{"id":60329,"date":"2020-08-01T09:57:48","date_gmt":"2020-08-01T14:27:48","guid":{"rendered":"https:\/\/www.diariocatolico.org\/?p=60329"},"modified":"2026-04-17T15:04:40","modified_gmt":"2026-04-17T15:04:40","slug":"hoy-celebramos-a-san-alfonso-maria-de-ligorio-patrono-de-confesores-y-moralistas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/2020\/08\/01\/hoy-celebramos-a-san-alfonso-maria-de-ligorio-patrono-de-confesores-y-moralistas\/","title":{"rendered":"Hoy celebramos a San Alfonso Mar\u00eda de Ligorio, patrono de confesores y moralistas"},"content":{"rendered":"<p>San Alfonso Mar\u00eda de Ligorio,\u00a0<em>obispo y doctor de la Iglesia<\/em><strong><br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p>Memoria de san Alfonso Mar\u00eda de Ligorio, obispo y doctor de la Iglesia, que refulgi\u00f3 por su celo por las almas y por sus escritos, su palabra y su ejemplo. A fin de promover la vida cristiana en el pueblo, trabaj\u00f3 infatigablemente predicando y escribiendo, especialmente sobre teolog\u00eda moral, disciplina en la que es considerado maestro, y tras muchos obst\u00e1culos, fund\u00f3 la Congregaci\u00f3n del Sant\u00edsimo Redentor, para evangelizar a la gente falta de formaci\u00f3n. Elegido obispo de Sant&#8217;Agata dei Goti, se entreg\u00f3 de modo excepcional a este ministerio, que tuvo que dejar quince a\u00f1os despu\u00e9s aquejado por graves enfermedades, y pas\u00f3 el resto de su vida en Nocera dei Pagani, en Campania, entre grandes sacrificios y dificultades.<!--more--><\/p>\n<p>San Alfonso naci\u00f3 cerca de N\u00e1poles en 1696. Sus padres eran don Jos\u00e9 de Liguori, capit\u00e1n de las galeras del rey, y Do\u00f1a Ana Cavalieri. Ambos esposos eran tan distinguidos como virtuosos. El santo recibi\u00f3 en el bautismo los nombres de Alfonso Mar\u00eda Antonio Juan Francisco Cosme Dami\u00e1n Miguel Gasllar; pero prefer\u00eda que le llamasen simplemente Alfonso Mar\u00eda. El padre de Alfonso, deseaba que su primog\u00e9nito recibiese una educaci\u00f3n muy esmerada y le nombr\u00f3 tutores desde muy ni\u00f1o. Empez\u00f3 a estudiar jurisprudencia a los trece a\u00f1os y a los diecis\u00e9is, por privilegio especial, pudo presentar en la Universidad de N\u00e1poles el examen de doctorado en derecho civil y can\u00f3nico y obtuvo el t\u00edtulo por aclamaci\u00f3n. Una leyenda afirma que Alfonso no perdi\u00f3 un solo caso en los ocho a\u00f1os que ejerci\u00f3 la abogac\u00eda. En 1717, Don Jos\u00e9 arregl\u00f3 el matrimonio para su hijo, pero la boda no lleg\u00f3 a celebrarse. Alfonso sigui\u00f3 trabajando como hasta entonces. Durante un par de a\u00f1os, el joven se resfri\u00f3 un tanto en su vida religiosa y concibi\u00f3 cierto gusto por la vida social, aunque conserv\u00f3 siempre el prop\u00f3sito de no cometer un solo pecado mortal. Alfonso era muy afecto a o\u00edr m\u00fasica en el teatro, pero adem\u00e1s se presentaban ah\u00ed otros espect\u00e1culos indecorosos. Para evitarlos, como Alfonso era muy miope, le bastaba quitarse los anteojos cuando se levantaba el tel\u00f3n, o\u00edr la buena m\u00fasica y no ver el mal espect\u00e1culo. En la cuaresma de 1722 hizo un retiro en el convento de los lazaristas; ello y la recepci\u00f3n del sacramento de la confirmaci\u00f3n en el oto\u00f1o del mismo a\u00f1o, reavivaron su fervor, de suerte que, en la cuaresma del a\u00f1o siguiente, el joven hizo voto de virginidad y de abandonar el ejercicio de su profesi\u00f3n en cuanto comprendiese que Dios se lo ped\u00eda. Pocos meses m\u00e1s tarde, Dios manifest\u00f3 claramente su voluntad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cierto noble napolitano hab\u00eda puesto pleito al gran duque de Toscana para obtener la posesi\u00f3n de una propiedad valuada en una suma alt\u00edsima. Una de las partes contendientes, probablemente el noble napolitano, solicit\u00f3 los servicios de Alfonso, y el discurso que \u00e9ste pronunci\u00f3 en favor de su cliente, impresion\u00f3 mucho a la corte. Pero cuando Alfonso termin\u00f3 de hablar, eI abogado de su adversario se content\u00f3 con decirle: \u00abTodo vuestro discurso ha ido in\u00fatil, porque no hab\u00e9is mencionado el punto del que depende esencialmente la soluci\u00f3n del caso\u00bb. Alfonso le pidi\u00f3 la prueba de ello, y el abogado le tendi\u00f3 un documento que Alfonso hab\u00eda le\u00eddo varias veces, pero sin caer en la cuenta del sentido del p\u00e1rrafo subrayado. La cuesti\u00f3n que se trataba de aclarar era si la propiedad estaba sujeta a la ley de Lombard\u00eda o a las capitulares de Anjou. Ahora bien, el p\u00e1rrafo mencionado por el abogado del adversario resolv\u00eda la cuesti\u00f3n contra el cliente de Alfonso. Este guard\u00f3 silencio un momento y despu\u00e9s declar\u00f3: \u00abMe he equivocado. Ten\u00e9is raz\u00f3n y hab\u00e9is ganado la causa\u00bb. Dicho esto, abandon\u00f3 la sala. A pesar de la indignaci\u00f3n de su padre, Alfonso se neg\u00f3 a seguir en el ejercicio de su profesi\u00f3n y a contraer matrimonio. En dos ocasiones, mientras visitaba a los enfermos del hospital de incurables, oy\u00f3 una voz que le dec\u00eda: \u00abAbandona el mundo y entr\u00e9gate a M\u00ed\u00bb. Alfonso se dirigi\u00f3 entonces a la iglesia de Nuestra Se\u00f1ora de la Misericordia, puso su espada sobre el altar y pidi\u00f3 ser admitido en el oratorio. Don Jos\u00e9 hizo lo imposible por disuadir a su hijo, pero al fin, vi\u00e9ndole tan decidido, le dio permiso de que recibiese la ordenaci\u00f3n sacerdotal, a condici\u00f3n de que abandonase el oratorio y fuese a vivir a su casa. Siguiendo el consejo del P. Pagano, su director de conciencia, que era oratoriano, Alfonso acept\u00f3 la condici\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de hacer los estudios sacerdotales en su casa, fue ordenado en 1726. Pas\u00f3 los dos a\u00f1os siguientes en trabajos de misi\u00f3n en el reino de N\u00e1poles, donde dej\u00f3 huella. En los comienzos del siglo XVIII, se exager\u00f3 en el p\u00falpito la tendencia renacentista a la oratoria ampulosa y florida y, en el confesionario, el rigorismo jansenista. El padre Alfonso se rebel\u00f3 contra ambas tenciencias. Predicaba con tal sencillez, que alguien observ\u00f3: \u00abEs un placer escuchar vuestros sermones, porque os olvid\u00e1is de vos para predicar a Jesucristo\u00bb. El santo dec\u00eda m\u00e1s tarde a sus misioneros: \u00abEmplead un estilo sencillo, pero trabajad a fondo vuestros sermones. Un serm\u00f3n sin l\u00f3gica resulta disperso y falto de gusto. Un serm\u00f3n pomposo no llega a la masa. Por mi parte, puedo deciros que jam\u00e1s he predicado un serm\u00f3n que no pudiese entender la mujer m\u00e1s sencilla\u00bb. El santo trataba a sus penitentes como almas que era necesario salvar y no como criminales que hab\u00eda que castigar para que volviesen al buen camino. Se dice que jam\u00e1s rehus\u00f3 la absoluci\u00f3n a un penitente. Naturalmente, los m\u00e9todos del padre Alfonso no agradaban a todos y no faltaba quien los mirase con suspicacia. El santo organiz\u00f3 en grupos a los \u00ablazzaroni\u00bb de N\u00e1poles para ense\u00f1arles la doctrina cristiana y la pr\u00e1ctica de la virtud. En una ocasi\u00f3n, Alfonso reprendi\u00f3 a uno de los miembros porque ayunaba exageradamente, y a otro le dijo: \u00abDios quiere que comamos para vivir. Por consiguiente, cuando haya buena carne, comedla tranquilamente, pues os har\u00e1 mucho bien\u00bb. Los enemigos del santo se encargaron de desvirtuar esas palabras y transformar su sentido, afirmando que Alfonso se dedicaba a organizar la secta \u00abde la buena carne\u00bb y que ello ol\u00eda a epicure\u00edsmo, quietismo y otras herej\u00edas. Las autoridades civiles y eclesi\u00e1sticas intervinieron en el asunto, arrestaron a algunas personas y obligaron a san Alfonso a explicarse. El arzobispo, despu\u00e9s de o\u00edrle, le aconsej\u00f3 \u00fanicamente que fuese m\u00e1s prudente: pero la secta \u00abde la buena carne\u00bb sigui\u00f3 existiendo y se transform\u00f3, con el tiempo, en la gran Cofrad\u00eda de las Capillas; sus miembros, que pertenec\u00edan a las clases trabajadoras, se reun\u00edan diariamente para orar en com\u00fan y recibir instrucci\u00f3n en las capillas de la cofrad\u00eda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En 1729, a los treinta y tres a\u00f1os de edad, San Alfonso abandon\u00f3 la casa paterna y pas\u00f3 a ejercer el cargo de capell\u00e1n en un seminario en que se preparaban los misioneros destinados a China. Ah\u00ed conoci\u00f3 a Tom\u00e1s Falcoia, con el que pronto trab\u00f3 amistad. Tom\u00e1s era un sacerdote de la edad de Alfonso, que hab\u00eda consagrado su vida a fundar un instituto, seg\u00fan una visi\u00f3n que tuvo en Roma. Pero hasta entonces, s\u00f3lo hab\u00eda conseguido establecer un convento de religiosas en Scala, cerca de Amalfi, donde las religiosas se reg\u00edan por las reglas de las visitandinas. Una de ellas, llamada Mar\u00eda Celeste, comunic\u00f3 al P. Falcoia que hab\u00eda tenido una revelaci\u00f3n de las reglas que deb\u00edan gobernar a la congregaci\u00f3n, y el joven sacerdote qued\u00f3 muy impresionado al ver que dichas reglas coincid\u00edan exactamente con las que le hab\u00edan sido reveladas a \u00e9l. San Alfonso empez\u00f3 a interesarse en el asunto en 1730. Por la misma \u00e9poca, el P. Falcoia fue elegido obispo de Castellamare, lo que le permiti\u00f3 entrar de nuevo en contacto con las religiosas de Scala. Uno de los primeros actos de su episcopado fue invitar a Alfonso a predicar unos ejercicios a las religiosas. El hecho hab\u00eda de tener grandes consecuencias para todos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>San Alfonso predic\u00f3 los ejercicios y aprovech\u00f3 la ocasi\u00f3n para investigar, con la precisi\u00f3n de un abogado, el asunto de las visiones de Mar\u00eda Celeste, hasta que lleg\u00f3 a la conclusi\u00f3n de que se trataba realmente de una revelaci\u00f3n y no de una alucinaci\u00f3n. As\u00ed pues, con la autorizaci\u00f3n del obispo de Scala y el consentimiento de las religiosas, les aconsej\u00f3 que se atuviesen a las reglas de la revelaci\u00f3n de Mar\u00eda Celeste. El d\u00eda de la Transfiguraci\u00f3n de 1731, las religiosas vistieron el nuevo h\u00e1bito, rojo y azul, y abrazaron la estricta clausura y la vida de penitencia. Tales fueron los comienzos de la Congregaci\u00f3n de las Redentoristas, que todav\u00eda existen en algunos pa\u00edses. San Alfonso se hab\u00eda encargado de explicar y comentar los puntos oscuros de la regla. Mons. Falcoia le propuso entonces que fundase una congregaci\u00f3n de misioneros que se dedicasen a trabajar entre los campesinos. El santo acept\u00f3, a pesar de la violenta tempestad que suscit\u00f3 la empresa. En 1732, se traslad\u00f3 de N\u00e1poles a Scala, despu\u00e9s de haberse despedido, con detenimiento y tristeza, de su padre. En noviembre del mismo a\u00f1o, fund\u00f3 la Congregaci\u00f3n del Sant\u00edsimo Redentor, cuya primera casa pertenc\u00eda al convento de las religiosas. La ongregaci\u00f3n contaba con nueve postulantes. San Alfonso era el superior inmediato, Mons. Falcoia tom\u00f3 por su cuenta la direcci\u00f3n general. Pero casi nmediatamente surgieron dificultades, pues unos sosten\u00edan que san Alfonso era la suprema autoridad de la congregaci\u00f3n y otros apoyaban la causa del obispo. En una palabra, la congregaci\u00f3n se vio pronto dividida por el cisma. Por otra parte, Mar\u00eda Celeste parti\u00f3 a Foggia a fundar un nuevo convento, de suerte que, al cabo de cinco meses, el santo se encontr\u00f3 s\u00f3lo con un hermano coadjutor. Sin embargo, m\u00e1s tarde se presentaron otros candidatos, y san Alfonso estableci\u00f3 la sede de la congregaci\u00f3n en una casa m\u00e1s grande. En 1733, los nuevos misioneros predicaron en Amalfi con gran \u00e9xito. En enero del a\u00f1o siguiente, fund\u00f3 otra casa en Villa degli Schiavi y se dedic\u00f3 a misionar ah\u00ed. San Alfonso es tan famoso como moralista, como escritor y como fundador de los Redentoristas que, con frecuencia, se olvida su brillante actuaci\u00f3n como misionero popular. De 1726 a 1752, san Alfonso predic\u00f3 con enorme \u00e9xito en todo el reino de N\u00e1poles, particularmente en las regiones rurales. Su confesonario estaba siempre asediado y Alfonso convert\u00eda a los pecadores m\u00e1s endurecidos a la pr\u00e1ctica de los sacramentos, reconciliaba a los enemigos y restablec\u00eda la paz en las familias. De san Alfonso heredaron us hijos la costumbre de volver a los pueblos misionados algunos meses despu\u00e9s de las pr\u00e9dicas para confirmar y consolidar el trabajo.<\/p>\n<p>Pero las dificultades de la nueva congregaci\u00f3n apenas hab\u00edan comenzado. En el a\u00f1o de la fundaci\u00f3n de Villa degli Schiavi, Espa\u00f1a reconquist\u00f3 el Reino de N\u00e1poles. Carlos III, monarca absolutista si los hubo, ocupaba el trono, y su primer ministro, el marqu\u00e9s Bernardo Tanucci, iba a ser durante toda su vida el gran enemigo de los Redentoristas. En 1737, un sacerdote poco honorable divulg\u00f3 falsos rumores sobre los ocupantes de la casa de Villa degli Schiavi; algunos hombres armados atacaron a la comunidad y san Alfonso juzg\u00f3 prudente suprimir esa fundaci\u00f3n. Al a\u00f1o siguiente, se vio obligado a suprimir tambi\u00e9n la casa de Scala. Por otra parte, el cardenanal Spinelli, arzobispo de N\u00e1poles, encomend\u00f3 al santo la organizaci\u00f3n de una gran misi\u00f3n en toda su arquidi\u00f3cesis. San Alfonso la organiz\u00f3 y predic\u00f3 durante dos a\u00f1os, hasta que la muerte de Mons. Falcoia le permiti\u00f3 volver a ocuparse de su congregaci\u00f3n. En el cap\u00edtulo que fue convocado, san Alfonso fue elegido superior general; el mismo cap\u00edtulo general se encarg\u00f3 de redactar las constituciones. Los misioneros as\u00ed reorganizados fundaron varias casas en los a\u00f1os siguiente, a pesar de la oposici\u00f3n de las autoridades espa\u00f1olas. El regalismo estaba a la orden del d\u00eda, y el anticlericalismo implacable de Tanucci era una espada que amenazaba constantemente la vida de la nueva congregaci\u00f3n. En 1748, san Alfonso public\u00f3 en N\u00e1poles la primera edici\u00f3n de su \u00abTeolog\u00eda Moral\u00bb, en forma de comentario a la obra del P. Busenbaum, te\u00f3logo jesuita. La segunda edici\u00f3n, que fue propiamente la primera de la obra completa, apareci\u00f3 entre los a\u00f1os de 1753 y 1755. El Papa Benedicto XIV la aprob\u00f3 y el \u00e9xito fue enorme, ya que san Alfonso trazaba con extraordinaria sabidur\u00eda el camino intermedio entre el rigorismo jansenista y el laxismo. Durante la vida del santo se publicaron siete ediciones m\u00e1s. Los jansenistas hab\u00edan acabado por introducir en el pueblo la costumbre de comulgar muy de vez en cuando, con el pretexto de estar mejor preparados para recibir ese alt\u00edsimo sacramento, y hab\u00edan considerado la devoci\u00f3n a la Sant\u00edsima Virgen como una superstici\u00f3n. San Alfonso atac\u00f3 ambos errores y defendi\u00f3 sobre todo la devoci\u00f3n a Nuestra Se\u00f1ora, con la publicaci\u00f3n de \u00abLas Glorias de Mar\u00eda\u00bb (1750).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A partir de 1743, fecha de la muerte de Mons. Falcoia, san Alfonso despleg\u00f3 una actividad incre\u00edble para guiar a su Congregaci\u00f3n a trav\u00e9s de los m\u00e1s peligrosos escollos, en el intento de obtener para ella la autorizaci\u00f3n regia; ayudaba a las almas, predicaba misiones en N\u00e1poles y en Sicilia y escrib\u00eda libros. Lo extraordinario era que a\u00fan encontraba tiempo para pintar y componer himnos y piezas musicales. Un prelado de N\u00e1poles resumi\u00f3 la opini\u00f3n popular en las siguientes palabras: \u00abSi yo fuese Papa, le canonizar\u00eda sin hacer ning\u00fan proceso\u00bb. El P. Mazzini escrib\u00eda: \u00abCumpli\u00f3 de un modo perfect\u00edsimo el precepto divino de amar a Dios sobre todas las cosas, con todo su coraz\u00f3n y con todas sus fuerzas. Ello es patente a todos y parlicularmente a m\u00ed, que pas\u00e9 tantos a\u00f1os con \u00e9l. El amor de Dios resplandec\u00eda en todos sus actos y palabras: en su manera de hablar de Dios, en su recogimiento, en la devoci\u00f3n con que oraba ante el Sant\u00edsimo Sacramento y en su continuo ejercicio de la presencia divina\u00bb. San Alfonso era estricto, pero a la vez tierno y compasivo. Como \u00e9l mismo hab\u00eda sufrido de escr\u00fapulos, sab\u00eda comprender a quienes los padec\u00edan. En el proceso de beatificaci\u00f3n, el P. Cajone afirm\u00f3: \u00abA mi modo de ver, su virtud caracter\u00edstica era la pureza de intenci\u00f3n. Trabajaba siempre y en todo, por Dios, olvidado de s\u00ed mismo. En cierta ocasi\u00f3n nos dijo: `Por la gracia de Dios, jam\u00e1s he tenido que confesarme de haber obrado por pasi\u00f3n. Tal vez sea porque no soy capaz de ver a fondo en mi conciencia, pero, en todo caso, nunca me he descubierto ese pecado con claridad suficiente para tener que confesarlo.&#8217;\u00bb Esto es verdaderamente extraordinario, si se tiene en cuenta que san Alfonso era un napolitano de temperamento apasionado y violento, que pod\u00eda haber sido f\u00e1cilmente presa de la ira, del orgullo y de la precipitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A los sesenta y cinco a\u00f1os, san Alfonso fue nombrado por el papa Clemente XIII obispo de Santa Agata dei Goti, situada entre Benevento y Capua. El mensajero del Nuncio Apost\u00f3lico se present\u00f3 en Nocera, salud\u00f3 al santo con el t\u00edtulo de Ilustr\u00edsimo Se\u00f1or y le dio el documento en que se le anunciaba su nombramiento. San Alfonso, despu\u00e9s de haberlo le\u00eddo, lo devolvi\u00f3 con estas palabras: \u00abPor favor, no volv\u00e1is a llamarme Ilustr\u00edsimo Se\u00f1or, porque eso me causar\u00eda la muerte\u00bb. Pero el Papa no acept\u00f3 la renuncia, y el santo fue consagrado en la iglesia de la Minerva de Roma. Santa Agata era una di\u00f3cesis peque\u00f1a. Tal vez era \u00e9sa su \u00fanica cualidad. Hab\u00eda en ella 30.000 habitantes, diecisiete casas religiosas y cuatrocientos sacerdotes, de los que unos cuantos viv\u00edan confortablemente de las rentas de sus beneficios sin practicar los ministerios sacerdotales, y los otros no s\u00f3lo eran negligentes, sino que positivamente viv\u00edan en el mal. Los fieles no eran mejores que sus pastores y la situaci\u00f3n empeoraba de d\u00eda en d\u00eda. El nuevo obispo se estableci\u00f3 modestamente y organiz\u00f3 una gran misi\u00f3n. Para ello pidi\u00f3 ayuda a todas las congregaciones religiosas de N\u00e1poles; la \u00fanica que excluy\u00f3, con gran tacto y prudencia, fue la de los redentoristas. El santo s\u00f3lo recomend\u00f3 dos cosas a los misioneros: la sencillez en el p\u00falpito y la caridad en el confesonario. M\u00e1s tarde, dijo a un sacerdote que no segu\u00eda sus consejos: \u00abVuestro serm\u00f3n me quit\u00f3 el sue\u00f1o toda la noche &#8230; Si lo que quer\u00edais era predicaros a vos y no a Jesucristo, no val\u00eda la pena venir desde N\u00e1poles a Ariola\u00bb. San Alfonso emprendi\u00f3 tambi\u00e9n la reforma del seminario y de la manera negligente de conceder los beneficios eclesi\u00e1sticos. Algunos sacerdotes celebraban la misa en menos de quince minutos. San Alfonso los suspendi\u00f3 \u00abipso facto\u00bb, a no ser que se corrigiesen, y escribi\u00f3 un conmovedor tratado sobre ese punto: \u00abEn el altar el sacerdote representa a Jesucristo, como dice san Cipriano. Pero muchos sacerdotes actuales, al celebrar la misa, parecen m\u00e1s bien saltimbanquis que se ganan la vida en la plaza p\u00fablica. Lo m\u00e1s lamentable es que aun los religiosos, y los religiosos de \u00f3rdenes reformadas, celebran la misa con ial prisa y mutilando tanto los ritos, que los mismos paganos quedar\u00edan escandalizados &#8230; Ver celebrar as\u00ed el Santo Sacrificio es para perder la fe\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Alg\u00fan tiempo despu\u00e9s, se descarg\u00f3 sobre la di\u00f3cesis de Santa Agata una terrible carest\u00eda, a la que sigui\u00f3 una epidemia de peste. San Alfonso hab\u00eda vaticinado esa calamidad desde hac\u00eda dos a\u00f1os, pero sin que nadie hiciese algo por evitarla. Las gentes mor\u00edan de hambre por millares. El santo vendi\u00f3 cuanto ten\u00eda, desde su coche de mulas hasta su anillo pastoral, para comprar grano. La Santa Sede le dio permiso de emplear los fondos de la di\u00f3cesis, y san Alfonso contrajo deudas a diestra y siniestra para socorrer a los necesitados. Cuando la chusma pidi\u00f3 que se condenase a muerte al alcalde de Santa Agata, a quien se acusaba injustamente de almacenar el grano, san Alfonso hizo frente a la multitud, ofreci\u00f3 su propia vida a cambio de la del alcalde y, finalmente, consigui\u00f3 apaciguar al populacho adelant\u00e1ndole la raci\u00f3n de los dos d\u00edas siguientes. El santo obispo se mostr\u00f3 particularmente en\u00e9rgico en la reforma de la moralidad p\u00fablica. Trataba siempre de proceder con bondad al principio, pero, cuando no obten\u00eda promesas serias de enmienda o las gentes no las cumpl\u00edan, no vacilaba en recurrir a medidas m\u00e1s vigorosas y aun en solicitar la ayuda de las autoridades civiles. Naturalmente, eso le cre\u00f3 numerosos enemigos; m\u00e1s de una vez los personajes de alcurnia y las gentes contra las que el santo hab\u00eda instruido procesos, le amenazaron con matarle. Probablemente los tribunales exageraron alg\u00fan tanto la costumbre de imponer el destierro a los pecadores p\u00fablicos y privados que no se enmendaban, y seguramente que los obispos de las di\u00f3cesis circundantes no encontraban gran consuelo en la opini\u00f3n del obispo de Santa Agata, quien dec\u00eda: \u00abCada obispo est\u00e1 obligado a velar por su propia di\u00f3cesis. Cuando los que infringen la ley se vean en desgracia, arrojados de todas partes, sin techo y sin medios de subsistencia, entrar\u00e1n en raz\u00f3n y abandonar\u00e1n su vida de pecado\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En junio de 1767 san Alfonso sufri\u00f3 un terrible ataque de reumatismo. La enfermedad se complic\u00f3 r\u00e1pidamente, de suerte que el santo recibi\u00f3 los \u00faltimos sacramentos, y la di\u00f3cesis empez\u00f3 a preparar sus funerales. Sin embargo, despu\u00e9s de doce meses de enfermedad, Alfonso sali\u00f3 del peligro, aunque qued\u00f3 para siempre con el cuello torcido, como lo muestran varias pinturas. Al principio ten\u00eda el cuello tan doblado, que la presi\u00f3n del ment\u00f3n le abri\u00f3 una llaga en el pecho y no pod\u00eda celebrar la misa; gracias a la intervenci\u00f3n de los cirujanos pudo levantar un tanto la cabeza, pero aun entonces el santo ten\u00eda que sentarse para comulgar. Adem\u00e1s de los ataques lanzados contra su teolog\u00eda moral, san Alfonso tuvo que hacer frente a los que sosten\u00edan que la Congregaci\u00f3n de los Redentoristas era simplemente una continuaci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas (que hab\u00eda sido suprimida en los dominios espa\u00f1oles en 1767). El proceso comenz\u00f3 en 1770; trece a\u00f1os despu\u00e9s, los tribunales dieron la raz\u00f3n a san Alfonso. Clemente XIV muri\u00f3 el 22 de septiembre de 1774. Al a\u00f1o siguiente san Alfonso pidi\u00f3 a P\u00edo VI que le permitiese renunciar al gobierno de su sede. Aunque Clemente XIII y Clemente XIV hab\u00edan negado al santo ese permiso, P\u00edo VI, teniendo en cuenta los efectos de la fiebre reum\u00e1tica, se lo concedi\u00f3 finalmente. San Alfonso se retir\u00f3 entonces a la casa de los redentoristas en Nocera, con la esperanza de acabar tranquilamente sus d\u00edas.<\/p>\n<p>Pero Dios lo dispuso de otro modo. En 1777 las redentoristas fueron atacados de nuevo; san Alfonso decidi\u00f3 entonces hacer otro esfuerzo por conseguir la aprobaci\u00f3n real de la congregaci\u00f3n, que contaba ya con cuatro casas en los Estados Pontificios, adem\u00e1s de las cuatro casas de N\u00e1poles y Sicilia. Lo que sucedi\u00f3 fue una verdadera tragedia. De acuerdo con el consejo de Mons. Testa, capell\u00e1n del rey, san Alfonso hab\u00eda suprimido las cl\u00e1usulas referentes a la propiedad en com\u00fan. Por su parte, Mons. Testa se hab\u00eda comprometido a presentar al rey el texto exacto de la solicitud de san Alfonso. Pero Mons. Testa, en vez de cumplir su palabra, alter\u00f3 las constituciones en varios puntos vitales y aun suprimi\u00f3 los votos de religi\u00f3n de los miembros de la congregaci\u00f3n. Despu\u00e9s de ganar a su causa a uno de los consejeros de la congregaci\u00f3n, el P. Majone, Mons. Testa present\u00f3 el nuevo texto a san Alfonso, pero escrito con letra muy peque\u00f1a y con muchas tachaduras. El santo, que estaba ya muy viejo, sordo y medio ciego, firm\u00f3 el documento despu\u00e9s de leer las primeras l\u00edneas, que conoc\u00eda de memoria.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Aun el mismo vicario general de San Alfonso, el P. Andr\u00e9s Villani, parece haber participado en la conspiraci\u00f3n, probablemente por miedo. El rey aprob\u00f3 \u00edntegramente el documento, que por el mismo hecho adquiri\u00f3 fuerza de ley. Cuando se leyeron a los redentoristas las nuevas constituciones, estall\u00f3 la tempestad. Los miembros de la congregaci\u00f3n dijeron al santo: \u00abHab\u00e9is destruido la congregaci\u00f3n que hab\u00edais fundado\u00bb. San Alfonso dijo al P. Villani: \u00abJam\u00e1s imagin\u00e9 que podr\u00edais traicionarme en esa forma\u00bb y se reproch\u00f3 su propia debilidad y negligencia: \u00abYo hubiese debido leer el documento; pero bien sab\u00e9is cu\u00e1n dif\u00edcil me es leer aun unas cuantas l\u00edneas\u00bb. Negarse a aceptar las constituciones aprobadas por el rey equival\u00eda a la supresi\u00f3n de la congregaci\u00f3n; aceptarlas, acarreaba forzosamente una sentencia de supresi\u00f3n por parte de la Santa Sede, que hab\u00eda aprobado las reglas en su forma original. San Alfonso llam\u00f3 a todas las puertas para evitar la cat\u00e1strofe, pero todo result\u00f3 en vano. El santo hubiese querido ir a consultar al Sumo Pont\u00edfice, pero no pod\u00eda hacerlo, porque los redentoristas de los Estados Pontificios hab\u00edan apelado ya al Papa contra las nuevas constituciones y se hab\u00edan puesto bajo su protecci\u00f3n. P\u00edo VI les prohibi\u00f3 aceptar las constituciones aprobadas por el rey y suprimi\u00f3 la jurisdicci\u00f3n de san Alfonso sobre ellos; tomando provisionalmente a los redentoristas de los Estados Pontificios por los \u00fanicos redentoristas leg\u00edtimos, P\u00edo VI nombr\u00f3 superior general al padre Francisco de Paula. En 1781, los redentoristas de N\u00e1poles aceptaron las constituciones, despu\u00e9s de lograr que el rey las modificase ligeramente. Pero la Santa Sede, que juzg\u00f3 inadmisibles dichas constituciones, hizo definitiva la supresi\u00f3n de la jurisdicci\u00f3n de san Alfonso, de suerte que el santo se vio excluido de la congregaci\u00f3n que hab\u00eda fundado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El santo llev\u00f3 con incre\u00edble paciencia la humillaci\u00f3n que le hab\u00eda infligido una autoridad que \u00e9l amaba y respetaba tanto y vio la voluntad de Dios en aquella medida de la Santa Sede, que aparentemente pon\u00eda fin a todas las esperanzas que hab\u00eda acariciado. Pero Dios le reservaba una prueba todav\u00eda m\u00e1s dura. Entre los a\u00f1os de 1784 y 1785, el santo atraves\u00f3 por un terrible per\u00edodo de \u00abnoche oscura del alma\u00bb, durante el cual sufri\u00f3 tentaciones contra todos los art\u00edculos de la fe, todas las virtudes y se vio abrumado por los escr\u00fapulos, vanos temores y alucinaciones diab\u00f3licas. La tortura dur\u00f3 dieciocho meses, con algunos intervalos de luz y reposo. A ello sigui\u00f3 un per\u00edodo de \u00e9xtasis muy frecuentes, en el que las profec\u00edas y milagros sustituyeron a los escr\u00fapulos y tentaciones. El santo muri\u00f3 apaciblemente en la noche del 31 de julio al 1 de agosto de 1787, dos meses antes de cumplir noventa y un a\u00f1os. P\u00edo VI, el Pont\u00edfice que por error le hab\u00eda condenado, decret\u00f3 en 1796 la introducci\u00f3n de la causa de beatificaci\u00f3n de Alfonso Mar\u00eda de Ligorio. La beatificaci\u00f3n tuvo lugar en 1816 y la canonizaci\u00f3n en 1839. San Alfonso fue proclamado Doctor de la Iglesia en 1871. El santo hab\u00eda predicho que la Congregaci\u00f3n de los Redentoristas hab\u00eda de extenderse y prosperar en los Estados Pontificios y que la reuni\u00f3n con las casas del reino de N\u00e1poles se efectuar\u00eda poco despu\u00e9s de su muerte. Sus profec\u00edas se cumplieron. En 1785, San Clemente Hofbauer fund\u00f3 la primera casa de la congregaci\u00f3n m\u00e1s all\u00e1 de los Alpes y, en 1793, el gobierno de N\u00e1poles reconoci\u00f3 las constituciones originales de los redentoristas y la uni\u00f3n se llev\u00f3 a cabo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La primera biograf\u00eda importante de san Alfonso fue la que escribi\u00f3 su amigo e hijo espiritual, el P. Tannoia (3 vols., N\u00e1poles, 1798-1802). En la obra del P. Castle hay una cr\u00edtica muy pertinente de la obra del P. Tannoia (vol. II, pp. 904-905). Las biograf\u00edas del cardenal Villecourt (1864) y del cardenal Capecelatro (1892) presentan pocos datos nuevos; en cambio, la biograf\u00eda que escribi\u00f3 en alem\u00e1n el P. K. Dilgskron (1887) se apoyaba en muchos documentos in\u00e9ditos y correg\u00eda los errores de muchos de los anteriores bi\u00f3grafos. Sin embargo, la biograf\u00eda m\u00e1s completa es la que escribi\u00f3 en franc\u00e9s el P. Berthe (1900). SS Juan Pablo II escribi\u00f3 la\u00a0<strong>carta apost\u00f3lica Spiritus Domini<\/strong>\u00a0en conmemoraci\u00f3n, en 1989, del segundo aniversario de la muerte del santo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div id=\"hg_fuente\"><strong>fuente:<\/strong>\u00a0\u00abVidas de los santos de A. Butler\u00bb, Herbert Thurston, SI<\/div>\n<div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;..<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Obispo y doctor (1696-1787).\u00a0\u00a0 Casi todos los Santos traen un &#8220;mensaje&#8221; para la Iglesia y surgen cuando el pueblo de Dios los necesita. San Alfonso Mar\u00eda de Ligorio ha legado a la Iglesia un mensaje que no pasa de moda y que siempre es de palpitante actualidad:\u00a0\u00a0 \u00a0\u00a0<\/p>\n<p>1) Profunda vida y sabia doctrina sobre la oraci\u00f3n.\u00a0\u00a0 \u00a0<\/p>\n<p>\u00a02) Devoci\u00f3n tierna y transformante a la Sagrada Eucarist\u00eda.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>3) Filial devoci\u00f3n a la Virgen Mar\u00eda.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Mensajes todos estos prolongados hasta nosotros por dos conductos: Su vida y sus preciosas Obras, y por medio de sus hijos los Redentoristas que heredaron su esp\u00edritu. Perteneci\u00f3 a una familia noble napolitana. A los siete a\u00f1os ya lo ponen a estudiar las letras cl\u00e1sicas. A los doce se matricula en la universidad y a los diecis\u00e9is ya es investido con la toga de doctor en ambos Derechos.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Estudia las lenguas modernas, esgrima, arte, m\u00fasica y pintura que despu\u00e9s le servir\u00e1 todo esto para su apostolado.<\/p>\n<p>Su padre le hab\u00eda preparado un ventajoso y lujoso matrimonio, pero Alfonso abraz\u00f3 el camino de seguimiento de Cristo en el sacerdocio. Se orden\u00f3 sacerdote en el a\u00f1o 1726. Aquel mismo d\u00eda hizo este prop\u00f3sito: &#8220;La Iglesia me honra concedi\u00e9ndome este don, yo procurar\u00e9 honrar a la Iglesia trabajando incansablemente por ella, con mi pureza, con mi santidad&#8221;.<\/p>\n<p>Se entreg\u00f3 a recorrer toda Italia predicando Misiones populares y escribiendo preciosos tratados sobre todos los temas que sab\u00eda interesaban al pueblo fiel: Moral, Catecismos, Sermones, Visitas al Sant\u00edsimo, Tratados sobre la Virgen Mar\u00eda. Las Glorias de Mar\u00eda ser\u00e1 su obra inmortal juntamente con sus tratados de Teolog\u00eda Moral en la que hasta ahora goza de una gran autoridad.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0El a\u00f1o 1732 funda la Congregaci\u00f3n de los Redentoristas para que sigan su obra.<\/p>\n<p>A sus 66 a\u00f1os el Papa Clemente XIII le obliga a aceptar ser obispo de Santa \u00c1gueda de los Godos. Es un padre y un Pastor maravilloso. No pierde un instante por formar a los dem\u00e1s y por santificarse \u00e9l. El Padre bueno le llama a sus 91 a\u00f1os, el 1 de agosto de 1787.<\/p>\n<div>\n<p>&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;..<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/files.evangelizo.org\/images\/santibeati\/A\/Sant_Alfonso_Maria_de_Liguori_Vescovo_e_dottore_della_Chiesa\/Sant_Alfonso_Maria_de_Liguori_J.jpg\" \/><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-60332\" src=\"https:\/\/www.diariocatolico.org\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/san_alfonso_maria_liguori-300x239.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"239\" \/> <img decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-60333\" src=\"https:\/\/www.diariocatolico.org\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/sanalfono-225x300.jpg\" alt=\"\" width=\"225\" height=\"300\" \/> <img decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-60334\" src=\"https:\/\/www.diariocatolico.org\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/San-Alfonso-Mar\u00eda-de-Ligorio-adorando-el-Sant\u00edsimo-Sacramento-169x300.jpg\" alt=\"\" width=\"169\" height=\"300\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>San Alfonso Mar\u00eda de Ligorio,\u00a0obispo y doctor de la Iglesia Memoria de san Alfonso Mar\u00eda&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":60335,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"content-type":"","_lmt_disableupdate":"","_lmt_disable":"","footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-60329","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized"],"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/60329","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=60329"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/60329\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=60329"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=60329"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=60329"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}