{"id":66726,"date":"2020-12-29T10:36:59","date_gmt":"2020-12-29T15:06:59","guid":{"rendered":"https:\/\/www.diariocatolico.org\/?p=66726"},"modified":"2026-04-17T15:04:59","modified_gmt":"2026-04-17T15:04:59","slug":"en-el-ano-del-distanciamiento-la-proximidad-del-papa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/2020\/12\/29\/en-el-ano-del-distanciamiento-la-proximidad-del-papa\/","title":{"rendered":"En el a\u00f1o del distanciamiento, la proximidad del Papa"},"content":{"rendered":"<p>En el a\u00f1o 2020, sin viajes apost\u00f3licos y pocas audiencias generales con presencia de los fieles, Francisco acompa\u00f1\u00f3 a muchos creyentes y no creyentes de todo el mundo con la Misa de Santa Marta.<!--more--><\/p>\n<p>El a\u00f1o 2020 del Papa Francisco, como el de cada uno de nosotros, ha sido profundamente marcado por la pandemia. Sin viajes, unas cuantas audiencias generales con la presencia contingente de personas al final del verano, luego interrumpidas de nuevo con la llegada de la segunda ola de contagio, celebraciones p\u00fablicas con la participaci\u00f3n de peque\u00f1os grupos de fieles. Lo que faltaba era el contacto diario con la gente, el contacto f\u00edsico hecho de abrazos, apretones de manos, palabras susurradas con l\u00e1grimas en los ojos, bendiciones dibujadas en la cabeza, miradas que se cruzan y se encuentran. Incluso Francisco, a su manera, ha tenido que llevar a cabo su misi\u00f3n qued\u00e1ndose en casa, conect\u00e1ndose virtualmente, multiplicando los contactos telef\u00f3nicos.<\/p>\n<p>El a\u00f1o del Papa Francisco estuvo marcado por las palabras de la exhortaci\u00f3n Querida Amazonia, que recogi\u00f3 el discernimiento del S\u00ednodo de octubre de 2019 y se public\u00f3 en la v\u00edspera del brote de la pandemia: un fuerte llamado a mirar lo que est\u00e1 sucediendo en esa regi\u00f3n olvidada. La indicaci\u00f3n de caminos concretos para una ecolog\u00eda humana que tenga en cuenta a los pobres, para el aprecio de las culturas y para una Iglesia misionera con rostro amaz\u00f3nico. Entonces, tan pronto como el covid-19 pareci\u00f3 dar un respiro, al menos en Italia, Francisco reanud\u00f3 las audiencias generales con los fieles proponi\u00e9ndoles un ciclo de catequesis sobre qu\u00e9 futuro queremos construir despu\u00e9s de la pandemia. Finalmente, en octubre pasado, el regalo de una nueva enc\u00edclica,\u00a0<i>Fratelli tutti<\/i>, que se\u00f1al\u00f3 la fraternidad y la amistad social como la respuesta a las sombras del odio, la violencia y el ego\u00edsmo que a veces parecen prevalecer en nuestro mundo plagado no s\u00f3lo por el coronavirus, sino por las guerras, la injusticia, la pobreza y el cambio clim\u00e1tico.<\/p>\n<p>El acontecimiento simb\u00f3lico del a\u00f1o pasado, en la memoria de todos, fue el del 27 de marzo, con la\u00a0<i>Statio Orbis<\/i>, la s\u00faplica a Dios para que interviniera y ayudara a la humanidad golpeada por la pandemia: Francisco solo, bajo la lluvia, en la Plaza de San Pedro desoladamente vac\u00eda como nunca antes y al mismo tiempo nunca tan llena, gracias a millones y millones de personas conectadas en la televisi\u00f3n mundial para rezar en silencio. El Papa subiendo lentamente los anchos escalones para llegar al atrio y recordarnos que todos estamos en la misma barca, incapaces de salvarnos solos; el Papa besando los pies del Crucifijo de San Marcelo, llevado en procesi\u00f3n por los romanos contra la peste; el Papa bendiciendo la ciudad y el mundo con el Sant\u00edsimo Sacramento mientras en el fondo se oyen sirenas en una Roma paralizada por el encierro.<\/p>\n<p>Pero hubo otro acontecimiento diario, menos llamativo y a\u00fan m\u00e1s importante, que permiti\u00f3 a Francisco acompa\u00f1ar a millones de personas en todo el mundo durante la primera parte de este 2020, en la \u00e9poca del miedo y el desconcierto. Era la misa diaria que se celebraba en la capilla de la Casa Santa Marta a las 7 de la ma\u00f1ana: durante tres meses el Sucesor de Pedro llamaba suavemente a las puertas de nuestras casas, nos invitaba a no escuchar grandes discursos ni largas catequesis, sino a escuchar primero las palabras de la Escritura, comentadas con breves homil\u00edas y seguidas, despu\u00e9s de la celebraci\u00f3n eucar\u00edstica, por unos minutos de adoraci\u00f3n silenciosa ante el Sant\u00edsimo Sacramento. Cada ma\u00f1ana, cada mediod\u00eda o cada noche, dependiendo de la zona horaria, mucha, mucha gente, incluso no practicantes y no creyentes, sintonizan la radio, la TV, el streaming, para escuchar el mensaje del Evangelio y la voz del Obispo de Roma que se ha convertido en el p\u00e1rroco del mundo. La sobriedad esencial de esas celebraciones, precedidas de breves oraciones por los grupos m\u00e1s afectados por el Covid-19, nos hac\u00eda compa\u00f1\u00eda, nos ofrec\u00eda destellos de esperanza, nos ayudaba a rezar, nos hac\u00eda sentir menos solos, menos aislados, menos abandonados. La proximidad al pueblo de Dios, el acompa\u00f1amiento logrado con esas misas compartidas en las pantallas de todo el mundo, dej\u00f3 claro lo que significa para el Papa ser pastor de la Iglesia universal, intercesor de la humanidad herida, testigo del Evangelio que act\u00faa en toda la familia humana de tantas maneras a menudo impredecibles y ocultas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el a\u00f1o 2020, sin viajes apost\u00f3licos y pocas audiencias generales con presencia de los&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":66727,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"content-type":"","_lmt_disableupdate":"","_lmt_disable":"","footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-66726","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized"],"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/66726","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=66726"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/66726\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=66726"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=66726"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=66726"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}