{"id":55554,"date":"2020-04-19T10:47:55","date_gmt":"2020-04-19T15:17:55","guid":{"rendered":"https:\/\/www.diariocatolico.org\/?p=55554"},"modified":"2026-04-17T15:04:30","modified_gmt":"2026-04-17T15:04:30","slug":"homilia-del-papa-francisco-en-el-domingo-de-la-divina-misericordia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/2020\/04\/19\/homilia-del-papa-francisco-en-el-domingo-de-la-divina-misericordia\/","title":{"rendered":"Homil\u00eda del Papa Francisco en el Domingo de la Divina Misericordia"},"content":{"rendered":"<p><iframe title=\"Homil\u00eda del Papa Francisco en el Domingo de la Divina Misericordia\" width=\"1170\" height=\"658\" src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/OLjHJ8f_47s?feature=oembed\" frameborder=\"0\" allow=\"accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share\" referrerpolicy=\"strict-origin-when-cross-origin\" allowfullscreen><\/iframe><\/p>\n<p>El Papa Francisco presidi\u00f3 este domingo 19 de abril la celebraci\u00f3n de la Misa en 20\u00ba aniversario de la canonizaci\u00f3n de Santa Faustina Kowalska y de la instituci\u00f3n del Domingo de la Divina Misericordia, que se celebra hoy.<!--more--><\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n, la homil\u00eda completa del Papa Francisco:<\/p>\n<p>\u201cEl domingo pasado celebramos la resurrecci\u00f3n del Maestro, y hoy asistimos a la resurrecci\u00f3n del disc\u00edpulo. Hab\u00eda transcurrido una semana, una semana que los disc\u00edpulos, aun habiendo visto al Resucitado, vivieron con temor, con \u2018las puertas cerradas\u2019 (Jn 20,26), y ni siquiera lograron convencer de la resurrecci\u00f3n a Tom\u00e1s, el \u00fanico ausente\u201d.<\/p>\n<p>\u201c\u00bfQu\u00e9 hizo Jes\u00fas ante esa incredulidad temerosa? Regres\u00f3, se puso en el mismo lugar, \u2018en medio\u2019 de los disc\u00edpulos, y repiti\u00f3 el mismo saludo: \u2018Paz a vosotros\u2019 (Jn 20,19.26). Volvi\u00f3 a empezar desde el principio. La resurrecci\u00f3n del disc\u00edpulo comenz\u00f3 en ese momento, en esa misericordia fiel y paciente, en ese descubrimiento de que Dios no se cansa de tendernos la mano para levantarnos de nuestras ca\u00eddas\u201d.<\/p>\n<p>\u201c\u00c9l quiere que lo veamos as\u00ed, no como un patr\u00f3n con quien tenemos que ajustar cuentas, sino como nuestro Pap\u00e1, que nos levanta siempre. En la vida avanzamos a tientas, como un ni\u00f1o que empieza a caminar, pero se cae; da pocos pasos y vuelve a caerse; cae y se cae una y otra vez, y el pap\u00e1 lo levanta de nuevo. La mano que siempre nos levanta es la misericordia. Dios sabe que sin misericordia nos quedamos tirados en el suelo, que para caminar necesitamos que vuelvan a ponernos en pie\u201d.<\/p>\n<p>\u201cY t\u00fa puedes objetar: \u2018\u00a1Pero yo sigo siempre cayendo!\u2019. El Se\u00f1or lo sabe y siempre est\u00e1 dispuesto a levantarnos. \u00c9l no quiere que pensemos continuamente en nuestras ca\u00eddas, sino que lo miremos a \u00c9l, que en nuestras ca\u00eddas ve a hijos a los que tiene que levantar y en nuestras miserias ve a hijos a los que tiene que amar con misericordia\u201d.<\/p>\n<p>\u201cHoy, en esta iglesia que se ha convertido en santuario de la misericordia en Roma, en el Domingo que veinte a\u00f1os atr\u00e1s san Juan Pablo II dedic\u00f3 a la Divina Misericordia, acojamos con confianza este mensaje. Jes\u00fas le dijo a santa Faustina: \u2018Yo soy el amor y la misericordia misma; no existe miseria que pueda medirse con mi misericordia\u2019 (Diario, 14 septiembre 1937)\u201d.<\/p>\n<p>\u201cEn otra ocasi\u00f3n, la santa le dijo a Jes\u00fas, con satisfacci\u00f3n, que le hab\u00eda ofrecido toda su vida, todo lo que ten\u00eda. Pero la respuesta de Jes\u00fas la desconcert\u00f3: \u2018Hija m\u00eda, no me has ofrecido lo que es realmente tuyo\u2019. \u00bfQu\u00e9 cosa hab\u00eda retenido para s\u00ed aquella santa religiosa? Jes\u00fas le dijo amablemente: \u2018Hija, dame tu miseria\u2019 (10 octubre 1937)\u201d.<\/p>\n<p>\u201cTambi\u00e9n nosotros podemos preguntarnos: \u2018\u00bfLe he entregado mi miseria al Se\u00f1or? \u00bfLe he mostrado mis ca\u00eddas para que me levante?\u2019. \u00bfO hay algo que todav\u00eda me guardo dentro? Un pecado, un remordimiento del pasado, una herida en mi interior, un rencor hacia alguien, una idea sobre una persona determinada&#8230; El Se\u00f1or espera que le presentemos nuestras miserias, para hacernos descubrir su misericordia\u201d.<\/p>\n<p>\u201cVolvamos a los disc\u00edpulos. Hab\u00edan abandonado al Se\u00f1or durante la Pasi\u00f3n y se sent\u00edan culpables. Pero Jes\u00fas, cuando fue a encontrarse con ellos, no les dio largos sermones. Sab\u00eda que estaban heridos por dentro, y les mostr\u00f3 sus propias llagas. Tom\u00e1s pudo tocarlas y descubri\u00f3 lo que Jes\u00fas hab\u00eda sufrido por \u00e9l, que lo hab\u00eda abandonado. En esas heridas toc\u00f3 con sus propias manos la cercan\u00eda amorosa de Dios\u201d.<\/p>\n<p>\u201cTom\u00e1s, que hab\u00eda llegado tarde, cuando abraz\u00f3 la misericordia super\u00f3 a los otros disc\u00edpulos; no crey\u00f3 s\u00f3lo en su resurrecci\u00f3n, sino tambi\u00e9n en el amor infinito de Dios. E hizo la confesi\u00f3n de fe m\u00e1s sencilla y hermosa: \u2018\u00a1Se\u00f1or m\u00edo y Dios m\u00edo!\u2019 (v. 28). As\u00ed se realiza la resurrecci\u00f3n del disc\u00edpulo, cuando su humanidad fr\u00e1gil y herida entra en la de Jes\u00fas. All\u00ed se disipan las dudas, all\u00ed Dios se convierte en mi Dios, all\u00ed volvemos a aceptarnos a nosotros mismos y a amar la propia vida.<\/p>\n<p>\u201cQueridos hermanos y hermanas: En la prueba que estamos atravesando, tambi\u00e9n nosotros, como Tom\u00e1s, con nuestros temores y nuestras dudas, nos reconocemos fr\u00e1giles. Necesitamos al Se\u00f1or, que ve en nosotros, m\u00e1s all\u00e1 de nuestra fragilidad, una belleza perdurable. Con \u00c9l descubrimos que somos valiosos en nuestra debilidad, nos damos cuenta de que somos como cristales hermos\u00edsimos, fr\u00e1giles y preciosos al mismo tiempo\u201d.<\/p>\n<p>\u201cY si, como el cristal, somos transparentes ante \u00c9l, su luz, la luz de la misericordia brilla en nosotros y, por medio nuestro, en el mundo. Ese es el motivo para alegrarse, como nos dijo la Carta de Pedro, \u2018alegraos de ello, aunque ahora sea preciso padecer un poco en pruebas diversas\u2019 (1 P 1,6)\u201d.<\/p>\n<p>\u201cEn esta fiesta de la Divina Misericordia el anuncio m\u00e1s hermoso se da a trav\u00e9s del disc\u00edpulo que lleg\u00f3 m\u00e1s tarde. S\u00f3lo \u00e9l faltaba, Tom\u00e1s, pero el Se\u00f1or lo esper\u00f3. La misericordia no abandona a quien se queda atr\u00e1s\u201d.<\/p>\n<p>\u201cAhora, mientras pensamos en una lenta y ardua recuperaci\u00f3n de la pandemia, se insin\u00faa justamente este peligro: olvidar al que se qued\u00f3 atr\u00e1s. El riesgo es que nos golpee un virus todav\u00eda peor, el del ego\u00edsmo indiferente, que se transmite al pensar que la vida mejora si me va mejor a m\u00ed, que todo ir\u00e1 bien si me va bien a m\u00ed\u201d.<\/p>\n<p>\u201cSe parte de esa idea y se sigue hasta llegar a seleccionar a las personas, descartar a los pobres e inmolar en el altar del progreso al que se queda atr\u00e1s. Pero esta pandemia nos recuerda que no hay diferencias ni fronteras entre los que sufren: todos somos fr\u00e1giles, iguales y valiosos. Que lo que est\u00e1 pasando nos sacuda por dentro. Es tiempo de eliminar las desigualdades, de reparar la injusticia que mina de ra\u00edz la salud de toda la humanidad\u201d.<\/p>\n<p>\u201cAprendamos de la primera comunidad cristiana, que se describe en el libro de los Hechos de los Ap\u00f3stoles. Hab\u00eda recibido misericordia y viv\u00eda con misericordia: \u2018Los creyentes viv\u00edan todos unidos y ten\u00edan todo en com\u00fan; vend\u00edan posesiones y bienes y los repart\u00edan entre todos, seg\u00fan la necesidad de cada uno\u2019 (Hch 2,44-45). No es ideolog\u00eda, es cristianismo\u201d.<\/p>\n<p>\u201cEn esa comunidad, despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, s\u00f3lo uno se hab\u00eda quedado atr\u00e1s y los otros lo esperaron. Actualmente parece lo contrario: una peque\u00f1a parte de la humanidad avanz\u00f3, mientras la mayor\u00eda se qued\u00f3 atr\u00e1s. Y cada uno podr\u00eda decir: \u2018Son problemas complejos, no me toca a m\u00ed ocuparme de los necesitados, son otros los que tienen que hacerse cargo\u2019\u201d.<\/p>\n<p>\u201cSanta Faustina, despu\u00e9s de haberse encontrado con Jes\u00fas, escribi\u00f3: \u2018En un alma que sufre debemos ver a Jes\u00fas crucificado y no un par\u00e1sito y una carga\u2026 [Se\u00f1or], nos ofreces la oportunidad de ejercitarnos en las obras de misericordia y nosotros nos ejercitamos en los juicios\u2019 (Diario, 6 septiembre 1937)\u201d.<\/p>\n<p>\u201cPero un d\u00eda, ella misma le present\u00f3 sus quejas a Jes\u00fas, porque: ser misericordiosos implica pasar por ingenuos. Le dijo: \u2018Se\u00f1or, a menudo abusan de mi bondad\u2019, y Jes\u00fas le respondi\u00f3: \u2018No importa, hija m\u00eda, no te fijes en eso, t\u00fa s\u00e9 siempre misericordiosa con todos\u2019 (24 diciembre 1937)\u201d.<\/p>\n<p>\u201cCon todos, no pensemos s\u00f3lo en nuestros intereses, en intereses particulares. Aprovechemos esta prueba como una oportunidad para preparar el ma\u00f1ana de todos. Porque sin una visi\u00f3n de conjunto nadie tendr\u00e1 futuro\u201d.<\/p>\n<p>\u201cHoy, el amor desarmado y desarmante de Jes\u00fas resucita el coraz\u00f3n del disc\u00edpulo. Que tambi\u00e9n nosotros, como el ap\u00f3stol Tom\u00e1s, acojamos la misericordia, salvaci\u00f3n del mundo, y seamos misericordiosos con el que es m\u00e1s d\u00e9bil. S\u00f3lo as\u00ed reconstruiremos un mundo nuevo\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Fuente: Aciprensa<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Papa Francisco presidi\u00f3 este domingo 19 de abril la celebraci\u00f3n de la Misa en&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":55555,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"content-type":"","_lmt_disableupdate":"","_lmt_disable":"","footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-55554","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized"],"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/55554","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=55554"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/55554\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=55554"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=55554"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=55554"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}