{"id":65313,"date":"2020-11-23T09:50:05","date_gmt":"2020-11-23T14:20:05","guid":{"rendered":"https:\/\/www.diariocatolico.org\/?p=65313"},"modified":"2026-04-17T15:04:52","modified_gmt":"2026-04-17T15:04:52","slug":"papa-francisco-las-situaciones-covid19-y-las-tres-soledades-de-mi-vida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/2020\/11\/23\/papa-francisco-las-situaciones-covid19-y-las-tres-soledades-de-mi-vida\/","title":{"rendered":"Papa Francisco: las situaciones &#8220;Covid19&#8221; y las tres soledades de mi vida"},"content":{"rendered":"<p>Publicamos un pasaje del libro &#8220;Ritorniamo a sognare&#8221; (Piemme, Volvemos a so\u00f1ar) escrito por el Pont\u00edfice con el periodista Austen Ivereigh, estar\u00e1 en las librer\u00edas desde diciembre. El pasaje ha sido anticipado por el peri\u00f3dico La Repubblica en la edici\u00f3n de hoy que lo encuentran en los quioscos.<\/p>\n<p><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-65317\" src=\"https:\/\/www.diariocatolico.org\/wp-content\/uploads\/2020\/11\/libro-Ritorniamo-a-sognare-300x169.jpeg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"169\" \/><\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<div class=\"article__text \">\n<p><b>Pasaje del Papa Francisco<\/b><\/p>\n<p>En mi vida he tenido tres situaciones &#8220;Covid&#8221;: la enfermedad, Alemania y C\u00f3rdoba.<\/p>\n<p>Cuando contraje una enfermedad grave a la edad de 21 a\u00f1os, tuve mi primera experiencia del l\u00edmite, del dolor y de la soledad. Cambi\u00f3 mis coordenadas. Durante meses no supe qui\u00e9n era, si morir\u00eda o vivir\u00eda. Ni siquiera los m\u00e9dicos sab\u00edan si lo lograr\u00eda. Recuerdo que un d\u00eda le ped\u00ed a mi madre, abraz\u00e1ndola, que me dijera si iba a morir. Yo estaba asistiendo al segundo a\u00f1o del seminario diocesano en Buenos Aires.<\/p>\n<p>\u00a0Recuerdo la fecha: era el 13 de agosto de 1957. Fue un prefecto quien me llev\u00f3 al hospital, al darse cuenta de que no ten\u00eda el tipo de gripe que se trata con aspirina. Primero me sacaron un litro y medio de agua del pulm\u00f3n, luego estuve luchando entre la vida y la muerte. En noviembre, me operaron para quitarme el l\u00f3bulo superior derecho del pulm\u00f3n. S\u00e9 por experiencia c\u00f3mo se sienten los pacientes con coronavirus cuando luchan por respirar en un respirador.<\/p>\n<p>Recuerdo a dos enfermeras en particular de esos d\u00edas. Una era la jefa de enfermeras, una monja dominicana que hab\u00eda sido profesora en Atenas antes de ser enviada a Buenos Aires. M\u00e1s tarde supe que, despu\u00e9s de que el m\u00e9dico se fuera tras el primer examen, les dijo a las enfermeras que duplicaran la dosis del tratamiento que \u00e9l hab\u00eda prescrito -basado en la penicilina y la estreptomicina- porque su experiencia le dec\u00eda que me estaba muriendo. La hermana Cornelia Caraglio me salv\u00f3 la vida. Gracias a su contacto habitual con los enfermos, sab\u00eda mejor que el m\u00e9dico lo que los pacientes necesitaban, y tuvo el coraje de usar esa experiencia.<\/p>\n<p>Otra enfermera, Micaela, hizo lo mismo cuando yo ten\u00eda mucho dolor. Ella me dio secretamente dosis extra de tranquilizantes fuera de las horas. Cornelia y Micaela est\u00e1n en el cielo ahora, pero siempre estar\u00e9 en deuda con ellas. Lucharon por m\u00ed hasta el final, hasta que me recuper\u00e9. Me ense\u00f1aron lo que significa usar la ciencia y saber ir m\u00e1s all\u00e1, para responder a necesidades espec\u00edficas.<\/p>\n<p>De esa experiencia aprend\u00ed otra cosa: lo importante que es evitar el consuelo barato. La gente ven\u00eda a verme y me dec\u00eda que estar\u00eda bien, que nunca m\u00e1s sentir\u00eda todo ese dolor: tonter\u00edas, palabras vac\u00edas dichas con buenas intenciones, pero que nunca llegaron a mi coraz\u00f3n. La persona que m\u00e1s me conmovi\u00f3, con su silencio, fue una de las mujeres que marc\u00f3 mi vida: Sor Mar\u00eda Dolores Tortolo, mi maestra de ni\u00f1o, que me hab\u00eda preparado para la Primera Comuni\u00f3n. Vino a verme, me tom\u00f3 de la mano, me dio un beso y se qued\u00f3 callada un rato. Entonces me dijo: &#8220;Est\u00e1s imitando a Jes\u00fas&#8221;. No necesitaba a\u00f1adir nada m\u00e1s. Su presencia, su silencio, me dio un profundo consuelo.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de esa experiencia tom\u00e9 la decisi\u00f3n de hablar lo menos posible cuando visitaba a los enfermos. Simplemente tom\u00e9 su mano.<\/p>\n<p>[\u2026]<\/p>\n<p>Podr\u00eda decir que el per\u00edodo alem\u00e1n, en 1986, fue el &#8220;Covid del exilio&#8221;. Fue un exilio voluntario, porque fui all\u00ed a estudiar el idioma y a buscar el material para concluir mi tesis, pero me sent\u00ed como un pez fuera del agua. Me escap\u00e9 para dar unos paseos al cementerio de Frankfurt y desde all\u00ed se ve\u00edan los aviones despegar y aterrizar; ten\u00eda nostalgia de mi patria, de volver. Recuerdo el d\u00eda que Argentina gan\u00f3 la Copa del Mundo. No quer\u00eda ver el partido y sab\u00eda que hab\u00edamos ganado s\u00f3lo al d\u00eda siguiente, ley\u00e9ndolo en el peri\u00f3dico. Nadie en mi clase de alem\u00e1n dijo nada al respecto, pero cuando una chica japonesa escribi\u00f3 &#8220;Viva Argentina&#8221; en la pizarra, los dem\u00e1s se rieron. La profesora entr\u00f3, dijo que lo borrara y cerr\u00f3 el tema.<\/p>\n<p>Era la soledad de una victoria en solitario, porque no hab\u00eda nadie que la compartiera; la soledad de no pertenecer, lo que te hace un extra\u00f1o. Te sacan de donde est\u00e1s y te ponen en un lugar que no conoces, y mientras aprendes lo que realmente importa en el lugar que dejaste.<\/p>\n<p>A veces el desarraigo puede ser una curaci\u00f3n o una transformaci\u00f3n radical. Ese fue mi tercer Covid cuando me enviaron a C\u00f3rdoba de 1990 a 1992. La ra\u00edz de este per\u00edodo fue mi forma de mandar, de dar \u00f3rdenes, primero como provincial y luego como rector. Ciertamente hab\u00eda hecho algo bueno, pero a veces era muy duro. En C\u00f3rdoba me hicieron el favor y ten\u00edan raz\u00f3n.<\/p>\n<p>Un a\u00f1o, diez meses y trece d\u00edas pasaron en esa residencia jesuita. Celebr\u00e9 la misa, me confes\u00e9 y ofrec\u00ed direcci\u00f3n espiritual, pero nunca sal\u00ed, excepto cuando tuve que ir a la oficina de correos. Era una especie de cuarentena, de aislamiento, como nos ha pasado a tantos en los \u00faltimos meses, y me hizo bien. Me llev\u00f3 a madurar ideas: escrib\u00ed y rec\u00e9 mucho.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0 Hasta ese momento hab\u00eda tenido una vida ordenada en la Compa\u00f1\u00eda, basada en mi experiencia primero como maestro de novicios y luego en el gobierno desde 1973, cuando fui nombrado provincial, hasta 1986, cuando termin\u00e9 mi mandato como rector. Me hab\u00eda establecido en esa forma de vida. Un desarraigo de ese tipo, con el que te env\u00edan a un rinc\u00f3n remoto y te ponen como profesor sustituto, lo perturba todo. Tus h\u00e1bitos, tus reflejos de comportamiento, tus l\u00edneas de referencia anquilosadas a lo largo del tiempo, todo esto se ha esfumado y tienes que aprender a vivir de nuevo, a recomponer tu existencia.<\/p>\n<p>Tres cosas en particular me llaman la atenci\u00f3n hoy de ese momento. Primero, la capacidad de rezar que me fue dada. Segundo, las tentaciones que sent\u00ed. Y tercero, y esto es lo m\u00e1s extra\u00f1o, que le\u00ed por casualidad los 37 vol\u00famenes de la Historia de los Papas de Ludwig Pastor. Podr\u00eda haber elegido una novela, algo m\u00e1s interesante. Desde donde estoy ahora me pregunto por qu\u00e9 Dios me inspir\u00f3 a leer esa misma obra en ese momento. Con esa vacuna, el Se\u00f1or me prepar\u00f3. Una vez que conoces esa historia, no hay mucho que pueda sorprenderte sobre lo que est\u00e1 pasando en la Curia Romana y la Iglesia hoy en d\u00eda. \u00a1Me ayud\u00f3 mucho!<\/p>\n<p>El &#8220;Covid&#8221; de C\u00f3rdoba fue una verdadera purificaci\u00f3n. Me dio m\u00e1s tolerancia, comprensi\u00f3n, perd\u00f3n. Tambi\u00e9n me dej\u00f3 una nueva empat\u00eda con los d\u00e9biles e indefensos. Y paciencia, mucha paciencia, es decir, el don de comprender que las cosas importantes llevan tiempo, que el cambio es org\u00e1nico, que hay l\u00edmites y que debemos trabajar dentro de ellos y al mismo tiempo mantener los ojos en el horizonte, como hizo Jes\u00fas. He aprendido la importancia de ver lo grande en lo peque\u00f1o, y de estar atento a lo peque\u00f1o en las cosas grandes. Fue un per\u00edodo de crecimiento en muchos sentidos, como brotar de nuevo despu\u00e9s de una poda exhaustiva.<\/p>\n<p>Pero debo estar en guardia, porque cuando se cae en ciertas faltas, en ciertos pecados, y se corrige, el diablo, como dice Jes\u00fas, vuelve, ve la casa &#8220;barrida y adornada&#8221; (Lucas 11:25) y va a llamar a otros siete esp\u00edritus peores que \u00e9l. El fin de ese hombre, dice Jes\u00fas, se vuelve mucho peor que antes. Esto es lo que debo preocuparme ahora en mi tarea de gobernar la Iglesia: no caer en los mismos defectos que cuando era un superior religioso.<\/p>\n<p>Estos eran mis principales Covids personales. He aprendido que sufres mucho, pero si dejas que te cambie, saldr\u00e1s mejor. Si en cambio, levantas las barricadas, sales peor.<\/p>\n<p><span style=\"color: #999999;\">Del libro Volvamos a so\u00f1ar. RITORNIAMO A SOGNARE.\u00a0 Derechos de autor de la traducci\u00f3n al italiano \u00a9 2020 Austen Ivereigh. Todos los derechos reservados.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #999999;\">Publicado para el PIEMME por Mondadori Libri S.p.A.<br \/>\n<\/span><span style=\"color: #999999;\">2020 Mondadori Libri S.p.A., Mil\u00e1n<br \/>\n<\/span><span style=\"color: #999999;\">Publicado por acuerdo con Berla &amp; Griffini<\/span><\/p>\n<\/div>\n<div id=\"banner-donazioni\" class=\"article_banner\">\u00a0<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicamos un pasaje del libro &#8220;Ritorniamo a sognare&#8221; (Piemme, Volvemos a so\u00f1ar) escrito por el&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":65316,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"content-type":"","_lmt_disableupdate":"","_lmt_disable":"","footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-65313","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized"],"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/65313","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=65313"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/65313\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=65313"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=65313"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=65313"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}