{"id":53369,"date":"2020-03-21T10:43:06","date_gmt":"2020-03-21T15:13:06","guid":{"rendered":"https:\/\/www.diariocatolico.org\/?p=53369"},"modified":"2026-04-17T15:04:22","modified_gmt":"2026-04-17T15:04:22","slug":"el-papa-en-santa-marta-reza-por-las-familias-encerradas-en-casa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/2020\/03\/21\/el-papa-en-santa-marta-reza-por-las-familias-encerradas-en-casa\/","title":{"rendered":"El Papa en Santa Marta reza por las familias encerradas en casa"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Hoy, durante la misa matutina, Francisco or\u00f3 una vez m\u00e1s por las familias, obligadas a quedarse en casa por la emergencia del coronavirus. En su homil\u00eda inst\u00f3 a rezar con humildad, sin la presunci\u00f3n de sentirse justos.<!--more--><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Papa presidi\u00f3 nuevamente hoy la misa matutina transmitida en vivo desde la Casa Santa Marta, como lo hace en este momento de emergencia debido a la pandemia del coronavirus. Introduciendo la celebraci\u00f3n eucar\u00edstica, dirigi\u00f3 sus pensamientos a las familias.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><i>Hoy me gustar\u00eda recordar a las familias que no pueden salir de la casa. Tal vez el \u00fanico horizonte que tienen es el balc\u00f3n. Y ah\u00ed dentro, la familia, con los ni\u00f1os, los chicos, los padres&#8230; Para que puedan encontrar una forma de comunicarse bien entre ellos, para construir relaciones de amor en la familia, y para superar la angustia de este tiempo juntos, en familia. Rezamos por la paz de las familias hoy, en esta crisis, y por la creatividad.<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Comentando las lecturas del d\u00eda, tomadas del Libro del Profeta Oseas (Os 6, 1-6) y del Evangelio en el que Jes\u00fas relata la par\u00e1bola del fariseo y del publicano (Lc 18, 9-14), Francisco exhorta a volver a la oraci\u00f3n, una oraci\u00f3n humilde, sin la presunci\u00f3n de los que se consideran m\u00e1s justos que los dem\u00e1s.<\/p>\n<p><b>A continuaci\u00f3n, el texto de la homil\u00eda seg\u00fan una transcripci\u00f3n nuestra:<\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><i>Esa Palabra del Se\u00f1or que escuchamos ayer: &#8220;Vuelve, vuelve a casa&#8221; (cf. Os 14, 2); en el mismo libro del profeta Oseas encontramos tambi\u00e9n la respuesta: &#8220;Vengan, volvamos al Se\u00f1or&#8221; (Os 6, 1). Es la respuesta cuando ese &#8220;vuelve a casa&#8221; toca el coraz\u00f3n: &#8220;Volvamos al Se\u00f1or: \u00c9l nos ha desgarrado y nos curar\u00e1&#8221;. Nos ha golpeado y nos vendar\u00e1. [&#8230;] Apresur\u00e9monos a conocer al Se\u00f1or, su venida es tan segura como el amanecer&#8221; (Os 6:1,3). La confianza en el Se\u00f1or es segura: &#8220;Vendr\u00e1 a nosotros como la lluvia del oto\u00f1o, como la lluvia de la primavera que fecunda la tierra&#8221; (v. 3). Y con esta esperanza el pueblo comienza el viaje de regreso al Se\u00f1or. Y una de las maneras, de las formas de encontrar al Se\u00f1or es la oraci\u00f3n. Oremos al Se\u00f1or, volvamos a \u00c9l.<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><i>En el Evangelio (cf. Lc 18:9-14) Jes\u00fas nos ense\u00f1a a orar. Hay dos hombres, uno presuntuoso que va a rezar, pero para decir que es bueno, como si le dijera a Dios: &#8220;Mira, soy tan bueno: si necesitas algo, d\u00edmelo, yo resolver\u00e9 tu problema&#8221;. As\u00ed se dirige hacia Dios. Presunci\u00f3n. Tal vez hac\u00eda todo lo que dec\u00eda la Ley, lo dice: &#8220;Ayuno dos veces a la semana, pago los diezmos por todo lo que tengo&#8221;. (v. 12) &#8230; &#8220;Soy bueno&#8221;. Esto tambi\u00e9n nos recuerda a otros dos hombres. Nos recuerda al hijo mayor de la par\u00e1bola del hijo pr\u00f3digo, cuando le dice a su padre: &#8220;Yo, que soy tan bueno, no tengo la fiesta, y \u00e9ste, que es un desgraciado, le haces la fiesta&#8230;&#8221;. Presuntuoso (cf. Lc 15:29-30). El otro, cuya historia hemos escuchado en estos d\u00edas, es la de aquel hombre rico, un hombre sin nombre, pero que era rico, incapaz de hacerse un nombre, pero era rico, no le importaba la miseria de los dem\u00e1s (cf. Lc 16, 19-21). Son estos los que tienen seguridad en s\u00ed mismos o en el dinero o el poder.<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><i>Luego est\u00e1 el otro, el publicano. Que no va delante del altar, no, se queda lejos. &#8220;Deteni\u00e9ndose a distancia, ni siquiera se atrevi\u00f3 a levantar los ojos al cielo, pero se golpe\u00f3 el pecho diciendo: &#8220;Oh Dios, ten piedad de m\u00ed, un pecador&#8221;&#8221; (Lc 18:13). Esto nos lleva tambi\u00e9n al recuerdo del hijo pr\u00f3digo: se dio cuenta de los pecados que hab\u00eda cometido, de las cosas malas que hab\u00eda hecho; \u00e9l tambi\u00e9n se golpe\u00f3 el pecho: &#8220;Volver\u00e9 a mi padre y [le dir\u00e9]: padre, he pecado&#8221;. Humillaci\u00f3n (cf. Lc 15:17-19). Nos recuerda a ese otro hombre, el mendigo L\u00e1zaro, a la puerta del rico, que vivi\u00f3 su miseria ante la presunci\u00f3n de ese se\u00f1or (cf. Lc 16, 20-21). Siempre esta combinaci\u00f3n de personas en el Evangelio.<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><i>En este caso, el Se\u00f1or nos ense\u00f1a a rezar, a acercarnos al Se\u00f1or: con humildad. Hay una hermosa imagen en el himno lit\u00fargico de la fiesta de San Juan Bautista. Dice que el pueblo se acerc\u00f3 al Jord\u00e1n para recibir el bautismo, &#8220;alma y pies desnudos&#8221;: rezar con el alma desnuda, sin maquillaje, sin disfrazar sus virtudes. \u00c9l, lo leemos al principio de la misa, perdona todos los pecados, pero necesita que le muestre los pecados, con mi desnudez. Rezar as\u00ed, desnudo, con el coraz\u00f3n desnudo, sin tapujos, sin siquiera tener fe en lo que he aprendido sobre la oraci\u00f3n&#8230; Rezar, t\u00fa y yo, cara a cara, el alma desnuda. Esto es lo que el Se\u00f1or nos ense\u00f1a. En cambio, cuando vamos al Se\u00f1or un poco demasiado seguros de nosotros mismos, caemos en la presunci\u00f3n de que este [fariseo] o el hijo mayor o ese hombre rico a quien no le faltaba nada. Tendremos nuestra confianza en otra parte. &#8220;Yo voy al encuentro del Se\u00f1or&#8230;, quiero ir all\u00ed, para ser educado&#8230; y le de t\u00fa a t\u00fa, pr\u00e1cticamente&#8230;&#8221;. Este no es el camino. El camino es rebajarse, el rebajarse. El camino es la realidad. Y el \u00fanico hombre aqu\u00ed, en esta par\u00e1bola, que entendi\u00f3 la realidad, fue el publicano: &#8220;T\u00fa eres Dios y yo soy un cantero&#8221;.\u00a0 Esa es la realidad. Pero yo digo que soy un pecador no con la\u00a0 boca: con el coraz\u00f3n. Sentirse pecador.<\/i><\/p>\n<p><i>No olvidemos lo que el Se\u00f1or nos ense\u00f1a: justificarse es soberbia, es un orgullo, es exaltarse a s\u00ed mismo. Es disfrazarse de lo que no soy. Y las miserias permanecen dentro. El fariseo se justificaba a s\u00ed mismo. Es necesario confesar los pecados directamente, sin justificarlos, sin decir: &#8220;Pero, no, yo hice esto, pero no fue mi culpa&#8230;&#8221;. El alma desnuda. El alma desnuda.<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><i>Que el Se\u00f1or nos ense\u00f1e a entender esto, esta actitud para comenzar la oraci\u00f3n. Cuando empecemos a rezar con nuestras justificaciones, con nuestras certe<\/i><i>zas, no ser\u00e1 una oraci\u00f3n: ser\u00e1 hablar con el espejo. En cambio, cuando empezamos la oraci\u00f3n con la verdadera realidad &#8211; &#8220;Soy un pecador, soy un pecador&#8221; &#8211; es un buen paso adelante para dejarnos mirar por el Se\u00f1or nos mire. Que Jes\u00fas nos ense\u00f1e esto.<\/i><\/p>\n<p>Tambi\u00e9n hoy, Francisco termin\u00f3 la celebraci\u00f3n con la adoraci\u00f3n y la bendici\u00f3n eucar\u00edstica, invit\u00e1ndonos a hacer la comuni\u00f3n espiritual.<\/p>\n<p><b>A continuaci\u00f3n, la oraci\u00f3n recitada por el Papa:<\/b><\/p>\n<p><i>Jes\u00fas m\u00edo, creo que est\u00e1s realmente presente en el Sant\u00edsimo Sacramento del altar. Te amo por encima de todas las cosas y te deseo en mi alma. Ya que no puedo recibirte sacramentalmente ahora, ven al menos espiritualmente a mi coraz\u00f3n. Y como ya has venido, te abrazo y me uno todo a ti. No dejes que me separe jam\u00e1s de ti.<\/i><\/p>\n<p><iframe title=\"Santa Marta 21 Marzo 2020 Papa Francesco\" width=\"1170\" height=\"658\" src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/Vsnokw4jl6Y?start=5&amp;feature=oembed\" frameborder=\"0\" allow=\"accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share\" referrerpolicy=\"strict-origin-when-cross-origin\" allowfullscreen><\/iframe><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hoy, durante la misa matutina, Francisco or\u00f3 una vez m\u00e1s por las familias, obligadas a&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":53337,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"content-type":"","_lmt_disableupdate":"","_lmt_disable":"","footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-53369","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized"],"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/53369","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=53369"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/53369\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=53369"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=53369"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=53369"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}