{"id":57915,"date":"2020-05-23T11:28:37","date_gmt":"2020-05-23T15:58:37","guid":{"rendered":"https:\/\/www.diariocatolico.org\/?p=57915"},"modified":"2026-04-17T15:04:38","modified_gmt":"2026-04-17T15:04:38","slug":"el-misterio-de-la-ascension-del-senor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/2020\/05\/23\/el-misterio-de-la-ascension-del-senor\/","title":{"rendered":"El Misterio de la Ascensi\u00f3n Del Se\u00f1or"},"content":{"rendered":"<p>VII Domingo de Pascua &#8211; Ciclo A &#8211; 24 de mayo 2020.<\/p>\n<p><b>El acontecimiento<\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta solemnidad ha sido trasladada al domingo 7\u00ba de Pascua desde su d\u00eda originario, el jueves de la 6\u00ba semana de Pascua, cuando se cumplen los cuarenta d\u00edas despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n, conforme al relato de san Lucas en su Evangelio y en los Hechos de los Ap\u00f3stoles; pero sigue conservando el simbolismo de la cuarentena: como el Pueblo de Dios anduvo cuarenta d\u00edas en su \u00c9xodo del desierto hasta llegar a la tierra prometida, as\u00ed Jes\u00fas cumple su Exodo pascual en cuarenta d\u00edas de apariciones y ense\u00f1anzas hasta ir al Padre. La Ascensi\u00f3n es un momento m\u00e1s del \u00fanico misterio pascual de la muerte y resurrecci\u00f3n de Jesucristo, y expresa sobre todo la dimensi\u00f3n de exaltaci\u00f3n y glorificaci\u00f3n de la naturaleza humana de Jes\u00fas como contrapunto a la humillaci\u00f3n padecida en la pasi\u00f3n, muerte y sepultura.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al contemplar la ascensi\u00f3n de su Se\u00f1or a la gloria del Padre, los disc\u00edpulos quedaron asombrados, porque no entend\u00edan las Escrituras antes del don del Esp\u00edritu, y miraban hacia lo alto. Intervienen dos hombres vestidos de blanco, es una teofan\u00eda, la misma de los dos hombres que Lucas describe en el sepulcro (24,4). En ellos la Iglesia Madre judeo-cristiana ve\u00eda acertadamente la forma simb\u00f3lica de la divina presencia del Padre, que son Cristo y el Esp\u00edritu. Las palabras de los dos hombres son fundamentales: Galileos, \u00bfqu\u00e9 hac\u00e9is ah\u00ed plantados mirando al cielo? El mismo Jes\u00fas que os ha dejado para subir al cielo, volver\u00e1 como le hab\u00e9is visto marcharse (Hechos 1,11). En un exceso de amor semejante al que le llev\u00f3 al sacrificio, el Se\u00f1or volver\u00e1 para tomar a los suyos y para estar con ellos para siempre; y se mostrar\u00e1 como imagen perfecta de Dios, como icono transformante por obra del Esp\u00edritu, para volvernos semejantes a \u00e9l, para contemplarlo tal como \u00e9l es (1 Juan 3,1-12). Contemplando en la liturgia el icono del Se\u00f1or &#8211; sobre todo en la Eucarist\u00eda &#8211; intuimos el rostro de Dios tal como es y como lo veremos eternamente. Y lo invocamos para que venga ahora y siempre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el relato de este misterio seg\u00fan el Evangelio de san Mateo (28,19-20), el Se\u00f1or env\u00eda a los disc\u00edpulos a proclamar y a realizar la salvaci\u00f3n, seg\u00fan el triple ministerio de la Iglesia: pastoral, lit\u00fargico y magisterial: Id y haced disc\u00edpulos de todos los pueblos (por el anuncio prof\u00e9tico y el gobierno pastoral, formando y desarrollando la vida de la Iglesia), bautiz\u00e1ndolos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Esp\u00edritu Santo (aplic\u00e1ndoles la salvaci\u00f3n, introduciendo sacramentalmente en la Iglesia); y ense\u00f1\u00e1ndoles a guardar todo lo que os he mandado (mediante el magisterio apost\u00f3lico y la vida en la caridad, el gran mandato). Se est\u00e1 cumpliendo el plan de Dios, y la salvaci\u00f3n, anunciada primero a Israel, es proclamada a todos los pueblos. En esta obra de conversi\u00f3n universal, por larga y laboriosa que pueda ser, el Resucitado estar\u00e1 vivo y operante en medio de los suyos: Y sabed que yo estoy con vosotros todos los d\u00edas hasta el fin del mundo.<\/p>\n<p><b>El misterio<\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La lectura apost\u00f3lica que propone la Iglesia interpreta perfectamente el acontecimiento de la Ascensi\u00f3n del Se\u00f1or, adentr\u00e1ndonos en el misterio del ingreso del resucitado en el santuario celeste. Ahora podemos decir con el canto del Santo que los cielos y la tierra est\u00e1n llenos de la gloria de Dios (En Isa\u00edas 6,3 s\u00f3lo se nombraba a la tierra). Ahora, con la ascensi\u00f3n de la humanidad del Hijo de Dios, conmemorada en el misterio lit\u00fargico, sobre la que reposa la gloria del Padre, adorada por los \u00e1ngeles, tambi\u00e9n nosotros somos unidos por la gracia a esta alabanza eterna, en el cielo y en la tierra. Estamos en el pen\u00faltimo momento del misterio pascual, antes de la donaci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo al cumplirse los d\u00edas de la cincuentena, el Pentecost\u00e9s.<\/p>\n<p><b>La vida cristiana<\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las oraciones de esta solemnidad piden que permanezcamos fieles a la doble condici\u00f3n de la vida cristiana, orientada simult\u00e1neamente a las realidades temporales y a las eternas. Esta es la vida en la Iglesia , comprometida en la acci\u00f3n y constante en la contemplaci\u00f3n. Porque Cristo, levantado en alto sobre la tierra, atrajo hacia s\u00ed a todos los hombres; resucitando de entre los muertos envi\u00f3 a su Esp\u00edritu vivificador sobre sus disc\u00edpulos y por \u00e9l constituy\u00f3 a su Cuerpo que es la Iglesia, como sacramento universal de salvaci\u00f3n; estando sentado a la derecha del Padre, sin cesar act\u00faa en el mundo para conducir a los hombres a su Iglesia y por Ella unirlos a s\u00ed m\u00e1s estrechamente y, aliment\u00e1ndolos con su propio Cuerpo y Sangre, hacerlos part\u00edcipes de su vida gloriosa. Instruidos por la fe acerca del sentido de nuestra vida temporal, al mismo tiempo, con la esperanza de los bienes futuros, llevamos a cabo la obra que el Padre nos ha confiado en el mundo y labramos nuestra salvaci\u00f3n (Vaticano II, Lumen gentium 48).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Fuente: Aciprensa<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VII Domingo de Pascua &#8211; Ciclo A &#8211; 24 de mayo 2020. El acontecimiento Esta&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":57916,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"content-type":"","_lmt_disableupdate":"","_lmt_disable":"","footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-57915","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized"],"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/57915","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=57915"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/57915\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=57915"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=57915"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=57915"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}