{"id":65619,"date":"2020-11-29T13:31:19","date_gmt":"2020-11-29T18:01:19","guid":{"rendered":"https:\/\/www.diariocatolico.org\/?p=65619"},"modified":"2026-04-17T15:04:53","modified_gmt":"2026-04-17T15:04:53","slug":"homilia-del-papa-francisco-en-la-misa-del-i-domingo-de-adviento-con-los-nuevos-cardenales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/2020\/11\/29\/homilia-del-papa-francisco-en-la-misa-del-i-domingo-de-adviento-con-los-nuevos-cardenales\/","title":{"rendered":"Homil\u00eda del Papa Francisco en la Misa del I Domingo de Adviento con los nuevos cardenales"},"content":{"rendered":"<p>El Papa Francisco presidi\u00f3 este domingo 29 de noviembre en el altar de la C\u00e1tedra de la Bas\u00edlica de San Pedro del Vaticano, la celebraci\u00f3n de la Misa del Primer Domingo de Adviento, concelebrada junto con los cardenales creados en el Consistorio Ordinario P\u00fablico celebrado ayer s\u00e1bado 28.<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n, el texto completo de la homil\u00eda del Papa Francisco:<!--more--><\/p>\n<p>Las lecturas de hoy sugieren dos palabras clave para el tiempo de Adviento: cercan\u00eda y vigilancia. La cercan\u00eda de Dios y vigilancia nuestra. Mientras el profeta Isa\u00edas dice que Dios est\u00e1 cerca de nosotros, Jes\u00fas en el Evangelio nos invita a vigilar esperando en \u00c9l.<\/p>\n<p>Cercan\u00eda. Isa\u00edas comienza tuteando a Dios: \u00ab\u00a1T\u00fa eres nuestro padre!\u00bb (63,16), y contin\u00faa: \u00abNunca se oy\u00f3 [&#8230;] que otro dios fuera de ti actuara as\u00ed a favor de quien espera en \u00e9l\u00bb (64,3). Vienen a la mente las palabras del Deuteronomio: \u00bfQui\u00e9n \u00abest\u00e1 tan cerca como lo est\u00e1 el Se\u00f1or Dios de nosotros, siempre que lo invocamos?\u00bb (4,7).<\/p>\n<p>El Adviento es el tiempo para hacer memoria de la cercan\u00eda de Dios, que ha descendido hasta nosotros. Pero el profeta supera esto y le pide a Dios que se acerque m\u00e1s: \u00ab\u00a1Ojal\u00e1 rasgaras los cielos y descendieras!\u00bb (Is 63,19). Lo hemos pedido tambi\u00e9n en el Salmo: \u201cVuelve, vis\u00edtanos, ven a salvarnos\u201d (cf. Sal 79,15.3). \u201cDios m\u00edo, ven en mi auxilio\u201d es a menudo el comienzo de nuestra oraci\u00f3n: el primer paso de la fe es decirle al Se\u00f1or que lo necesitamos, necesitamos su cercan\u00eda.<\/p>\n<p>Es tambi\u00e9n el primer mensaje del Adviento y del A\u00f1o Lit\u00fargico, reconocer que Dios est\u00e1 cerca, y decirle: \u201c\u00a1Ac\u00e9rcate m\u00e1s!\u201d. \u00c9l quiere acercarse a nosotros, pero se ofrece, no se impone. Nos corresponde a nosotros decir sin cesar: \u201c\u00a1Ven!\u201d. Nos corresponde a nosotros. Es la oraci\u00f3n del Adviento: \u201c\u00a1Ven!\u201d. El Adviento nos recuerda que Jes\u00fas vino a nosotros y volver\u00e1 al final de los tiempos, pero nos preguntamos: \u00bfDe qu\u00e9 sirven estas venidas si no viene hoy a nuestra vida? Invit\u00e9moslo.<\/p>\n<p>Hagamos nuestra la invocaci\u00f3n propia del Adviento: \u00abVen, Se\u00f1or Jes\u00fas\u00bb (Ap 22,20). Con esa invocaci\u00f3n finaliza el Apocalipsis: \u00abVen, Se\u00f1or Jes\u00fas\u00bb.<\/p>\n<p>Podemos decirla al principio de cada d\u00eda y repetirla a menudo, antes de las reuniones, del estudio, del trabajo y de las decisiones que debemos tomar, en los momentos importantes y en los dif\u00edciles: Ven, Se\u00f1or Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Es una peque\u00f1a oraci\u00f3n, pero nace del coraz\u00f3n. Dig\u00e1mosla, repit\u00e1mosla en este tiempo de Adviento: \u00abVen, Se\u00f1or Jes\u00fas\u00bb.<\/p>\n<p>De este modo, invocando su cercan\u00eda, ejercitaremos nuestra vigilancia. El Evangelio de Marcos nos propuso hoy la parte final del \u00faltimo discurso de Jes\u00fas, que se concentra en una sola palabra: \u201c\u00a1Vigilen!\u201d. El Se\u00f1or la repite cuatro veces en cinco vers\u00edculos (cf. Mc 13,33-35.37). Es importante estar vigilantes, porque un error de la vida es el perderse en mil cosas y no percatarse de Dios.<\/p>\n<p>San Agust\u00edn dec\u00eda: \u00abTimeo Iesum transeuntem\u00bb (Sermones, 88,14,13), \u201cTengo miedo de que Jes\u00fas pase y no me d\u00e9 cuenta\u201d. Atra\u00eddos por nuestros intereses y distra\u00eddos por tantas vanidades, corremos el riesgo de perder lo esencial. Por eso hoy el Se\u00f1or repite \u00aba todos: \u00a1est\u00e9n vigilantes!\u00bb (Mc 13,37).<\/p>\n<p>Pero, si debemos vigilar, esto quiere decir que es de noche. S\u00ed, ahora no vivimos en el d\u00eda, sino en la espera del d\u00eda, en medio de la oscuridad y los trabajos. Llegar\u00e1 el d\u00eda cuando estemos con el Se\u00f1or. Vendr\u00e1, no nos desanimemos. Pasar\u00e1 la noche, aparecer\u00e1 el Se\u00f1or; \u00c9l, que muri\u00f3 en la cruz por nosotros, nos juzgar\u00e1. Estar vigilantes es esperar esto, es no dejarse llevar por el des\u00e1nimo, es vivir en la esperanza.<\/p>\n<p>As\u00ed como antes de nacer nos esperaban quienes nos amaban, ahora nos espera el Amor mismo. Y si nos esperan en el Cielo, \u00bfpor qu\u00e9 vivir con pretensiones terrenales? \u00bfPor qu\u00e9 agobiarse por alcanzar un poco de dinero, fama, \u00e9xito, todas cosas ef\u00edmeras? \u00bfPor qu\u00e9 perder el tiempo quej\u00e1ndose de la noche mientras nos espera la luz del d\u00eda?<\/p>\n<p>\u00bfPorqu\u00e9 buscar \u2018padrinos\u2019 para hacer una promoci\u00f3n, crecer y hacer carrera? Todo pasa. Vigilad, dice el Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Mantenerse despiertos, sin embargo, es dif\u00edcil. De hecho, es algo muy dif\u00edcil. Por la noche es natural dormir. No lo lograron los disc\u00edpulos de Jes\u00fas, a quienes \u00c9l les hab\u00eda pedido que velaran \u201cal atardecer, a medianoche, al canto del gallo, de madrugada\u201d (cf. v. 35). Y precisamente a esas horas no estuvieron vigilantes.<\/p>\n<p>Al atardecer, en la \u00faltima cena, traicionaron a Jes\u00fas; por la noche se durmieron; al canto del gallo lo negaron; de madrugada dejaron que lo condenaran a muerte. No vigilaron. Se quedaron dormidos. Pero sobre nosotros puede caer el mismo sopor.<\/p>\n<p>Hay un sue\u00f1o peligroso: el sue\u00f1o de la mediocridad. Llega cuando olvidamos nuestro primer amor y seguimos adelante por inercia, preocup\u00e1ndonos s\u00f3lo por tener una vida tranquila.<\/p>\n<p>Pero sin impulsos de amor a Dios, sin esperar su novedad, nos volvemos mediocres, tibios, mundanos. Y esto carcome la fe, porque la fe es lo opuesto a la mediocridad: es el ardiente deseo de Dios, es la valent\u00eda perseverante para convertirse, es valor para amar, es salir siempre adelante.<\/p>\n<p>La fe no es agua que apaga, sino fuego que arde; no es un calmante para los que est\u00e1n estresados, sino una historia de amor para los que est\u00e1n enamorados. Por eso Jes\u00fas odia la tibieza m\u00e1s que cualquier otra cosa (cf. Ap 3,16). Se ve el desprecio de Dios por los tibios.<\/p>\n<p>Y entonces, \u00bfc\u00f3mo podemos despertarnos del sue\u00f1o de la mediocridad? Con la vigilancia de la oraci\u00f3n. Rezar es encender una luz en la noche. La oraci\u00f3n nos despierta de la tibieza de una vida horizontal, eleva nuestra mirada hacia lo alto, nos sintoniza con el Se\u00f1or.<\/p>\n<p>La oraci\u00f3n permite que Dios est\u00e9 cerca de nosotros; por eso, nos libra de la soledad y nos da esperanza. La oraci\u00f3n oxigena la vida: as\u00ed como no se puede vivir sin respirar, tampoco se puede ser cristiano sin rezar. Y hay mucha necesidad de cristianos que velen por los que duermen, de adoradores, de intercesores que d\u00eda y noche lleven ante Jes\u00fas, luz del mundo, las tinieblas de la historia.<\/p>\n<p>Hay necesidad de adoradores. Hemos perdido un poco el sentido de la adoraci\u00f3n, de estar en silencio ante el Se\u00f1or, adorando.<\/p>\n<p>Esta es la mediocridad, la tibieza, pero hay tambi\u00e9n un segundo sue\u00f1o interior: el sue\u00f1o de la indiferencia. El que es indiferente ve todo igual, como de noche, y no le importa qui\u00e9n est\u00e1 cerca. Cuando s\u00f3lo giramos alrededor de nosotros mismos y de nuestras necesidades, indiferentes a las de los dem\u00e1s, la noche cae en el coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Comenzamos r\u00e1pido a quejarnos de todo, luego sentimos que somos v\u00edctimas de los otros y al final hacemos complots de todo. Lamentos, victimismo, y complot. Es una cadena, es lo mismo. Hoy parece que esta noche ha ca\u00eddo sobre muchos, que exigen s\u00f3lo para s\u00ed mismos y se desinteresan de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo podemos despertar de este sue\u00f1o de indiferencia? Con la vigilancia de la caridad. Para dar luz a aquel sue\u00f1o de la mediocridad, de la tibieza, est\u00e1 la vigilancia de la oraci\u00f3n, para despertarnos de este sue\u00f1o de la indiferencia est\u00e1 la vigilancia de la caridad. La caridad es el coraz\u00f3n palpitante del cristiano. As\u00ed como no se puede vivir sin el latido del coraz\u00f3n, tampoco se puede ser cristiano sin caridad.<\/p>\n<p>Algunos piensan que sentir compasi\u00f3n, ayudar, servir sea algo para perdedores; en realidad es la apuesta segura, porque ya est\u00e1 proyectada hacia el futuro, hacia el d\u00eda del Se\u00f1or, cuando todo pasar\u00e1 y s\u00f3lo quedar\u00e1 el amor.<\/p>\n<p>Es con obras de misericordia que nos acercamos al Se\u00f1or. Se lo pedimos hoy en la oraci\u00f3n colecta: \u00abAviva en tus fieles [\u2026] el deseo de salir al encuentro de Cristo, que viene, acompa\u00f1ados por las buenas obras\u00bb. Jes\u00fas viene y el camino para ir a su encuentro est\u00e1 se\u00f1alado: son las obras de caridad.<\/p>\n<p>Rezar y amar, he aqu\u00ed la vigilancia. Cuando la Iglesia adora a Dios y sirve al pr\u00f3jimo, no vive en la noche. Aunque est\u00e9 cansada y abatida, camina hacia el Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Invoqu\u00e9moslo: Ven, Se\u00f1or Jes\u00fas, te necesitamos. Ac\u00e9rcate a nosotros. T\u00fa eres la luz: despi\u00e9rtanos del sue\u00f1o de la mediocridad, despi\u00e9rtanos de la oscuridad de la indiferencia. Ven, Se\u00f1or Jes\u00fas, haz que nuestros corazones distra\u00eddos est\u00e9n vigilantes: haznos sentir el deseo de rezar y la necesidad de amar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Papa Francisco presidi\u00f3 este domingo 29 de noviembre en el altar de la C\u00e1tedra&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":65620,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"content-type":"","_lmt_disableupdate":"","_lmt_disable":"","footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-65619","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized"],"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/65619","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=65619"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/65619\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=65619"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=65619"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=65619"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}