{"id":69260,"date":"2021-02-11T10:29:52","date_gmt":"2021-02-11T14:59:52","guid":{"rendered":"https:\/\/www.diariocatolico.org\/?p=69260"},"modified":"2026-04-17T15:05:13","modified_gmt":"2026-04-17T15:05:13","slug":"mensaje-del-santo-padre-francisco-para-la-xxix-jornada-mundial-del-enfermo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/2021\/02\/11\/mensaje-del-santo-padre-francisco-para-la-xxix-jornada-mundial-del-enfermo\/","title":{"rendered":"MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA XXIX JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO"},"content":{"rendered":"<p>Compartimos el mensaje del Santo Padre Francisco para la XXIX Jornada Mundial del enfermo que fue publicado en diciembre 2020. cuyo tema\u00a0<b>&#8220;Uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos (Mt 23,8). La relaci\u00f3n de confianza, fundamento del cuidado del enfermo&#8221;<\/b>, est\u00e1 inspirado en el pasaje evang\u00e9lico en el que Jes\u00fas critica la hipocres\u00eda de quienes dicen, pero no hacen (cf. Mt 23,1-12). <!--more--><\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p>La celebraci\u00f3n de la 29.<sup>a<\/sup>\u00a0Jornada Mundial del Enfermo, que tendr\u00e1 lugar el 11 de febrero de 2021, memoria de la Bienaventurada Virgen Mar\u00eda de Lourdes, es un momento propicio para brindar una atenci\u00f3n especial a las personas enfermas y a quienes cuidan de ellas, tanto en los lugares destinados a su asistencia como en el seno de las familias y las comunidades. Pienso, en particular, en quienes sufren en todo el mundo los efectos de la pandemia del coronavirus. A todos, especialmente a los m\u00e1s pobres y marginados, les expreso mi cercan\u00eda espiritual, al mismo tiempo que les aseguro la solicitud y el afecto de la Iglesia.<\/p>\n<p>1. El tema de esta Jornada se inspira en el pasaje evang\u00e9lico en el que Jes\u00fas critica la hipocres\u00eda de quienes dicen, pero no hacen (cf.\u00a0<i>Mt<\/i>\u00a023,1-12). Cuando la fe se limita a ejercicios verbales est\u00e9riles, sin involucrarse en la historia y las necesidades del pr\u00f3jimo, la coherencia entre el credo profesado y la vida real se debilita. El riesgo es grave; por este motivo, Jes\u00fas usa expresiones fuertes, para advertirnos del peligro de caer en la idolatr\u00eda de nosotros mismos, y afirma: \u00ab<i>Uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos<\/i>\u00bb (v. 8).<\/p>\n<p>La cr\u00edtica que Jes\u00fas dirige a quienes \u00abdicen, pero no hacen\u00bb (v. 3) es beneficiosa, siempre y para todos, porque nadie es inmune al mal de la hipocres\u00eda, un mal muy grave, cuyo efecto es impedirnos florecer como hijos del \u00fanico Padre, llamados a vivir una fraternidad universal.<\/p>\n<p>Ante la condici\u00f3n de necesidad de un hermano o una hermana, Jes\u00fas nos muestra un modelo de comportamiento totalmente opuesto a la hipocres\u00eda. Propone detenerse, escuchar, establecer una relaci\u00f3n directa y personal con el otro, sentir empat\u00eda y conmoci\u00f3n por \u00e9l o por ella, dejarse involucrar en su sufrimiento hasta llegar a hacerse cargo de \u00e9l por medio del servicio (cf.\u00a0<i>Lc<\/i>\u00a010,30-35).<\/p>\n<p>2. La experiencia de la enfermedad hace que sintamos nuestra propia vulnerabilidad y, al mismo tiempo, la necesidad innata del otro. Nuestra condici\u00f3n de criaturas se vuelve a\u00fan m\u00e1s n\u00edtida y experimentamos de modo evidente nuestra dependencia de Dios. Efectivamente, cuando estamos enfermos, la incertidumbre, el temor y a veces la consternaci\u00f3n, se apoderan de la mente y del coraz\u00f3n; nos encontramos en una situaci\u00f3n de impotencia, porque nuestra salud no depende de nuestras capacidades o de que nos \u201cangustiemos\u201d (cf.\u00a0<i>Mt<\/i>\u00a06,27).<\/p>\n<p>La enfermedad impone una pregunta por el sentido, que en la fe se dirige a Dios; una pregunta que busca un nuevo significado y una nueva direcci\u00f3n para la existencia, y que a veces puede ser que no encuentre una respuesta inmediata. Nuestros mismos amigos y familiares no siempre pueden ayudarnos en esta b\u00fasqueda trabajosa.<\/p>\n<p>A este respecto, la figura b\u00edblica de Job es emblem\u00e1tica. Su mujer y sus amigos no son capaces de acompa\u00f1arlo en su desventura, es m\u00e1s, lo acusan aumentando en \u00e9l la soledad y el desconcierto. Job cae en un estado de abandono e incomprensi\u00f3n. Pero precisamente por medio de esta extrema fragilidad, rechazando toda hipocres\u00eda y eligiendo el camino de la sinceridad con Dios y con los dem\u00e1s, hace llegar su grito insistente a Dios, que al final responde, abri\u00e9ndole un nuevo horizonte. Le confirma que su sufrimiento no es una condena o un castigo, tampoco es un estado de lejan\u00eda de Dios o un signo de su indiferencia. As\u00ed, del coraz\u00f3n herido y sanado de Job, brota esa conmovida declaraci\u00f3n al Se\u00f1or, que resuena con energ\u00eda: \u00abTe conoc\u00eda s\u00f3lo de o\u00eddas, pero ahora te han visto mis ojos\u00bb (42,5).<\/p>\n<p>3. La enfermedad siempre tiene un rostro, incluso m\u00e1s de uno: tiene el rostro de cada enfermo y enferma, tambi\u00e9n de quienes se sienten ignorados, excluidos, v\u00edctimas de injusticias sociales que niegan sus derechos fundamentales (cf. Carta enc.\u00a0<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html#22\">Fratelli tutti<\/a><\/i>, 22). La pandemia actual ha sacado a la luz numerosas insuficiencias de los sistemas sanitarios y carencias en la atenci\u00f3n de las personas enfermas. Los ancianos, los m\u00e1s d\u00e9biles y vulnerables no siempre tienen garantizado el acceso a los tratamientos, y no siempre es de manera equitativa. Esto depende de las decisiones pol\u00edticas, del modo de administrar los recursos y del compromiso de quienes ocupan cargos de responsabilidad. Invertir recursos en el cuidado y la atenci\u00f3n a las personas enfermas es una prioridad vinculada a un principio: la salud es un bien com\u00fan primario. Al mismo tiempo, la pandemia ha puesto tambi\u00e9n de relieve la entrega y la generosidad de agentes sanitarios, voluntarios, trabajadores y trabajadoras, sacerdotes, religiosos y religiosas que, con profesionalidad, abnegaci\u00f3n, sentido de responsabilidad y amor al pr\u00f3jimo han ayudado, cuidado, consolado y servido a tantos enfermos y a sus familiares. Una multitud silenciosa de hombres y mujeres que han decidido mirar esos rostros, haci\u00e9ndose cargo de las heridas de los pacientes, que sent\u00edan pr\u00f3jimos por el hecho de pertenecer a la misma familia humana.<\/p>\n<p>La cercan\u00eda, de hecho, es un b\u00e1lsamo muy valioso, que brinda apoyo y consuelo a quien sufre en la enfermedad. Como cristianos, vivimos la projimidad como expresi\u00f3n del amor de Jesucristo,\u00a0<i>el buen Samaritano,\u00a0<\/i>que con compasi\u00f3n se ha hecho cercano a todo ser humano, herido por el pecado. Unidos a \u00c9l por la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, estamos llamados a ser misericordiosos como el Padre y a amar, en particular, a los hermanos enfermos, d\u00e9biles y que sufren (cf.\u00a0<i>Jn<\/i>\u00a013,34-35). Y vivimos esta cercan\u00eda, no s\u00f3lo de manera personal, sino tambi\u00e9n de forma comunitaria: en efecto, el amor fraterno en Cristo genera una comunidad capaz de sanar, que no abandona a nadie, que incluye y acoge sobre todo a los m\u00e1s fr\u00e1giles.<\/p>\n<p>A este respecto, deseo recordar la importancia de la solidaridad fraterna, que se expresa de modo concreto en el servicio y que puede asumir formas muy diferentes, todas orientadas a sostener al pr\u00f3jimo. \u00abServir significa cuidar a los fr\u00e1giles de nuestras familias, de nuestra sociedad, de nuestro pueblo\u00bb (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/homilies\/2015\/documents\/papa-francesco_20150920_cuba-omelia-la-habana.html\">Homil\u00eda en La Habana<\/a><\/i>, 20 septiembre 2015). En este compromiso cada uno es capaz de \u00abdejar de lado sus b\u00fasquedas, afanes, deseos de omnipotencia ante la mirada concreta de los m\u00e1s fr\u00e1giles. [\u2026] El servicio siempre mira el rostro del hermano, toca su carne, siente su projimidad y hasta en algunos casos la \u201cpadece\u201d y busca la promoci\u00f3n del hermano. Por eso nunca el servicio es ideol\u00f3gico, ya que no se sirve a ideas, sino que se sirve a personas\u00bb (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/homilies\/2015\/documents\/papa-francesco_20150920_cuba-omelia-la-habana.html\">ib\u00edd<\/a><\/i>.).<\/p>\n<p>4. Para que haya una buena terapia, es decisivo el aspecto relacional, mediante el que se puede adoptar un enfoque hol\u00edstico hacia la persona enferma. Dar valor a este aspecto tambi\u00e9n ayuda a los m\u00e9dicos, los enfermeros, los profesionales y los voluntarios a hacerse cargo de aquellos que sufren para acompa\u00f1arles en un camino de curaci\u00f3n, gracias a una relaci\u00f3n interpersonal de confianza (cf.\u00a0<i>Nueva Carta de los agentes sanitarios<\/i>\u00a0[2016], 4). Se trata, por lo tanto, de establecer un pacto entre los necesitados de cuidados y quienes los cuidan; un pacto basado en la confianza y el respeto mutuos, en la sinceridad, en la disponibilidad, para superar toda barrera defensiva, poner en el centro la dignidad del enfermo, tutelar la profesionalidad de los agentes sanitarios y mantener una buena relaci\u00f3n con las familias de los pacientes.<\/p>\n<p>Precisamente esta relaci\u00f3n con la persona enferma encuentra una fuente inagotable de motivaci\u00f3n y de fuerza en la\u00a0<i>caridad de Cristo<\/i>, como demuestra el testimonio milenario de hombres y mujeres que se han santificado sirviendo a los enfermos. En efecto, del misterio de la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo brota el amor que puede dar un sentido pleno tanto a la condici\u00f3n del paciente como a la de quien cuida de \u00e9l. El Evangelio lo testimonia muchas veces, mostrando que las curaciones que hac\u00eda Jes\u00fas nunca son gestos m\u00e1gicos, sino que siempre son fruto de un\u00a0<i>encuentro, de una relaci\u00f3n interpersonal<\/i>, en la que al don de Dios que ofrece Jes\u00fas le corresponde la fe de quien lo acoge, como resume la palabra que Jes\u00fas repite a menudo: \u201cTu fe te ha salvado\u201d.<\/p>\n<p>5. Queridos hermanos y hermanas: El mandamiento del amor, que Jes\u00fas dej\u00f3 a sus disc\u00edpulos, tambi\u00e9n encuentra una realizaci\u00f3n concreta en la relaci\u00f3n con los enfermos. Una sociedad es tanto m\u00e1s humana cuanto m\u00e1s sabe cuidar a sus miembros fr\u00e1giles y que m\u00e1s sufren, y sabe hacerlo con eficiencia animada por el amor fraterno. Caminemos hacia esta meta, procurando que nadie se quede solo, que nadie se sienta excluido ni abandonado.<\/p>\n<p>Le encomiendo a Mar\u00eda, Madre de misericordia y Salud de los enfermos, todas las personas enfermas, los agentes sanitarios y quienes se prodigan al lado de los que sufren. Que Ella, desde la Gruta de Lourdes y desde los innumerables santuarios que se le han dedicado en todo el mundo, sostenga nuestra fe y nuestra esperanza, y nos ayude a cuidarnos unos a otros con amor fraterno. A todos y cada uno les imparto de coraz\u00f3n mi bendici\u00f3n.<\/p>\n<p><i>Roma, San Juan de Letr\u00e1n, 20 de diciembre de 2020, cuarto domingo de Adviento.<\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><b>Francisco<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Compartimos el mensaje del Santo Padre Francisco para la XXIX Jornada Mundial del enfermo que&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":69261,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"content-type":"","_lmt_disableupdate":"","_lmt_disable":"","footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-69260","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized"],"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/69260","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=69260"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/69260\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=69260"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=69260"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=69260"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}