{"id":61890,"date":"2020-09-13T09:03:58","date_gmt":"2020-09-13T13:33:58","guid":{"rendered":"https:\/\/www.diariocatolico.org\/?p=61890"},"modified":"2026-04-17T15:04:44","modified_gmt":"2026-04-17T15:04:44","slug":"el-papa-no-podemos-pretender-el-perdon-de-dios-si-no-perdonamos-al-projimo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/2020\/09\/13\/el-papa-no-podemos-pretender-el-perdon-de-dios-si-no-perdonamos-al-projimo\/","title":{"rendered":"El Papa: no podemos pretender el perd\u00f3n de Dios, si no perdonamos al pr\u00f3jimo"},"content":{"rendered":"<p>Es necesario aplicar el amor misericordioso en todas las relaciones humanas, tal como nos lo pide Jes\u00fas: lo dijo el Papa a la hora del \u00c1ngelus de este domingo, al reflexionar sobre la par\u00e1bola del rey misericordioso. \u201cSi no nos esforzamos por perdonar y amar, &#8211; afirm\u00f3 el Santo Padre \u2013 tampoco seremos perdonados ni amados\u201d.<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.vaticannews.va\/content\/dam\/vaticannews\/agenzie\/images\/srv\/2020\/09\/13\/2020-09-13-angelus\/1599991397165.JPG\/_jcr_content\/renditions\/cq5dam.thumbnail.cropped.1500.844.jpeg\" \/><\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>\u201cSi no nos esforzamos por perdonar y amar, tampoco seremos perdonados ni amados\u201d: fue la conclusi\u00f3n a la que lleg\u00f3 el Papa Francisco en su \u00c1ngelus de hoy, al reflexionar sobre la par\u00e1bola del rey misericordioso. El Santo Padre se asom\u00f3, como cada domingo, a la ventana del Palacio Apost\u00f3lico, para rezar junto con los fieles la oraci\u00f3n mariana del \u00c1ngelus dominical, en este XXIV domingo del Tiempo Ordinario.<\/p>\n<p>El Evangelio propone en este d\u00eda la par\u00e1bola del rey misericordioso, en donde \u201cencontramos \u2013 dijo Francisco \u2013 dos veces esta s\u00faplica: \u2018ten paciencia conmigo y te lo pagar\u00e9 todo\u201d.<\/p>\n<p><i>La primera vez la pronuncia el siervo que le debe a su amo diez mil talentos, una suma enorme. Hoy ser\u00edan millones y millones de euros. La segunda vez la repite otro criado del mismo amo. \u00c9l tambi\u00e9n tiene deudas, no con su amo, sino con el siervo que tiene esa enorme deuda. Y su deuda es muy peque\u00f1a comparada con la de su compa\u00f1ero, tal vez como el salario de una semana.<\/i><\/p>\n<h2><b>La infinita misericordia de Dios<\/b><\/h2>\n<p>Tal como explic\u00f3 el Papa, el centro de la par\u00e1bola es la indulgencia que el amo muestra hacia el siervo m\u00e1s endeudado.<\/p>\n<p><i>El evangelista subraya que \u00abel se\u00f1or tuvo compasi\u00f3n de aquel servidor, &#8211; no olviden jam\u00e1s esta palabra que es propia de Jes\u00fas: &#8220;tuvo compasi\u00f3n&#8221;, Jes\u00fas siempre tuvo compasi\u00f3n &#8211; le dej\u00f3 marchar y le perdon\u00f3 la deuda\u00bb. \u00a1Una deuda enorme, por tanto, una condonaci\u00f3n enorme! Pero ese criado, inmediatamente despu\u00e9s, se muestra despiadado con su compa\u00f1ero, que le debe una modesta suma. No lo escucha, le insulta y lo hace encarcelar, hasta que haya pagado la deuda, aquella peque\u00f1a deuda. El amo se entera de esto y, enojado, llama al siervo malvado y lo hace condenar. \u00bfPero yo te he perdonado tanto y t\u00fa eres incapaz de perdonar tan poco?<\/i><\/p>\n<h2><b>Aplicar el amor misericordioso en todas las relaciones \u00a0<\/b><\/h2>\n<p>Son dos las actitudes que demuestra la par\u00e1bola: la de Dios, que, representado por el rey, muestra una justicia \u201cimpregnada de misericordia\u201d. Y la del hombre, que \u201cse limita a la justicia\u201d. Jes\u00fas, en cambio, nos exhorta a \u201cabrirnos valientemente al poder del perd\u00f3n, porque no todo en la vida se resuelve con la justicia\u201d. Da cuenta de ello la respuesta que le da a Pedro, antes de la par\u00e1bola, cuando le pregunta: \u00abSe\u00f1or \u00bfcu\u00e1ntas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano?\u00bb. A lo que Jes\u00fas le responde: \u00abNo te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete\u00bb. En el lenguaje simb\u00f3lico de la Biblia, &#8211; explic\u00f3 el Papa &#8211; esto significa que estamos llamados a perdonar siempre.<\/p>\n<p><i>\u00a1Cu\u00e1nto sufrimiento, cu\u00e1ntas divisiones, cu\u00e1ntas guerras podr\u00edan evitarse, si el perd\u00f3n y la misericordia fueran el estilo de nuestra vida! Incluso en la familia, tambi\u00e9n en la familia. Cu\u00e1ntas familias desunidas que no saben perdonarse, cu\u00e1ntos hermanos y hermanas que tienen este rencor dentro. Es necesario aplicar el amor misericordioso en todas las relaciones humanas: entre los esposos, entre padres e hijos, dentro de nuestras comunidades, en la Iglesia y tambi\u00e9n en la sociedad y la pol\u00edtica.<\/i><\/p>\n<h2><b>Deja de odiar, el rencor es como una mosca en el verano<\/b><\/h2>\n<p>El Papa Francisco se detuvo en la meditaci\u00f3n, para contar una primera reflexi\u00f3n que tuvo en la ma\u00f1ana, durante la misa, leyendo una frase el libro de Sir\u00e1cides. La frase que dice: &#8220;Acu\u00e9rdate de tu fin y d\u00e9jate de odiar&#8221;. Y exhort\u00f3:<\/p>\n<p><i>\u00a1Piensa en el final! Piensa que estar\u00e1s en un ata\u00fad y llevar\u00e1s el odio all\u00ed. Piensa en el final, \u00a1deja de odiar! Deja el rencor. Piensa en esta conmovedora frase: &#8220;Acu\u00e9rdate de tu fin y d\u00e9jate de odiar&#8221;. No es f\u00e1cil perdonar, porque en los momentos tranquilos uno dice: &#8220;s\u00ed, pero \u00e9stos o \u00e9ste me han hecho todo tipo de cosas&#8221;&#8230; pero yo tambi\u00e9n he hecho muchas. Mejor perdonar para ser perdonado. Pero luego, el rencor vuelve, como una molesta mosca en el verano que vuelve y vuelve y vuelve&#8230; Perdonar no es s\u00f3lo algo moment\u00e1neo, es algo continuo contra este rencor, este odio que vuelve. Pensemos en el final, dejemos de odiar.<\/i><\/p>\n<div>\n<div class=\"article__embed article__embed--border embed_style\">\u201cEs una condici\u00f3n: piensa en el final, en el perd\u00f3n de Dios y deja de odiar, ahuyenta el rencor, esa molesta mosca que vuelve y vuelve y vuelve.\u201d<\/div>\n<\/div>\n<div>\u00a0<\/div>\n<div>\n<div class=\"article__text\">\n<h2><b>Perdonar para ser perdonados \u00a0<\/b><\/h2>\n<p>La frase que recitamos en la oraci\u00f3n del Padre nuestro: \u00abPerd\u00f3nanos nuestras deudas, as\u00ed como nosotros perdonamos a nuestros deudores\u00bb, cobran su pleno significado gracias a esta par\u00e1bola, puesto que contienen, continu\u00f3 diciendo el Papa, una \u201cverdad decisiva\u201d:<\/p>\n<p><i>No podemos pretender para nosotros el perd\u00f3n de Dios, si nosotros, a nuestra vez, no concedemos el perd\u00f3n a nuestro pr\u00f3jimo. Si no nos esforzamos por perdonar y amar, tampoco seremos perdonados ni amados.<\/i><\/p>\n<p>Por todo ello, al concluir su reflexi\u00f3n, el Papa alent\u00f3 a encomendarse a la maternal intercesi\u00f3n de la Madre de Dios, para que Ella \u201cnos ayude a darnos cuenta de cu\u00e1nto estamos en deuda con Dios, y a recordarlo siempre, para tener el coraz\u00f3n abierto a la misericordia y a la bondad\u201d.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Fuente:VaticanNews<\/p>\n<div>\n<div id=\"banner-donazioni\" class=\"article_banner\">\u00a0<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Es necesario aplicar el amor misericordioso en todas las relaciones humanas, tal como nos lo&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"content-type":"","_lmt_disableupdate":"","_lmt_disable":"","footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-61890","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-uncategorized"],"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/61890","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=61890"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/61890\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=61890"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=61890"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=61890"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}