{"id":58735,"date":"2020-06-14T10:18:19","date_gmt":"2020-06-14T14:48:19","guid":{"rendered":"https:\/\/www.diariocatolico.org\/?p=58735"},"modified":"2026-04-17T15:04:39","modified_gmt":"2026-04-17T15:04:39","slug":"el-papa-la-fragilidad-de-una-hostia-rompe-las-corazas-de-nuestro-egoismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/2020\/06\/14\/el-papa-la-fragilidad-de-una-hostia-rompe-las-corazas-de-nuestro-egoismo\/","title":{"rendered":"El Papa: La fragilidad de una Hostia rompe las corazas de nuestro ego\u00edsmo"},"content":{"rendered":"<p><iframe title=\"Eucharist heals our fragile memory\" width=\"1170\" height=\"658\" src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/NzfRCy-n5Cg?feature=oembed\" frameborder=\"0\" allow=\"accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share\" referrerpolicy=\"strict-origin-when-cross-origin\" allowfullscreen><\/iframe><\/p>\n<p>En la Solemnidad de Corpus Christi, el Santo Padre recuerda en su homil\u00eda que, \u201cJes\u00fas en la Eucarist\u00eda se hace cercano a nosotros\u201d, y por ello nos invita a que, \u00a1no dejemos solos a quienes est\u00e1n cerca de nosotros!<!--more--><\/p>\n<p>\u201cSigamos celebrando el Memorial que sana nuestra memoria, la Misa. Es el tesoro al que hay dar prioridad en la Iglesia y en la vida. Y, al mismo tiempo, redescubramos la adoraci\u00f3n, que contin\u00faa en nosotros la acci\u00f3n de la Misa. Nos hace bien, nos sana dentro. Especialmente ahora, que realmente lo necesitamos\u201d, lo dijo el Papa Francisco en su homil\u00eda en la Santa Misa, en la Solemnidad de Corpus Christi, celebrada este 14 de junio, XI Domingo del Tiempo Ordinario, en la Bas\u00edlica de San Pedro en el Vaticano.<\/p>\n<h2><b>Hacer memoria del bien recibido<\/b><\/h2>\n<p>El Pont\u00edfice, comentando la primera lectura que la liturgia presenta en esta Solemnidad se\u00f1al\u00f3 que, \u201cla Sagrada Escritura se nos dio para evitar que nos olvidemos de Dios. \u00a1Qu\u00e9 importante es acordarnos de esto cuando rezamos!\u201d. Por ello, afirm\u00f3 el Papa, es fundamental recordar el bien recibido: si no hacemos memoria de \u00e9l nos convertimos en extra\u00f1os a nosotros mismos, en \u201ctranse\u00fantes\u201d de la existencia. \u201cSin memoria \u2013 precis\u00f3 el Santo Padre \u2013 nos desarraigamos del terreno que nos sustenta y nos dejamos llevar como hojas por el viento. En cambio, hacer memoria es anudarse con lazos m\u00e1s fuertes, es sentirse parte de una historia, es respirar con un pueblo. La memoria no es algo privado, sino el camino que nos une a Dios y a los dem\u00e1s\u201d.<\/p>\n<p>\u201cCuando el d\u00eda de ma\u00f1ana te pregunte tu hijo: \u00bfQu\u00e9 son esos mandatos [\u2026] que te mand\u00f3 el Se\u00f1or, nuestro Dios?, responder\u00e1s a tu hijo: \u00c9ramos esclavos [\u2026] y el Se\u00f1or hizo signos y prodigios grandes [\u2026] ante nuestros ojos (Dt 6,20-22)\u201d<\/p>\n<h2><b>Hagan esto en memoria m\u00eda<\/b><\/h2>\n<p>En este contexto del recuerdo y de la memoria, el Papa Francisco se pregunta: \u00bfqu\u00e9 pasa si la cadena de transmisi\u00f3n de los recuerdos se interrumpe? \u00bfC\u00f3mo se puede recordar aquello que s\u00f3lo se ha o\u00eddo decir, sin haberlo experimentado? Y responde diciendo: \u201cDios sabe lo dif\u00edcil que es, sabe lo fr\u00e1gil que es nuestra memoria, y por eso hizo algo inaudito por nosotros: nos dej\u00f3 un memorial. No nos dej\u00f3 s\u00f3lo palabras, porque es f\u00e1cil olvidar lo que se escucha. No nos dej\u00f3 s\u00f3lo la Escritura, porque es f\u00e1cil olvidar lo que se lee. No nos dej\u00f3 s\u00f3lo s\u00edmbolos, porque tambi\u00e9n se puede olvidar lo que se ve. Nos dio, en cambio, un Alimento, pues es dif\u00edcil olvidar un sabor. Nos dej\u00f3 un Pan en el que est\u00e1 \u00c9l, vivo y verdadero, con todo el sabor de su amor\u201d. Y como dice la Primera carta a los Corintios, \u00abcuando lo recibimos podemos decir: \u00a1Es el Se\u00f1or, se acuerda de m\u00ed!. Es por eso que Jes\u00fas nos pidi\u00f3: Hagan esto en memoria m\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>\u201cLa Eucarist\u00eda no es un simple recuerdo, sino un hecho; es la Pascua del Se\u00f1or que se renueva por nosotros. En la Misa, la muerte y la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas est\u00e1n frente a nosotros. Hagan esto en memoria m\u00eda: re\u00fananse y como comunidad, como pueblo, celebren la Eucarist\u00eda para que se acuerden de m\u00ed. No podemos prescindir de ella, es el memorial de Dios. Y sana nuestra memoria herida\u201d<\/p>\n<h2><b>La Eucarist\u00eda cura nuestra orfandad<\/b><\/h2>\n<p>En este sentido, este memorial, se\u00f1al\u00f3 el Pont\u00edfice, cura nuestra memoria hu\u00e9rfana. Muchos tienen la memoria herida por la falta de afecto y las amargas decepciones recibidas de quien habr\u00eda tenido que dar amor pero que, en cambio, dej\u00f3 desolado el coraz\u00f3n. \u201cNos gustar\u00eda volver atr\u00e1s y cambiar el pasado, pero no se puede. Sin embargo \u2013 precis\u00f3 el Papa \u2013 Dios puede curar estas heridas, infundiendo en nuestra memoria un amor m\u00e1s grande: el suyo. La Eucarist\u00eda nos trae el amor fiel del Padre, que cura nuestra orfandad. Nos da el amor de Jes\u00fas, que transform\u00f3 una tumba de punto de llegada en punto de partida, y que de la misma manera puede cambiar nuestras vidas\u201d.<\/p>\n<p>\u201cLa Eucarist\u00eda nos comunica el amor del Esp\u00edritu Santo, que consuela, porque nunca deja solo a nadie, y cura las heridas\u201d<\/p>\n<h2><b>La Eucarist\u00eda nos transforma en portadores de Dios<\/b><\/h2>\n<p>Asimismo, el Papa Francisco dijo que, con la Eucarist\u00eda el Se\u00f1or tambi\u00e9n sana nuestra memoria negativa, que siempre hace aflorar las cosas que est\u00e1n mal y nos deja con la triste idea de que no servimos para nada, que s\u00f3lo cometemos errores, que estamos \u201cequivocados\u201d. Jes\u00fas viene a decirnos que no es as\u00ed. Y cada vez que lo recibimos nos recuerda que somos valiosos: somos los invitados que \u00c9l espera a su banquete, los comensales que ans\u00eda. \u201cEl Se\u00f1or sabe que el mal y los pecados no son nuestra identidad; son enfermedades, infecciones. Y viene a curarlas con la Eucarist\u00eda, que contiene los anticuerpos para nuestra memoria enferma de negatividad. Con Jes\u00fas podemos inmunizarnos de la tristeza. Ante nuestros ojos siempre estar\u00e1n nuestras ca\u00eddas y dificultades, los problemas en casa y en el trabajo, los sue\u00f1os incumplidos. Pero su peso no nos podr\u00e1 aplastar porque en lo m\u00e1s profundo est\u00e1 Jes\u00fas, que nos alienta con su amor. Esta es la fuerza de la Eucarist\u00eda, que nos transforma en portadores de Dios: portadores de alegr\u00eda y no de negatividad\u201d.<\/p>\n<p>\u201cPodemos preguntarnos: Y nosotros, que vamos a Misa, \u00bfqu\u00e9 llevamos al mundo? \u00bfNuestra tristeza, nuestra amargura o la alegr\u00eda del Se\u00f1or? \u00bfRecibimos la Comuni\u00f3n y luego seguimos quej\u00e1ndonos, criticando y compadeci\u00e9ndonos a nosotros mismos? Pero esto no mejora las cosas para nada, mientras que la alegr\u00eda del Se\u00f1or cambia la vida\u201d<\/p>\n<h2><b>La Eucarist\u00eda sana nuestra memoria cerrada<\/b><\/h2>\n<p>Adem\u00e1s, se\u00f1al\u00f3 el Obispo de Roma, la Eucarist\u00eda sana nuestra memoria cerrada. Las heridas que llevamos dentro no s\u00f3lo nos crean problemas a nosotros mismos, sino tambi\u00e9n a los dem\u00e1s. Nos vuelven temerosos y suspicaces; cerrados al principio, pero a la larga c\u00ednicos e indiferentes. Nos llevan a reaccionar ante los dem\u00e1s con antipat\u00eda y arrogancia, con la ilusi\u00f3n de creer que de este modo podemos controlar las situaciones. Pero es un enga\u00f1o, pues s\u00f3lo el amor cura el miedo de ra\u00edz y nos libera de las obstinaciones que aprisionan. Esto hace Jes\u00fas, que viene a nuestro encuentro con dulzura, en la asombrosa fragilidad de una Hostia. Esto hace Jes\u00fas, que es Pan partido para romper las corazas de nuestro ego\u00edsmo. Esto hace Jes\u00fas, que se da a s\u00ed mismo para indicarnos que s\u00f3lo abri\u00e9ndonos nos liberamos de los bloqueos interiores, de la par\u00e1lisis del coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>\u201cEl Se\u00f1or, que se nos ofrece en la sencillez del pan, nos invita tambi\u00e9n a no malgastar nuestras vidas buscando mil cosas in\u00fatiles que crean dependencia y dejan vac\u00edo nuestro interior\u201d<\/p>\n<h2><b>La Eucarist\u00eda enciende en nosotros el deseo de servir<\/b><\/h2>\n<p>Finalmente, el Papa Francisco dijo que, la Eucarist\u00eda quita en nosotros el hambre por las cosas y enciende el deseo de servir. Nos levanta de nuestro c\u00f3modo sedentarismo y nos recuerda que no somos solamente bocas que alimentar, sino tambi\u00e9n sus manos para alimentar a nuestro pr\u00f3jimo. Es urgente que ahora nos hagamos cargo de los que tienen hambre de comida y de dignidad, de los que no tienen trabajo y luchan por salir adelante. Y hacerlo de manera concreta, como concreto es el Pan que Jes\u00fas nos da. Hace falta una cercan\u00eda verdadera, hacen falta aut\u00e9nticas cadenas de solidaridad. Jes\u00fas en la Eucarist\u00eda se hace cercano a nosotros, \u00a1no dejemos solos a quienes est\u00e1n cerca de nosotros!<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Fuente: VaticanNews<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la Solemnidad de Corpus Christi, el Santo Padre recuerda en su homil\u00eda que, \u201cJes\u00fas&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":58732,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"content-type":"","_lmt_disableupdate":"","_lmt_disable":"","footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-58735","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized"],"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/58735","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=58735"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/58735\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=58735"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=58735"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=58735"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}