{"id":65603,"date":"2020-11-29T09:09:19","date_gmt":"2020-11-29T13:39:19","guid":{"rendered":"https:\/\/www.diariocatolico.org\/?p=65603"},"modified":"2026-04-17T15:04:53","modified_gmt":"2026-04-17T15:04:53","slug":"el-papa-ven-senor-jesus-despiertanos-de-la-indiferencia-y-mediocridad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/2020\/11\/29\/el-papa-ven-senor-jesus-despiertanos-de-la-indiferencia-y-mediocridad\/","title":{"rendered":"El Papa: Ven, Se\u00f1or Jes\u00fas, despi\u00e9rtanos de la indiferencia y mediocridad"},"content":{"rendered":"<p>\u201cLa cercan\u00eda de Dios y nuestra vigilancia\u201d, son las dos palabras clave que present\u00f3 el Santo Padre en su homil\u00eda en la Santa Misa con los nuevos Cardenales, este I Domingo de Adviento, celebrada en el Altar de la C\u00e1tedra de la Bas\u00edlica de San Pedro.<!--more--><\/p>\n<p>\u201cVen, Se\u00f1or Jes\u00fas, te necesitamos. Ac\u00e9rcate a nosotros. T\u00fa eres la luz: despi\u00e9rtanos del sue\u00f1o de la mediocridad, despi\u00e9rtanos de la oscuridad de la indiferencia. Ven, Se\u00f1or Jes\u00fas, haz que nuestros corazones distra\u00eddos est\u00e9n vigilantes: haznos sentir el deseo de rezar y la necesidad de amar\u201d, es la invocaci\u00f3n del Papa Francisco en su homil\u00eda en la Santa Misa con los nuevos Cardenales, celebrada en el Altar de la C\u00e1tedra de la Bas\u00edlica de San Pedro, este 29 de noviembre, I Domingo de Adviento.<\/p>\n<p>En su homil\u00eda, el Santo Padre comentando las lecturas que la liturgia presenta al iniciar el Adviento, dijo que la Palabra de Dios nos sugiere dos palabras clave: cercan\u00eda y vigilancia. \u201cLa cercan\u00eda de Dios y nuestra vigilancia. Mientras el profeta Isa\u00edas dice que Dios est\u00e1 cerca de nosotros, Jes\u00fas en el Evangelio nos invita a vigilar esperando en \u00c9l\u201d.<\/p>\n<h2><b>Adviento, tiempo para hacer memoria de la cercan\u00eda de Dios<\/b><\/h2>\n<p>El Papa Francisco comentando la primera palabra, cercan\u00eda, dijo que \u201cel Adviento es el tiempo para hacer memoria de la cercan\u00eda de Dios, que ha descendido hasta nosotros\u201d. Por ello, el primer paso de la fe es decirle al Se\u00f1or que lo necesitamos, necesitamos su cercan\u00eda. \u00abEs tambi\u00e9n el primer mensaje del Adviento y del A\u00f1o Lit\u00fargico, reconocer que Dios est\u00e1 cerca, y decirle: \u201c\u00a1Ac\u00e9rcate m\u00e1s!\u201d. \u00c9l quiere acercarse a nosotros, pero se ofrece, no se impone\u00bb. El Adviento nos recuerda que Jes\u00fas vino a nosotros y volver\u00e1 al final de los tiempos, pero nos preguntamos: \u00bfDe qu\u00e9 sirven estas venidas si no viene hoy a nuestra vida? Invit\u00e9moslo. Hagamos nuestra la invocaci\u00f3n propia del Adviento: \u00abVen, Se\u00f1or Jes\u00fas\u00bb (Ap 22,20).<\/p>\n<p><strong>\u201cVen, Se\u00f1or Jes\u00fas, esta invocaci\u00f3n podemos decirla al principio de cada d\u00eda y repetirla a menudo, antes de las reuniones, del estudio, del trabajo y de las decisiones que debemos tomar, en los momentos importantes y en los dif\u00edciles: Ven, Se\u00f1or Jes\u00fas\u201d<\/strong><\/p>\n<h2><b>No corramos el riesgo de perder lo esencial<\/b><\/h2>\n<p>De este modo, se\u00f1ala el Santo Padre, invocando su cercan\u00eda, ejercitaremos nuestra vigilancia. Es importante estar vigilantes, porque un error de la vida es el perderse en mil cosas y no percatarse de Dios. Y citando a San Agust\u00edn, que dice: \u00ab<i>Timeo Iesum transeuntem<\/i>\u00bb (<i>Sermones, 88,14,13<\/i>), \u201cTengo miedo de que Jes\u00fas pase y no me d\u00e9 cuenta\u201d, el Pont\u00edfice nos advierte que, atra\u00eddos por nuestros intereses y distra\u00eddos por tantas vanidades, corremos el riesgo de perder lo esencial. Por eso hoy el Se\u00f1or repite \u00aba todos: \u00a1est\u00e9n vigilantes!\u00bb.<\/p>\n<h2><b>Estar vigilantes es no dejarse llevar por el des\u00e1nimo<\/b><\/h2>\n<p>En este sentido, el Papa Francisco exhorta a que debemos vigilar, esto quiere decir que es de noche. S\u00ed, ahora no vivimos en el d\u00eda, sino en la espera del d\u00eda, en medio de la oscuridad y los trabajos. Llegar\u00e1 el d\u00eda cuando estemos con el Se\u00f1or. Vendr\u00e1, no nos desanimemos. Pasar\u00e1 la noche, aparecer\u00e1 el Se\u00f1or; \u00c9l, que muri\u00f3 en la cruz por nosotros, nos juzgar\u00e1. Estar vigilantes es esperar esto, es no dejarse llevar por el des\u00e1nimo, es vivir en la esperanza. As\u00ed como antes de nacer nos esperaban quienes nos amaban, ahora nos espera el Amor mismo. Y si nos esperan en el Cielo, \u00bfpor qu\u00e9 vivir con pretensiones terrenales? \u00bfPor qu\u00e9 agobiarse por alcanzar un poco de dinero, fama, \u00e9xito, todas cosas ef\u00edmeras? \u00bfPor qu\u00e9 perder el tiempo quej\u00e1ndose de la noche mientras nos espera la luz del d\u00eda?\u00a0\u00bfPor qu\u00e9 buscar un poco de&#8230; (\u00bfpadrinos?) para hacer (tener) un ascenso y subir y promocionarnos en la carrera? Todo pasa. Observa, dice el Se\u00f1or.<\/p>\n<h2><b>Hay un sue\u00f1o peligroso: la mediocridad<\/b><\/h2>\n<p>Por ello, el Pont\u00edfice invita a mantenerse despiertos, sin embargo, es dif\u00edcil. Por la noche es natural dormir. No lo lograron los disc\u00edpulos de Jes\u00fas, a quienes \u00c9l les hab\u00eda pedido que velaran \u201cal atardecer, a medianoche, al canto del gallo, de madrugada\u201d. \u00a0Y precisamente a esas horas no estuvieron vigilantes. Al atardecer, en la \u00faltima cena, traicionaron a Jes\u00fas; por la noche se durmieron; al canto del gallo lo negaron; de madrugada dejaron que lo condenaran a muerte. Pero sobre nosotros puede caer el mismo sopor. Hay un sue\u00f1o peligroso: el sue\u00f1o de la mediocridad. Llega cuando olvidamos nuestro primer amor y seguimos adelante por inercia, preocup\u00e1ndonos s\u00f3lo por tener una vida tranquila. Pero sin impulsos de amor a Dios, sin esperar su novedad, nos volvemos mediocres, tibios, mundanos. Y esto carcome la fe, porque la fe es lo opuesto a la mediocridad: es el ardiente deseo de Dios, es la valent\u00eda perseverante para convertirse, es valor para amar, es salir siempre adelante.<\/p>\n<p><strong>\u201cLa fe no es agua que apaga, sino fuego que arde; no es un calmante para los que est\u00e1n estresados, sino una historia de amor para los que est\u00e1n enamorados. Por eso Jes\u00fas odia la tibieza m\u00e1s que cualquier otra cosa\u201d<\/strong><\/p>\n<h2><b>\u00bfC\u00f3mo podemos despertarnos del sue\u00f1o de la mediocridad?<\/b><\/h2>\n<p>El Obispo de Roma afirma que, podemos despertar del sue\u00f1o de la mediocridad con la vigilancia de la oraci\u00f3n. \u201cRezar es encender una luz en la noche. La oraci\u00f3n nos despierta de la tibieza de una vida horizontal, eleva nuestra mirada hacia lo alto, nos sintoniza con el Se\u00f1or. La oraci\u00f3n permite que Dios est\u00e9 cerca de nosotros; por eso, nos libra de la soledad y nos da esperanza\u201d. La oraci\u00f3n oxigena la vida: as\u00ed como no se puede vivir sin respirar, tampoco se puede ser cristiano sin rezar. Y hay mucha necesidad de cristianos que velen por los que duermen, de adoradores, de intercesores que d\u00eda y noche lleven ante Jes\u00fas, luz del mundo, las tinieblas de la historia.<\/p>\n<p><strong>\u201cRezar y amar, he aqu\u00ed la vigilancia. Cuando la Iglesia adora a Dios y sirve al pr\u00f3jimo, no vive en la noche. Aunque est\u00e9 cansada y abatida, camina hacia el Se\u00f1or\u201d<\/strong><\/p>\n<h2><b>Un segundo sue\u00f1o interior: la indiferencia<\/b><\/h2>\n<p>El Santo Padre advierte que hay un segundo sue\u00f1o interior que es peligroso, es el sue\u00f1o de la indiferencia. \u201cEl que es indiferente ve todo igual, como de noche, y no le importa qui\u00e9n est\u00e1 cerca. Cuando s\u00f3lo giramos alrededor de nosotros mismos y de nuestras necesidades, indiferentes a las de los dem\u00e1s, la noche cae en el coraz\u00f3n. Comenzamos r\u00e1pido a quejarnos de todo, luego sentimos que somos v\u00edctimas de los otros y al final hacemos complots de todo\u201d. Hoy parece que esta noche ha ca\u00eddo sobre muchos, que exigen s\u00f3lo para s\u00ed mismos y se desinteresan de los dem\u00e1s.<\/p>\n<h2><b>\u00bfC\u00f3mo podemos despertar de este sue\u00f1o de indiferencia?<\/b><\/h2>\n<p>El Papa Francisco se\u00f1ala que podemos despertar de este segundo sue\u00f1o con la vigilancia de la caridad. La caridad es el coraz\u00f3n palpitante del cristiano. As\u00ed como no se puede vivir sin el latido del coraz\u00f3n, tampoco se puede ser cristiano sin caridad. Algunos piensan que sentir compasi\u00f3n, ayudar, servir sea algo para perdedores; en realidad es la apuesta segura, porque ya est\u00e1 proyectada hacia el futuro, hacia el d\u00eda del Se\u00f1or, cuando todo pasar\u00e1 y s\u00f3lo quedar\u00e1 el amor. Es con obras de misericordia que nos acercamos al Se\u00f1or. Se lo pedimos hoy en la oraci\u00f3n colecta: \u00abAviva en tus fieles [\u2026] el deseo de salir al encuentro de Cristo, que viene, acompa\u00f1ados por las buenas obras\u00bb. Jes\u00fas viene y el camino para ir a su encuentro est\u00e1 se\u00f1alado: son las obras de caridad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cLa cercan\u00eda de Dios y nuestra vigilancia\u201d, son las dos palabras clave que present\u00f3 el&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":65604,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"content-type":"","_lmt_disableupdate":"","_lmt_disable":"","footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-65603","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized"],"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/65603","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=65603"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/65603\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=65603"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=65603"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=65603"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}