{"id":64568,"date":"2020-11-05T11:00:42","date_gmt":"2020-11-05T15:30:42","guid":{"rendered":"https:\/\/www.diariocatolico.org\/?p=64568"},"modified":"2026-04-17T15:04:50","modified_gmt":"2026-04-17T15:04:50","slug":"homilia-del-papa-francisco-en-la-misa-por-los-cardenales-y-obispos-difuntos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/2020\/11\/05\/homilia-del-papa-francisco-en-la-misa-por-los-cardenales-y-obispos-difuntos\/","title":{"rendered":"Homil\u00eda del Papa Francisco en la misa por los Cardenales y Obispos difuntos"},"content":{"rendered":"<p>El Papa Francisco celebr\u00f3 la Misa en sufragio de las almas de los Cardenales y Obispos fallecidos durante este a\u00f1o. En la homil\u00eda el Papa record\u00f3 que Jesucristo es la Resurrecci\u00f3n y la vida y que \u00e9sta no es \u201cuna especie de espejismo en el horizonte, sino como algo que esta\u0301 presente y nos involucra misteriosamente ya desde ahora\u201d. <!--more--><\/p>\n<p><iframe title=\"Homil\u00eda del Santo Padre por los cardenales y obispos fallecidos Papa Francisco 5 noviembre 2020\" width=\"1170\" height=\"658\" src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/2Dknr6Cj04Q?feature=oembed\" frameborder=\"0\" allow=\"accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share\" referrerpolicy=\"strict-origin-when-cross-origin\" allowfullscreen><\/iframe><\/p>\n<p><strong>A continuaci\u00f3n, la homil\u00eda completa del Papa Francisco:<\/strong><\/p>\n<p>En el pasaje evange\u0301lico que se ha proclamado (cf. Jn 11,17-27) Jesu\u0301s pronuncia una solemne autorrevelacio\u0301n: \u00abYo soy la resurreccio\u0301n y la vida: el que cree en mi\u0301, aunque haya muerto, vivira\u0301; y el que esta\u0301 vivo y cree en mi\u0301 no morira\u0301 para siempre\u00bb (vv. 25-26). La gran luz de estas palabras prevalece sobre la oscuridad del profundo duelo causado por la muerte de La\u0301zaro. Marta las acoge y con una firme profesio\u0301n de fe declara: \u00abSi\u0301, Sen\u0303or: yo creo que tu\u0301 eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que teni\u0301a que venir al mundo\u00bb (v. 27). Las palabras de Jesu\u0301s traen la esperanza de Marta del futuro lejano al presente: la resurreccio\u0301n ya esta\u0301 cerca de ella, presente en la persona de Cristo.<\/p>\n<p>La revelacio\u0301n de Jesu\u0301s hoy nos interpela a todos. Estamos llamados a creer en la resurreccio\u0301n no como una especie de espejismo en el horizonte, sino como algo que esta\u0301 presente y nos involucra misteriosamente ya desde ahora. Y, sin embargo, esta misma fe en la resurreccio\u0301n no ignora ni enmascara el desconcierto que humanamente experimentamos ante la muerte. El mismo Sen\u0303or Jesu\u0301s, al ver a las hermanas de La\u0301zaro y a los que estaban llorando con ellas, no so\u0301lo no oculto\u0301 su sentimiento, sino que \u2014an\u0303ade el evangelista Juan\u2014 incluso \u00abse echo\u0301 a llorar\u00bb (Jn 11,35). Excepto en el pecado, es totalmente solidario con nosotros: experimento\u0301 tambie\u0301n el drama del luto, la amargura de las la\u0301grimas derramadas por el fallecimiento de un ser querido. Pero esto no disminuye la luz de la verdad que emana de su revelacio\u0301n, de la que la resurreccio\u0301n de La\u0301zaro fue un gran signo.<\/p>\n<p>Hoy, por lo tanto, es a nosotros a quienes el Sen\u0303or nos repite: \u00abYo soy la resurreccio\u0301n y la vida\u00bb (v. 25). Y nos llama a renovar el gran salto de fe, entrando ya desde ahora en la luz de la resurreccio\u0301n: \u00abEl que esta\u0301 vivo y cree en mi\u0301, no morira\u0301 para siempre. \u00bfCrees esto?\u00bb (v. 26). Cuando se produce este salto, nuestra forma de pensar y ver las cosas cambia. La mirada de la fe, trascendiendo lo visible, ve en cierto modo lo invisible (cf. Hb 11,27). Cada evento se evalu\u0301a entonces a la luz de otra dimensio\u0301n, la de la eternidad.<\/p>\n<p>Esto es lo que emerge en el pasaje del Libro de la Sabiduri\u0301a. La muerte prematura de un justo se considera desde una perspectiva diferente a la comu\u0301n: \u00abAgrado\u0301 a Dios y Dios lo amo\u0301, vivi\u0301a entre pecadores y Dios se lo llevo\u0301&#8230; para que la maldad no pervirtiera su inteligencia, ni la perfidia sedujera su alma\u00bb (4,10-11). Desde la perspectiva de la fe, esa muerte no se presenta como una desgracia, sino como un acto providencial del Sen\u0303or, cuyos pensamientos no coinciden con los nuestros. Por ejemplo, el propio autor sagrado sen\u0303ala que, segu\u0301n la perspectiva de Dios, \u00abuna vejez venerable no son los muchos di\u0301as, ni se mide por el nu\u0301mero de an\u0303os, pues las canas del hombre son la prudencia y la edad avanzada, una vida intachable\u00bb (4,8-9). Los amorosos designios de Dios para sus elegidos escapan completamente a aquellos que tienen la realidad mundana como u\u0301nico horizonte. Por lo tanto, sobre estos \u2014como hemos oi\u0301do\u2014 se dice: \u00abLa gente ve la muerte del sabio, pero no comprende los designios divinos sobre e\u0301l, ni por que\u0301 lo pone a salvo el Sen\u0303or\u00bb (4,17).\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>Al rezar por los cardenales y obispos que han fallecido durante este u\u0301ltimo an\u0303o, pedimos al Sen\u0303or que nos ayude a considerar su para\u0301bola existencial de la manera correcta. Le pedimos que disuelva esa melancoli\u0301a negativa que a veces nos penetra, como si todo terminara con la muerte. Es un sentimiento alejado de la fe, que se an\u0303ade al miedo humano de tener que morir, y del que nadie puede decir que es completamente inmune. Por esta razo\u0301n, ante el enigma de la muerte, incluso el creyente debe convertirse continuamente. Cada di\u0301a estamos llamados a ir ma\u0301s alla\u0301 de la imagen que instintivamente tenemos de la muerte como aniquilacio\u0301n total de una persona; a trascender lo evidente, los pensamientos sistema\u0301ticos y obvios, las opiniones comunes, a encomendarnos enteramente al Sen\u0303or que declara: \u00abYo soy la resurreccio\u0301n y la vida: el que cree en mi\u0301, aunque haya muerto, vivira\u0301; y el que esta\u0301 vivo y cree en mi\u0301 no morira\u0301 para siempre\u00bb (Jn 11,25-26).\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>Estas palabras, acogidas con fe, hacen que la oracio\u0301n por nuestros hermanos fallecidos sea verdaderamente cristiana. Tambie\u0301n nos permiten tener una visio\u0301n ma\u0301s real de su existencia: comprender el sentido y el valor del bien que han hecho, de su fortaleza, de su compromiso y de su amor desinteresados; comprender lo que significa vivir aspirando no a una patria terrena, sino a una mejor, es decir, la patria celestial (cf. Hb 11,16). La oracio\u0301n en sufragio por los difuntos, elevada en la confianza de que viven con Dios, extiende asi\u0301 sus beneficios tambie\u0301n a nosotros, peregrinos aqui\u0301 en la tierra. Nos educa para una aute\u0301ntica visio\u0301n de la vida; nos revela el sentido de las tribulaciones que debemos atravesar para entrar en el Reino de Dios; nos abre a la verdadera libertad, disponie\u0301ndonos a la bu\u0301squeda continua de los bienes eternos.<\/p>\n<p>Haciendo nuestras las palabras del Apo\u0301stol, nosotros tambie\u0301n nos sentimos \u00abllenos de confianza [&#8230;]. Por lo cual, en destierro o en patria, nos esforzamos en agradarlo\u00bb (2 Co 5,8-9). La vida de un siervo del Evangelio gira en torno al deseo de lograr todo aquello que agrada al Sen\u0303or. Este es el criterio de cada eleccio\u0301n que hace, de cada paso que da. Recordemos, pues, con gratitud el testimonio de los cardenales y obispos difuntos que vivieron en la fidelidad a la voluntad divina; recemos por ellos, tratando de seguir su ejemplo. Que el Sen\u0303or derrame siempre sobre nosotros su Espi\u0301ritu de sabiduri\u0301a, de manera especial en este tiempo de prueba. Particularmente en los momentos en que el camino se hace ma\u0301s difi\u0301cil, no nos abandona, permanece con nosotros, fiel a su promesa: \u00abYo estoy con vosotros todos los di\u0301as, hasta el final de los tiempos\u00bb (Mt 28,20).\u00a0<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Papa Francisco celebr\u00f3 la Misa en sufragio de las almas de los Cardenales y&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":64569,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"content-type":"","_lmt_disableupdate":"","_lmt_disable":"","footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-64568","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized"],"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/64568","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=64568"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/64568\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=64568"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=64568"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=64568"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}