{"id":53876,"date":"2020-03-26T11:17:14","date_gmt":"2020-03-26T15:47:14","guid":{"rendered":"https:\/\/www.diariocatolico.org\/?p=53876"},"modified":"2026-04-17T15:04:23","modified_gmt":"2026-04-17T15:04:23","slug":"el-papa-reza-para-que-superemos-el-miedo-en-este-tiempo-dificil","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/2020\/03\/26\/el-papa-reza-para-que-superemos-el-miedo-en-este-tiempo-dificil\/","title":{"rendered":"El Papa reza para que superemos el miedo en este tiempo dif\u00edcil"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">En la misa en la casa Santa Marta, Francisco dirige su pensamiento a los ancianos solos, a los trabajadores precarios y a los que desempe\u00f1an una funci\u00f3n social y pueden ser afectados por el coronavirus. En su homil\u00eda, el Papa invit\u00f3 a descubrir nuestros \u00eddolos, los \u00eddolos del coraz\u00f3n, a menudo escondidos. La idolatr\u00eda nos hace perder todos los dones del Se\u00f1or.<!--more--><\/p>\n<p>En la misa que se transmiti\u00f3 en vivo desde la Capilla de la Casa Santa Marta Francisco rez\u00f3 para que el Se\u00f1or nos ayude a superar el miedo en este tiempo caracterizado por la pandemia de Covid-19. Estas fueron sus palabras, introduciendo la celebraci\u00f3n eucar\u00edstica:<\/p>\n<p>En estos d\u00edas de tanto sufrimiento, hay tanto miedo. El miedo de los ancianos, que est\u00e1n solos, en los asilos de ancianos o en los hospitales o en sus casas y no saben lo que puede pasar. El miedo de los trabajadores sin trabajo fijo que piensan en c\u00f3mo alimentar a sus hijos y ven venir el hambre. El temor de muchos servidores sociales que en este momento ayudan a mandar adelante la sociedad y pueden contraer la enfermedad. Tambi\u00e9n el miedo &#8211; miedos &#8211; de cada uno de nosotros: cada uno sabe cu\u00e1l es el suyo. Roguemos al Se\u00f1or para que nos ayude a tener confianza y a tolerar y vencer los miedos.<\/p>\n<p>En su homil\u00eda, comentando la primera lectura del libro del \u00c9xodo (Ex 32, 7-14), que relata la historia del becerro de oro, Francisco habl\u00f3 de los \u00eddolos del coraz\u00f3n, \u00eddolos que a menudo ocultamos astutamente, subrayando c\u00f3mo la idolatr\u00eda nos hace perderlo todo, nos hace perder los dones mismos del Se\u00f1or. La idolatr\u00eda nos lleva a una religiosidad equivocada. As\u00ed que el Papa nos pide que hagamos un examen de conciencia para descubrir nuestros \u00eddolos ocultos.<\/p>\n<p><b>A continuaci\u00f3n el texto de la homil\u00eda seg\u00fan una transcripci\u00f3n nuestra:<\/b><\/p>\n<p>En la primera lectura est\u00e1 la escena del mot\u00edn del pueblo. Mois\u00e9s fue al Monte para recibir la Ley: Dios se lo dio, en piedra, escrita con\u00a0su dedo. Pero el pueblo se aburri\u00f3\u00a0y se aglomer\u00f3 alrededor de Aar\u00f3n y\u00a0le dijo: &#8220;Pero, este Mois\u00e9s, hace tiempo que no sabemos d\u00f3nde est\u00e1, d\u00f3nde se ha ido, y estamos sin gu\u00eda. Haznos un dios para ayudarnos a seguir adelante&#8221;. Y Aar\u00f3n, que m\u00e1s tarde se convirti\u00f3 en sacerdote de Dios, pero all\u00ed era un sacerdote de la estupidez, de los \u00eddolos, dijo: &#8220;Pero s\u00ed,\u00a0denme\u00a0todo el oro y la plata que tengao&#8221;, y lo dieron todo e hicieron ese becerro de oro.<\/p>\n<p>En el\u00a0salmo escuchamos el lamento de Dios:\u00a0\u201cEn Horeb se fabricaron un ternero, adoraron una estatua de metal fundido: as\u00ed cambiaron su Gloria por la imagen de un toro que come pasto\u201d. Y aqu\u00ed, en este momento,\u00a0comienza la lectura:\u00a0\u201cEl Se\u00f1or dijo a Mois\u00e9s:\u00a0\u2018Baja enseguida, porque tu pueblo, \u00e9se que hiciste salir de Egipto, se ha pervertido. Ellos se han apartado r\u00e1pidamente del camino que Yo les hab\u00eda se\u00f1alado, y se han fabricado un ternero de metal fundido.\u00a0Despu\u00e9s se postraron delante de \u00e9l, le ofrecieron sacrificios y exclamaron: \u2018\u00c9ste es tu Dios, Israel, el que te hizo salir de Egipto\u2019\u201d.\u00a0\u00a1Una verdadera apostas\u00eda! Desde el Dios\u00a0viviente\u00a0a la idolatr\u00eda. No\u00a0tuvieron\u00a0paciencia para esperar el regreso de Mois\u00e9s: quer\u00edan algo nuevo, quer\u00edan algo,\u00a0un espect\u00e1culo\u00a0lit\u00fargico, algo.<\/p>\n<p>Sobre esto quisiera mencionar algunas cosas. En primer lugar, esa nostalgia idol\u00e1trica en el pueblo: en este caso, pensaba en los \u00eddolos de Egipto, la nostalgia de volver a los \u00eddolos, de volver a lo peor, sin saber esperar al Dios vivo. Esta nostalgia es una enfermedad, tambi\u00e9n nuestra. Uno comienza a caminar con el entusiasmo de ser libre, pero luego comienzan las quejas: &#8220;Pero s\u00ed, es un momento dif\u00edcil, el desierto, tengo sed, quiero agua, quiero carne&#8230; pero en Egipto com\u00edamos cebollas, cosas buenas y aqu\u00ed no hay&#8230;&#8221;. Siempre, la idolatr\u00eda es selectiva: te hace pensar en las cosas buenas que te da pero no te hace ver las cosas malas. En este caso, ellos pensaban en c\u00f3mo estaban en la mesa, con estas comidas tan buenas que les gustaban tanto, pero olvidaban que \u00e9sta era la mesa de la esclavitud. La idolatr\u00eda es selectiva.<\/p>\n<p>Y otra cosa: la idolatr\u00eda hace que lo pierdas todo. Aar\u00f3n, para hacer un ternero, les pidi\u00f3: &#8220;Dadme oro y plata&#8221;, pero era el oro y la plata que el Se\u00f1or les hab\u00eda dado cuando les dijo: &#8220;Pedid oro a los egipcios en pr\u00e9stamo&#8221;, y luego se fueron con ellos. Es un regalo del Se\u00f1or, y con el don del Se\u00f1or ellos idolatran. Y eso es muy malo. Pero este mecanismo tambi\u00e9n nos sucede a nosotros: cuando tenemos actitudes que nos llevan a la idolatr\u00eda, nos apegamos a cosas que nos alejan de Dios, porque hacemos otro dios y lo hacemos con los dones que el Se\u00f1or nos ha dado. Con la inteligencia, con la voluntad, con el amor, con el coraz\u00f3n&#8230; estos son los dones del Se\u00f1or que usamos para hacer idolatr\u00eda.<\/p>\n<p>S\u00ed, algunos de ustedes pueden decirme: &#8220;Pero yo no tengo \u00eddolos en casa.\u00a0Tengo el Crucifijo, la imagen de Nuestra Se\u00f1ora, que no son \u00eddolos&#8230;&#8221; &#8211; No, no: en tu coraz\u00f3n. Y la pregunta que deber\u00edamos hacernos hoy es: \u00bfcu\u00e1l es el \u00eddolo que tienes en tu coraz\u00f3n, en mi coraz\u00f3n? Esa salida escondida donde me siento bien, que me aleja del Dios vivo. Y tambi\u00e9n tenemos una actitud muy astuta con la idolatr\u00eda: sabemos c\u00f3mo esconder los \u00eddolos, como hizo Raquel cuando huy\u00f3 de su padre y los escondi\u00f3 en la silla del camello y entre sus ropas. Nosotros tambi\u00e9n, entre nuestras ropas del coraz\u00f3n, hemos escondido muchos \u00eddolos.<\/p>\n<p>La pregunta que me gustar\u00eda hacer hoy es: \u00bfcu\u00e1l es mi \u00eddolo? Mi \u00eddolo de la mundanidad&#8230; y la idolatr\u00eda llega tambi\u00e9n alla piedad,\u00a0 porque quer\u00edan\u00a0 el becerro de oro no para hacer un circo: no. Para adorar: &#8220;Se postraron ante \u00e9l&#8221;. La idolatr\u00eda te lleva a una religiosidad equivocada, en efecto: muchas veces la mundanalidad, que es la idolatr\u00eda, te hace cambiar la celebraci\u00f3n de un sacramento en una fiesta mundana. Un ejemplo: no s\u00e9, pensemos, y en una celebraci\u00f3n de boda. No sabes si es un sacramento donde los reci\u00e9n casados realmente dan todo y se aman ante Dios y prometen ser fieles ante Dios y recibir la gracia de Dios, o es una exhibici\u00f3n de modelos, c\u00f3mo se visten&#8230; la mundananidad. Es una idolatr\u00eda. Este es un ejemplo. Porque la idolatr\u00eda no se detiene: siempre contin\u00faa.<\/p>\n<p>Hoy la pregunta que me gustar\u00eda hacer a todos nosotros, a todos : \u00bfCu\u00e1les son mis \u00eddolos? Cada uno tiene el suyo. \u00bfCu\u00e1les son mis \u00eddolos? Donde los escondo. Y que el Se\u00f1or no nos encuentre, al final de nuestras vidas, y diga de cada uno de nosotros: &#8220;Te has pervertido. Te has desviado del camino que te hab\u00eda indicado. Te has postrado ante un \u00eddolo&#8221;.<\/p>\n<p>Pidamos al Se\u00f1or la gracia de conocer a nuestros \u00eddolos. Y si no podemos expulsarlos, al menos mantenerlos en la esquina&#8230;<\/p>\n<p>Finalmente, el Papa concluy\u00f3 la celebraci\u00f3n con la adoraci\u00f3n y la bendici\u00f3n eucar\u00edstica, invitando a la gente a hacer la comuni\u00f3n espiritual.<\/p>\n<p><b>He aqu\u00ed la oraci\u00f3n recitada por el Papa:<\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u201cJes\u00fas m\u00edo, creo que est\u00e1s realmente presente en el Sant\u00edsimo Sacramento. Te amo por encima de todas las cosas y te deseo en mi alma. Ya que no puedo recibirte sacramentalmente ahora, ven al menos espiritualmente a mi coraz\u00f3n. Como ya he venido, te abrazo y todas las cosas se unen a ti. No dejes que nunca me separe de ti.\u201d<\/strong><\/p>\n<p><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-53826\" src=\"https:\/\/www.diariocatolico.org\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Misa-SantaMarta-Papa-Francisco-Vatican-Media-23032020-1-300x167.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"167\" \/><\/p>\n<p>Antes de salir de la capilla dedicada al Esp\u00edritu Santo, se cant\u00f3 la antigua ant\u00edfona mariana Ave Regina Caelorum (&#8220;Ave Reina del Cielo&#8221;).<\/p>\n<p><iframe title=\"Santa Marta 26 Marzo 2020 Papa Francisco\" width=\"1170\" height=\"658\" src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/rtddCUzoW38?feature=oembed\" frameborder=\"0\" allow=\"accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share\" referrerpolicy=\"strict-origin-when-cross-origin\" allowfullscreen><\/iframe><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la misa en la casa Santa Marta, Francisco dirige su pensamiento a los ancianos&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":53833,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"content-type":"","_lmt_disableupdate":"","_lmt_disable":"","footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-53876","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized"],"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/53876","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=53876"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/53876\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=53876"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=53876"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=53876"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}