{"id":63643,"date":"2020-10-17T09:52:36","date_gmt":"2020-10-17T14:22:36","guid":{"rendered":"https:\/\/www.diariocatolico.org\/?p=63643"},"modified":"2026-04-17T15:04:47","modified_gmt":"2026-04-17T15:04:47","slug":"hoy-es-fiesta-de-san-ignacio-de-antioquia-primero-en-decir-catolica-a-la-iglesia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/2020\/10\/17\/hoy-es-fiesta-de-san-ignacio-de-antioquia-primero-en-decir-catolica-a-la-iglesia\/","title":{"rendered":"Hoy es fiesta de San Ignacio de Antioqu\u00eda, primero en decir \u201cCat\u00f3lica\u201d a la Iglesia"},"content":{"rendered":"<p>&#8220;Donde est\u00e1 Jesucristo, all\u00ed est\u00e1 la Iglesia Cat\u00f3lica&#8221;, escribi\u00f3 San Ignacio de Antioqu\u00eda en una de sus cartas, otorg\u00e1ndole por primera vez a la Iglesia de Jesucristo el nombre de \u201ccat\u00f3lica\u201d, es decir, \u201cuniversal\u201d (de acuerdo al t\u00e9rmino griego Katholik\u00f3s). Su fiesta se celebra cada 17 de octubre.<!--more--><\/p>\n<p>San Ignacio fue el tercer Obispo de Antioqu\u00eda (70 &#8211; 107 d.C.), es considerado uno de los Padres Apost\u00f3licos por su cercan\u00eda cronol\u00f3gica con el tiempo de los ap\u00f3stoles y se le cuenta entre los Padres de la Iglesia.<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.aciprensa.com\/imagespp\/IgnacioAntioquia_17Octubre.jpg\" alt=\"Hoy es fiesta de San Ignacio de Antioqu\u00eda, primero en decir \u201cCat\u00f3lica\u201d a la Iglesia\" \/><\/p>\n<p>Fue apresado, en tiempos de Trajano, por profesar el cristianismo y se decidi\u00f3 que fuese trasladado a Roma, para ser ejecutado all\u00ed, probablemente por su condici\u00f3n de ciudadano. De camino al martirio, Ignacio fue redactando una serie de cartas dirigidas a las diferentes iglesias cristianas -en sus d\u00edas se sol\u00eda llamar a la iglesia de Antioqu\u00eda \u201cmadre de las iglesias de la gentilidad\u201d-, con \u00e1nimo de orientarlas y fortalecer su unidad en Cristo. \u00c9l mismo se define en una de esas ep\u00edstolas como &#8220;un hombre al que ha sido encomendada la tarea de la unidad&#8221;.<\/p>\n<p>En la carta dirigida a los cristianos de Trales escribi\u00f3: \u201cAmaos unos a otros con coraz\u00f3n indiviso. Mi esp\u00edritu se ofrece en sacrificio por vosotros, no s\u00f3lo ahora, sino tambi\u00e9n cuando logre alcanzar a Dios&#8230; Quiera el Se\u00f1or que en \u00c9l os encontr\u00e9is sin mancha\u201d.<\/p>\n<p>De acuerdo a una antigua tradici\u00f3n, San Ignacio muri\u00f3 devorado por las fieras. El t\u00edtulo de \u201cPadre Apost\u00f3lico\u201d le vino por haber sido disc\u00edpulo de San Pablo y de San Juan.<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 16px;\"><strong>&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;<\/strong><\/span><\/p>\n<p>San Ignacio de Antioqu\u00eda,\u00a0<em>obispo y m\u00e1rtir<\/em><\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/files.evangelizo.org\/images\/santibeati\/I\/Sant_Ignazio_di_Antiochia_Vescovo_e_martire\/Sant_Ignazio_di_Antiochia_C.jpg\" \/><\/p>\n<p><em><span style=\"color: #993300;\">Memoria de san Ignacio, obispo y m\u00e1rtir, disc\u00edpulo del ap\u00f3stol san Juan y segundo sucesor de san Pedro en la sede de Antioqu\u00eda, que en tiempo del emperador Trajano fue condenado al suplicio de las fieras y trasladado a Roma, donde consum\u00f3 su glorioso martirio. Durante el viaje, mientras experimentaba la ferocidad de sus centinelas, semejante a la de los leopardos, escribi\u00f3 siete cartas dirigidas a diversas Iglesias, en las cuales exhortaba a los hermanos a servir a Dios unidos con el propio obispo, y a que no le impidiesen poder ser inmolado como v\u00edctima por Cristo.<\/span><\/em><\/p>\n<p>San Ignacio, llamado Te\u00f3foro, \u00abel que lleva a Dios\u00bb, fue probablemente un converso, disc\u00edpulo de san Juan Evangelista; los datos hist\u00f3ricos fidedignos sobre sus primeros a\u00f1os son pocos. De acuerdo con algunos escritores antiguos, los ap\u00f3stoles san Pedro y san Pablo ordenaron que sucediera a san Evodio como obispo de Antioqu\u00eda, cargo que conserv\u00f3 por cuarenta a\u00f1os, y en el cual brill\u00f3 como pastor ejemplar. El historiador eclesi\u00e1stico S\u00f3crates dice que introdujo o divulg\u00f3 en su di\u00f3cesis el canto de ant\u00edfonas, hecho poco probable. La paz de que gozaron los cristianos al morir Domiciano (a\u00f1o 96), dur\u00f3 \u00fanicamente los quince meses del reinado de Nerva y bajo Trajano se reanud\u00f3 lo persecuci\u00f3n. En una interesante carta del emperador a Plinio el Joven, gobernador de Bitinia, se establec\u00eda el principio de que los cristianos deb\u00edan ser muertos, en caso de que existieran delaciones oficiales; y, en otros casos, no se les deb\u00eda molestar. Trajano fue magn\u00e1nimo y humanitario; pero la gratitud que lo vinculaba con sus dioses por las victorias sobre los dacios y escitas, lo llev\u00f3 posteriormente a perseguir a los cristianos, que se negaban a reconocer estas divinidades. Desgraciadamente, no podemos confiar en la relaci\u00f3n legendaria sobre el arresto de Ignacio y su entrevista personal con el emperador; sin embargo, desde \u00e9poca muy remota, se ha cre\u00eddo que el interrogatorio al que fue sometido el soldado de Cristo por Trajano, sigui\u00f3 aproximadamente este cauce:<\/p>\n<p><em>Trajano:<\/em>\u00a0\u00bfQui\u00e9n eres t\u00fa, esp\u00edritu malvado, que osas desobedecer mis \u00f3rdenes e incitas a otros a su perdici\u00f3n?<br \/>\n<em>Ignacio:<\/em>\u00a0Nadie llama a Te\u00f3foro esp\u00edritu malvado.<br \/>\n<em>Trajano:<\/em>\u00a0\u00bfQui\u00e9n es Te\u00f3foro?<br \/>\n<em>Ignacio:<\/em>\u00a0El que lleva a Cristo dentro de s\u00ed.<br \/>\n<em>Trajano:<\/em>\u00a0\u00bfQuiere eso decir que nosotros no llevamos dentro a los dioses que nos ayudan contra nuestros enemigos?<br \/>\n<em>Ignacio:<\/em>\u00a0Te equivocas cuando llamas dioses a los que no son sino diablos. Hay un s\u00f3lo Dios que hizo el cielo, la tierra y todas las cosas; y un solo Jesucristo, en cuyo reino deseo ardientemente ser admitido.<br \/>\n<em>Trajano:<\/em>\u00a0\u00bfTe refieres al que fue crucificado bajo Poncio Pilato?<br \/>\n<em>Ignacio:<\/em>\u00a0S\u00ed, a Aqu\u00e9l que con su muerte crucific\u00f3 al pecado y a su autor, y que proclam\u00f3 que toda malicia diab\u00f3lica ha de ser hollada por quienes lo llevan en el coraz\u00f3n.<br \/>\n<em>Trajano:<\/em>\u00a0\u00bfEntonces t\u00fa llevas a Cristo dentro de ti?<br \/>\n<em>Ignacio:<\/em>\u00a0S\u00ed, porque est\u00e1 escrito, vivir\u00e9 con ellos y caminar\u00e9 con ellos.<\/p>\n<p>Cuando Trajano mand\u00f3 encadenar al obispo para que lo llevaran a Roma y ah\u00ed lo devoraran las fieras en las fiestas populares, el santo exclam\u00f3 \u00abte doy gracias, Se\u00f1or, por haberme permitido darte esta prueba de amor perfecto y por dejar que me encadenen por Ti, como tu ap\u00f3stol Pablo\u00bb. Rez\u00f3 por la Iglesia, la encomend\u00f3 con l\u00e1grimas a Dios, y con gusto someti\u00f3 sus miembros a los grillos; y lo hicieron salir apresuradamente los soldados para conducirlo a Roma.<\/p>\n<p>En Seleucia, puerto de mar, situado a unos veinticinco kil\u00f3metros de Antioqu\u00eda, se embarcaron en un nav\u00edo que, por razones desconocidas, fue costeando por la ribera sur y occidental del Asia Menor, en lugar de dirigirse directamente a Italia. Algunos de sus amigos cristianos de Antioqu\u00eda tomaron un camino m\u00e1s corto, llegaron a Roma antes que \u00e9l, y all\u00ed esperaron su llegada. Durante la mayor parte del trayecto acompa\u00f1aron a san Ignacio el di\u00e1cono Fil\u00f3n y Agatopo, a quienes se considera autores de las actas de su martirio. Parece que el viaje fue sumamente cruel, pues san Ignacio iba vigilado d\u00eda y noche por diez soldados tan b\u00e1rbaros, que san Ignacio dice eran como \u00abdiez leopardos\u00bb y a\u00f1ade \u00abiba yo luchando con fieras salvajes por tierra y mar, de d\u00eda y noche\u00bb y \u00abcuando se las trataba bondadosamente, se enfurec\u00edan mas\u00bb.<\/p>\n<p>Las numerosas paradas, dieron al santo oportunidad de confirmar en la fe a las iglesias cercanas a la costa de Asia Menor. Dondequiera que el barco atracaba, los cristianos enviaban sus obispos y presb\u00edteros a saludarlo, y grandes multitudes se reun\u00edan para recibir la bendici\u00f3n de aquel m\u00e1rtir efectivo. Se designaron tambi\u00e9n delegaciones que lo escoltaron en el camino. En Esmirna tuvo la alegr\u00eda de encontrar a su antiguo condisc\u00edpulo\u00a0<strong>san Policarpo<\/strong>; all\u00ed se reunieron tambi\u00e9n el obispo On\u00e9simo, quien iba a la cabeza de una delegaci\u00f3n de \u00c9feso, el obispo D\u00e1maso, con enviados de Magnesia, y el obispo Polibio de Tralles. Burrus, uno de los delegados, fue tan servicial con san Ignacio, que \u00e9ste pidi\u00f3 a los efesios que le permitieran acompa\u00f1arlo. Desde Esmirna, el santo escribi\u00f3 cuatro cartas.<\/p>\n<p>La carta a los efesios comienza con un c\u00e1lido elogio de esa iglesia. Los exhorta a permanecer en armon\u00eda con su obispo y con todo su clero, a que se re\u00fanan con frecuencia para rezar p\u00fablicamente, a ser mansos y humildes, a sufrir las injurias, sin murmurar. Los alaba por su celo contra la herej\u00eda y les recuerda que sus obras m\u00e1s ordinarias ser\u00edan espiritualizadas, en la medida que las hicieran por Jesucristo. Los llama compa\u00f1eros de viaje en su camino a Dios y les dice que llevan a Dios en su pecho. En sus cartas a las iglesias de Magnesia y Tralles habla en t\u00e9rminos an\u00e1logos y los pone sobre aviso contra el docetismo, doctrina que negaba la realidad del cuerpo de Cristo y su vida humana. En la carta a Tralles Ignacio dice a aquella comunidad que se guarden de la herej\u00eda, \u00ablo que har\u00e1n si permanecen unidos a Dios, y tambi\u00e9n a Jesucristo y al obispo y a los mandatos de los ap\u00f3stoles. El que est\u00e1 dentro del altar est\u00e1 limpio, pero el que est\u00e1 fuera de \u00e9l, o sea, quien se separa del obispo, de los presb\u00edteros y di\u00e1conos, no est\u00e1 limpio\u00bb. La cuarta carta, dirigida a los cristianos de Roma, es una s\u00faplica para que no le impidan ganar la corona del martirio; pensaba que hab\u00eda peligro de que los influyentes trataran de obtener una mitigaci\u00f3n de la condena. Su alarma no era infundada. A esas fechas, el cristianismo ya hab\u00eda conseguido adeptos en sitios elevados. Hab\u00eda hombres como\u00a0<strong>Flavio Clemente<\/strong>, primo del emperador, y los Acilios Glabri\u00f3n que ten\u00edan amigos poderosos en la administraci\u00f3n. Luciano, satirista pagano (c. 165 d.C.), quien seguramente conoci\u00f3 estas cartas de Ignacio, da testimonio de lo anterior.<\/p>\n<p><em>\u00abTemo que vuestro amor me perjudique\u00bb escribe el obispo, \u00aba vosotros os es f\u00e1cil hacer lo que os agrada; pero a m\u00ed me ser\u00e1 dif\u00edcil llegar a Dios, si vosotros no os cruz\u00e1is de brazos. Nunca tendr\u00e9 oportunidad como \u00e9sta para llegar a mi Se\u00f1or&#8230; Por tanto, el mayor favor que pueden hacerme es permitir que yo sea derramado como libaci\u00f3n a Dios mientras el altar est\u00e1 preparado; para que formando un coro de amor, puedan dar gracias al Padre por Jesucristo porque Dios se ha dignado traerme a m\u00ed, obispo sirio, del Oriente al Occidente para que pase de este mundo y resucite de nuevo con \u00c9l&#8230; S\u00f3lo les suplico que rueguen a Dios que me d\u00e9 gracia interna y externa, no s\u00f3lo para decir esto, sino para desearlo, y para que no s\u00f3lo me llame cristiano, sino para que lo sea efectivamente&#8230; Permitid que sirva de alimento a las bestias feroces para que por ellas pueda alcanzar a Dios. Soy trigo de Cristo y quiero ser molido por los dientes de las fieras para convertirme en pan sabroso a mi Se\u00f1or Jesucristo. Animad a las bestias para que sean mi sepulcro, para que no dejen nada de mi cuerpo, para que cuando est\u00e9 muerto, no sea gravoso a nadie&#8230; No os lo ordeno, como Pedro y Pablo: ellos eran ap\u00f3stoles, yo soy un reo condenado; ellos eran hombres libres, yo soy un esclavo. Pero si sufro, me convertir\u00e9 en liberto de Jesucristo y en \u00c9l resucitar\u00e9 libre. Me gozo de que me tengan ya preparadas las bestias y deseo de todo coraz\u00f3n que me devoren luego; a\u00fan m\u00e1s, las azuzar\u00e9 para que me devoren inmediatamente y por completo y no me sirvan a m\u00ed como a otros, a quienes no se atrevieron a atacar. Si no quieren atacarme, yo las obligar\u00e9. Os pido perd\u00f3n. S\u00e9 lo que me conviene. Ahora comienzo a ser disc\u00edpulo. Que ninguna cosa visible o invisible me impida llegar a Jesucristo. Que venga contra m\u00ed fuego, cruz, cuchilladas, desgarrones, fracturas y mutilaciones; que mi cuerpo se deshaga en pedazos y que todos los tormentos del demonio abrumen mi cuerpo, con tal de que llegue a gozar de mi Jes\u00fas. El pr\u00edncipe de este mundo trata de arrebatarme y de pervertir mis anhelos de Dios. Que ninguno de vosotros le ayude. Poneos de mi lado y del lado de Dios. No llev\u00e9is en vuestros labios el nombre de Jesucristo y deseos mundanos en el coraz\u00f3n. Aun cuando yo mismo, ya entre vosotros os implorara vuestra ayuda, no me escuch\u00e9is, sino creed lo que os digo por carta. Os escribo lleno de vida, pero con anhelos de morir.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Los guardias se apresuraron a salir de Esmirna para llegar a Roma antes de que terminaran los juegos, pues las v\u00edctimas ilustres y de venerable aspecto, eran la gran atracci\u00f3n en el anfiteatro. El mismo Ignacio, gustos\u00edsimo, secund\u00f3 sus prisas. En seguida se embarcaron para Troade, donde se enteraron de que la paz se hab\u00eda restablecido en la Iglesia de Antioqu\u00eda. En Troade Ignacio escribi\u00f3 tres cartas m\u00e1s. Una a los fieles de Filadelfia, alabando a su obispo, cuyo nombre calla, y rog\u00e1ndoles que eviten la herej\u00eda.\u00a0<em>\u00abUsad una sola Eucarist\u00eda; porque la carne de Jesucristo Nuestro Se\u00f1or es una y uno el c\u00e1liz para unirnos a todos en su sangre. Hay un altar, as\u00ed como un obispo, junto con el cuerpo de presb\u00edteros y di\u00e1conos, mis hermanos siervos, para que todo lo que hiciereis vosotros lo hag\u00e1is de acuerdo con Dios.\u00bb<\/em>\u00a0En la carta a los de Esmirna encontramos otro aviso contra los docetistas, que negaban que Cristo hubiera tomado una naturaleza humana real y que la Eucarist\u00eda fuera realmente su cuerpo. Les proh\u00edbe todo trato con esos falsos maestros y s\u00f3lo les permite orar por ellos. La \u00faltima carta es a san Policarpo, y consiste principalmente en consejos, como conviene a una persona mucho m\u00e1s joven que el escritor. Lo exhorta a trabajar por Cristo, a reprimir las falsas ense\u00f1anzas, a cuidar de las viudas, a tener servicios religiosos con frecuencia, y les recuerda que la medida de sus trabajos ser\u00e1 la de su premio. San Ignacio no tuvo tiempo de escribir a otras Iglesias, ni dijo a san Policarpo que lo hiciera en su nombre.<\/p>\n<p>De Troade navegaron hasta N\u00e1poles de Macedonia. Despu\u00e9s fueron a Filipos y, habiendo cruzado la Macedonia y el Epiro a pie, se volvieron a embarcar en Epidamno (el actual Durazzo, en Albania). Hay que confesar que estos detalles se basan \u00fanicamente en las llamadas \u00abactas\u00bb del martirio, y no podemos tener ninguna confianza en la descripci\u00f3n de la escena final. Se dice que al aproximarse el santo a Roma, los fieles salieron a recibirlo y se regocijaron al verlo, pero lamentaron el tener que perderlo tan pronto. Como \u00e9l lo hab\u00eda previsto, deseaban tomar medidas para liberarlo, pero les rog\u00f3 que no le impidieran llegar al Se\u00f1or. Entonces, arrodill\u00e1ndose con sus hermanos, rog\u00f3 por la Iglesia, por el fin de la persecuci\u00f3n, y por la caridad y concordia entre los fieles. De acuerdo con la misma leyenda, lleg\u00f3 a Roma el 20 de diciembre, \u00faltimo d\u00eda de los juegos p\u00fablicos, y fue conducido ante el prefecto de la ciudad, a quien se le entreg\u00f3 la carta del emperador. Despu\u00e9s de los tr\u00e1mites acostumbrados, se le llev\u00f3 apresuradamente al anfiteatro flaviano. Ah\u00ed le soltaron dos fieros leones, que inmediatamente lo devoraron, y s\u00f3lo dejaron los huesos m\u00e1s grandes. As\u00ed fue escuchada su oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Parece haber suficiente fundamento para creer que los fragmentos que se pudieron reunir de los restos del m\u00e1rtir, fueron llevados a Antioqu\u00eda y sin duda, fueron venerados al principio de un modo que no llamara demasiado la atenci\u00f3n \u00aben un cementerio fuera de la puerta de Dafnis\u00bb. Esto lo refiere san Jer\u00f3nimo, escribiendo en el 392, y sabemos que \u00e9l hab\u00eda visitado Antioqu\u00eda. Por el antiguo martirologio sirio nos enteramos de que la fiesta del m\u00e1rtir se celebraba en esas regiones el 17 de octubre, y se puede suponer que el paneg\u00edrico de san Ignacio, hecho por san Juan Cris\u00f3stomo, cuando \u00e9ste era presb\u00edtero de Antioqu\u00eda, fue pronunciado en ese d\u00eda. San Juan hace resaltar el hecho de que el suelo de Roma hab\u00eda sido empapado con la sangre de la v\u00edctima, pero que Antioqu\u00eda atesoraba para siempre sus reliquias. \u00abUstedes lo prestaron por una temporada\u00bb, dijo al pueblo, \u00aby lo recibieron con inter\u00e9s. Lo enviaron siendo obispo, y lo recobraron m\u00e1rtir. Lo despidieron con oraciones y lo trajeron a su tierra con laureles de victoria\u00bb. Pero ya en tiempo del Cris\u00f3stomo la leyenda hab\u00eda comenzado a tejerse. El orador supone que Ignacio hab\u00eda sido nombrado por el mismo ap\u00f3stol san Pedro para sucederlo en el obispado de Antioqu\u00eda. No es de maravillar que en fechas posteriores se fabricara toda una correspondencia, incluso ciertas cartas entre el m\u00e1rtir y la Sant\u00edsima Virgen, cuando viv\u00eda en la tierra, despu\u00e9s de la ascensi\u00f3n de su Hijo. Tal vez el relato m\u00e1s candoroso de todas estas f\u00e1bulas medievales es la historia que identifica a Ignacio con el ni\u00f1o a quien Nuestro Se\u00f1or tom\u00f3 en sus brazos y que le sirvi\u00f3 para dar una lecci\u00f3n sobre la humildad (Marcos 9,36).<\/p>\n<p>Hay un marcado contraste entre la oscuridad que rodea casi todos los detalles de la carrera de este gran m\u00e1rtir y la certeza con que los eruditos actuales afirman la autenticidad de las siete cartas a que nos hemos referido antes, como escritas por \u00e9l, camino de Roma. No es este lugar para discutir las tres ediciones cr\u00edticas de estas cartas, conocidas como la \u00abM\u00e1s Larga\u00bb, la \u00abCuretoniana\u00bb y la \u00abVossiana\u00bb. Una controversia secular ha dado por resultado una abundante literatura, pero en la actualidad la disputa est\u00e1 pr\u00e1cticamente terminada. En todo caso, puede decirse que, con rar\u00edsimas excepciones, la actual generaci\u00f3n de estudiantes de patr\u00edstica est\u00e1 de acuerdo en admitir la autenticidad de la \u00abCuretoniana\u00bb, que fue la primera identificada por el arzobispo Ussher en 1644, y cuyo texto griego fue impreso por Isaac Voss y por Dom Ruinart, un poco m\u00e1s tarde.<\/p>\n<p>No hay temor de exagerar la importancia que el testimonio de estas cartas aporta sobre las creencias y la organizaci\u00f3n interna de la iglesia cristiana, a\u00f1os despu\u00e9s de la ascensi\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or. San Ignacio de Antioqu\u00eda es el primer escritor, que, fuera del Nuevo Testamento, subraya el nacimiento virginal. A los de \u00c9feso, por ejemplo, les escribe, \u00aby al pr\u00edncipe de este mundo se le ocult\u00f3 la virginidad de Mar\u00eda y su parto y tambi\u00e9n la muerte del Se\u00f1or\u00bb. Se supone claramente conocido el misterio de la Trinidad, y se percibe un marcado enfoque cristol\u00f3gico, cuando leemos en la misma carta (c. 7), \u00abhay un m\u00e9dico de carne y esp\u00edritu, engendrado y no engendrado, Dios en hombre, verdadera Vida en muerte, hijo de Mar\u00eda e hijo de Dios, primero pasible y despu\u00e9s impasible, Jesucristo Nuestro Se\u00f1or\u00bb. No menos notables son las frases usadas respecto a la Sagrada Eucarist\u00eda. Es \u00abla carne de Cristo\u00bb, \u00abel don de Dios\u00bb, \u00abla medicina de inmortalidad\u00bb, e Ignacio denuncia a los herejes \u00abque no confiesan que la Eucarist\u00eda es la carne de Jesucristo nuestro Salvador, carne que sufri\u00f3 por nuestros pecados y que en su amorosa bondad el Padre resucit\u00f3\u00bb. Finalmente, en la carta a los de Esmirna, por vez primera en la literatura cristiana encontramos mencionada a \u00abla Iglesia Cat\u00f3lica\u00bb. \u00abQue doquier aparezca el obispo, all\u00ed est\u00e9 el pueblo; lo mismo que donde quiera que Jesucristo est\u00e1 tambi\u00e9n est\u00e1 la Iglesia Cat\u00f3lica\u00bb. El santo habla severamente de las especulaciones her\u00e9ticas -en particular las de los docetistas- que ya en su tiempo amenazaban con da\u00f1ar la integridad de la fe cristiana. Ciertamente puede decirse que la nota clave de toda su instrucci\u00f3n fue la de insistir sobre la unidad de creencia y de esp\u00edritu entre los que pretend\u00edan seguir a Nuestro Se\u00f1or. Pero a pesar de su temor a la herej\u00eda, recalcaba la necesidad de ser indulgentes con los que estaban en el error e insiste en la tolerancia y en el amor a la cruz. La exhortaci\u00f3n a los efesios proporciona una lecci\u00f3n a todos aquellos, para quienes su religi\u00f3n no es un t\u00edtulo vac\u00edo:<\/p>\n<p><em>\u00abRueguen incesantemente por el resto de los hombres, porque hay en ellos esperanza de arrepentimiento, para que lleguen a Dios. Por lo tanto, instr\u00fayanlos con el ejemplo de sus obras. Cuando ellos estallen en ira, ustedes sean mansos; cuando se vanaglorien al hablar, sean ustedes humildes; cuando les injurien a ustedes, oren por ellos; si ellos est\u00e1n en el error, ustedes sean constantes en la fe; a vista de su furia, sean ustedes apacibles. No ans\u00eden el desquite. Que nuestra indulgencia les muestre que somos sus hermanos. Procuremos ser imitadores del Se\u00f1or, esforz\u00e1ndonos para ver qui\u00e9n puede sufrir peores injusticias, qui\u00e9n puede aguantar que lo defrauden, que lo rebajen a la nada; que no se encuentre en ustedes ciza\u00f1a del diablo. Sino con toda pureza y sobriedad vivan en Cristo Jes\u00fas en carne y en esp\u00edritu\u00bb.<\/em><\/p>\n<div id=\"hg_fuente\"><strong>fuente:<\/strong>\u00a0\u00abVidas de los santos de A. Butler\u00bb, Herbert Thurston, SI<\/div>\n<div>\u00a0<\/div>\n<div>\u00a0<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&#8220;Donde est\u00e1 Jesucristo, all\u00ed est\u00e1 la Iglesia Cat\u00f3lica&#8221;, escribi\u00f3 San Ignacio de Antioqu\u00eda en una&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":63644,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"content-type":"","_lmt_disableupdate":"","_lmt_disable":"","footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-63643","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized"],"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/63643","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=63643"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/63643\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=63643"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=63643"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=63643"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}