{"id":63498,"date":"2020-10-15T07:35:04","date_gmt":"2020-10-15T12:05:04","guid":{"rendered":"https:\/\/www.diariocatolico.org\/?p=63498"},"modified":"2026-04-17T15:04:46","modified_gmt":"2026-04-17T15:04:46","slug":"hoy-es-la-fiesta-de-santa-teresa-de-jesus-la-primera-mujer-doctora-de-la-iglesia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/2020\/10\/15\/hoy-es-la-fiesta-de-santa-teresa-de-jesus-la-primera-mujer-doctora-de-la-iglesia\/","title":{"rendered":"Hoy es la fiesta de Santa Teresa de Jes\u00fas, la primera mujer Doctora de la Iglesia"},"content":{"rendered":"<p>Fiesta de santa Teresa de Jes\u00fas, virgen y doctora de la Iglesia, la cual, nacida en \u00c1vila, ciudad de Espa\u00f1a, y agregada a la Orden Carmelitana, lleg\u00f3 a ser madre y maestra de una observancia m\u00e1s estrecha; en su coraz\u00f3n concibi\u00f3 un plan de crecimiento espiritual bajo la forma de una ascensi\u00f3n por grados del alma hacia Dios, pero a causa de la reforma de su Orden hubo de sufrir dificultades, que super\u00f3 con \u00e1nimo esforzado. Compuso libros, en los que muestra una s\u00f3lida doctrina y el fruto de su experiencia.<!--more--><\/p>\n<p>Santa Teresa es, sin duda, una de las mujeres m\u00e1s grandes y admirables de la historia y fue considerada doctora de la Iglesia por el pueblo cristiano aun antes de que ese t\u00edtulo fuera reconocido oficialmente en 1970 por Pablo VI. Sus padres eran Alonso S\u00e1nchez de Cepeda y Beatriz D\u00e1vila y Ahumada. La santa habla de ellos con gran cari\u00f1o. Alonso S\u00e1nchez tuvo tres hijos de su primer matrimonio, y Beatriz de Ahumada le dio otros nueve. Al referirse a sus hermanos y medios hermanos, santa Teresa escribe: \u00abpor la gracia de Dios, todos se asemejan en la virtud a mis padres, excepto yo\u00bb. Teresa naci\u00f3 en la ciudad castellana de \u00c1vila, el 28 de marzo de 1515. A los siete a\u00f1os, ten\u00eda ya gran predilecci\u00f3n por la lectura de las vidas de santos. Su hermano Rodrigo era casi de su misma edad de suerte que acostumbraban jugar juntos. Los dos ni\u00f1os, muy impresionados por el pensamiento de la eternidad, admiraban las victorias de los santos al conquistar la gloria eterna y repet\u00edan incansablemente: \u00abGozar\u00e1n de Dios para siempre, para siempre, para siempre&#8230;\u00bb Teresa y su hermano consideraban que los m\u00e1rtires hab\u00edan comprado la gloria a un precio muy bajo y resolvieron partir al pa\u00eds de los moros con la esperanza de morir por la fe. As\u00ed pues, partieron de su casa a escondidas, rogando a Dios que les permitiese dar la vida por Cristo; pero en Adaja se toparon con uno de su t\u00edos, quien los devolvi\u00f3 a los brazos de su afligida madre. Cuando \u00e9sta los reprendi\u00f3, Rodrigo ech\u00f3 la culpa a su hermana.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En vista del fracaso de sus proyectos, Teresa y Rodrigo decidieron vivir como ermita\u00f1os en su propia casa y empezaron a construir una celda en el jard\u00edn, aunque nunca llegaron a terminarla. Teresa amaba desde entonces la soledad. En su habitaci\u00f3n ten\u00eda un cuadro que representaba al Salvador que hablaba con la Samaritana y sol\u00eda repetir frente a esa imagen: \u00abSe\u00f1or, dame de beber para que no vuelva a tener sed\u00bb. La madre de Teresa muri\u00f3 cuando \u00e9sta ten\u00eda catorce a\u00f1os. \u00abEn cuanto empec\u00e9 a caer en la cuenta de la p\u00e9rdida que hab\u00eda sufrido, comenc\u00e9 a entristecerme sobremanera; entonces me dirig\u00ed a una imagen de Nuestra Se\u00f1ora y le rogu\u00e9 con muchas l\u00e1grimas que me tomase por hija suya\u00bb. Por aquella \u00e9poca, Teresa y Rodrigo empezaron a leer novelas de caballer\u00edas y aun trataron de escribir una. La santa confiesa en su \u00abAutobiograf\u00eda\u00bb: \u00abEsos libros no dejaron de enfriar mis buenos deseos y me hicieron caer insensiblemente en otras faltas. Las novelas de caballer\u00edas me gustaban tanto, que no estaba yo contenta cuando no ten\u00eda una entre las manos. Poco a poco empec\u00e9 a interesarme por la moda, a tomar gusto en vestirme bien, a preocuparme mucho del cuidado de mis manos, a usar perfumes y a emplear todas las vanidades que el mundo aconsejaba a las personas de mi condici\u00f3n\u00bb. El cambio que paulatinamente se operaba en Teresa, no dej\u00f3 de preocupar a su padre, quien la envi\u00f3, a los quince a\u00f1os de edad a educarse en el convento de las agustinas de \u00c1vila, en el que sol\u00edan estudiar las j\u00f3venes de su clase.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Un a\u00f1o y medio m\u00e1s tarde, Teresa cay\u00f3 enferma, y su padre la llev\u00f3 a casa. La joven empez\u00f3 a reflexionar seriamente sobre la vida religiosa, que le atra\u00eda y le repugnaba a la vez. La obra que le permiti\u00f3 llegar a una decisi\u00f3n fue la colecci\u00f3n de \u00abCartas\u00bb de San Jer\u00f3nimo, cuyo fervoroso realismo encontr\u00f3 eco en el alma de Teresa. La joven dijo a su padre que quer\u00eda hacerse religiosa, pero \u00e9ste le respondi\u00f3 que tendr\u00eda que esperar a que \u00e9l muriese para ingresar en el convento. La santa, temiendo flaquear en su prop\u00f3sito, fue a ocultas a visitar a su amiga \u00edntima, Juana Su\u00e1rez, que era religiosa en el convento carmelita de la Encarnaci\u00f3n, en \u00c1vila, con la intenci\u00f3n de no volver, si Juana le aconsejaba quedarse, a pesar de la pena que le causaba contrariar la voluntad de su padre. \u00abRecuerdo &#8230; que, al abandonar mi casa, pensaba que la tortura de la agon\u00eda y de la muerte no pod\u00eda ser peor a la que experimentaba yo en aquel momento &#8230; El amor de Dios no era suficiente para ahogar en m\u00ed el amor que profesaba a mi padre y a mis amigos\u00bb. La santa determin\u00f3 quedarse en el convento de la Encarnaci\u00f3n. Ten\u00eda entonces veinte a\u00f1os. Su padre, al verla tan resuelta, ces\u00f3 de oponerse a su vocaci\u00f3n. Un a\u00f1o m\u00e1s tarde, Teresa hizo la profesi\u00f3n. Poco despu\u00e9s, se agrav\u00f3 un mal. que hab\u00eda comenzado a molestarla desde antes de profesar, y su padre la sac\u00f3 del convento. La hermana Juana Su\u00e1rez fue a hacer compa\u00f1\u00eda a Teresa, quien se puso en manos de los m\u00e9dicos; desgraciadamente, el tratamiento no hizo sino empeorar la enfermedad, probablemente una fiebre pal\u00fadica. Los m\u00e9dicos terminaron por darse por vencidos, y el estado de la enferma se agrav\u00f3. Teresa consigui\u00f3 soportar aquella tribulaci\u00f3n, gracias a que su t\u00edo Pedro, que era muy piadoso, le hab\u00eda regalado un librito del P. Francisco de Osuna, titulado: \u00abEl tercer alfabeto espiritual\u00bb. Teresa sigui\u00f3 las instrucciones de la obrita y empez\u00f3 a practicar la oraci\u00f3n mental, aunque no hizo en ella muchos progresos por falta de un director espiritual experimentado. Finalmente, al cabo de tres a\u00f1os, Teresa recobr\u00f3 la salud.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Su prudencia y caridad, a las que a\u00f1ad\u00eda un gran encanto personal, le ganaron la estima de todos los que la rodeaban. Por otra parte, una especie de instinto innato de agradecimiento mov\u00eda a la joven religiosa a corresponder a todas las amabilidades. Seg\u00fan la reprobable costumbre de los conventos espa\u00f1oles de la \u00e9poca, las religiosas pod\u00edan recibir a cuantos visitantes quer\u00edan, y Teresa pasaba gran parte de su tiempo charlando en el recibidor del convento. Eso la llev\u00f3 a descuidar la oraci\u00f3n mental y el demonio contribuy\u00f3, al inculcarle la \u00edntima convicci\u00f3n, bajo capa de humildad, de que su vida disipada la hac\u00eda indigna de conversar familiarmente con Dios. Adem\u00e1s, la santa se dec\u00eda para tranquilizarse, que no hab\u00eda ning\u00fan peligro de pecado en hacer lo mismo que tantas otras religiosas mejores que ella y justificaba su descuido de la oraci\u00f3n mental, dici\u00e9ndose que sus enfermedades le imped\u00edan meditar. Sin embargo, a\u00f1ade la santa, \u00abel pretexto de mi debilidad corporal no era suficiente para justificar el abandono de un bien tan grande, en el que el amor y la costumbre son m\u00e1s importantes que las fuerzas. En medio de las peores enfermedades puede hacerse la mejor oraci\u00f3n, y es un error pensar que s\u00f3lo se puede orar en la soledad\u00bb. Poco despu\u00e9s de la muerte de su padre, el confesor de Teresa le hizo ver el peligro en que se hallaba su alma y le aconsej\u00f3 que volviese a la pr\u00e1ctica de la oraci\u00f3n. La santa no la abandon\u00f3 jam\u00e1s, desde entonces. Sin embargo, no se decid\u00eda a\u00fan a entregarse totalmente a Dios ni a renunciar del todo a las horas que pasaba en el recibidor y al intercambio de regalillos. Es curioso notar que, en todos esos a\u00f1os de indecisi\u00f3n en el servicio de Dios, santa Teresa no se cansaba jam\u00e1s de o\u00edr sermones \u00abpor malos que fuesen\u00bb; pero el tiempo que empleaba en la oraci\u00f3n \u00abse le iba en desear que los minutos pasasen pronto y que la campana anunciase el fin de la meditaci\u00f3n, en vez de reflexionar en las cosas santas\u00bb. Convencida cada vez m\u00e1s de su indignidad, Teresa invocaba con frecuencia a los dos grandes santos penitentes, Mar\u00eda Magdalena y Agust\u00edn, con quienes est\u00e1n asociados dos hechos que fueron decisivos en la vida de la santa. El primero, fue la lectura de las \u00abConfesiones\u00bb. El segundo fue un llamamiento a la penitencia que la santa experiment\u00f3 ante una imagen de la Pasi\u00f3n del Se\u00f1or: \u00abSent\u00ed que santa Mar\u00eda Magdalena acud\u00eda en mi ayuda &#8230; y desde entonces he progresado mucho en la vida espiritual\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Una vez que Teresa se retir\u00f3 de las conversaciones del recibidor y de otras ocasiones de disipaci\u00f3n y de faltas (que ella exageraba sin duda), Dios empez\u00f3 a favorecerla frecuentemente con la oraci\u00f3n de quietud y de uni\u00f3n. La oraci\u00f3n de uni\u00f3n ocup\u00f3 un largo per\u00edodo de su vida, con el gozo y el amor que le son caracter\u00edsticos, y Dios empez\u00f3 a visitarla con visiones y comunicaciones interiores. Ello la inquiet\u00f3, porque hab\u00eda o\u00eddo hablar con frecuencia de ciertas mujeres a las que el demonio hab\u00eda enga\u00f1ado miserablemente con visiones imaginarias. Aunque estaba persuadida de que sus visiones proced\u00edan de Dios, su perplejidad la llev\u00f3 a consultar el asunto con varias personas; desgraciadamente no todas esas personas guardaron el secreto al que estaban obligadas, y la noticia de las visiones de Teresa empez\u00f3 a divulgarse para gran confusi\u00f3n suya. Una de las personas a las que consult\u00f3 Teresa fue Francisco de Salcedo, un hombre casado que era un modelo de virtud. \u00c9ste la present\u00f3 al doctor Daza, sabio y virtuoso sacerdote, quien dictamin\u00f3 que Teresa era v\u00edctima de los enga\u00f1os del demonio, ya que era imposible que Dios concediese favores tan extraordinarios a una religiosa tan imperfecta como ella pretend\u00eda ser. Teresa qued\u00f3 alarmada e insatisfecha. Francisco de Salcedo, a quien la propia santa afirma que deb\u00eda su salvaci\u00f3n, la anim\u00f3 en sus momentos de desaliento y le aconsej\u00f3 que acudiese a uno de los padres de la reci\u00e9n fundada Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas. La santa hizo una confesi\u00f3n general con un jesuita, a quien expuso su manera de orar y los favores que hab\u00eda recibido. El jesuita le asegur\u00f3 que se trataba de gracias de Dios, pero la exhort\u00f3 a no descuidar el verdadero fundamento de la vida interior. Aunque el confesor de Teresa estaba convencido de que sus visiones proced\u00edan de Dios, le orden\u00f3 que tratase de resistir durante dos meses a esas gracias. La resistencia de la santa fue en vano.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Otro jesuita, el P. Baltasar \u00c1lvarez, le aconsej\u00f3 que pidiese a Dios ayuda para hacer siempre lo que fuese m\u00e1s agradable a sus ojos y que, con ese fin, recitase diariamente el \u00abVeni Creator Spiritus\u00bb. As\u00ed lo hizo Teresa. Un d\u00eda, precisamente cuando repet\u00eda el himno, fue arrebatada en \u00e9xtasis y oy\u00f3 en el interior de su alma estas palabras: \u00abNo quiero que converses con los hombres sino con los \u00e1ngeles\u00bb. La santa, que tuvo en su vida posterior repetidas experiencias de palabras divinas afirma que son m\u00e1s claras y distintas que las humanas; dice tambi\u00e9n que las primeras son operativas, ya que producen en el alma una fuerte tendencia a la virtud y la dejan llena de gozo y de paz, convencida de la verdad de lo que ha escuchado. En la \u00e9poca en que el P. \u00c1lvarez fue su director, Teresa sufri\u00f3 graves persecuciones, que duraron tres a\u00f1os; adem\u00e1s, durante dos a\u00f1os, atraves\u00f3 por un per\u00edodo de intensa desolaci\u00f3n espiritual, aliviado por momentos de luz y consuelo extraordinarios. La santa quer\u00eda que los favores que Dios le conced\u00eda permaneciesen secretos, pero las personas que la rodeaban estaban perfectamente al tanto y, en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n, la acusaron de hipocres\u00eda y presunci\u00f3n. El P. \u00c1lvarez era un hombre bueno y timorato, que no tuvo el valor suficiente para salir en defensa de su dirigida, aunque sigui\u00f3 confes\u00e1ndola. En 1557,\u00a0<strong>san Pedro de Alc\u00e1ntara<\/strong>\u00a0pas\u00f3 por \u00c1vila y, naturalmente, fue a visitar a la famosa carmelita. El santo declar\u00f3 que le parec\u00eda evidente que el Esp\u00edritu de Dios guiaba a Teresa, pero predijo que las persecuciones y sufrimientos seguir\u00edan lloviendo sobre ella. Las pruebas que Dios le enviaba purificaron el alma de la santa, y los favores extraordinarios le ense\u00f1aron a ser humilde y fuerte, la despegaron de las cosas del mundo y la encendieron en el deseo de poseer a Dios. En algunos de sus \u00e9xtasis, de los que nos dej\u00f3 la santa una descripci\u00f3n detallada, se elevaba varios palmos sobre el suelo. A este prop\u00f3sito, comenta Teresa: Dios \u00abno parece contentarse con arrebatar el alma a S\u00ed, sino que levanta tambi\u00e9n este cuerpo mortal, manchado con el barro asqueroso de nuestros pecados\u00bb. En esos \u00e9xtasis se manifestaban la grandeza y bondad de Dios, el exceso de su amor y la dulzura de su servicio en forma sensible, y el alma de Teresa lo comprend\u00eda con claridad, aunque era incapaz de expresarlo. El deseo del cielo que dejaban las visiones en su alma era inefable. \u00abDesde entonces, dej\u00e9 de tener miedo a la muerte, cosa que antes me atormentaba mucho\u00bb. Las experiencias m\u00edsticas de la santa llegaron a las alturas de los esponsales espirituales, el matrimonio m\u00edstico y la transverberaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Santa Teresa nos dej\u00f3 el siguiente relato sobre el fen\u00f3meno de la transverberaci\u00f3n: \u00abV\u00ed a mi lado a un \u00e1ngel que se hallaba a mi izquierda, en forma humana. Confieso que no estoy acostumbrada a ver tales cosas, excepto en muy raras ocasiones. Aunque con frecuencia me acontece ver a los \u00e1ngeles, se trata de visiones intelectuales, como las que he referido m\u00e1s arriba &#8230; El \u00e1ngel era de corta estatura y muy hermoso; su rostro estaba encendido como si fuese uno de los \u00e1ngeles m\u00e1s altos que son todo fuego. Deb\u00eda ser uno de los que llamamos querubines &#8230; Llevaba en la mano una larga espada de oro, cuya punta parec\u00eda un ascua encendida. Me parec\u00eda que por momentos hund\u00eda la espada en mi coraz\u00f3n y me traspasaba las entra\u00f1as y, cuando sacaba la espada, me parec\u00eda que las entra\u00f1as se me escapaban con ella y me sent\u00eda arder en el m\u00e1s grande amor de Dios. El dolor era tan intenso, que me hac\u00eda gemir, pero al mismo tiempo, la dulcedumbre de aquella pena excesiva era tan extraordinaria, que no hubiese yo querido verme libre de ella\u00bb. El anhelo de Teresa de morir pronto para unirse con Dios, estaba templado por el deseo que la inflamaba de sufrir por su amor. A este prop\u00f3sito escribi\u00f3: \u00abLa \u00fanica raz\u00f3n que encuentro para vivir, es sufrir, y eso es lo \u00fanico que pido para m\u00ed\u00bb. Seg\u00fan revel\u00f3 la autopsia en el cad\u00e1ver de la santa, hab\u00eda en su coraz\u00f3n la cicatriz de una herida larga y profunda (\u00abEstoy convencido de que santa Teresa muri\u00f3 en un trasporte de amor &#8230; En cuanto a la herida de la arteria coronaria &#8230; hay que reconocer que, aunque haya sido causada por el arranque de amor sobrenatural descrito por san Juan de la Cruz, los s\u00edntomas de fatiga &#8230; , sobre los que existen varios testimonios, prueban que la santa ten\u00eda nn predisposici\u00f3n a la dilataci\u00f3n y la ruptura del miocardio.\u00bb Dr. Juan L&#8217;hermitte, en Etudes Carmelites, 1936, vol. II, p. 242.). El a\u00f1o siguiente (1560), para corresponder a esa gracia, la santa hizo el voto de hacer siempre lo que le pareciese m\u00e1s perfecto y agradable a Dios. Un voto de esa naturaleza est\u00e1 tan por encima de las fuerzas naturales, que s\u00f3lo el esforzarse por cumplirlo puede justificarlo. Santa Teresa cumpli\u00f3 perfectamente su voto.<\/p>\n<p>El relato que la santa nos dej\u00f3 en su \u00abAutobiograf\u00eda\u00bb sobre sus visiones y experiencias espirituales, tiene el tono de la verdad. Es imposible leerlo sin quedar convencido de la sinceridad de su autora, que en todos sus escritos da muestras de una extraordinaria sencillez de estilo y de una preocupaci\u00f3n constante por no exagerar los hechos. La Iglesia califica de \u00abcelestial\u00bb la doctrina de santa Teresa, en la oraci\u00f3n del d\u00eda de su fiesta. Las obras de la \u00abm\u00edstica Doctora\u00bb ponen al descubierto los rincones m\u00e1s rec\u00f3nditos del alma humana. La santa explica con una claridad casi incre\u00edble las experiencias m\u00e1s inefables. Y debe hacerse notar que Teresa era una mujer relativamente inculta, que escribi\u00f3 sus experiencias en la com\u00fan lengua castellana de los habitantes de \u00c1vila, que ella hab\u00eda aprendido \u00aben el regazo de su madre\u00bb; una mujer que escribi\u00f3 sin valerse de otros libros, sin haber estudiado previamente las obras m\u00edsticas y sin tener ganas de escribir, porque ello le imped\u00eda dedicarse a hilar; una mujer, en fin, que someti\u00f3 sin reservas sus escritos al juicio de su confesor y sobre todo, al juicio de la Iglesia. La santa empez\u00f3 a escribir su autobiograf\u00eda por mandato de su confesor: \u00abLa obediencia se prueha de diferentes maneras\u00bb. Por otra parte, el mejor comentario de las obras de la santa es la paciencia con que sobrellev\u00f3 las enfermedades, las acusaciones y los desenga\u00f1os; la confianza absoluta con que acud\u00eda en todas las tormentas y dificultades al Redentor crucificado y el invencible valor que demostr\u00f3 en todas las penas y persecuciones. Los escritos de santa Teresa subrayan sobre todo el esp\u00edritu de oraci\u00f3n, la manera de practicarlo y los frutos que produce. Como la santa escribi\u00f3 precisamente en la \u00e9poca en que estaba consagrada a la dif\u00edcil tarea de fundar conventos de carmelitas reformadas, sus obras, prescindiendo de su naturaleza y contenido, dan testimonio de su vigor, industriosidad y capacidad de recogimiento. Santa Teresa escribi\u00f3 el \u00abCamino de Perfecci\u00f3n\u00bb para dirigir a sus religiosas, y el libro de las \u00abFundaciones\u00bb para edificarlas y alentarlas. En cuanto al \u00abCastillo Interior\u00bb, puede considerarse que lo escribi\u00f3 para la instrucci\u00f3n de todos los cristianos, y en esa obra se muestra la santa como verdadera doctora de la vida espiritual.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Las carmelitas, como la mayor\u00eda de las religiosas, hab\u00edan deca\u00eddo mucho del primer fervor, a principios del siglo XVI. Ya hemos visto que los recibidores de los conventos de \u00c1vila eran una especie de centro de reuni\u00f3n de las damas y caballeros de la ciudad. Por otra parte, las religiosas pod\u00edan salir de la clausura con el menor pretexto, de suerte que el convento era el sitio ideal para quien deseaba una vida f\u00e1cil y sin problemas. Las comunidades eran sumamente numerosas, lo cual era a la vez causa y efecto de la relajaci\u00f3n. Por ejemplo, en el convento de \u00c1vila hab\u00eda 140 religiosas. Santa Teresa comentaba m\u00e1s tarde: \u00abLa experiencia me ha ense\u00f1ado lo que es una casa llena de mujeres. \u00a1Dios nos guarde de ese mal!\u00bb Ya que tal estado de cosas se aceptaba como normal, las religiosas no ca\u00edan generalmente en la cuenta de que su modo de vida se apartaba mucho del esp\u00edritu de sus fundadores. As\u00ed, cuando una sobrina de santa Teresa, que era tambi\u00e9n religiosa en el convento de la Encarnaci\u00f3n de \u00c1vila, le sugiri\u00f3 la idea de fundar una comunidad reducida, la santa la consider\u00f3 como una especie de revelaci\u00f3n del cielo, no como una idea ordinaria. Teresa, que llevaba ya veinticinco a\u00f1os en el convento, resolvi\u00f3 poner en pr\u00e1ctica la idea y fundar un convento reformado. Do\u00f1a Guiomar de Ulloa, que era una viuda muy rica, le ofreci\u00f3 ayuda generosa para la empresa. San Pedro de Alc\u00e1ntara,\u00a0<strong>san Luis Beltr\u00e1n<\/strong>\u00a0y el obispo de \u00c1vila, aprobaron el proyecto, y el P. Gregorio Fern\u00e1ndez, provincial de las carmelitas, autoriz\u00f3 a Teresa a ponerlo en pr\u00e1ctica. Sin embargo, el revuelo que provoc\u00f3 la ejecuci\u00f3n del proyecto, oblig\u00f3 al provincial a retirar el permiso y santa Teresa fue objeto de las cr\u00edticas de sus propias hermanas, de los nobles, de los magistrados y de todo el pueblo. A pesar de eso, el P. Ib\u00e1\u00f1ez, dominico, alent\u00f3 a la santa a proseguir la empresa con la ayuda de Do\u00f1a Guiomar. Do\u00f1a Juana de Ahumada, hermana de santa Teresa, emprendi\u00f3 con su esposo la construcci\u00f3n de un convento en \u00c1vila en 1561, pero haciendo creer a todos que se trataba de una casa en la que pensaban habitar. En el curso de la construcci\u00f3n, una pared del futuro convento se derrumb\u00f3 y cubri\u00f3 bajo los escombros al peque\u00f1o Gonzalo, hijo de do\u00f1a Juana, que se hallaba all\u00ed jugando. Santa Teresa tom\u00f3 en brazos al ni\u00f1o, que no daba ya se\u00f1ales de vida, y se puso en oraci\u00f3n; algunos minutos m\u00e1s tarde, el ni\u00f1o estaba perfectamente sano, seg\u00fan consta en el proceso de canonizaci\u00f3n. En lo sucesivo, Gonzalo sol\u00eda repetir a su t\u00eda que estaba obligada a pedir por su salvaci\u00f3n, puesto que a sus oraciones deb\u00eda el verse privado del cielo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por entonces, lleg\u00f3 de Roma un breve que autorizaba la fundaci\u00f3n del nuevo convento. San Pedro de Alc\u00e1ntara, don Francisco de Salcedo y el Dr. Daza, consiguieron ganar al obispo a la causa, y la nueva casa se inaugur\u00f3 bajo sus auspicios el d\u00eda de San Bartolom\u00e9 de 1562. Durante la misa que se celebr\u00f3 en la capilla con tal ocasi\u00f3n, tornaron el velo la sobrina de la santa y otras tres novicias. La inauguraci\u00f3n caus\u00f3 gran revuelo en \u00c1vila. Esa misma tarde, la superiora del convento de la Encarnaci\u00f3n mand\u00f3 llamar a Teresa y la santa acudi\u00f3 con cierto temor, \u00abpensando que iban a encarcelarme\u00bb. Naturalmente tuvo que explicar su conducta a su superiora y al P. \u00c1ngel de Salazar, provincial de la orden. Aunque la santa reconoce que no faltaba raz\u00f3n a sus superiores para estar disgustados, el P. Salazar le prometi\u00f3 que podr\u00eda retornar al convento de San Jos\u00e9 en cuanto se calmase la excitaci\u00f3n del pueblo. La fundaci\u00f3n no era bien vista en \u00c1vila, porque las gentes desconfiaban de las novedades y tem\u00edan que un convento sin fondos suficientes se convirtiese en una carga demasiado pesada para la ciudad. El alcalde y los magistrados hubiesen acabado por mandar demoler el convento, si no los hubiese disuadido de ello el dominico B\u00e1\u00f1ez. Por su parte, Santa Teresa no perdi\u00f3 la paz en medio de las persecuciones y sigui\u00f3 encomendando a Dios el asunto; el Se\u00f1or se le apareci\u00f3 y la reconfort\u00f3. Entre tanto, Francisco de Salcedo y otros partidarios de la fundaci\u00f3n enviaron a la corte a un sacerdote para que defendiese la causa ante el rey, y los dos dominicos, B\u00e1\u00f1ez e Ib\u00e1\u00f1ez, calmaron al obispo y al provincial. Poco a poco fue desvaneci\u00e9ndose la tempestad y, cuatro meses m\u00e1s tarde, el P. Salazar dio permiso a santa Teresa de volver al convento de San Jos\u00e9, con otras cuatro religiosas de la Encarnaci\u00f3n. La santa estableci\u00f3 la m\u00e1s estricta clausura y el silencio casi perpetuo. El convento carec\u00eda de rentas y reinaba en \u00e9l la mayor pobreza; las religiosas vest\u00edan toscos h\u00e1bitos, usaban sandalias en vez de zapatos (por ello se les llam\u00f3 \u00abdescalzas\u00bb) y estaban obligadas a la perpetua abstinencia de carne. Santa Teresa no admiti\u00f3 al principio m\u00e1s que a trece religiosas, pero m\u00e1s tarde, en los conventos que no viv\u00edan s\u00f3lo de limosnas sino que pose\u00edan rentas, acept\u00f3 que hubiese veintiuna. En 1567, el superior general de los carmelitas, Juan Bautista Rubio (Bossi), visit\u00f3 el convento de \u00c1vila y qued\u00f3 encantado de la superiora y de su sabio gobierno; concedi\u00f3 a santa Teresa plenos poderes para fundar otros conventos del mismo tipo (a pesar de que el de San Jos\u00e9 hab\u00eda sido fundado sin que \u00e9l lo supiese) y aun la autoriz\u00f3 a fundar dos conventos de frailes reformados (\u00abcarmelitas contemplativos\u00bb), en Castilla. Santa Teresa pas\u00f3 cinco a\u00f1os con sus trece religiosas en el convento de San Jos\u00e9, precediendo a sus hijas no s\u00f3lo en la oraci\u00f3n, sino tambi\u00e9n en los trabajos humildes, como la limpieza de la casa y el hilado. Acerca de esa \u00e9poca escribi\u00f3: \u00abCreo que fueron los a\u00f1os m\u00e1s tranquilos y apacibles de mi vida, pues disfrut\u00e9 entonces de la paz que tanto hab\u00eda deseado mi alma &#8230; Su Divina Majestad nos enviaba lo necesario para vivir sin que tuvi\u00e9semos necesidad de pedirlo, y en las raras ocasiones en que nos ve\u00edamos en necesidad, el gozo de nuestras almas era todav\u00eda mayor\u00bb. La santa no se contenta con generalidades, sino que desciende a ejemplos menudos, como el de la religiosa que plant\u00f3 horizontalmente un pepino por obediencia y la ca\u00f1er\u00eda que llev\u00f3 al convento el agua de un pozo que, seg\u00fan los plomeros, era demasiado bajo. En agosto de 1567, santa Teresa se traslad\u00f3 a Medina del Campo, donde fund\u00f3 el segundo convento, a pesar de las m\u00faltiples dificultades que surgieron. La condesa de la Cerda quer\u00eda que fundase otro convento en Malag\u00f3n, y Santa Teresa le hizo en Madrid una visita que ella misma califica de \u00abmuy aburrida\u00bb. Una vez que dej\u00f3 establecido el convento de Malag\u00f3n, fue a fundar otro en Valladolid. La siguiente fundaci\u00f3n tuvo lugar en Toledo; fue esa empresa especialmente dif\u00edcil, porque la santa s\u00f3lo ten\u00eda cinco ducados al comenzar; pero, seg\u00fan escrib\u00eda, \u00abTeresa y cinco ducados no son nada; pero Dios, Teresa y cinco ducados bastan y sobran\u00bb. Una joven de Toledo, que gozaba de gran fama de virtud, pidi\u00f3 ser admitida en el convento y dijo a la fundadora que traer\u00eda consigo su Biblia. Teresa exclam\u00f3: \u00ab\u00bfVuestra Biblia? \u00a1Dios nos guarde! No entr\u00e9is en nuestro convento, porque nosotras somos unas pobres mujeres que s\u00f3lo sabemos hilar y hacer lo que se nos dice\u00bb.<\/p>\n<p>La santa hab\u00eda encontrado en Medina del Campo a dos frailes carmelitas que estaban dispuestos a abrazar la reforma: uno era Antonio de Jes\u00fas de Heredia, superior del convento de dicha ciudad y el otro, Juan de Yepes, m\u00e1s conocido con el nombre de\u00a0<strong>san Juan de la Cruz<\/strong>. Aprovechando la primera oportunidad que se le ofreci\u00f3, santa Teresa fund\u00f3 un convento de frailes en el pueblecito de Duruelo en 1568; a \u00e9ste sigui\u00f3, en 1569, el convento de Pastrana. En ambos reinaba la mayor pobreza y austeridad. Santa Teresa dej\u00f3 el resto de las fundaciones de conventos de frailes a cargo de san Juan de la Cruz. La santa fund\u00f3 tambi\u00e9n en Pastrana un convento de carmelitas descalzas. Cuando muri\u00f3 Don Ruy G\u00f3mez de Silva, quien hab\u00eda ayudado a Teresa en la fundaci\u00f3n de los conventos de Pastrana, su mujer quiso hacerse carmelita, pero exigiendo numerosas dispensas de la regla y conservando el tren de vida de una princesa. Teresa, viendo que era imposible reducirla a la humildad propia de su profesi\u00f3n, orden\u00f3 a sus religiosas que se trasladasen a Segovia y dejasen a la princesa su casa de Pastrana. En 1570 la santa, con otra religiosa, tom\u00f3 posesi\u00f3n en Salamanca de una casa que hasta entonces hab\u00eda estado ocupada por ciertos estudiantes \u00abque se preocupaban muy poco de la limpieza\u00bb. Era un edificio grande, complicado y ruinoso, de suerte que al caer la noche la compa\u00f1era de la santa empez\u00f3 a ponerse muy nerviosa. Cuando se hallaban ya acostadas en sendos montones de paja (\u00ablo primero que llevaba yo a un nuevo monasterio era un poco de paja para que nos sirviese de lecho\u00bb), Teresa pregunt\u00f3 a su compa\u00f1era en qu\u00e9 pensaba. La religiosa respondi\u00f3: \u00abEstaba yo pensando qu\u00e9 har\u00eda su reverencia si muriese yo en este momento y su reverencia quedase sola con un cad\u00e1ver\u00bb. La santa confiesa que la idea la sobresalt\u00f3, porque, aunque no ten\u00eda miedo de los cad\u00e1veres, la vista de ellos le produc\u00eda siempre \u00abun dolor en el coraz\u00f3n\u00bb. Sin embargo, respondi\u00f3 simplemente: \u00abCuando eso suceda, ya tendr\u00e9 tiempo de pensar lo que har\u00e9, por eI momento lo mejor es dormir\u00bb. En julio de ese a\u00f1o, mientras se hallaba haciendo oraci\u00f3n, tuvo una visi\u00f3n del martirio de los beatos jesuitas Juan Acevedo y sus compa\u00f1eros, entre los que se contaba su pariente Francisco P\u00e9rez Godoy. La visi\u00f3n fue tan clara, que Teresa ten\u00eda la impresi\u00f3n de haber presenciado directamente la escena, e inmediatamente la describi\u00f3 detalladamente al P. \u00c1lvarez, quien un mes m\u00e1s tarde, cuando las nuevas del martirio llegaron a Espa\u00f1a, pudo comprobar la exactitud de la visi\u00f3n de la santa.<\/p>\n<p>Por entonces, san P\u00edo V nombr\u00f3 a varios visitadores apost\u00f3licos para que hiciesen una investigaci\u00f3n sobre la relajaci\u00f3n de las diversas \u00f3rdenes religiosas, con miras a la reforma. El visitador de los carmelitas de Castilla fue un dominico muy conocido, el P. Pedro Fern\u00e1ndez. Naturalmente, el efecto que le produjo el convento de la Encarnaci\u00f3n de \u00c1vila fue muy malo, e inmediatamente mand\u00f3 llamar a santa Teresa para nombrarla superiora del mismo. La tarea era particularmente desagradable para la santa, tanto porque ten\u00eda que separarse de sus hijas, como por la dificultad de dirigir una comunidad que, desde el principio, hab\u00eda visto con recelo sus actividades de reformadora. Al principio, las religiosas se negaron a obedecer a la nueva superiora, cuya sola presencia produc\u00eda ataques de histeria en algunas. La santa comenz\u00f3 por explicarles que su misi\u00f3n no consist\u00eda en instruirlas y guiarlas con el l\u00e1tigo en la mano, sino en servirlas y aprender de ellas: \u00abMadres y hermanas m\u00edas, el Se\u00f1or me ha enviado aqu\u00ed por la voz de la obediencia a desempe\u00f1ar un oficio en el que yo jam\u00e1s hab\u00eda pensado y para el que me siento muy mal preparada &#8230; Mi \u00fanica intenci\u00f3n es serviros &#8230; No tem\u00e1is mi gobierno. Aunque he vivido largo tiempo entre las carmelitas descalzas y he sido su superiora, s\u00e9 tambi\u00e9n, por la misericordia del Se\u00f1or, c\u00f3mo gobernar a las carmelitas calzadas\u00bb. De esta manera se gan\u00f3 la simpat\u00eda y el afecto de la comunidad y le fue menos dif\u00edcil restablecer la disciplina entre las carmelitas calzadas, de acuerdo con sus constituciones. Poco a poco prohibi\u00f3 completamente las visitas demasiado frecuentes (lo cual molest\u00f3 mucho a ciertos caballeros de \u00c1vila), puso en orden las finanzas del convento e introdujo el verdadero esp\u00edritu del claustro. En resumen, fue aquella una realizaci\u00f3n caracter\u00edsticamente teresiana. En Veas, a donde hab\u00eda ido a fundar un convento, la santa conoci\u00f3 al P. Jer\u00f3nimo Graci\u00e1n, quien la convenci\u00f3 f\u00e1cilmente para que extendiese su campo de acci\u00f3n hasta Sevilla. El P. Graci\u00e1n era un fraile de la reforma carmelita que acababa precisamente de predicar la cuaresma en Sevilla. Fuera de la fundaci\u00f3n del convento de San Jos\u00e9 de \u00c1vila, ninguna otra fue m\u00e1s dif\u00edcil que la del de Sevilla; entre otras dificultades una novicia que hab\u00eda sido despedida, denunci\u00f3 a las carmelitas descalzas ante la Inquisici\u00f3n como \u00abiluminadas\u00bb y otras cosas peores.<\/p>\n<p>Los carmelitas de Italia ve\u00edan con malos ojos el progreso de la reforma en Espa\u00f1a, lo mismo que los carmelitas no reformados de Espa\u00f1a, pues comprend\u00edan que un d\u00eda u otro se ver\u00edan obligados a reformarse. El P. Rubio, superior general de la Orden, quien hasta entonces hab\u00eda favorecido a santa Teresa, se pas\u00f3 al lado de sus enemigos y reuni\u00f3 en Plasencia un cap\u00edtulo general que aprob\u00f3 una serie de decretos contra la reforma. El nuevo nuncio apost\u00f3lico, Felipe de Sega, destituy\u00f3 al P. Graci\u00e1n de su cargo de visitador de los carmelitas descalzos y encarcel\u00f3 a san Juan de la Cruz en un monasterio; por otra parte, orden\u00f3 a santa Teresa que se retirase al convento que ella eligiera y que se abstuviese de fundar otros nuevos. La santa, al mismo tiempo que encomendaba el asunto a Dios, decidi\u00f3 valerse de los amigos que ten\u00eda en el mundo y consigui\u00f3 que el propio Felipe II interviniese en su favor. En efecto, el monarca convoc\u00f3 al nuncio y le reprendi\u00f3 severamente por haberse opuesto a la reforma del Carmelo; adem\u00e1s, en 1580, obtuvo de Roma una orden que exim\u00eda a los carmelitas descalzos de la jurisdicci\u00f3n del provincial de los calzados. El P. Graci\u00e1n fue elegido provincial de los carmelitas descalzos. \u00abEsa separaci\u00f3n fue uno de los mayores gozos y consolaciones de mi vida, pues en aquellos veinticinco a\u00f1os nuestra orden hab\u00eda sufrido m\u00e1s persecuciones y pruebas de las que yo podr\u00eda escribir en un libro. Ahora est\u00e1bamos por fin en paz, calzados y descalzos, y nada iba a distraernos del servicio de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Indudablemente santa Teresa era una mujer excepcionalmente dotada. Su bondad natural, su ternura de coraz\u00f3n y su imaginaci\u00f3n chispeante de gracia, equilibradas por una extraordinaria madurez de juicio y una profunda intuici\u00f3n psicol\u00f3gica, le ganaban generalmente el cari\u00f1o y el respeto de todos. Raz\u00f3n ten\u00eda el poeta Crashaw al referirse a santa Teresa bajo los s\u00edmbolos aparentemente opuestos de \u00abel \u00e1guila\u00bb y \u00abla paloma\u00bb. Cuando le parec\u00eda necesario, la santa sab\u00eda hacer frente a las m\u00e1s altas autoridades civiles o eclesi\u00e1sticas, y los ataques del mundo no le hac\u00edan doblar la cabeza. Las palabras que dirigi\u00f3 al P. Salazar: \u00abGuardaos de oponeros al Esp\u00edritu Santo\u00bb, no fueron un reto de hist\u00e9rica; y no fue un abuso de autoridad lo que la movi\u00f3 a tratar con dureza implacable a una superiora que se hab\u00eda incapacitado a fuerza de hacer penitencia. Pero el \u00e1guila no mataba a la paloma, como puede verse por la carta que escribi\u00f3 a un sobrino suyo que llevaba una vida alegre y disipada: \u00abBendito sea Dios porque os ha guiado en la elecci\u00f3n de una mujer tan buena y ha hecho que os cas\u00e9is pronto, pues hab\u00edais empezado a disiparos desde tan joven, que tem\u00edamos mucho por vos. Esto os mostrar\u00e1 el amor que os profeso\u00bb. La santa tom\u00f3 a su cargo a la hija ileg\u00edtima y a la hermana del joven, la cual ten\u00eda entonces siete a\u00f1os: \u00abLas religiosas deber\u00edamos tener siempre con nosotras a una ni\u00f1a de esa edad\u00bb. El ingenio y la franqueza de Teresa jam\u00e1s sobrepasaban la medida, ni siquiera cuando los empleaba como un arma. En cierta ocasi\u00f3n en que un caballero indiscreto alab\u00f3 la belleza de su pies descalzos, Teresa se ech\u00f3 a re\u00edr y le dijo que los mirase bien porque jam\u00e1s volver\u00eda a verlos. Los famosos dichos \u00abBien sab\u00e9is lo que es una comunidad de mujeres\u00bb e \u00abHijas m\u00edas, estas son tonter\u00edas de mujeres\u00bb, prueban el realismo con que la santa consideraba a sus s\u00fabditas. Criticando un escrito de su buen amigo Francisco de Salcedo, Teresa le escrib\u00eda: \u00abEl se\u00f1or Salcedo repite constantemente: `Como dice San Pablo&#8217;, `Como dice el Esp\u00edritu Santo&#8217;, y termina declarando que su obra es una serie de necedades. Me parece que voy a denunciarle a la Inquisici\u00f3n\u00bb. La intuici\u00f3n de santa Teresa se manifestaba sobre todo en la elecci\u00f3n de las novicias de las nuevas fundaciones. Lo primero que exig\u00eda, aun antes que la piedad, era que fuesen inteligentes, es decir, equilibradas y maduras, porque sab\u00eda que es m\u00e1s f\u00e1cil adquirir la piedad que la madurez de juicio. \u00abUna persona inteligente es sencilla y sumisa, porque ve sus faltas y comprende que tiene necesidad de un gu\u00eda. Una persona tonta y estrecha es incapaz de ver sus faltas, aunque se las pongan delante de los ojos; y como est\u00e1 satisfecha de s\u00ed misma, jam\u00e1s se mejora\u00bb. \u00abAunque el Se\u00f1or diese a esta joven los dones de la devoci\u00f3n y la contemplaci\u00f3n, jam\u00e1s llegar\u00e1 a ser inteligente, de suerte que ser\u00e1 siempre una carga para la comunidad. \u00a1Que Dios nos guarde de las monjas tontas!\u00bb Imposible ser m\u00e1s realista que santa Teresa.<\/p>\n<p>En 1580, cuando se llev\u00f3 a cabo la separaci\u00f3n de las dos ramas del Carmelo, santa Teresa ten\u00eda ya sesenta y cinco a\u00f1os y su salud estaba muy debilitada. En los dos \u00faltimos a\u00f1os de su vida fund\u00f3 otros dos conventos, lo cual hac\u00eda un total de diecisiete. Las fundaciones de la santa no eran simplemente un refugio de las almas contemplativas, sino tambi\u00e9n una especie de reparaci\u00f3n ds los destrozos llevados a cabo en los monasterios por el protestantismo, principalmente en Inglaterra y Alemania. Dios ten\u00eda reservada para los \u00faltimos a\u00f1os de vida de su sierva, la prueba cruel de que interviniera en el proceso legal del testamento de su hermano Lorenzo, cuya hija era superiora en el convento de Valladolid. Como uno de los abogados tratase con rudeza a la santa, \u00e9sta replic\u00f3: \u00abQuiera Dios trataros con la cortes\u00eda con que vos me trat\u00e1is a m\u00ed\u00bb. Sin embargo, Teresa se qued\u00f3 sin palabra cuando su sobrina, que hasta entonces hab\u00eda sido una excelente religiosa, la puso a la puerta del convento de Valladolid, que ella misma hab\u00eda fundado. Poco despu\u00e9s, la santa escrib\u00eda a la madre Mar\u00eda de San Jos\u00e9: \u00abOs suplico, a vos y a vuestras religiosas, que no pid\u00e1is a Dios que me alargue la vida. Al contrario, pedidle que me lleve pronto al eterno descanso, pues ya no puedo seros de ninguna utilidad\u00bb. En la fundaci\u00f3n del convento de Burgos, que fue la \u00faltima, las dificultades no escasearon. En julio de 1582, cuando el convento estaba ya en marcha, santa Teresa ten\u00eda la intenci\u00f3n de retornar a \u00c1vila, pero se vio obligada a modificar sus planes para ir a Alba de Tormes a visitar a la duquesa Mar\u00eda Henr\u00edquez. La beata\u00a0<strong>Ana de San Bartolom\u00e9<\/strong>\u00a0refiere que el viaje no estuvo bien proyectado y que santa Teresa se hallaba ya tan d\u00e9bil, que se desmay\u00f3 en el camino. Una noche s\u00f3lo pudieron comer unos cuantos higos. Al llegar a Alba de Tormes, la santa tuvo que acostarse inmediatamente. Tres d\u00edas m\u00e1s tarde, dijo a la beata Ana: \u00abPor fin, hija m\u00eda, ha llegado la hora de mi muerte\u00bb. El P. Antonio de Heredia le dio los \u00faltimos sacramentos y le pregunt\u00f3 d\u00f3nde quer\u00eda que la sepultasen. Teresa replic\u00f3 sencillamente: \u00ab\u00bfTengo que decidirlo yo? \u00bfMe van a negar aqu\u00ed un agujero para mi cuerpo?\u00bb Cuando el P. de Heredia le llev\u00f3 el vi\u00e1tico, la santa consigui\u00f3 erguirse en el lecho, y exclam\u00f3: \u00ab\u00a1Oh, Se\u00f1or, por fin ha llegado la hora de vernos cara a cara!\u00bb Santa Teresa de Jes\u00fas, visiblemente trasportada por lo que el Se\u00f1or le mostraba, muri\u00f3 en brazos de la beata Ana a las 9 de la noche del 4 de octubre de 1582. Precisamente al d\u00eda siguiente, entr\u00f3 en vigor la reforma gregoriana del calendario, que suprimi\u00f3 diez d\u00edas, de suerte que la fiesta de la santa fue fijada, m\u00e1s tarde, el 15 de octubre. Teresa fue sepultada en Alba de Tormes, donde reposan todav\u00eda sus reliquias. Su canonizaci\u00f3n tuvo lugar en 1622, y en 1970, como ya dijimos, fue proclamada Dortora de la Iglesia.<\/p>\n<div id=\"hg_fuente\"><strong>fuente:<\/strong>\u00a0\u00abVidas de los santos de A. Butler\u00bb, Herbert Thurston, SI<\/div>\n<div><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/files.evangelizo.org\/images\/santibeati\/T\/Santa_Teresa_di_Gesu-dAvila-Vergine_e_dottore_della_Chiesa\/Santa_Teresa_di_Gesu-dAvila-F.jpg\" \/><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fiesta de santa Teresa de Jes\u00fas, virgen y doctora de la Iglesia, la cual, nacida&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":63499,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"content-type":"","_lmt_disableupdate":"","_lmt_disable":"","footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-63498","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized"],"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/63498","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=63498"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/63498\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=63498"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=63498"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=63498"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}