{"id":74398,"date":"2021-04-26T09:59:47","date_gmt":"2021-04-26T14:29:47","guid":{"rendered":"https:\/\/www.diariocatolico.org\/?p=74398"},"modified":"2026-04-17T15:05:23","modified_gmt":"2026-04-17T15:05:23","slug":"hoy-se-conmemora-a-san-isidoro-de-sevilla-obispo-y-doctor-de-la-iglesia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/2021\/04\/26\/hoy-se-conmemora-a-san-isidoro-de-sevilla-obispo-y-doctor-de-la-iglesia\/","title":{"rendered":"Hoy se conmemora  a San Isidoro de Sevilla, obispo y doctor de la Iglesia"},"content":{"rendered":"<h1 class=\"name\">San Isidoro de Sevilla<\/h1>\n<h3 class=\"celebration\">Celebrado El 26 De Abril<\/h3>\n<p>Naci\u00f3 en Sevilla en el a\u00f1o 556. Era el menor de cuatro hermanos, todos los cuales fueron santos y tres de ellos obispos. San Leandro, San Fulgencio y Santa Florentina se llamaron sus hermanos.<!--more--><\/p>\n<p>Su hermano mayor, San Leandro, que era obispo de Sevilla, se encarg\u00f3 de su educaci\u00f3n obteniendo que Isidoro adquiriera el h\u00e1bito o costumbre de dedicar mucho tiempo a estudiar y leer, lo cual le fue de gran provecho para toda la vida.<\/p>\n<p>Al morir Leandro, lo reemplaz\u00f3 Isidoro como obispo de Sevilla, y dur\u00f3 38 a\u00f1os ejerciendo aquel cargo, con gran brillo y notables \u00e9xitos.<\/p>\n<p>Isidoro fue el obispo m\u00e1s sabio de su tiempo en Espa\u00f1a. Pose\u00eda la mejor biblioteca de la naci\u00f3n. Escribi\u00f3 varios libros que se hicieron famosos y fueron muy le\u00eddos por varios siglos como por ej. Las Etimolog\u00edas, que se pueden llamar el Primer Diccionario que se hizo en Europa. Tambi\u00e9n escribi\u00f3 La Historia de los Visigodos y biograf\u00edas de hombres ilustres.<\/p>\n<p>San Isidoro es como un puente entre la Edad Antigua que se acababa y la Edad Media que empezaba. Su influencia fue muy grande en toda Europa y especial\u00edsimamente en Espa\u00f1a, y su ejemplo llev\u00f3 a muchos a dedicar sus tiempos libres al estudio y a las buenas lecturas.<\/p>\n<p>Fue la figura principal en el Concilio de Toledo (a\u00f1o 633) del cual salieron leyes important\u00edsimas para toda la Iglesia de Espa\u00f1a y que contribuyeron muy fuertemente a mantener firme la religiosidad en el pa\u00eds.<\/p>\n<p>Se preocupaba mucho porque el clero fuera muy bien instruido y para eso se esforz\u00f3 porque en cada di\u00f3cesis hubiera un colegio para preparar a los futuros sacerdotes, lo cual fue como una preparaci\u00f3n a los seminarios que siglos m\u00e1s tarde se iban a fundar en todas partes.<\/p>\n<p>Dice San Ildefonso que &#8220;la facilidad de palabra era tan admirable en San Isidoro, que las multitudes acud\u00edan de todas partes a escucharle y todos quedaban maravillados de su sabidur\u00eda y del gran bien que se obten\u00eda al o\u00edr sus ense\u00f1anzas&#8221;.<\/p>\n<p>Su amor a los pobres era inmenso, y como sus limosnas eran tan generosas, su palacio se ve\u00eda continuamente visitado por gentes necesitadas que llegaban a pedir y recibir ayudas. De todas las ciencias la que m\u00e1s le agradaba y m\u00e1s recomendaba era el estudio de la Sagrada Biblia, y escribi\u00f3 unos comentarios acerca de cada uno de los libros de la S. Biblia. Cuando sinti\u00f3 que iba a morir, pidi\u00f3 perd\u00f3n p\u00fablicamente por todas las faltas de su vida pasada y suplic\u00f3 al pueblo que rogara por \u00e9l a Dios. A los 80 a\u00f1os de edad muri\u00f3, el 4 de abril del a\u00f1o 636.<\/p>\n<p>La Santa Sede de Roma lo declar\u00f3 &#8220;Doctor de la Iglesia&#8221;.<\/p>\n<p>_______________________________________________________________________<\/p>\n<p><strong>Benedicto XVI<\/strong>; San Isidoro de Sevilla,<\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas: Hoy quisiera hablar de san Isidoro de Sevilla: era hermano menor de Leandro, obispo de Sevilla, y gran amigo del Papa Gregorio Magno. Esta observaci\u00f3n es importante, pues constituye un elemento cultural y espiritual indispensable para comprender la personalidad de Isidoro. En efecto, le debe mucho a Leandro, persona muy exigente, estudiosa y austera, que hab\u00eda creado en torno a su hermano menor un contexto familiar caracterizado por las exigencias asc\u00e9ticas propias de un monje y por los ritmos de trabajo exigidos por una seria entrega al estudio.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, Leandro se hab\u00eda preocupado por disponer lo necesario para afrontar la situaci\u00f3n pol\u00edtico-social del momento: en aquellas d\u00e9cadas los visigodos, b\u00e1rbaros y arianos, hab\u00edan invadido la pen\u00ednsula ib\u00e9rica y se hab\u00edan adue\u00f1ado de los territorios que pertenec\u00edan al Imperio Romano.<\/p>\n<p>Era necesario conquistarlos a la romanidad y al catolicismo. La casa de Leandro y de Isidoro contaba con una biblioteca sumamente rica de obras cl\u00e1sicas, paganas y cristianas. Isidoro, que sent\u00eda la atracci\u00f3n tanto de unas como de otras, aprendi\u00f3 bajo la responsabilidad de su hermano mayor una disciplina f\u00e9rrea para dedicarse a su estudio, con discernimiento.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0En la sede episcopal de Sevilla se viv\u00eda, por tanto, en un clima sereno y abierto.<\/p>\n<p>Lo podemos deducir a partir de los intereses culturales y espirituales de Isidoro, tal y como emergen de sus mismas obras, que comprenden un conocimiento enciclop\u00e9dico de la cultura cl\u00e1sica pagana y un conocimiento profundo de la cultura cristiana. De este modo se explica el eclecticismo que caracteriza la producci\u00f3n literaria de Isidoro, el cual pasa con suma facilidad de Marcial a Agust\u00edn, de Cicer\u00f3n a Gregorio Magno.<\/p>\n<p>La lucha interior que tuvo que afrontar el joven Isidoro, que se convirti\u00f3 en sucesor del hermano Leandro en la c\u00e1tedra episcopal de Sevilla, en el a\u00f1o 599, no fue ni mucho menos f\u00e1cil. Quiz\u00e1 se debe a esta lucha constante consigo mismo la impresi\u00f3n de un exceso de voluntarismo que se percibe leyendo las obras de este gran autor, considerado como el \u00faltimo de los padres cristianos de la antig\u00fcedad.<\/p>\n<p>Pocos a\u00f1os despu\u00e9s de su muerte, que tuvo lugar en el a\u00f1o 636, el Concilio de Toledo (653) le defini\u00f3: &#8220;Ilustre maestro de nuestra \u00e9poca, y gloria de la Iglesia cat\u00f3lica&#8221;.\u00a0\u00a0 Isidoro fue, sin duda, un hombre de contraposiciones dial\u00e9cticas acentuadas. E incluso, en su vida personal, experiment\u00f3 un conflicto interior permanente, sumamente parecido al que ya hab\u00edan vivido san Gregorio Magno y san Agust\u00edn, entre el deseo de soledad, para dedicarse \u00fanicamente a la meditaci\u00f3n de la Palabra de Dios, y las exigencias de la caridad hacia los hermanos de cuya salvaci\u00f3n se sent\u00eda encargado, como obispo.<\/p>\n<p>Por ejemplo, sobre los responsables de la Iglesia escribe: &#8220;El responsable de una Iglesia (vir ecclesiasticus) por una parte tiene que dejarse crucificar al mundo con la mortificaci\u00f3n de la carne, y por otra, tiene que aceptar la decisi\u00f3n del orden eclesi\u00e1stico, cuando procede de la voluntad de Dios, de dedicarse al gobierno con humildad, aunque no quisiera hacerlo&#8221; (Libro de las Sentencias III, 33, 1: PL 83, col. 705 B).<\/p>\n<p>Y a\u00f1ade un p\u00e1rrafo despu\u00e9s: &#8220;Los hombres de Dios (sancti viri) no desean ni mucho menos dedicarse a las cosas seculares y gimen cuando, por un misterioso designio divino, se les encargan ciertas responsabilidades&#8230; Hacen todo lo posible para evitarlas, pero aceptan aquello que no quisieran y hacen lo que habr\u00edan querido evitar. Entran as\u00ed en el secreto del coraz\u00f3n y all\u00ed, adentro, tratan de comprender qu\u00e9 es lo que les pide la misteriosa voluntad de Dios.<\/p>\n<p>Y cuando se dan cuenta de que tienen que someterse a los designios de Dios, agachan la cabeza del coraz\u00f3n bajo el yugo de la decisi\u00f3n divina&#8221; (Libro de las Sentencias III, 33, 3: PL 83, col. 705-706).\u00a0\u00a0 Para comprender mejor a Isidoro es necesario recordar, ante todo, la complejidad de las situaciones pol\u00edticas de su tiempo, que antes mencionaba: durante los a\u00f1os de la ni\u00f1ez hab\u00eda tenido que experimentar la amargura del exilio.<\/p>\n<p>A pesar de ello, estaba lleno de entusiasmo: experimentaba la pasi\u00f3n de contribuir a la formaci\u00f3n de un pueblo que encontraba finalmente su unidad, tanto a nivel pol\u00edtico como religioso, con la conversi\u00f3n providencial del heredero al trono, el visigodo Ermenegildo, del arrianismo a la fe cat\u00f3lica.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Sin embargo, no hay que minusvalorar la enorme dificultad que supone afrontar de manera adecuada los problemas sumamente graves, como los de las relaciones con los herejes y con los jud\u00edos.<\/p>\n<p>Toda una serie de problemas que resultan tambi\u00e9n hoy muy concretos, si pensamos en lo que sucede en algunas regiones donde parecen replantearse situaciones muy parecidas a las de la pen\u00ednsula ib\u00e9rica del siglo VI.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0La riqueza de los conocimientos culturales de que dispon\u00eda Isidoro le permit\u00eda confrontar continuamente la novedad cristiana con la herencia cl\u00e1sica grecorromana. M\u00e1s que el don precioso de la s\u00edntesis, parece que ten\u00eda el de la collatio, es decir, la recopilaci\u00f3n, que se expresaba en una extraordinaria erudici\u00f3n personal, no siempre tan ordenada como se hubiera podido desear.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0En todo caso, hay que admirar su preocupaci\u00f3n por no dejar de lado nada de lo que la experiencia humana produjo en la historia de su patria y del mundo. No hubiera querido perder nada de lo que el ser humano aprendi\u00f3 en las \u00e9pocas antiguas, ya fueran \u00e9stas paganas, jud\u00edas o cristianas.<\/p>\n<p>Por tanto, no debe sorprender el que, al perseguir este objetivo, no lograra transmitir adecuadamente, como \u00e9l hubiera querido, los conocimientos que pose\u00eda, a trav\u00e9s de las aguas purificadoras de la fe cristiana. Sin embargo, seg\u00fan las intenciones de Isidoro, las propuestas que presenta siempre est\u00e1n en sinton\u00eda con la fe cat\u00f3lica, defendida por \u00e9l con firmeza.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Percibe la complejidad en la discusi\u00f3n de los problemas teol\u00f3gicos y propone a menudo, con agudeza, soluciones que recogen y expresan la verdad cristiana completa. Esto ha permitido a creyentes a trav\u00e9s de los siglos hasta nuestros d\u00edas servirse con gratitud de sus definiciones.\u00a0\u00a0Un ejemplo significativo en este sentido es la ense\u00f1anza de Isidoro sobre las relaciones entre vida activa y vida contemplativa.<\/p>\n<p>Escribe: &#8220;Quienes tratan de lograr el descanso de la contemplaci\u00f3n tienen que entrenarse antes en el estadio de la vida activa; de este modo, liberados de los residuos del pecado, ser\u00e1n capaces de presentar ese coraz\u00f3n puro que permite ver a Dios&#8221; (Diferencias II, 34, 133: PL 83, col 91A).\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0El realismo de aut\u00e9ntico pastor le convence del riesgo que corren los fieles de vivir una vida reducida a una sola dimensi\u00f3n. Por este motivo, a\u00f1ade: &#8220;El camino intermedio, compuesto por una y otra forma de vida, resulta normalmente el m\u00e1s \u00fatil para resolver esas cuestiones, que con frecuencia se agudizan con la opci\u00f3n por un s\u00f3lo tipo de vida; sin embargo, son mejor moderadas por una alternancia de las dos formas&#8221; (o.c., 134: ivi, col 91B).\u00a0\u00a0 Isidoro busca la confirmaci\u00f3n definitiva de una orientaci\u00f3n adecuada de vida en el ejemplo de Cristo y dice: &#8220;El Salvador Jes\u00fas nos ofreci\u00f3 el ejemplo de la vida activa, cuando durante el d\u00eda se dedicaba a ofrecer signos y milagros en la ciudad, pero mostr\u00f3 la vida contemplativa cuando se retiraba a la monta\u00f1a y pasaba la noche dedicado a la oraci\u00f3n&#8221; (o.c. 134: ivi).<\/p>\n<p>A la luz de este ejemplo del divino Maestro, Isidoro ofrece esta precisa ense\u00f1anza moral: &#8220;Por este motivo, el siervo de Dios, imitando a Cristo, debe dedicarse a la contemplaci\u00f3n, sin negarse a la vida activa. Comportarse de otra manera no ser\u00eda justo. De hecho, as\u00ed como hay que amar a Dios con la contemplaci\u00f3n, tambi\u00e9n hay que amar al pr\u00f3jimo con la acci\u00f3n. Es imposible, por tanto, vivir sin una ni otra forma de vida, ni es posible amar si no se hace la experiencia tanto de una como de otra&#8221; (o.c., 135: ivi, col 91C).\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Considero que esta es la s\u00edntesis de una vida que busca la contemplaci\u00f3n de Dios, el di\u00e1logo con Dios en la oraci\u00f3n y en la lectura de la Sagrada Escritura, as\u00ed como la acci\u00f3n al servicio de la comunidad humana y del pr\u00f3jimo. Esta s\u00edntesis es la lecci\u00f3n que nos deja el gran obispo de Sevilla a los cristianos de hoy, llamados a testimoniar a Cristo al inicio del nuevo milenio.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/files.evangelizo.org\/images\/santibeati\/I\/Sant_Isidoro_di_Siviglia_Vescovo_e_dottore_della_Chiesa\/Sant_Isidoro_di_Siviglia.jpg\" \/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>San Isidoro de Sevilla Celebrado El 26 De Abril Naci\u00f3 en Sevilla en el a\u00f1o&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":74399,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"content-type":"","_lmt_disableupdate":"","_lmt_disable":"","footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-74398","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized"],"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/74398","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=74398"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/74398\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=74398"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=74398"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=74398"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}