{"id":60879,"date":"2020-08-15T11:33:11","date_gmt":"2020-08-15T16:03:11","guid":{"rendered":"https:\/\/www.diariocatolico.org\/?p=60879"},"modified":"2026-04-17T15:04:41","modified_gmt":"2026-04-17T15:04:41","slug":"maria-puerta-del-cielo-a-traves-de-la-asuncion-se-hace-mas-cercana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/2020\/08\/15\/maria-puerta-del-cielo-a-traves-de-la-asuncion-se-hace-mas-cercana\/","title":{"rendered":"Mar\u00eda puerta del cielo, a trav\u00e9s de la Asunci\u00f3n se hace m\u00e1s cercana"},"content":{"rendered":"<p>Hoy para la Iglesia es la fiesta de la Asunci\u00f3n, un misterio de fe que ha inspirado una iconograf\u00eda \u00fanica del ciclo art\u00edstico sobre la dormici\u00f3n, el tr\u00e1nsito y la ascensi\u00f3n corporal de la Virgen: la de una ni\u00f1a reci\u00e9n nacida, &#8220;el alma de Mar\u00eda&#8221;, llevado en sus brazos por su hijo Jes\u00fas.<!--more--><\/p>\n<p>La fiesta del 15 de agosto, dedicada a la Asunci\u00f3n de Mar\u00eda, es muy antigua y est\u00e1 muy arraigada, pero no se encuentra directamente en las Sagradas Escrituras. Ni siquiera hay una tradici\u00f3n un\u00edvoca e ininterrumpida. El cuadro que se intenta reconstruir parece fragmentario, pero un hecho es evidente: desde el principio, casi siguiendo un razonamiento no s\u00f3lo de fe, sino tambi\u00e9n deductivo y l\u00f3gico, nunca se ha cuestionado la incorruptibilidad de su cuerpo.<\/p>\n<p>Por otra parte, este momento se llama en griego koimesis y en lat\u00edn dormitio y luego transitus, es decir &#8220;dormici\u00f3n&#8221; y &#8220;pasaje&#8221;, porque un destino mortal no ser\u00eda aceptable para ella. Misterio revelado por las palabras del Magn\u00edficat que, como explica el Papa Francisco, &#8220;nos deja tambi\u00e9n intuir el sentido cumplido de la historia de Mar\u00eda: si la misericordia del Se\u00f1or es el motor de la historia, entonces no pod\u00eda \u00abconocer la corrupci\u00f3n del sepulcro la mujer que, por obra del Esp\u00edritu, concibi\u00f3 en su seno al autor de la vida, Jesucristo\u00bb&#8221; (<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/angelus\/2015\/documents\/papa-francesco_angelus_20150815.html\" target=\"_blank\" rel=\"external noopener noreferrer\">Homil\u00eda, 15 de agosto de 2015<\/a>).<\/p>\n<h2>El silencio de las Escrituras<\/h2>\n<p>Los primeros indicios se remontan al siglo IV, cuando San Epifanio de Salamina explica el silencio de la Escritura como una voluntad precisa de Dios &#8220;de no suscitar excesivo asombro en la mente de los hombres&#8221;.<\/p>\n<p>En cambio, los Evangelios ap\u00f3crifos, en los relatos del\u00a0<i>Transitus\u00a0<\/i>o de la\u00a0<i>Dormitio Mariae<\/i>, difunden en amplios y detallados relatos de la muerte de la madre del Se\u00f1or, su entierro y el traslado de su cuerpo. Estos son, por ejemplo, el libro del\u00a0<i>Pseudo-Juan Evangelista<\/i>, el Libro del\u00a0<i>Pseudo-Melit\u00f3n de Sardes<\/i>, el\u00a0<i>Tr\u00e1nsito Romano<\/i>, o el\u00a0<i>Tr\u00e1nsito Sirio<\/i>.<\/p>\n<p>El m\u00e1s autorizado parece haber sido el\u00a0<i>Pseudo Dionisio Areopagita\u00a0<\/i>que influy\u00f3 en gran medida en sus sucesores y en particular en los textos homil\u00e9ticos de los siglos VIII y IX. La propia\u00a0<i>Leyenda aurea<\/i>, el libro de Jacopo da Varazze, que ha inspirado sustancialmente la iconograf\u00eda cristiana medieval, lo menciona continuamente.<\/p>\n<p>Las peregrinaciones a los lugares considerados como de la muerte y luego el entierro de la Virgen &#8211; especialmente a la bas\u00edlica teodosiana en la zona de Getseman\u00ed, llamada la Tumba de Mar\u00eda Sant\u00edsima Madre de Jes\u00fas &#8211; los innumerables textos e im\u00e1genes inspirados por estos acontecimientos en la vida de Mar\u00eda dan testimonio de la importancia de su culto desde una edad temprana y destacan su devoci\u00f3n de manera muy intensa. El Papa P\u00edo XII, en la Constituci\u00f3n Apost\u00f3lica del 1 de noviembre de 1950, el\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/pius-xii\/la\/apost_constitutions\/documents\/hf_p-xii_apc_19501101_munificentissimus-deus.html\" target=\"_blank\" rel=\"external noopener noreferrer\">Munificentissimus Deus<\/a><\/i>, que define su dogma, describe cu\u00e1n apremiante y sentida fue la petici\u00f3n de los fieles de que, despu\u00e9s de la de la Inmaculada Concepci\u00f3n, proclamada por su predecesor P\u00edo IX, \u00e9sta tambi\u00e9n fuera aceptada.<\/p>\n<h2>Mar\u00eda, la imagen m\u00e1s hermosa<\/h2>\n<p>La figura de Mar\u00eda es la imagen m\u00e1s representada en la historia, y no s\u00f3lo en los c\u00edrculos cristianos. Como todas las variantes que le conciernen, la iconograf\u00eda de su muerte y asunci\u00f3n, descrita de varias maneras, goza de amplia difusi\u00f3n, una de las cuales, de origen oriental, representa el momento de la Dormici\u00f3n de Mar\u00eda. El ejemplo m\u00e1s antiguo, que data del siglo VI y que proviene de Scitopoli, la actual Beth She-Sn, est\u00e1 estampado en una pieza de terracota. Es un paneg\u00edrico, un objeto de devoci\u00f3n, donde Mar\u00eda es representada acostada y rodeada por los ap\u00f3stoles. Lamentablemente, el estado de conservaci\u00f3n no permite un an\u00e1lisis m\u00e1s detallado.<\/p>\n<p>En un marfil del Museo Metropolitano, del siglo X, adem\u00e1s de los ap\u00f3stoles a los lados y dos \u00e1ngeles descendiendo desde lo alto, Jes\u00fas aparece justo en el centro de la figura mientras levanta a un reci\u00e9n nacido en pa\u00f1ales. Es el\u00a0<i>\u00e1nimula<\/i>, el alma de Mar\u00eda. Una figuraci\u00f3n que encontramos no s\u00f3lo en el contexto oriental, por ejemplo en los mosaicos de Santa Chora, sino tambi\u00e9n m\u00e1s tarde en Italia, en las regiones del sur, especialmente en el Salento, para subir a lo largo de toda la pen\u00ednsula hasta Venecia, de cultura notoriamente oriental, como en las regiones del Noroeste. Estas im\u00e1genes, extendidas en grandes paredes decoradas con mosaicos, como en las bas\u00edlicas romanas de Santa Mar\u00eda la Mayor y Santa Mar\u00eda en el Trast\u00e9vere o en las pinturas murales, como en la cat\u00f3lica de Stilo o en la iglesia de Santa Mar\u00eda en la Gruta de Rongolise, est\u00e1n muy difundidas en todas partes, perdurando en el tiempo incluso cuando prevalecen otras figuras, como la ascensi\u00f3n al cielo y el culmen de la coronaci\u00f3n.<\/p>\n<h2>Una iconograf\u00eda emblem\u00e1tica<\/h2>\n<p>Los estilos, las convenciones pict\u00f3ricas, la plasticidad y las perspectivas cambiaron, pero el esquema sigui\u00f3 siendo bastante similar, hasta que se volvi\u00f3 estereotipado o se diluy\u00f3, especialmente despu\u00e9s del siglo XV. Por ejemplo, para nombrar s\u00f3lo uno, en una obra de Mantegna, Mar\u00eda est\u00e1 representada con su rostro surcado por las arrugas y el tiempo y el &#8220;animula&#8221; es similar a una estatuilla di\u00e1fana en las manos de Cristo que, sentado en un trono, mira desde arriba, a lo lejos. La culminaci\u00f3n de este progresivo desvanecimiento iconogr\u00e1fico aparece a\u00fan m\u00e1s tarde en una obra de Caravaggio, que hace tremendamente humana la figura de Mar\u00eda, porque parece que el artista tom\u00f3 como modelo a una joven ahogada en el T\u00edber, rodeada de los ap\u00f3stoles tragados por la oscuridad y sin la presencia de su Hijo.<\/p>\n<h2>El\u00a0<i>\u00e1nimula<\/i>, la &#8220;peque\u00f1a alma&#8221; de Mar\u00eda<\/h2>\n<p>La imagen de la tierna reci\u00e9n nacida en los brazos de Cristo no puede contener un significado simplemente convencional. En el mundo cl\u00e1sico, el alma del difunto a menudo aparece en forma de peque\u00f1as figuras aladas y desnudas. Las comparaciones no parecen posibles.<\/p>\n<p>El emperador Adriano escribi\u00f3 unos hermosos versos melanc\u00f3licos, tambi\u00e9n elegidos por Marguerite Yourcenar para abrir las Memorias de Adriano:\u00a0<i>Animula vagula blandula<\/i>&#8230;, &#8220;Peque\u00f1a alma perdida y gentil&#8230;&#8221;. La forma en que el emperador romano saluda su alma parece sugerirnos la idea de que es algo fr\u00e1gil, una esencia et\u00e9rea y sin un lugar a donde ir, que no podemos aproximar de ninguna manera a la figura cristiana de Mar\u00eda. Obviamente las\u00a0<i>animulae Mariae<\/i>\u00a0est\u00e1n enraizadas en las zonas orientales, basta pensar por ejemplo en el ciclo de mosaicos de la iglesia de San Salvatore en Chora en Estambul, con un hermoso dormitorio con fondo de oro, donde Jes\u00fas est\u00e1 encerrado en la vesica piscis o almendra, el antiguo s\u00edmbolo con m\u00faltiples significados sagrados.<\/p>\n<h2>El v\u00ednculo indisoluble entre Jes\u00fas y Mar\u00eda<\/h2>\n<p>A menudo la Dormici\u00f3n de Mar\u00eda forma parte de un amplio ciclo en el que se cuentan sus historias y las de Jes\u00fas, y hay algunos casos cuya composici\u00f3n no sigue un orden cronol\u00f3gico sino que parece intencionada para querer comunicar un mensaje preciso y m\u00e1s complejo, como en el caso de los mosaicos de la Martorana de Palermo, del siglo XII. En el interior de un arco se reflejan dos figuras opuestas. A un lado est\u00e1 el nacimiento de Jes\u00fas y al otro la\u00a0<i>dormitio<\/i>. En el centro est\u00e1 la estrella.<\/p>\n<h2>Virgen madre, hija de tu hijo<\/h2>\n<p>La ternura que vemos en todos los cuadros que representan a Mar\u00eda con el Ni\u00f1o es la misma que la del Hijo hacia la Madre, nueva reci\u00e9n nacida, como en el retablo de Giotto conservado en Berl\u00edn, donde la ni\u00f1a extiende sus peque\u00f1as manos hacia \u00e9l en sus brazos. Se miran intensamente a los ojos, con la misma mirada de la Natividad de los Scrovegni. Y en estas im\u00e1genes entendemos perfectamente los versos de Dante del XXXIII Canto del Para\u00edso: &#8220;<i>Virgen Madre, hija de tu hijo<\/i>&#8220;.<\/p>\n<h2>Mar\u00eda, puerta del cielo y meta de la humanidad<\/h2>\n<p>Hay otra reflexi\u00f3n que la figura del &#8220;animula&#8221; de Mar\u00eda en las obras de arte parece suscitar en nosotros. Esa figurita con su fr\u00e1gil apariencia, precisamente por ser tan peque\u00f1a, parece a\u00fan m\u00e1s cercana a nosotros. Es un ejemplo humano, por lo tanto una meta posible de alcanzar, humildad a imitar, en la que esperar, seguros de que nos espera y nos protege. Y lo entendemos a\u00fan mejor a trav\u00e9s de las palabras del Papa Francisco: &#8220;La fiesta de la Asunci\u00f3n de Mar\u00eda es una llamada para todos nosotros, especialmente para los que est\u00e1n afligidos por las dudas y la tristeza, y miran hacia abajo, no pueden levantar la mirada. Miremos hacia arriba, el cielo est\u00e1 abierto; no infunde miedo, ya no est\u00e1 distante, porque en el umbral del cielo hay una madre que nos espera y es nuestra madre. Nos ama, nos sonr\u00ede y nos socorre con delicadeza. Como toda madre, quiere lo mejor para sus hijos y nos dice: \u2018Sois preciosos a los ojos de Dios; no est\u00e1is hechos para las peque\u00f1as satisfacciones del mundo, sino para las grandes alegr\u00edas del cielo\u2019&#8221;. (<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/angelus\/2019\/documents\/papa-francesco_angelus_20190815.html\" target=\"_blank\" rel=\"external noopener noreferrer\">Homil\u00eda del 15 de agosto de 2019<\/a>).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Fuente: VaticanNews<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hoy para la Iglesia es la fiesta de la Asunci\u00f3n, un misterio de fe que&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":60880,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"content-type":"","_lmt_disableupdate":"","_lmt_disable":"","footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-60879","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized"],"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/60879","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=60879"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/60879\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=60879"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=60879"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=60879"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}