{"id":58698,"date":"2020-06-13T11:24:59","date_gmt":"2020-06-13T15:54:59","guid":{"rendered":"https:\/\/www.diariocatolico.org\/?p=58698"},"modified":"2026-04-17T15:04:39","modified_gmt":"2026-04-17T15:04:39","slug":"hoy-es-fiesta-de-san-antonio-de-padua-el-santo-de-todo-el-mundo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/2020\/06\/13\/hoy-es-fiesta-de-san-antonio-de-padua-el-santo-de-todo-el-mundo\/","title":{"rendered":"Hoy es fiesta de San Antonio de Padua, el \u201csanto de todo el mundo\u201d"},"content":{"rendered":"<p>San Antonio de Padua,\u00a0<em>presb\u00edtero y doctor de la Iglesia<\/em><\/p>\n<p>Memoria de san Antonio, presb\u00edtero y doctor de la Iglesia, que, nacido en Portugal, primero fue can\u00f3nigo regular y despu\u00e9s entr\u00f3 en la Orden reci\u00e9n fundada de los Hermanos Menores, para propagar la fe entre los pueblos de \u00c1frica, pero se dedic\u00f3 a predicar por Italia y Francia, donde atrajo a muchos a la verdadera fe. Escribi\u00f3 sermones notables por su doctrina y estilo, y por mandato de san Francisco ense\u00f1\u00f3 teolog\u00eda a los hermanos, hasta que en Padua descans\u00f3 en el Se\u00f1or.<!--more--><\/p>\n<p>A pesar de que Antonio era de nacionalidad portuguesa y hab\u00eda nacido en Lisboa, adquiri\u00f3 el apellido por el que lo conoce el mundo, de la ciudad italiana de Padua, donde vivi\u00f3 hasta su muerte y donde todav\u00eda se veneran sus reliquias.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Vino al mundo en 1195 y en la pila bautismal se le llam\u00f3 Fernando, nombre \u00e9ste que cambi\u00f3 por el de Antonio al ingresar en la Orden de Frailes Menores, por devoci\u00f3n al gran patriarca de los monjes y patrono titular de la capilla en que recibi\u00f3 el h\u00e1bito franciscano. Sus padres, j\u00f3venes miembros de la nobleza de Portugal, dejaron que los cl\u00e9rigos de la Catedral de Lisboa se encargaran de impartir los primeros conocimientos al ni\u00f1o, pero cuando \u00e9ste lleg\u00f3 a la edad de quince a\u00f1os, fue puesto al cuidado de los can\u00f3nigos regulares de San Agust\u00edn, que ten\u00edan su casa cerca de la ciudad. Dos a\u00f1os despu\u00e9s, obtuvo permiso para ser trasladado al priorato de Coimbra, por entonces capital de Portugal, a fin de evitar las distracciones que le causaban las constantes visitas de sus amistades. Una vez en Coimbra, se dedic\u00f3 por entero a la plegaria y el estudio; gracias a su extraordinaria memoria retentiva, lleg\u00f3 a adquirir, en poco tiempo, los m\u00e1s amplios conocimientos sobre la Biblia. En el a\u00f1o de 1220, el rey Don Pedro de Portugal regres\u00f3 de una expedici\u00f3n a Marruecos y trajo consigo las reliquias de los santos frailes franciscanos que, poco tiempo antes, hab\u00edan obtenido all\u00e1 un glorioso martirio. Fernando, que por entonces hab\u00eda pasado ocho a\u00f1os en Coimbra, se sinti\u00f3 profundamente conmovido a la vista de aquellos despojos y, al mismo tiempo, naci\u00f3 en lo \u00edntimo de su coraz\u00f3n el anhelo de dar la vida por Cristo. Comprendi\u00f3 al punto que, como can\u00f3nigo regular, nunca llegar\u00eda a realizar su aspiraci\u00f3n y, desde aquel momento, busc\u00f3 ansiosamente una oportunidad de poner en pr\u00e1ctica sus deseos. La ocasi\u00f3n se present\u00f3 poco despu\u00e9s, cuando algunos frailes franciscanos llegaron a hospedarse en el convento de la Santa Cruz, donde estaba Fernando; \u00e9ste les abri\u00f3 su coraz\u00f3n y fue tan empe\u00f1osa su insistencia, que a principios de 1221, se le admiti\u00f3 en la orden.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Casi inmediatamente despu\u00e9s, se le autoriz\u00f3 para embarcar hacia Marruecos a fin de predicar el Evangelio a los moros. Pero no bien lleg\u00f3 a aquellas tierras donde pensaba conquistar la gloria, cuando fue atacado por una grave enfermedad que le dej\u00f3 postrado e incapacitado durante varios meses y, a fin de cuentas, fue necesario devolverlo a Europa. La nave en que se embarc\u00f3, empujada por vientos contrarios, se desvi\u00f3 de la ruta y Fray Antonio se encontr\u00f3 en Messina, la capital de Sicilia. Con grandes penalidades, viaj\u00f3 desde la isla a la ciudad de As\u00eds donde, seg\u00fan le hab\u00edan informado sus hermanos en Sicilia, iba a llevarse a cabo un cap\u00edtulo general. Aquella fue la gran asamblea de 1221, el \u00faltimo de los cap\u00edtulos que admiti\u00f3 la participaci\u00f3n de todos los miembros de la orden; estuvo presidido por el hermano El\u00edas como vicario general y san Francisco, sentado a sus pies, estaba presente. Indudablemente que aquella reuni\u00f3n impresion\u00f3 hondamente al joven fraile portugu\u00e9s.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tras la clausura, los hermanos regresaron a los puestos que se les hab\u00edan se\u00f1alado, y Antonio fue a hacerse cargo de la solitaria ermita de San Paolo, cerca de Forli. Hasta ahora se discute el punto de si, por aquel entonces, Antonio era o no era sacerdote; pero lo positivo es que nadie ha puesto en tela de juicio los extraordinarios dones intelectuales y espirituales del joven y enfermizo fraile que nunca hablaba de s\u00ed mismo. Cuando no se le ve\u00eda entregado a la oraci\u00f3n en la capilla o en la cueva donde viv\u00eda, estaba al servicio de los otros frailes, ocupado sobre todo en la limpieza de los platos y cacharros, despu\u00e9s del almuerzo comunal.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mas no estaban destinadas a permanecer ocultas las claras luces de su intelecto. Sucedi\u00f3 que al celebrarse una ordenaci\u00f3n en Forli, los candidatos franciscanos y dominicos se reunieron en el convento de los Frailes Menores de aquella ciudad. Seguramente a causa de alg\u00fan malentendido, ninguno de los dominicos hab\u00eda acudido ya preparado a pronunciar la acostumbrada alocuci\u00f3n durante la ceremonia y, como ninguno de los franciscanos se sent\u00eda capaz de llenar la brecha, se orden\u00f3 a san Antonio, ah\u00ed presente, que fuese a hablar y que dijese lo que el Esp\u00edritu Santo le inspirara. El joven obedeci\u00f3 sin chistar y, desde que abri\u00f3 la boca hasta que termin\u00f3 su improvisado discurso, todos los presentes le escucharon como arrobados, embargados por la emoci\u00f3n y por el asombro, a causa de la elocuencia, el fervor y la sabidur\u00eda de que hizo gala el orador. En cuanto el ministro provincial tuvo noticias sobre los talentos desplegados por el joven fraile portugu\u00e9s, lo mand\u00f3 llamar a su solitaria ermita y lo envi\u00f3 a predicar en varias partes de la Romagna, una regi\u00f3n que, por entonces, abarcaba toda la Lombard\u00eda.<\/p>\n<p>En un momento, Antonio pas\u00f3 de la oscuridad a la luz de la fama y obtuvo, sobre todo, resonantes \u00e9xitos en la conversi\u00f3n de los herejes, que abundaban en el norte de Italia, y que, en muchos casos, eran hombres de cierta posici\u00f3n y educaci\u00f3n, a los que se pod\u00eda llegar con argumentos razonables y ejemplos tomados de las Sagradas Escrituras. Adem\u00e1s de la misi\u00f3n de predicador, se le dio el cargo de lector en teolog\u00eda entre sus hermanos. Aquella fue la primera vez que un miembro de la Orden Franciscana cumpl\u00eda con aquella funci\u00f3n. En una carta que, por lo general, se considera como perteneciente a san Francisco, se confirma este nombramiento con las siguientes palabras: \u00abAl muy amado hermano Antonio, el hermano Francisco le saluda en Jesucristo. Me complace en extremo que seas t\u00fa el que lea la sagrada teolog\u00eda a los frailes, siempre que esos estudios no afecten al santo esp\u00edritu de plegaria y devoci\u00f3n que est\u00e1 de acuerdo con nuestra regla\u00bb. Sin embargo, se advirti\u00f3 cada vez con mayor claridad que, la verdadera misi\u00f3n del hermano Antonio estaba en el pulpito. Por cierto que pose\u00eda todas las cualidades del predicador: ciencia, elocuencia, un gran poder de persuasi\u00f3n, un ardiente celo por el bien de las almas y una voz sonora y bien timbrada que llegaba muy lejos. Por otra parte, se afirmaba que estaba dotado con el poder de obrar milagros y, a pesar de que era de corta estatura y con cierta inclinaci\u00f3n a la corpulencia, pose\u00eda una personalidad extraordinariamente atractiva, casi magn\u00e9tica. A veces, bastaba su presencia para que los pecadores cayesen de rodillas a sus pies; parec\u00eda que de su persona irradiaba la santidad. A donde quiera que iba, las gentes le segu\u00edan en tropel para escucharle, y con eso hab\u00eda para que los criminales empedernidos, los indiferentes y los herejes, pidiesen confesi\u00f3n. Las gentes cerraban sus tiendas, oficinas y talleres para asistir a sus sermones; muchas veces sucedi\u00f3 que algunas mujeres salieron antes del alba o permanecieron toda la noche en la iglesia, para conseguir un lugar cerca del pulpito. Con frecuencia, las iglesias eran insuficientes para contener a los enormes auditorios y, para que nadie dejara de o\u00edrle, a menudo predicaba en las plazas p\u00fablicas y en los mercados.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s de la muerte de san Francisco, el hermano Antonio fue llamado, probablemente con la intenci\u00f3n de nombrarle ministro provincial de la Emilia o la Romagna. En relaci\u00f3n con la actitud que asumi\u00f3 el santo en las disensiones que surgieron en el seno de la orden, los modernos historiadores no dan cr\u00e9dito a la leyenda de que fue Antonio quien encabez\u00f3 el movimiento de oposici\u00f3n al hermano El\u00edas y a cualquier desviaci\u00f3n de la regla original; esos historiadores se\u00f1alan que el propio puesto de lector en teolog\u00eda, creado para \u00e9l, era ya una innovaci\u00f3n. M\u00e1s bien parece que, en aquella ocasi\u00f3n, el santo actu\u00f3 como un enviado del cap\u00edtulo general del 1226 ante el Papa, Gregorio IX, para exponerle las cuestiones que hubiesen surgido, a fin de que el Pont\u00edfice manifestara su decisi\u00f3n. En aquella oportunidad, Antonio obtuvo del Papa la autorizaci\u00f3n para dejar su puesto de lector y dedicarse exclusivamente a la predicaci\u00f3n. El Pont\u00edfice ten\u00eda una elevada opini\u00f3n sobre el hermano Antonio, a quien cierta vez llam\u00f3 \u00abel Arca de los Testamentos\u00bb, por los extraordinarios conocimientos que ten\u00eda de las Sagradas Escrituras.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Desde aquel momento, el lugar de residencia de San Antonio fue Padua, una ciudad donde anteriormente hab\u00eda trabajado, donde todos le amaban y veneraban y donde, en mayor grado que en cualquier otra parte, tuvo el privilegio de ver los abundant\u00edsimos frutos de su ministerio. Porque no solamente escuchaban sus sermones multitudes enormes, sino que \u00e9stos obtuvieron una muy amplia y general reforma de conducta. Las ancestrales disputas familiares se arreglaron definitivamente, los prisioneros quedaron en libertad y muchos de los que hab\u00edan obtenido ganancias il\u00edcitas las restituyeron, a veces en p\u00fablico, dejando t\u00edtulos y dineros a los pies de san Antonio, para que \u00e9ste los devolviera a sus leg\u00edtimos due\u00f1os. Para beneficio de los pobres, denunci\u00f3 y combati\u00f3 el muy ampliamente practicado vicio de la usura y luch\u00f3 para que las autoridades aprobasen la ley que exim\u00eda de la pena de prisi\u00f3n a los deudores que se manifestasen dispuestos a desprenderse de sus posesiones para pagar a sus acreedores. Se dice que tambi\u00e9n se enfrent\u00f3 abiertamente con el violento duque Eccelino para exigirle que dejase en libertad a ciertos ciudadanos de Verona que el duque hab\u00eda encarcelado. A pesar de que no consigui\u00f3 realizar sus prop\u00f3sitos en favor de los presos, su actitud nos demuestra el respeto y la veneraci\u00f3n de que gozaba, ya que se afirma que el duque le escuch\u00f3 con paciencia y se le permiti\u00f3 partir, sin que nadie le molestara.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de predicar una serie de sermones durante la primavera de 1231, la salud de san Antonio comenz\u00f3 a resentirse y se retir\u00f3 a descansar, con otros dos frailes, a los bosques de Camposampiero. Bien pronto se dio cuenta de que sus d\u00edas estaban contados y entonces pidi\u00f3 que le llevasen a Padua. No lleg\u00f3 vivo m\u00e1s que a los aleda\u00f1os de la ciudad. El 13 de junio de 1231, en la habitaci\u00f3n particular del capell\u00e1n de las Clarisas Pobres de Arcella recibi\u00f3 los \u00faltimos sacramentos y pas\u00f3 a recibir su recompensa en la vida eterna. Al morir ten\u00eda tan s\u00f3lo treinta y cinco a\u00f1os de edad. Durante sus funerales se produjeron extraordinarias demostraciones de la honda veneraci\u00f3n que se le ten\u00eda. Los paduanos han considerado siempre sus reliquias como el tesoro m\u00e1s preciado. San Antonio fue canonizado antes de que hubiese transcurrido un a\u00f1o desde su muerte; en esa ocasi\u00f3n, el Papa Gregorio IX pronunci\u00f3 la ant\u00edfona \u00abO doctor optime\u00bb en su honor y, de esta manera, se anticip\u00f3 en siete siglos a la fecha del a\u00f1o 1946, cuando el Papa P\u00edo XII declar\u00f3 a san Antonio \u00abDoctor de la Iglesia\u00bb.<\/p>\n<p>En este relato tan suscinto ha sido imposible describir o discutir algunos de los muchos milagros atribuidos al santo; pero ya sea que los hiciera o no, durante su vida en este mundo, lo que verdaderamente le ha otorgado el t\u00edtulo de &#8220;milagroso san Antonio&#8221; es la interminable lista de favores y beneficios que ha obtenido del cielo para sus devotos, desde el momento de su muerte. Por regla general, a partir del siglo XVII, se ha representado a san Antonio con el Ni\u00f1o Jes\u00fas en los brazos; ello se debe a un suceso que tuvo mucha difusi\u00f3n y que ocurri\u00f3 cuando san Antonio estaba de visita en la casa de un amigo. En un momento dado, \u00e9ste se asom\u00f3 por la ventana y vio al santo que contemplaba, arrobado, a un ni\u00f1o hermos\u00edsimo y resplandeciente que sosten\u00eda en sus brazos. En las representaciones anteriores al siglo XVII aparece san Antonio sin otro distintivo que un libro, s\u00edmbolo de su sabidur\u00eda respecto a las Sagradas Escrituras. En ocasiones se le represent\u00f3 con un lirio en las manos y tambi\u00e9n junto a una mula que, seg\u00fan la leyenda, se arrodill\u00f3 ante el Sant\u00edsimo Sacramento que mostraba el santo; la actitud de la mula fue el motivo para que su due\u00f1o, un campesino esc\u00e9ptico, creyese en la presencia real. San Antonio es el patr\u00f3n de los pobres y, ciertas limosnas especiales que se dan para obtener su intercesi\u00f3n se llaman \u00abpan de san Antonio\u00bb; esta tradici\u00f3n comenz\u00f3 a practicarse en 1890. No hay ninguna explicaci\u00f3n satisfactoria sobre el motivo por el que se le invoca para encontrar los objetos perdidos, pero es muy posible que esa devoci\u00f3n est\u00e9 relacionada con un suceso que se relata entre los milagros, en la &#8220;Chronica XXIV Generalium&#8221; (No. 21): un novicio huy\u00f3 del convento y se llev\u00f3 un valioso salterio que utilizaba san Antonio; el santo or\u00f3 para que fuese recuperado su libro y, al instante, el novicio fugitivo se vio ante una aparici\u00f3n terrible y amenazante que le oblig\u00f3 a regresar al convento y devolver el libro.<\/p>\n<div id=\"hg_fuente\"><strong>fuente:<\/strong>\u00a0\u00abVidas de los santos de A. Butler\u00bb, Herbert Thurston, SI<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>San Antonio de Padua,\u00a0presb\u00edtero y doctor de la Iglesia Memoria de san Antonio, presb\u00edtero y&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":58699,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"content-type":"","_lmt_disableupdate":"","_lmt_disable":"","footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-58698","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized"],"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/58698","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=58698"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/58698\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=58698"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=58698"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=58698"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}