{"id":83006,"date":"2021-09-20T10:12:20","date_gmt":"2021-09-20T14:42:20","guid":{"rendered":"https:\/\/www.diariocatolico.org\/?p=83006"},"modified":"2026-04-17T15:05:34","modified_gmt":"2026-04-17T15:05:34","slug":"hoy-se-celebra-a-san-andres-kim-taegon-presbitero-y-san-pablo-chong-hasang-y-companeros-martires","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/2021\/09\/20\/hoy-se-celebra-a-san-andres-kim-taegon-presbitero-y-san-pablo-chong-hasang-y-companeros-martires\/","title":{"rendered":"Hoy se celebra a San Andr\u00e9s Kim Taegon, Presb\u00edtero, y San Pablo Chong Hasang y Compa\u00f1eros, M\u00e1rtires"},"content":{"rendered":"<p>Hoy, 20 de septiembre, celebramos a San Andr\u00e9s Kim (1821-1846), primer sacerdote coreano, junto a sus 102 compa\u00f1eros m\u00e1rtires.\u00a0toral a Corea del Sur.<!--more--><\/p>\n<p>Memoria de los santos Andr\u00e9s Kim Taegon, presb\u00edtero, Pablo Chong Hasang y compa\u00f1eros, m\u00e1rtires en Corea. Se veneran este d\u00eda en com\u00fan celebraci\u00f3n todos los ciento tres m\u00e1rtires que en aquel pa\u00eds testificaron intr\u00e9pidamente la fe cristiana, introducida fervientemente por algunos laicos, y despu\u00e9s alimentada y reafirmada por la predicaci\u00f3n y celebraci\u00f3n de los sacramentos por medio de los misioneros. Todos estos atletas de Cristo -tres obispos, ocho presb\u00edteros, y los restantes, laicos, casados o no, ancianos, j\u00f3venes y ni\u00f1os-, unidos en el suplicio, consagraron con su sangre preciosa las primicias de la Iglesia en Corea. Estos son sus nombres: santos Sime\u00f3n Berneux, Antonio Daveluy, Lorenzo Imbert, obispos; Justo Ranfer de Breteni\u00e8res, Ludovico Beaulieu, Pedro Enrique Doric, Padro Maubant, Jacobo Chastan, Pedro Auma\u00eetre, Mart\u00edn Lucas Huin, presb\u00edteros; Juan Yi Yun-il, Andr\u00e9s Chong Hwa-gyong, Esteban Min Kuk-ka, Pablo Ho Hyob, Agust\u00edn Pak Chong-won, Pedro Hong Pyong-ju, Pablo Hong Y\u00f4ng-ju, Jos\u00e9 Chang Chu-gi, Tom\u00e1s Son Cha-son, Lucas Hwang Sok-tu, Dami\u00e1n Nam Myong-hyog, Francisco Ch&#8217;oe Kyong-hwan, Carlos Hyon Song-mun, Lorenzo Han I-hyong, Pedro Nam Kyong-mun, Agust\u00edn Yu Chin-gil, Pedro Yi Ho-yong, Pedro Son Son-ji, Benedicta Hyon Kyongnyon, Pedro Ch&#8217;oe Ch&#8217;ang-hub, catequistas; Agueda Yi, Mar\u00eda Yi In-dog, B\u00e1rbara Yi, Mar\u00eda Won Kwi-im, Teresa Kim Im-i, Columba Kim Hyo-im, Magdalena Cho, Isabel Chong Chong-hye, v\u00edrgenes; Teresa Kim, B\u00e1rbara Kim, Susana U Sur-im, Agueda Yi Kan-nan, Magdalena Pak Pong-son, Perpetua Hong Kum-ju, Catalina Yi, Cecilia Yu So-sa, B\u00e1rbara Cho Chung-i, Magdalena Han Yong-i, viudas; Magdalena Son So-byog, \u00c1gueda Yi Kyong-i, \u00c1gueda Kwon Chin-i, Juan Yi Mun-u, B\u00e1rbara Ch&#8217;oe Yong-i, Pedro Yu Chong-nyul, Juan Bautista Nam Chong-sam, Juan Bautista Chon Chang-un, Pedro Ch&#8217;oe Hyong, Marcos Chong Ui-bae, Alejo U Se-yong, Antonio Kim Song-u, Protasio Chong Kuk-bo, Agust\u00edn Yi Kwang-hon, \u00c1gueda Kim A-gi, Magdalena Kim O-bi, B\u00e1rbara Han A-gi, Ana Pak Ag-i, \u00c1gueda Yi So-sa, Luc\u00eda Pak Hui-sun, Pedro Kwon Tu-gin, Jos\u00e9 Chang Song-jib, Magdalena Yi Yong-hui, Teresa Yi Mae-im, Marta Kim Song-im, Luc\u00eda Kim, Rosa Kim, Ana Kim Chang-gum, Juan Bautista Yi Kwang-nyol, Juan Pak Hu jae, Mar\u00eda Pak Kun-a-gi Hui-sun, B\u00e1rbara Kwon-hui, B\u00e1rbara Yi Chong-hui, Mar\u00eda Yi Yon-hui, In\u00e9s Kim Hyo-ju, Catalina Chong Ch&#8217;or-yom, Jos\u00e9 Im Ch&#8217;i-baeg, Sebasti\u00e1n Nam I-gwan, Ignacio Kim Che-jun, Carlos Cho Shin-ch&#8217;ol, Julita Kim, \u00c1gueda Chon Kyong-hyob, Magdalena Ho Kye-im, Luc\u00eda Kim, Pedro Yu Taech&#8217;ol, Pedro Cho Hwa-so, Pedro Yi Myong-so, Bartolom\u00e9 Chong Mun-ho, Jos\u00e9 Pedro Han Chae-kwon, Pedro Chong Won-ji, Jos\u00e9 Cho Yun-ho, B\u00e1rbara Ko Sun-i y Magdalena Yi Yong-dog.<\/p>\n<p>Corea es uno de los pocos pa\u00edses del mundo en donde el cristianismo fue introducido por otros medios que el de los misioneros. Durante el siglo dieciocho se difundieron por el pa\u00eds algunos libros cristianos escritos en chino, y uno de los hombres que los leyeron, se las arregl\u00f3 para ingresar al servicio diplom\u00e1tico del gobierno coreano ante el de Pek\u00edn, busc\u00f3 en la capital de China al obispo Mons. de Gouvea y de sus manos recibi\u00f3 el bautismo y algunas instrucciones. Aquel hombre regres\u00f3 a su tierra en 1784, y cuando un sacerdote chino lleg\u00f3 a Corea, diez a\u00f1os m\u00e1s tarde, se encontr\u00f3 con que le estaban esperando cuatro mil cristianos bien instruidos, pero sin bautizar. Aquel sacerdote fue el \u00fanico pastor del reba\u00f1o durante siete a\u00f1os, pero en 1801 fue asesinado y, durante tres d\u00e9cadas, los cristianos de Corea estuvieron privados de un ministro de su religi\u00f3n. Existe una carta escrita por los coreanos para implorar al Papa P\u00edo VII que enviase sacerdotes a aquella peque\u00f1a grey que, sin embargo, ya hab\u00eda dado m\u00e1rtires a la Iglesia. En 1831 se cre\u00f3 el vicariato apost\u00f3lico de Corea, pero su primer vicario nunca lleg\u00f3 a ocupar su puesto. El sucesor, Mons. Lorenzo Jos\u00e9 Mar\u00eda Imbert, obispo titular de Capsa, miembro de las Misiones Extranjeras de Par\u00eds y residente en China desde hac\u00eda doce a\u00f1os, entr\u00f3 a Corea, disfrazado, a fines de 1837. Le hab\u00edan precedido por poco tiempo, san Pedro Filiberto Maubant y san Jacobo Honorato Chastan, sacerdotes de la misma sociedad misionera.<\/p>\n<p>El cristianismo no hab\u00eda sido definitivamente proscrito en Corea y, durante el transcurso de dos a\u00f1os, los misioneros realizaron su trabajo ocultamente, pero sin ser molestados. Sobre las circunstancias y dificultades que debieron afrontar, escribi\u00f3 Mons. Imbert: \u00abEstoy abrumado de fatiga y en grave peligro. Es necesario dejar el lecho a las dos y media de la madrugada, todos los d\u00edas, puesto que a las tres hay que congregar al pueblo en la casa para las oraciones. A las tres y media, comienzo a desempe\u00f1ar los deberes de mi ministerio y debo bautizar si hay nuevos convertidos y tambi\u00e9n confirmar. Despu\u00e9s viene la misa, la comuni\u00f3n y la acci\u00f3n de gracias. De esta manera, las quince o veinte personas que recibieron los sacramentos, pueden dispersarse al amparo de las sombras, antes del alba. Pero durante las horas deT d\u00eda llegan otros tantos, uno por uno, en procura de confesi\u00f3n y ya no pueden irse hasta la madrugada siguiente, despu\u00e9s de la comuni\u00f3n. Yo me quedo dos d\u00edas en cada una de nuestras casas donde re\u00fano a los cristianos y, antes del alba del tercer d\u00eda, me voy con ellos, en la oscuridad, a otra casa. Muchas veces he sufrido el aguijonazo del hambre, porque no es cualquier cosa, en este clima fr\u00edo y h\u00famedo, levantarse a las dos y media de la madrugada y permanecer en ayunas hasta el medio d\u00eda, cuando puedo comer algunos alimentos pobres e insuficientes. Despu\u00e9s de la comida, descanso un poco hasta que se presentan mis alumnos de catecismo y, por fin, vuelvo al confesionario hasta que cae la noche. A las nueve voy a dormir, sobre una estera, en el suelo y cubierto con una manta de lana de los t\u00e1rtaros; no hay camas ni colchones en Corea. A pesar de la debilidad de mi cuerpo y mi quebrantada salud, siempre he llevado una vida dura y muy ocupada, pero me parece que aqu\u00ed ya alcanc\u00e9 el \u00faltimo l\u00edmite del esfuerzo. Se puede comprender f\u00e1cilmente que, en una existencia como la que llevamos, apenas si tememos el golpe de espada que, en cualquier momento, puede acabar con ella\u00bb.<\/p>\n<p>Por aquellos medios heroicos aument\u00f3 el n\u00famero de los cristianos en Corea de 6000 a 9000, en menos de dos a\u00f1os. Fue entonces cuando se descubrieron sus actividades y se emiti\u00f3 un decreto para el exterminio de los fieles. Como un ejemplo de los horrores que tuvieron lugar entonces, basta citar lo que le sucedi\u00f3 a santa Agata Kim, una de la m\u00e1rtires. Se le pregunt\u00f3 a la infortunada mujer si era cierto que practicaba la religi\u00f3n cristiana \u00abConozco a Jes\u00fas y a Mar\u00eda\u00bb, respondi\u00f3 con absoluta sencillez; \u00abpero no conozco nada m\u00e1s\u00bb. \u00abSi te torturamos, te olvidar\u00e1s de tu Jes\u00fas y tu Mar\u00eda\u00bb, le dijeron. \u00ab\u00a1Aunque tenga que morir, no los olvidar\u00e9!\u00bb Fue cruelmente atormentada y, por fin, se la conden\u00f3 a morir. En el travesa\u00f1o de una alta cruz sujeta a una carreta fue colgada Agata por sus mu\u00f1ecas y por su cabellera. La carreta fue conducida hasta la cumbre de una cuesta pedregosa y, desde ah\u00ed se azuz\u00f3 a los bueyes para que arrastrasen a la carreta cuesta abajo, entre brincos y zarandeos y, a cada movimiento, la infeliz mujer, sujeta por los cabellos y los pu\u00f1os, se sacud\u00eda violentamente. Al t\u00e9rmino de aquella carrera, fue descolgada, se le arrancaron las vestiduras hasta dejarla desnuda; uno de los verdugos le sujet\u00f3 la cabeza contra una piedra y otro se la cort\u00f3 con un golpe de espada. San Juan Ri escrib\u00eda desde la prisi\u00f3n: \u00abTranscurrieron dos o tres meses antes de que el juez mandara por m\u00ed y, en ese tiempo, estuve triste e inquieto. Los pecados de mi vida entera, en la que tantas veces ofend\u00ed a Dios por pura maldad, parec\u00edan pesar sobre m\u00ed como una monta\u00f1a; de continuo me preguntaba: \u00bfCu\u00e1l ser\u00e1 el fin de todo esto? Sin embargo, nunca perd\u00eda la esperanza. Al d\u00e9cimo d\u00eda de la d\u00e9cima segunda luna, fui llevado ante el juez, quien orden\u00f3 que fuera apaleado. \u00bfC\u00f3mo hubiera podido resistirlo tan s\u00f3lo con mis propias fuerzas? Pero la fuerza del Se\u00f1or, las plegarias de Mar\u00eda y de los santos y de nuestros m\u00e1rtires, me sostuvieron tan bien, que ahora me parece que apenas si sufr\u00ed. Yo no puedo pagar tan grande misericordia y ofrecer mi vida es justo\u00bb.<\/p>\n<p>A fin de evitar una matanza general y el posible peligro de la apostas\u00eda, Mons. Imbert se entreg\u00f3, despu\u00e9s de recomendar a los padres Maubant y Chastan, que hicieran lo mismo. Estos se pusieron a escribir una carta a Roma para dar cuenta de su actitud y del estado en que dejaban la misi\u00f3n y se entregaron. Los tres recibieron su raci\u00f3n de bastonazos. Atados a unos bancos con respaldo, fueron conducidos a las orillas del r\u00edo que corre cerca de Seul, donde los tres, siempre sobre los bancos, fueron atados juntos a un grueso poste, contra el cual el verdugo les cort\u00f3 la cabeza. El triple martirio ocurri\u00f3 el 21 de septiembre de 1839. En el a\u00f1o de 1904, las reliquias de ochenta y un m\u00e1rtires de Corea fueron trasladadas a la iglesia episcopal del vicario apost\u00f3lico en Seul y, en 1925, fueron beatificados Mons. Lorenzo Imbert y sus compa\u00f1eros. El primer sacerdote coreano martirizado, fue san Andr\u00e9s Kim, en 1846. El 6 de mayo de 1984, el papa Juan Pablo II celebr\u00f3 la canonizaci\u00f3n de 103 beatos m\u00e1rtires de Corea, en la propia Se\u00fal, primera vez que, en los \u00faltimos siglos, se realizaba una canonizaci\u00f3n fuera de Roma. La semblanza de cada uno de los m\u00e1rtires, en la medida en que hemos podido conseguirla, se puede leer en el d\u00eda respectivo de cada martirio.<\/p>\n<p><strong>Fuente:<\/strong>\u00a0\u00abVidas de los santos de A. Butler\u00bb, Herbert Thurston, SI<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/files.evangelizo.org\/images\/santibeati\/M\/Santi_Martiri_Coreani-Andrea_Kim_Taegon_Paolo_Chong_Hasang_e_compagni\/Santi_Martiri_Coreani-Andrea_Kim_Taegon_Paolo_Chong_Hasang_e_compagni-C.jpg\" \/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hoy, 20 de septiembre, celebramos a San Andr\u00e9s Kim (1821-1846), primer sacerdote coreano, junto a&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":83007,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"content-type":"","_lmt_disableupdate":"","_lmt_disable":"","footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-83006","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized"],"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83006","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=83006"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83006\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=83006"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=83006"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=83006"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}