{"id":60295,"date":"2020-07-31T10:00:56","date_gmt":"2020-07-31T14:30:56","guid":{"rendered":"https:\/\/www.diariocatolico.org\/?p=60295"},"modified":"2026-04-17T15:04:40","modified_gmt":"2026-04-17T15:04:40","slug":"hoy-es-la-fiesta-de-san-ignacio-de-loyola-fundador-de-la-compania-de-jesus","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/2020\/07\/31\/hoy-es-la-fiesta-de-san-ignacio-de-loyola-fundador-de-la-compania-de-jesus\/","title":{"rendered":"Hoy es la fiesta de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas"},"content":{"rendered":"<p>San Ignacio de Loyola,\u00a0<em>presb\u00edtero y fundador<\/em><\/p>\n<p>Memoria de san Ignacio de Loyola, presb\u00edtero, el cual, nacido en el Pa\u00eds Vasco, en Espa\u00f1a, pas\u00f3 la primera parte de su vida en la corte como paje hasta que, herido gravemente, se convirti\u00f3 a Dios. Complet\u00f3 los estudios teol\u00f3gicos en Par\u00eds y uni\u00f3 a \u00e9l a sus primeros compa\u00f1eros, con los que m\u00e1s tarde fund\u00f3 la Orden de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas en Roma, donde ejerci\u00f3 un fructuoso ministerio escribiendo varias obras y formando a sus disc\u00edpulos, todo para mayor gloria de Dios.<!--more--><\/p>\n<p>San Ignacio naci\u00f3 probablemente en 1491, en el castillo de Loyola, en Azpe\u00edtia, poblaci\u00f3n de Guip\u00fazcoa, cerca de los Pirineos. Su padre, don Bertr\u00e1n, era se\u00f1or de O\u00f1az y de Loyola, jefe de una de las familias m\u00e1s antiguas y nobles de la regi\u00f3n. Y no era menos ilustre el linaje de su madre, do\u00f1a Marina S\u00e1enz de Licona y Balda. I\u00f1igo (pues \u00e9se fue el nombre que recibi\u00f3 el santo en el bautismo) era el m\u00e1s joven de los ocho hijos y tres hijas de la noble pareja. I\u00f1igo luch\u00f3 contra los franceses en el norte de Castilla. Pero su breve carrera militar termin\u00f3 abruptamente el 20 de mayo de 1521, cuando una bala de ca\u00f1\u00f3n le rompi\u00f3 la pierna, durante la lucha en defensa del castillo de Pamplona. Despu\u00e9s de que I\u00f1igo fue herido, la guarnici\u00f3n espa\u00f1ola capitul\u00f3. Los franceses no abusaron de la victoria y enviaron al herido en una litera al castillo de Loyola. Como los huesos de la pierna soldaron mal, los m\u00e9dicos juzgaron necesario quebrarlos nuevamente. I\u00f1igo soport\u00f3 estoicamente la b\u00e1rbara operaci\u00f3n, pero, como consecuencia, tuvo un fuerte ataque de fiebre con ciertas complicaciones, de suerte que los m\u00e9dicos pensaron que el enfermo morir\u00eda antes del amanecer de la fiesta de San Pedro y San Pablo. Sin embargo, I\u00f1igo sobrevivi\u00f3 y empez\u00f3 a mejorar, aunque la convalescencia dur\u00f3 varios meses. No obstante la operaci\u00f3n, la rodilla rota presentaba todav\u00eda una deformidad. I\u00f1igo insisti\u00f3 en que los cirujanos cortasen la protuberancia y, pese a que \u00e9stos le advirtieron que la operaci\u00f3n ser\u00eda muy dolorosa, no quiso que le atasen ni le sostuviesen y soport\u00f3 la despiadada carnicer\u00eda sin una queja. Para evitar que la pierna derecha se acortase demasiado, permaneci\u00f3 varios d\u00edas con ella estirada mediante unas pesas. Con tales m\u00e9todos, nada tiene de extra\u00f1o que haya quedado cojo para el resto de su vida.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Con el objeto de distraerse durante la convalescencia, I\u00f1igo pidi\u00f3 algunos libros de caballer\u00eda, a los que siempre hab\u00eda sido muy afecto. Pero lo \u00fanico que se encontr\u00f3 en el castillo de Loyola fue una historia de Cristo y un volumen con vidas de santos. I\u00f1igo los comenz\u00f3 a leer para pasar el tiempo, pero poco a poco empez\u00f3 a interesarse tanto que pasaba d\u00edas enteros dedicado a la lectura. Y se dec\u00eda: \u00abSi esos hombres estaban hechos del mismo barro que yo, tambi\u00e9n yo puedo hacer lo que ellos hicieron\u00bb. Inflamado por el fervor, se propon\u00eda ir en peregrinaci\u00f3n a un santuario de Nuestra Se\u00f1ora y entrar como hermano lego a un convento de cartujos. Pero tales ideas eran intermitentes, pues su ansiedad de gloria y su amor por una dama, ocupaban todav\u00eda sus pensamientos. Sin embargo, cuando volv\u00eda a abrir el libro de las vidas de los santos, comprend\u00eda la futilidad de la gloria mundana y present\u00eda que s\u00f3lo Dios pod\u00eda satisfacer su coraz\u00f3n. Las fluctuaciones duraron alg\u00fan tiempo. Ello permiti\u00f3 a I\u00f1igo observar una diferencia: en tanto que los pensamientos que proced\u00edan de Dios le dejaban lleno de consuelo, paz y tranquilidad, los pensamientos mundanos le procuraban cierto deleite, pero no le dejaban sino amargura y vac\u00edo. Finalmente, resolvi\u00f3 imitar a los santos y empez\u00f3 por hacer toda la penitencia corporal posible y llorar sus pecados.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Una noche, se le apareci\u00f3 la Madre de Dios, rodeada de luz y llevando en los brazos a Su Hijo. La visi\u00f3n consol\u00f3 profundamente a Ignacio. Al terminar la convalescencia, hizo una peregrinaci\u00f3n al santuario de Nuestra Se\u00f1ora de Montserrat, donde determin\u00f3 llevar vida de penitente. El pueblecito de Manresa est\u00e1 a tres leguas de Montserrat. Ignacio se hosped\u00f3 ah\u00ed, unas veces en el convento de los dominicos y otras en un hospicio de pobres. Para orar y hacer penitencia, se retiraba a una cueva de los alrededores. As\u00ed vivi\u00f3 durante casi un a\u00f1o, pero a las consolaciones de los primeros tiempos sucedi\u00f3 un per\u00edodo de aridez espiritual; ni la oraci\u00f3n, ni la penitencia consegu\u00edan ahuyentar la sensaci\u00f3n de vac\u00edo que encontraba en los sacramentos y la tristeza que le abrumaba. A ello se a\u00f1ad\u00eda una violenta tempestad de escr\u00fapulos que le hac\u00edan creer que todo era pecado y le llevaron al borde de la desesperaci\u00f3n. En esa \u00e9poca, Ignacio empez\u00f3 a anotar algunas experiencias que iban a servirle para el libro de los \u00abEjercicios Espirituales\u00bb. Finalmente, el santo sali\u00f3 de aquella noche oscura y el m\u00e1s profundo gozo espiritual sucedi\u00f3 a la tristeza. AqueIla experiencia dio a Ignacio una habilidad singular para ayudar a los escrupulosos y un gran discernimiento en materia de direcci\u00f3n espiritual. M\u00e1s tarde, confes\u00f3 al P. La\u00ednez que, en una hora de oraci\u00f3n en Manresa, hab\u00eda aprendido m\u00e1s de lo que pudiesen haberle ense\u00f1ado todos los maestros en las universidades. Sin embargo, al principio de su conversi\u00f3n, Ignacio era tan ignorante que, al o\u00edr a un moro blasfemar de la Sant\u00edsima Virgen, se pregunt\u00f3 si su deber de caballero cristiano no consist\u00eda en dar muerte al blasfemo, y s\u00f3lo la intervenci\u00f3n de la Providencia le libr\u00f3 de cometer ese crimen.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En febrero de 1523, Ignacio parti\u00f3 en peregrinaci\u00f3n a Tierra Santa. Pidi\u00f3 limosna en el camino, se embarc\u00f3 en Barcelona, pas\u00f3 la Pascua en Roma, tom\u00f3 otra nave en Venecia con rumbo a Chipre y de ah\u00ed se traslad\u00f3 a Jaffa. Del puerto, a lomo de mula, se dirigi\u00f3 a Jerusal\u00e9n, donde ten\u00eda el firme prop\u00f3sito de establecerse. Pero, al fin de su peregrinaci\u00f3n por los Santos Lugares, el franciscano encargado de guardarlos le orden\u00f3 que abandonase Palestina, temeroso de que los mahometanos, enfurecidos por el proselitismo de Ignacio, le raptasen y pidiesen rescate por \u00e9l. Por lo tanto, el joven renunci\u00f3 a su proyecto y obedeci\u00f3, aunque no ten\u00eda la menor idea de lo que iba a hacer al regresar a Europa. En 1524, lleg\u00f3 de nuevo a Espa\u00f1a, donde se dedic\u00f3 a estudiar, pues \u00abpensaba que eso le servir\u00eda para ayudar a las almas\u00bb. Una piadosa dama de Barcelona, llamada Isabel Roser, le asisti\u00f3 mientras estudiaba la gram\u00e1tica latina en la escuela. Ignacio ten\u00eda entonces treinta y tres a\u00f1os, y no es dif\u00edcil imaginar lo penoso que debe ser estudiar la gram\u00e1tica a esa edad. Al principio, Ignacio estaba tan absorto en Dios, que olvidaba todo lo dem\u00e1s; as\u00ed, la conjugaci\u00f3n del verbo latino \u00abamare\u00bb se convert\u00eda en un simple pretexto para pensar: \u00abAmo a Dios. Dios me ama\u00bb. Sin embargo, el santo hizo ciertos progresos en el estudio, aunque segu\u00eda practicando las austeridades y dedic\u00e1ndose a la contemplaci\u00f3n y soportaba con paciencia y buen humor las burlas de sus compa\u00f1eros de escuela, que eran mucho m\u00e1s j\u00f3venes que \u00e9l.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Al cabo de dos a\u00f1os de estudios en Barcelona, pas\u00f3 a la Universidad de Alcal\u00e1 a estudiar l\u00f3gica, f\u00edsica y teolog\u00eda; pero la multiplicidad de materias no hizo m\u00e1s que confundirle, a pesar de que estudiaba noche y d\u00eda. Se alojaba en un hospicio, viv\u00eda de limosna y vest\u00eda un \u00e1spero h\u00e1bito gris. Adem\u00e1s de estudiar, instru\u00eda a los ni\u00f1os, organizaba reuniones de personas espirituales en el hospicio y convert\u00eda a numerosos pecadores con sus reprensiones llenas de mansedumbre. En aquella \u00e9poca, hab\u00eda en Espa\u00f1a muchas desviaciones de la devoci\u00f3n. Como Ignacio carec\u00eda de ciencia y autoridad para ense\u00f1ar, fue acusado ante el vicario general del obispo, quien le tuvo prisionero durante cuarenta y dos d\u00edas, hasta que, finalmente, absolvi\u00f3 de toda culpa a Ignacio y sus compa\u00f1eros, pero les prohibi\u00f3 llevar un h\u00e1bito particular y ense\u00f1ar durante los tres a\u00f1os siguientes. Ignacio se traslad\u00f3 entonces con sus compa\u00f1eros a Salamanca. Pero pronto fue nuevamente acusado de introducir doctrinas peligrosas. Despu\u00e9s de tres semanas de prisi\u00f3n, los inquisidores le declararon inocente. Ignacio consideraba la prisi\u00f3n, los sufrimientos y la ignominia corno pruebas que Dios le mandaba para purificarle y santificarle. Cuando recuper\u00f3 la libertad, resolvi\u00f3 abandonar Espa\u00f1a. En pleno invierno, hizo el viaje a Par\u00eds, a donde lleg\u00f3 en febrero de 1528. Los dos primeros a\u00f1os los dedic\u00f3 a perfeccionarse en el lat\u00edn, por su cuenta. Durante el verano iba a Flandes y aun a Inglaterra a pedir limosna a los comerciantes espa\u00f1oles establecidos en esas regiones. Con esa ayuda y la de sus amigos de Barcelona, pod\u00eda estudiar durante el a\u00f1o. Pas\u00f3 tres a\u00f1os y medio en el Colegio de Santa B\u00e1rbara, dedicado a la filosof\u00eda. Ah\u00ed indujo a muchos de sus compa\u00f1eros a consagrar los domingos y d\u00edas de fiesta a la oraci\u00f3n y a practicar con mayor fervor la vida cristiana. Pero el maestro Pe\u00f1a juzg\u00f3 que con aquellas pr\u00e9dicas imped\u00eda a sus compa\u00f1eros estudiar y predispuso contra Ignacio al doctor Guvea, rector del colegio, quien conden\u00f3 a Ignacio a ser azotado para desprestigiarle entre sus compa\u00f1eros. Ignacio no tem\u00eda al sufrimiento ni a la humillaci\u00f3n, pero, con la idea de que el ignominioso castigo pod\u00eda apartar del camino del bien a aqu\u00e9llos a quienes hab\u00eda ganado, fue a ver al rector y le expuso modestamente las razones de su conducta. Guvea no respondi\u00f3, pero tom\u00f3 a Ignacio por la mano, le condujo al sal\u00f3n en que se hallaban reunidos todos los alumnos y le pidi\u00f3 p\u00fablicamente perd\u00f3n por haber prestado o\u00eddos, con ligereza, a los falsos rumores. En 1534, a los cuarenta y tres a\u00f1os de edad, Ignacio obtuvo el t\u00edtulo de maestro en artes de la Universidad de Par\u00eds.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por aquella \u00e9poca, se unieron a Ignacio otros seis estudiantes de teolog\u00eda: Pedro Fabro, que era saboyano; Francisco Javier, un navarro; La\u00ednez y Salmer\u00f3n, que brillaban mucho en los estudios; Sim\u00f3n Rodr\u00edguez, originario de Portugal y Nicol\u00e1s Bobadilla. Movidos por las exhortaciones de Ignacio, aquellos fervorosos estudiantes hicieron voto de pobreza, de castidad y de ir a predicar el Evangelio en Palestina, o, si esto \u00faltimo resultaba imposible, de ofrecerse al Papa para que los emplease en el servicio de Dios como mejor lo juzgase. La ceremonia tuvo lugar en una capilla de Montmartre, donde todos recibieron la comuni\u00f3n de manos de Pedro Fabro, quien acababa de ordenarse sacerdote. Era el d\u00eda de la Asunci\u00f3n de la Virgen de 1534. Ignacio mantuvo entre sus compa\u00f1eros el fervor, mediante frecuentes conversaciones espirituales y la adopci\u00f3n de una sencilla regla de vida. Poco despu\u00e9s, hubo de interrumpir sus estudios de teolog\u00eda, pues el m\u00e9dico le orden\u00f3 que fuese a tomar un poco los aires natales, ya que su salud dejaba mucho que desear. Ignaci\u00f3 parti\u00f3 de Par\u00eds en la primavera de 1535. Su familia le recibi\u00f3 con gran gozo, pero el santo se neg\u00f3 a habitar en el castillo de Loyola y se hosped\u00f3 en una pobre casa de Azpeitia.<\/p>\n<p>Dos a\u00f1os m\u00e1s tarde, se reuni\u00f3 con sus compa\u00f1eros en Venecia. Pero la guerra entre venecianos y turcos les impidi\u00f3 embarcarse hacia Palestina. Los compa\u00f1eros de Ignacio, que eran ya diez, se trasladaron a Roma; Paulo III los recibi\u00f3 muy bien y concedi\u00f3 a los que todav\u00eda no eran sacerdotes el privilegio de recibir las \u00f3rdenes sagradas de manos de cualquier obispo. Despu\u00e9s de la ordenaci\u00f3n, se retiraron a una casa de las cercan\u00edas de Venecia, a fin de prepararse para los ministerios apost\u00f3licos. Los nuevos sacerdotes celebraron la primera misa entre septiembre y octubre, excepto Ignacio, quien la difiri\u00f3 m\u00e1s de un a\u00f1o con el objeto de prepararse mejor para ella. Como no hab\u00eda ninguna probabilidad de que pudiesen trasladarse a Tierra Santa, qued\u00f3 decidido finalmente que Ignacio, Fabro y La\u00ednez ir\u00edan a Roma a ofrecer sus servicios al Papa. Tambi\u00e9n resolvieron que, si alguien les preguntaba el nombre de su asociaci\u00f3n, responder\u00edan que pertenec\u00edan a la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas (san Ignacio no emple\u00f3 jam\u00e1s el nombre de \u00abjesuita\u00bb, ya que originalmente fue \u00e9ste un apodo m\u00e1s bien hostil que se dio a los miembros de la Compa\u00f1\u00eda), porque estaban decididos a luchar contra el vicio y el error bajo el estandarte de Cristo. Durante el viaje a Roma, mientras oraba en la capilla de \u00abLa Storta\u00bb, el Se\u00f1or se apareci\u00f3 a Ignacio, rodeado por un halo de luz inefable, pero cargado con una pesada cruz. Cristo le dijo: Ego vobis Romae propitius ero (Os ser\u00e9 propicio en Roma). Paulo III nombr\u00f3 a Fabro profesor en la Universidad de la Sapienza y confi\u00f3 a La\u00ednez el cargo de explicar la Sagrada Escritura. Por su parte, Ignacio se dedic\u00f3 a predicar los Ejercicios y a catequizar al pueblo. El resto de sus compa\u00f1eros trabajaba en forma semejante, a pesar de que ninguno de ellos dominaba todav\u00eda el italiano.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ignacio y sus compa\u00f1eros decidieron formar una congregaci\u00f3n religiosa para perpetuar su obra. A los votos de pobreza y castidad deb\u00eda a\u00f1adirse el de obediencia para imitar m\u00e1s de cerca al Hijo de Dios, que se hizo obediente hasta la muerte. Adem\u00e1s, hab\u00eda que nombrar a un superior general a quien todos obedecer\u00edan, el cual ejercer\u00eda el cargo de por vida y con autoridad absoluta, sujeto en todo a la Santa Sede. A los tres votos arriba mencionados, se agregar\u00eda el de ir a trabajar por el bien de las almas adondequiera que el Papa lo ordenase. La obligaci\u00f3n de cantar en com\u00fan el oficio divino no existir\u00eda en la nueva orden, \u00abpara que eso no distraiga de las obras de caridad a las que nos hemos consagrado\u00bb. La primera de esas obras de caridad consistir\u00eda en \u00abense\u00f1ar a los ni\u00f1os y a todos los hombres los mandamientos de Dios\u00bb. La comisi\u00f3n de cardenales que el Papa nombr\u00f3 para estudiar el asunto se mostr\u00f3 adversa al principio, con la idea de que ya hab\u00eda en la Iglesia bastantes \u00f3rdenes religiosas, pero un a\u00f1o m\u00e1s tarde, cambi\u00f3 de opini\u00f3n, y Paulo III aprob\u00f3 la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas por una bula emitida el 27 de septiembre de 1540. Ignacio fue elegido primer general de la nueva orden y su confesor le impuso, por obediencia, que aceptase el cargo. Empez\u00f3 a ejercerlo el d\u00eda de Pascua de 1541 y, algunos d\u00edas m\u00e1s tarde, todos los miembros hicieron los votos en la bas\u00edlica de San Pablo Extramuros.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ignacio pas\u00f3 el resto de su vida en Roma, consagrado a la colosal tarea de dirigir la orden que hab\u00eda fundado. Entre otras cosas, fund\u00f3 una casa para alojar a los ne\u00f3fitos jud\u00edos durante el per\u00edodo de la catequesis y otra casa para mujeres arrepentidas. En cierta ocasi\u00f3n, alguien le hizo notar que la conversi\u00f3n de tales pecadoras rara vez es sincera, a lo que Ignacio respondi\u00f3: \u00abEstar\u00eda yo dispuesto a sufrir cualquier cosa por el gozo de evitar un solo pecado\u00bb. Rodr\u00edguez y Francisco Javier hab\u00edan partido a Portugal en 1540. Con la ayuda del rey Juan III, Javier se traslad\u00f3 a la India, donde empez\u00f3 a ganar un nuevo mundo para Cristo. Los padres Gon\u00e7alves y Juan N\u00fa\u00f1ez Barreto fueron enviados a Marruecos a instruir y asistir a los esclavos cristianos. Otros cuatro misioneros partieron al Congo; algunos m\u00e1s fueron a Etiop\u00eda y a las colonias portuguesas de Am\u00e9rica del Sur. El Papa Paulo III nombr\u00f3 como te\u00f3logos suyos, en el Concilio de Trento, a los padres La\u00ednez y Salmer\u00f3n. Antes de su partida, san Ignacio les orden\u00f3 que visitasen a los enfermos y a los pobres y que, en las disputas se mostrasen modestos y humildes y se abstuviesen de desplegar presuntuosamente su ciencia y de discutir demasiado. Pero, sin duda que entre los primeros disc\u00edpulos de Ignacio el que lleg\u00f3 a ser m\u00e1s famoso en Europa, por su saber y virtud, fue\u00a0<strong>san Pedro Canisio<\/strong>, a quien la Iglesia venera actualmente como Doctor. En 1550,\u00a0<strong>san Francisco de Borja<\/strong>\u00a0regal\u00f3 una suma considerable para la construcci\u00f3n del Colegio Romano. San Ignacio hizo de aquel colegio el modelo de todos los otros de su orden y se preocup\u00f3 por darle los mejores maestros y facilitar lo m\u00e1s posible el progreso de la ciencia. El santo dirigi\u00f3 tambi\u00e9n la fundaci\u00f3n del Colegio Germ\u00e1nico de Roma, en el que se preparaban los sacerdotes que iban a trabajar en los pa\u00edses invadidos por el protestantismo. En vida del santo se fundaron universidades, seminarios y colegios en diversas naciones. Puede decirse que san Ignacio ech\u00f3 los fundamentos de la obra educativa que hab\u00eda de distinguir a la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas y que tanto iba a desarrollarse con el tiempo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En 1542, desembarcaron en Irlanda los dos primeros misioneros jesuitas, pero el intento fracas\u00f3. Ignaci\u00f3 orden\u00f3 que se hiciesen oraciones por la conversi\u00f3n de Inglaterra, y entre los m\u00e1rtires de Gran Breta\u00f1a se cuentan veintinueve jesuitas. La actividad de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas en Inglaterra es un buen ejemplo del important\u00edsimo papel que desempe\u00f1\u00f3 en la contrarreforma. Ese movimiento ten\u00eda el doble fin de dar nuevo vigor a la vida de la Iglesia y de oponerse al protestantismo. \u00abLa Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas era exactamente lo que se necesitaba en el siglo XVI para contrarrestar la Reforma. La revoluci\u00f3n y el desorden eran las caracter\u00edsticas de la Reforma. La Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas ten\u00eda por caracter\u00edsticas la obediencia y la m\u00e1s s\u00f3lida cohesi\u00f3n. Se puede afirmar, sin pecar contra la verdad hist\u00f3rica, que los jesuitas atacaron, rechazaron y derrotaron la revoluci\u00f3n de Lutero y, con su predicaci\u00f3n y direcci\u00f3n espiritual, reconquistaron a las almas, porque predicaban s\u00f3lo a Cristo y a Cristo crucificado. Tal era el mensaje de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas, y con \u00e9l, mereci\u00f3 y obtuvo la confianza y la obediencia de las almas\u00bb (cardenal Manning). A este prop\u00f3sito citaremos las instrucciones que san Ignacio dio a los padres que iban a fundar un colegio en Ingolstadt, acerca de sus relaciones con los protestantes: \u00abTened gran cuidado en predicar la verdad de tal modo que, si acaso hay entre los oyentes un hereje, le sirva de ejemplo de caridad y moderaci\u00f3n cristianas. No us\u00e9is de palabras duras ni mostr\u00e9is desprecio por sus errores\u00bb. El santo escribi\u00f3 en el mismo tono a los padres Broet y Salmer\u00f3n cuando se aprestaban a partir para Irlanda. Una de las obras m\u00e1s famosas y fecundas de Ignacio fue el libro de los \u00abEjercicios Espirituales\u00bb. Empez\u00f3 a escribirlo en Manresa y lo public\u00f3 por primera vez en Roma, en 1548, con la aprobaci\u00f3n del Papa. Los Ejercicios cuadran perfectamente con la tradici\u00f3n de santidad de la Iglesia. Desde los primeros tiempos, hubo cristianos que se retiraron del mundo para servir a Dios, y la pr\u00e1ctica de la meditaci\u00f3n es tan antigua como la Iglesia. Lo nuevo en el libro de san Ignacio es el orden y el sistema de las meditaciones. Si bien las principales reglas y consejos que da el santo se hallan diseminados en las obras de los Padres de la Iglesia, san Ignacio tuvo el m\u00e9rito de ordenarlos met\u00f3dicamenle y de formularlos con perfecta claridad. El fin espec\u00edfico de los Ejercicios es llevar al hombre a un estado de serenidad y despego terrenal para que pueda elegir \u00absin dejarse llevar del placer o la repugnancia, ya sea acerca del curso general de su vida, ya acerca de un asunto particular. As\u00ed, el principio que gu\u00eda la elecci\u00f3n es \u00fanicamente la consideraci\u00f3n de lo que m\u00e1s conduce a la gloria de Dios y a la perfecci\u00f3n del alma\u00bb. Como lo dice P\u00edo XI, el m\u00e9todo ignaciano de oraci\u00f3n \u00abgu\u00eda al hombre por el camino de la propia abnegaci\u00f3n y del dominio de los malos h\u00e1bitos a las m\u00e1s altas cumbres de la contemplaci\u00f3n y el amor divino\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La prudencia y caridad del gobierno de san Ignacio le gan\u00f3 el coraz\u00f3n de sus s\u00fabditos. Era con ellos afectuoso como un padre, especialmente con los enfermos, a los que se encargaba de asistir personalmente procur\u00e1ndoles el mayor bienestar material y espiritual posible. Aunque san Ignacio era superior, sab\u00eda escuchar con mansedumbre a sus subordinados, sin perder por ello nada de su autoridad. En las cosas en que no ve\u00eda claro se aten\u00eda humildemente al juicio de otros. Era gran enemigo del empleo de los superlativos y de las afirmaciones demasiado categ\u00f3ricas en la conversaci\u00f3n. Sab\u00eda sobrellevar con alegr\u00eda las cr\u00edticas, pero tambi\u00e9n sab\u00eda reprender a sus s\u00fabditos cuando ve\u00eda que lo necesitaban. En particular, reprend\u00eda a aqu\u00e9llos a quienes el estudio volv\u00eda orgullosos o tibios en el servicio de Dios, pero fomentaba, por otra parte, el estudio y deseaba que los profesores, predicadores y misioneros, fuesen hombres de gran ciencia. La corona de las virtudes de san Ignacio era su gran amor a Dios. Con frecuencia repet\u00eda estas palabras, que son el lema de su orden: \u00abA la mayor gloria de Dios\u00bb. A ese fin refer\u00eda el santo todas sus acciones y toda la actividad de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas. Tambi\u00e9n dec\u00eda frecuentemente: \u00abSe\u00f1or, \u00bfqu\u00e9 puedo desear fuera de Ti?\u00bb Quien ama verdaderamente no est\u00e1 nunca ocioso. San Ignacio pon\u00eda su felicidad en trabajar por Dios y sufrir por su causa. Tal vez se ha exagerado algunas veces el \u00abesp\u00edritu militar\u00bb de Ignacio y de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas y se ha olvidado la simpat\u00eda y el don de amistad del santo por admirar su energ\u00eda y esp\u00edritu de empresa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Durante los quince a\u00f1os que dur\u00f3 el gobierno de san Ignacio, la orden aument\u00f3 de diez a mil miembros y se extendi\u00f3 en nueve pa\u00edses europeos, en la India y el Brasil. Como en esos quince a\u00f1os el santo hab\u00eda estado enfermo quince veces, nadie se alarm\u00f3 cuando enferm\u00f3 una vez m\u00e1s. Muri\u00f3 s\u00fabitamente el 31 de julio de 1556, sin haber tenido siquiera tiempo de recibir los \u00faltimos sacramentos. Fue canonizado en 1622, y P\u00edo XI le proclam\u00f3 patrono de los ejercicios espirituales y retiros.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El amor de Dios era la fuente del entusiasmo de Ignacio por la salvaci\u00f3n de las almas, por las que emprendi\u00f3 tantas y tan grandes cosas y a las que consagr\u00f3 sus vigilias, oraciones, l\u00e1grimas y trabajos. Se hizo todo a todos para ganarlos a todos y al pr\u00f3jimo le dio por su lado a fin de atraerlo al suyo. Recib\u00eda con extraordinaria bondad a los pecadores sinceramente arrepentidos; con frecuencia se impon\u00eda una parte de la penitencia que hubiese debido darles y los exhortaba a ofrecerse en perfecto holocausto a Dios, dici\u00e9ndoles que es imposible imaginar los tesoros de gracia que Dios reserva a quienes se le entregan de todo coraz\u00f3n. El santo propon\u00eda a los pecadores esta oraci\u00f3n, que \u00e9l sol\u00eda repetir: \u00abTomad, Se\u00f1or y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad. Vos me lo disteis; a vos Se\u00f1or, lo torno. Disponed a toda vuestra voluntad y dadme amor y gracia, que esto me hasta, sin que os pida otra cosa\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/files.evangelizo.org\/images\/santibeati\/I\/Sant_Ignazio_di_Loyola_Sacerdote\/Sant_Ignazio_di_Loyola_AE.jpg\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>fuente:<\/strong>\u00a0\u00abVidas de los santos de A. Butler\u00bb, Herbert Thurston, SI<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>San Ignacio de Loyola,\u00a0presb\u00edtero y fundador Memoria de san Ignacio de Loyola, presb\u00edtero, el cual,&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":60296,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"content-type":"","_lmt_disableupdate":"","_lmt_disable":"","footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-60295","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized"],"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/60295","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=60295"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/60295\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=60295"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=60295"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=60295"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}