que los escribas y fariseos de la \u00e9poca hac\u00edan una demostraci\u00f3n hip\u00f3crita de su superioridad ante la gente llam\u00e1ndose a s\u00ed mismos maestros, pero neg\u00e1ndose a comportarse de forma coherente. A continuaci\u00f3n el texto de la homil\u00eda seg\u00fan una transcripci\u00f3n nuestra:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><i>Ayer la Palabra de Dios nos ense\u00f1aba a reconocer nuestros pecados y a confesarlos, pero no s\u00f3lo con la mente, sino tambi\u00e9n con el coraz\u00f3n, con un esp\u00edritu de verg\u00fcenza; verg\u00fcenza como una actitud m\u00e1s noble ante Dios por nuestros pecados. Y hoy el Se\u00f1or nos llama a todos los pecadores a dialogar con \u00c9l, porque el pecado nos encierra en nosotros mismos, nos hace esconder o esconde nuestra verdad, dentro. Esto es lo que le pas\u00f3 a Ad\u00e1n, a Eva: despu\u00e9s del pecado se escondieron, porque se avergonzaron; estaban desnudos. Y el pecador, cuando siente la verg\u00fcenza, luego tiene la tentaci\u00f3n de esconderse. Y el Se\u00f1or llama: \u201cVengan, y discutamos \u2013dice el Se\u00f1or\u201d. Hablemos de tu pecado, hablemos de tu situaci\u00f3n. No tengan miedo. Y contin\u00faa: \u201cAunque sus pecado sean como la escarlata, se volver\u00e1n blancos como la nieve; aunque sean rojos como la p\u00farpura, ser\u00e1n como la lana\u201d. \u201cVengan, porque soy capaz de cambiarlo todo &#8211; nos dice el Se\u00f1or &#8211; no tengan miedo de venir a hablar, sean valientes incluso con sus miserias\u201d.<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><i>Me viene a la mente ese santo que era tan penitente, que rezaba mucho. Y trataba siempre de darle al Se\u00f1or todo lo que el Se\u00f1or le ped\u00eda. Pero el Se\u00f1or no estaba contento. Y un d\u00eda se enfad\u00f3 un poco con el Se\u00f1or, porque ten\u00eda mal car\u00e1cter el santo. Y le dice al Se\u00f1or: &#8220;Pero, Se\u00f1or, no te entiendo. Te doy todo, todo, y siempre est\u00e1s insatisfecho, como si faltara algo. \u00bfQu\u00e9 falta?&#8221; &#8220;Dame tus pecados: eso es lo que falta&#8221;. Tener el valor de ir con nuestras miserias y hablar con el Se\u00f1or: \u201cVengan, y discutamos \u2013dice el Se\u00f1or\u201d. No tengan miedo. \u201cAunque sus pecado sean como la escarlata, se volver\u00e1n blancos como la nieve; aunque sean rojos como la p\u00farpura, ser\u00e1n como la lana\u201d.<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><i>Esta es la invitaci\u00f3n del Se\u00f1or. Pero siempre hay un enga\u00f1o: en lugar de ir a hablar con el Se\u00f1or, fingir que no se es pecadores. Eso es lo que el Se\u00f1or reprocha a los doctores de la ley. Estas personas \u201ctodo lo hacen para que los vean: agradan las filacterias y alargas los flecos de sus mantos; les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, ser saludamos en las plazas y o\u00edrse llamar \u2018mi maestro\u2019 por la gente\u201d. La apariencia, la vanidad. Cubrir la verdad de nuestro coraz\u00f3n con la vanidad. \u00a1La vanidad nunca se cura! La vanidad no sana jam\u00e1s. Adem\u00e1s, es venenosa, sigue llevando la enfermedad a tu coraz\u00f3n, llevando esa dureza de coraz\u00f3n que te dice: &#8220;No, no vayas al Se\u00f1or, no vayas. Qu\u00e9date\u201d.}<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><i>La vanidad es precisamente el lugar para cerrarse a la llamada del Se\u00f1or. En cambio, la invitaci\u00f3n del Se\u00f1or es la de un padre, de un hermano: &#8220;\u00a1Ven! Hablemos, hablemos. Al final soy capaz de cambiar tu vida del rojo al blanco&#8221;.<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><i>Que esta palabra del Se\u00f1or nos anime; que nuestra oraci\u00f3n sea una verdadera oraci\u00f3n. De nuestra realidad, de nuestros pecados, de nuestras miserias. Hablar con el Se\u00f1or. \u00c9l sabe, \u00c9l sabe lo que somos. Lo sabemos, pero la vanidad siempre nos invita a cubrirnos. Que el Se\u00f1or nos ayude.<\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Fuente: VaticanNews<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Segunda misa de la ma\u00f1ana presidida por el Papa en directo desde la Casa Santa&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":52437,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"content-type":"","_lmt_disableupdate":"","_lmt_disable":"","footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-52436","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized"],"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/52436","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=52436"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/52436\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=52436"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=52436"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=52436"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}