{"id":70834,"date":"2021-03-04T10:33:29","date_gmt":"2021-03-04T15:03:29","guid":{"rendered":"https:\/\/www.diariocatolico.org\/?p=70834"},"modified":"2026-04-17T15:05:14","modified_gmt":"2026-04-17T15:05:14","slug":"meditando-la-palabra-con-mons-ozoria-27","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/2021\/03\/04\/meditando-la-palabra-con-mons-ozoria-27\/","title":{"rendered":"Meditando la Palabra con Mons. Ozoria"},"content":{"rendered":"<p>Muy buenos d\u00edas mi familia.<\/p>\n<p>\u201cMEDITANDO LA PALABRA\u201d<\/p>\n<p>(Lc 16,19-31)<br \/>\n\u201cRecibiste tus bienes, y L\u00e1zaro males: por eso encuentra aqu\u00ed consuelo, mientras que t\u00fa padeces\u201d.<!--more--><\/p>\n<p>En aquel tiempo, dijo Jes\u00fas a los fariseos:<br \/>\n-Hab\u00eda un hombre rico que se vest\u00eda de p\u00farpura y de lino y banqueteaba espl\u00e9ndidamente cada d\u00eda.<br \/>\nY un mendigo llamado L\u00e1zaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico, pero nadie se lo daba.<br \/>\nY hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas.<br \/>\nSucedi\u00f3 que se muri\u00f3 el mendigo y los \u00e1ngeles lo llevaron al seno de Abrah\u00e1n.<br \/>\nSe muri\u00f3 tambi\u00e9n el rico y lo enterraron. Y estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrah\u00e1n y a L\u00e1zaro en su seno, y grit\u00f3:<br \/>\n-Padre Abrah\u00e1n, ten piedad de m\u00ed y manda a L\u00e1zaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas.<br \/>\nPero Abrah\u00e1n le contest\u00f3:<br \/>\n-Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida y L\u00e1zaro a su vez males: por eso encuentra aqu\u00ed consuelo, mientras que t\u00fa padeces.<br \/>\nY adem\u00e1s entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aqu\u00ed hacia vosotros, ni puedan pasar de ah\u00ed hasta nosotros.<br \/>\nEl rico insisti\u00f3:<br \/>\n-Te ruego, entonces, padre, que mandes a L\u00e1zaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan tambi\u00e9n ellos a este lugar de tormento.<br \/>\nAbrah\u00e1n le dice:<br \/>\n-Tienen a Mois\u00e9s y a los profetas: que los escuchen.<br \/>\nEl rico contest\u00f3:<br \/>\n-No, padre Abrah\u00e1n. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentir\u00e1n.<br \/>\nAbrah\u00e1n le dijo:<br \/>\n-Si no escuchan a Mois\u00e9s y a los profetas, no har\u00e1n caso ni aunque resucite un muerto.<\/p>\n<p>*********<\/p>\n<p>Cuaresma es el tiempo de la gracia, el tiempo de COMPARTIR.<br \/>\nEl mayor problema de hoy, es la falta de compartir. Por eso se habla de una brecha creciente entre unos pocos que tienen de todo, y una inmensa mayor\u00eda que no tienen ni siquiera lo necesario para vivir con dignidad como persona.<br \/>\nCuaresma y Todo el tiempo, es tiempo de Compartir.<br \/>\nBendiciones.<\/p>\n<p>+ Mons. Francisco Ozoria A.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Muy buenos d\u00edas mi familia. \u201cMEDITANDO LA PALABRA\u201d (Lc 16,19-31) \u201cRecibiste tus bienes, y L\u00e1zaro&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":70835,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"content-type":"","_lmt_disableupdate":"","_lmt_disable":"","footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-70834","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized"],"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/70834","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=70834"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/70834\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=70834"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=70834"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=70834"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}