{"id":68595,"date":"2021-02-02T11:03:46","date_gmt":"2021-02-02T15:33:46","guid":{"rendered":"https:\/\/www.diariocatolico.org\/?p=68595"},"modified":"2026-04-17T15:05:06","modified_gmt":"2026-04-17T15:05:06","slug":"presentacion-de-jesus-en-el-templo-esperar-y-reconocer-la-vida-nueva","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/2021\/02\/02\/presentacion-de-jesus-en-el-templo-esperar-y-reconocer-la-vida-nueva\/","title":{"rendered":"Presentaci\u00f3n de Jes\u00fas en el Templo. Esperar y reconocer la vida nueva"},"content":{"rendered":"<p>Hoy, cuarenta d\u00edas despu\u00e9s de la Navidad, es la fiesta de la Presentaci\u00f3n del Se\u00f1or en el Templo, que celebra el encuentro luminoso entre Jes\u00fas y la humanidad que le espera. En el reconocimiento del Mes\u00edas por parte de Sime\u00f3n y Ana, la confirmaci\u00f3n de una tenacidad y una obstinaci\u00f3n, a pesar de la fragilidad, que vencen la tristeza y la desolaci\u00f3n<!--more--><\/p>\n<p>Seg\u00fan las prescripciones del Antiguo Testamento, relativas a la pureza cultural (Lv 12,1-8), una mujer era impura despu\u00e9s de dar a luz durante cuarenta d\u00edas y deb\u00eda ofrecer al templo, como sacrificio de expiaci\u00f3n, un cordero y una paloma joven; si era pobre, dos palomas j\u00f3venes. Tambi\u00e9n Jes\u00fas fue presentado por Mar\u00eda y Jos\u00e9 al templo para ser redimido, para la ceremonia de la purificaci\u00f3n: a Dios, de quien procede todo, se deb\u00eda toda primicia, incluido el primer hijo var\u00f3n. Sime\u00f3n es el verdadero israelita, justo y piadoso, guiado por el Esp\u00edritu (como los profetas), que espera al Mes\u00edas. Ana es la profetisa anciana que dedica su viudez al Se\u00f1or (verdadero marido), sirvi\u00e9ndole con ayunos y oraciones, noche y d\u00eda. Cada d\u00eda los dos ancianos acogen a diferentes ni\u00f1os para realizar el rito. Cuando los padres de Jes\u00fas se presentan ante ellos, ven en su Hijo al Se\u00f1or anunciado desde hace siglos, la &#8220;luz para iluminar a las naciones&#8221;.<\/p>\n<h2>Mis ojos han visto tu salvaci\u00f3n<\/h2>\n<p>Ana hab\u00eda enviudado muy joven. Sime\u00f3n esper\u00f3 durante toda su vida el consuelo de Israel, habiendo compartido su dolor y desolaci\u00f3n. Sus ojos podr\u00edan haberse oscurecido por el sufrimiento, la soledad, la resignaci\u00f3n, el cansancio. Podr\u00edan haberse dirigido a otra parte, podr\u00edan haberse apagado, limit\u00e1ndose a ver s\u00f3lo de cerca. En cambio, Sime\u00f3n y Ana supieron esperar toda una vida. En el relato del Evangelio de Lucas, el c\u00e1ntico de Sime\u00f3n libera una regurgitaci\u00f3n de luz de la profunda humanidad de un hombre considerado muy anciano, pero que tiene una mirada viva porque se ha dejado atraer. Hab\u00eda muchas personas y doctores de la Ley en el templo todos los d\u00edas, haciendo oraciones y liturgias. Sin embargo, s\u00f3lo Sime\u00f3n y Ana ten\u00edan ojos capaces de ver m\u00e1s all\u00e1, no cegados por la costumbre y la indiferencia, ojos que no dejan de buscar y de so\u00f1ar.<\/p>\n<h2>El C\u00e1ntico de Sime\u00f3n<\/h2>\n<p>En el templo, mientras Jes\u00fas se ofrec\u00eda a su Padre, se abandonaba en manos de los hombres. Es el doble movimiento de la encarnaci\u00f3n: el Hijo entra en el mundo para ser un perfecto adorador del Padre y para responder a las expectativas de los hombres. Sime\u00f3n tom\u00f3 a Jes\u00fas de los brazos de Mar\u00eda en los suyos, bendijo a Dios y rez\u00f3 el &#8220;Nunc dimittis&#8221;, un himno que puede compararse con los m\u00e1s bellos salmos y que se reza todos los d\u00edas en el oficio de la tarde, en Completas, desde el siglo V. Ahora, Sime\u00f3n puede morir en paz, porque ha visto la se\u00f1al prometida, que es la salvaci\u00f3n para todos los pueblos y para Israel. Saciado de vida y alegr\u00eda, ahora puede confiar plenamente en Dios, sabiendo que su vida tiene sentido. En el himno a\u00f1ade: &#8220;\u00c9l est\u00e1 aqu\u00ed para la ca\u00edda y resurrecci\u00f3n de muchos y como signo de contradicci\u00f3n&#8221;. Cristo derriba nuestros peque\u00f1os o grandes \u00eddolos, las m\u00e1scaras y las mentiras, contradice la tranquila mediocridad, las falsas im\u00e1genes de Dios. Como nos recuerda el padre Ermes Ronchi, es la resurrecci\u00f3n de la nobleza que hay en todo hombre, incluso en el m\u00e1s perdido y desesperado.<\/p>\n<h2>La luz del mundo<\/h2>\n<p>En el mismo d\u00eda en que se celebra la fiesta de la Presentaci\u00f3n en el Templo,\u00a0 se celebra la Candelaria desde el siglo IV. La procesi\u00f3n, que la liturgia de este d\u00eda manifiesta con velas encendidas, recuerda precisamente las palabras con las que Sime\u00f3n indica al Mes\u00edas: &#8220;luz para iluminar a las naciones&#8221;. La palabra griega es apokalupsis: sugiere la retirada de un velo que oculta la luz. El hombre, dirigi\u00e9ndose directamente a Mar\u00eda, revela la acogida que tendr\u00e1 el Se\u00f1or: est\u00e1 destinado a ser ocasi\u00f3n de ca\u00edda y de resurgimiento en Israel, estar\u00e1n a favor o en contra de \u00e9l; ser\u00e1 aceptado por unos y rechazado por otros. Ana se acerc\u00f3 a la sagrada familia, y como Sime\u00f3n, como si hubiera escuchado sus palabras, comenz\u00f3 a alabar a Dios y a hablar del ni\u00f1o a todos los que esperaban la liberaci\u00f3n de Jerusal\u00e9n.<\/p>\n<h2>Sime\u00f3n y Ana, ancianos alegres<\/h2>\n<p>El tiempo de la vejez no es un naufragio, una desgracia, un desastre. Sime\u00f3n y Ana fueron testigos de ello, no cerrando los ojos ante su debilidad, ante el debilitamiento de sus fuerzas, sino encontrando en ese Ni\u00f1o una nueva compa\u00f1\u00eda y energ\u00eda. Sime\u00f3n, despu\u00e9s de tomar al Ni\u00f1o en sus brazos, pudo cantar el Nunc dimittis no con la tristeza de quien ha desperdiciado su vida y no sabe lo que le va a pasar.<\/p>\n<h2>Rezar por la vida consagrada en el d\u00eda de la Candelaria<\/h2>\n<p>Sime\u00f3n y Ana son personas de encuentro, de profec\u00eda, de fraternidad, de servicio. Son los que acogen al Se\u00f1or en sus brazos, con intimidad y afecto, y bendicen a Dios dej\u00e1ndole hablar a trav\u00e9s de ellos y de sus vidas. En la intenci\u00f3n de aproximar la Jornada de la Vida Consagrada a la fiesta de la Presentaci\u00f3n de Jes\u00fas en el Templo, se percibe la expectativa de dejarse envolver por la nueva luz que prepara a la Pascua, en reconocimiento de las maravillas realizadas por Dios. Sugiere la actitud de vigilancia, de mantener la luz encendida y mostrar que hay una posibilidad, siempre. Ser luz nosotros mismos, antorchas en nuestras acciones diarias. Esto es lo que el hombre y la mujer consagrados est\u00e1n llamados a hacer, pero en el fondo, cada uno de nosotros es sagrado a los ojos de Dios. Las velas encendidas son un signo de la belleza y el valor de la vida consagrada como reflejo de la luz de Cristo; un signo que recuerda la entrada de Mar\u00eda en el Templo: la virgen, la persona consagrada por excelencia, llevaba en sus brazos la Luz misma, el Verbo hecho carne.<\/p>\n<h2>Celebrar la vida en tiempos de la pandemia<\/h2>\n<p>En este tiempo oscuro en el que es dif\u00edcil ver una luz y todos nos sentimos precarios y fr\u00e1giles, la fiesta de la Presentaci\u00f3n en el Templo nos hace redescubrir la tenacidad y la obstinaci\u00f3n de Sime\u00f3n. Dios viene cada d\u00eda al templo de nuestra vida y de nuestra historia. Se deja tomar en brazos y nos pide que tengamos los ojos luminosos de Sime\u00f3n, Ana y los profetas. En la nostalgia de los abrazos dados y recibidos, permanezcamos centinelas atentos, con la sana inquietud de quien espera, no en vano, en el Se\u00f1or.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hoy, cuarenta d\u00edas despu\u00e9s de la Navidad, es la fiesta de la Presentaci\u00f3n del Se\u00f1or&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":68598,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"content-type":"","_lmt_disableupdate":"","_lmt_disable":"","footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-68595","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized"],"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/68595","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=68595"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/68595\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=68595"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=68595"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=68595"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}