{"id":83911,"date":"2021-10-04T11:03:44","date_gmt":"2021-10-04T15:33:44","guid":{"rendered":"https:\/\/www.diariocatolico.org\/?p=83911"},"modified":"2026-04-17T15:05:39","modified_gmt":"2026-04-17T15:05:39","slug":"hoy-celebramos-a-san-francisco-de-asis-ejemplo-de-pobreza-armonia-y-paz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/2021\/10\/04\/hoy-celebramos-a-san-francisco-de-asis-ejemplo-de-pobreza-armonia-y-paz\/","title":{"rendered":"Hoy celebramos a San Francisco de As\u00eds, ejemplo de pobreza, armon\u00eda y paz"},"content":{"rendered":"<p>\u00abEl hombre de hoy necesita la fe, la esperanza y la caridad de Francisco; necesita la alegr\u00eda de brota de la pobreza de esp\u00edritu, esto es, de una libertad interior\u00bb. -Juan Pablo II.<\/p>\n<p>\u201cConozco a Cristo pobre y crucificado, y eso me basta&#8221;<br \/>\n(San Francisco de As\u00eds, c.1182-1226).<\/p>\n<p>Cada 4 de octubre la Iglesia universal celebra a San Francisco de As\u00eds, el santo que se uni\u00f3 a Cristo en sus dolores, el hombre que se santific\u00f3 en la pobreza, el santo que reconoci\u00f3 a Dios en la naturaleza.<!--more--><\/p>\n<p><strong>Vida de San Francisco<\/strong><\/p>\n<p>\u00a0Naci\u00f3 en As\u00eds (Italia), el a\u00f1o 1182. Despu\u00e9s de una juventud disipada en diversiones, se convirti\u00f3, renunci\u00f3 a los bienes paternos y se entreg\u00f3 de lleno a Dios. Abraz\u00f3 la pobreza y vivi\u00f3 una vida evang\u00e9lica, predicando a todos el amor de Dios. Dio a sus seguidores unas sabias normas, que luego fueron aprobadas por la Santa Sede. Inici\u00f3 tambi\u00e9n una Orden de religiosas y un grupo de penitentes que viv\u00edan en el mundo, as\u00ed como la predicaci\u00f3n entre los infieles. Muri\u00f3 el a\u00f1o 1226.<\/p>\n<p>\u00a0<strong>Un santo para todos<\/strong><\/p>\n<p>Ciertamente no existe ning\u00fan santo que sea tan popular como \u00e9l tanto entre cat\u00f3licos como entre los protestantes y aun entre los no cristianos. San Francisco de As\u00eds cautiv\u00f3 la imaginaci\u00f3n de sus contempor\u00e1neos present\u00e1ndoles la pobreza, la castidad y la obediencia con la pureza y fuerza de un testimonio radical. Lleg\u00f3 a ser conocido como el Pobre de As\u00eds por su matrimonio con la Pobreza, su amor por los pajarillos y toda la naturaleza. Todo ello refleja un alma en la que Dios lo era todo sin divisi\u00f3n, un alma que se nutr\u00eda de las verdades de la fe cat\u00f3lica y que se hab\u00eda entregado enteramente, no s\u00f3lo a Cristo, sino a Cristo crucificado.<\/p>\n<p><strong>Nacimiento y vida familiar <\/strong><\/p>\n<p>Francisco naci\u00f3 en As\u00eds, ciudad de Umbr\u00eda, en el a\u00f1o 1182. Su padre, Pedro Bernardone, era comerciante. El nombre de su madre era Pica y algunos autores afirman que pertenec\u00eda a una noble familia de la Provenza. Tanto el padre como la madre de Francisco eran personas acomodadas. Pedro Bernardone comerciaba especialmente en Francia. Como se hallase en dicho pa\u00eds cuando naci\u00f3 su hijo, las gentes le apodaron &#8220;Francesco&#8221; (el franc\u00e9s), por m\u00e1s que en el bautismo recibi\u00f3 el nombre de Juan. En su juventud, Francisco era muy dado a las rom\u00e1nticas tradiciones caballerescas que propagaban los trovadores. Dispon\u00eda de dinero en abundancia y lo gastaba pr\u00f3digamente, con ostentaci\u00f3n. Ni los negocios de su padre, ni los estudios le interesaban mucho, sino el divertirse en cosas vanas que com\u00fanmente se les llama &#8220;gozar de la vida&#8221;. Sin embargo, no era de costumbres licenciosas y acostumbraba a ser muy generoso con los pobres que le ped\u00edan por amor de Dios.<\/p>\n<p><strong>Hallazgo de un tesoro <\/strong><\/p>\n<p>Cuando Francisco ten\u00eda unos veinte a\u00f1os, estall\u00f3 la discordia entre las ciudades de Perugia y As\u00eds y en la guerra, el joven cay\u00f3 prisionero de los peruginos. La prisi\u00f3n dur\u00f3 un a\u00f1o, y Francisco la soport\u00f3 alegremente. Sin embargo, cuando recobr\u00f3 la libertad, cay\u00f3 gravemente enfermo. La enfermedad, en la que el joven prob\u00f3 una vez m\u00e1s su paciencia, fortaleci\u00f3 y madur\u00f3 su esp\u00edritu. Cuando se sinti\u00f3 con fuerzas suficientes, determin\u00f3 ir a combatir en el ej\u00e9rcito de Galter\u00edo y Briena en el sur de Italia. Con ese fin, se compr\u00f3 una costosa armadura y un hermoso manto. Pero un d\u00eda en que paseaba ataviado con su nuevo atuendo, se top\u00f3 con un caballero mal vestido que hab\u00eda ca\u00eddo en la pobreza; movido a compasi\u00f3n ante aquel infortunio, Francisco cambi\u00f3 sus ricos vestidos por los del caballero pobre. Esa noche vio en sue\u00f1os un espl\u00e9ndido palacio con salas colmadas de armas, sobre las cuales se hallaba grabado el signo de la cruz y le pareci\u00f3 o\u00edr una voz que le dec\u00eda que esas armas le pertenec\u00edan a \u00e9l y a sus soldados. Francisco parti\u00f3 a Apulia con el alma ligera y la seguridad de triunfar, pero nunca lleg\u00f3 al frente de batalla. En Espoleto, ciudad del camino de As\u00eds a Roma, cay\u00f3 nuevamente enfermo y, durante la enfermedad, oy\u00f3 una voz celestial que le exhortaba a &#8220;servir al amo y no al siervo&#8221;. El joven obedeci\u00f3. Al principio volvi\u00f3 a su antigua vida, aunque tom\u00e1ndola menos a la ligera. Las gentes, al verle ensimismado, le dec\u00edan que estaba enamorado. &#8220;S\u00ed&#8221;, replicaba Francisco, &#8220;voy a casarme con una joven m\u00e1s bella y m\u00e1s noble que todas las que conoc\u00e9is&#8221;. Poco a poco, con la mucha oraci\u00f3n, fue concibiendo el deseo de vender todos sus bienes y comprar la perla preciosa de la que habla el Evangelio. Aunque ignoraba lo que ten\u00eda que hacer para ello, una serie de claras inspiraciones sobrenaturales le hizo comprender que la batalla espiritual empieza por la mortificaci\u00f3n y la victoria sobre los instintos. Pase\u00e1ndose en cierta ocasi\u00f3n a caballo por la llanura de As\u00eds, encontr\u00f3 a un leproso. Las llagas del mendigo aterrorizaron a Francisco; pero, en vez de huir, se acerc\u00f3 al leproso, que le tend\u00eda la mano para recibir una limosna. Francisco comprendi\u00f3 que hab\u00eda llegado el momento de dar el paso al amor radical de Dios. A pesar de su repulsa natural a los leproso, venci\u00f3 su voluntad, se le acerc\u00f3 y le dio un beso. Aquello cambi\u00f3 su vida. Fue un gesto movido por el Esp\u00edritu Santo, pidi\u00e9ndole a Francisco una calidad de entrega, un &#8220;s\u00ed&#8221; que distingue a los santos de los mediocres. A partir de entonces, comenz\u00f3 a visitar y servir a los enfermos en los hospitales. Algunas veces regalaba a los pobres sus vestidos, otras, el dinero que llevaba.<\/p>\n<p><strong>&#8220;Francisco, repara mi Iglesia, pues ya ves que est\u00e1 en ruinas&#8221;<\/strong><\/p>\n<p>\u00a0En cierta ocasi\u00f3n, mientras oraba en la iglesia de San Dami\u00e1n en las afueras de As\u00eds, el crucifijo, (hoy llamado Crucifijo de San Dami\u00e1n) le repiti\u00f3 tres veces: &#8220;Francisco, repara mi casa, pues ya ves que est\u00e1 en ruinas&#8221;. El santo, viendo que la iglesia se hallaba en muy mal estado, crey\u00f3 que el Se\u00f1or quer\u00eda que la reparase; as\u00ed pues, parti\u00f3 inmediatamente, tom\u00f3 una buena cantidad de vestidos de la tienda de su padre y los vendi\u00f3 junto con su caballo. En seguida llev\u00f3 el dinero al pobre sacerdote que se encargaba de la iglesia de San Dami\u00e1n, y le pidi\u00f3 permiso de quedarse a vivir con \u00e9l. El buen sacerdote consinti\u00f3 en que Francisco se quedase con \u00e9l, pero se neg\u00f3 a aceptar el dinero. El joven lo deposit\u00f3 en el alf\u00e9izar de la ventana. Pedro Bernardone, al enterarse de lo que hab\u00eda hecho su hijo, se dirigi\u00f3 indignado a San Dami\u00e1n. Pero Francisco hab\u00eda tenido buen cuidado de ocultarse.<\/p>\n<p><strong>Renuncia a la herencia de su padre<\/strong><\/p>\n<p>Al cabo de algunos d\u00edas pasados en oraci\u00f3n y ayuno, Francisco volvi\u00f3 a entrar en la poblaci\u00f3n, pero estaba tan desfigurado y mal vestido, que las gentes se burlaban de \u00e9l, tom\u00e1ndolo por loco. Pedro Bernardone, muy desconcertado por la conducta de su hijo, le condujo a su casa, le golpe\u00f3 furiosamente (Francisco ten\u00eda entonces veinticinco a\u00f1os), le puso grillos en los pies y le encerr\u00f3 en una habitaci\u00f3n. La madre de Francisco se encarg\u00f3 de ponerle en libertad cuando su marido se hallaba ausente y el joven retorn\u00f3 a San Dami\u00e1n. Su padre fue de nuevo a buscarle ah\u00ed, le golpe\u00f3 en la cabeza y le conmin\u00f3 a volver inmediatamente a su casa o a renunciar a su herencia y pagarle el precio de los vestidos que le hab\u00eda tomado. Su padre le oblig\u00f3 a comparecer ante el obispo Guido de As\u00eds, quien exhort\u00f3 al joven a devolver el dinero y a tener confianza en Dios: &#8220;Dios no desea que su Iglesia goce de bienes injustamente adquiridos.&#8221; Francisco obedeci\u00f3 a la letra la orden del obispo y a\u00f1adi\u00f3: &#8220;Los vestidos que llevo puestos pertenecen tambi\u00e9n a mi padre, de suerte que tengo que devolv\u00e9rselos.&#8221; Acto seguido se desnud\u00f3 y entreg\u00f3 sus vestidos a su padre, dici\u00e9ndole alegremente: &#8220;Hasta ahora t\u00fa has sido mi padre en la tierra. Pero en adelante podr\u00e9 decir: Padre nuestro, que est\u00e1s en los cielos.&#8221;&#8216; Pedro Bernardone abandon\u00f3 el palacio episcopal &#8220;temblando de indignaci\u00f3n y profundamente lastimado.&#8221; El obispo regal\u00f3 a Francisco un viejo vestido de labrador, que pertenec\u00eda a uno de sus siervos. Francisco recibi\u00f3 la primera limosna de su vida con gran agradecimiento, traz\u00f3 la se\u00f1al de la cruz sobre el vestido con un trozo de tiza y se lo puso.<\/p>\n<p><strong>Llamado a la renuncia y a la negaci\u00f3n <\/strong><\/p>\n<p>En seguida, parti\u00f3 en busca de un sitio conveniente para establecerse. Iba cantando alegremente las alabanzas divinas por el camino real, cuando se top\u00f3 con unos bandoleros que le preguntaron qui\u00e9n era. El respondi\u00f3: &#8220;Soy el heraldo del Gran Rey.&#8221; Los bandoleros le golpearon y le arrojaron en un foso cubierto de nieve. Francisco prosigui\u00f3 su camino cantando las divinas alabanzas. En un monasterio obtuvo limosna y trabajo como si fuese un mendigo. Cuando lleg\u00f3 a Gubbio, una persona que le conoc\u00eda, le llev\u00f3 a su casa y le regal\u00f3 una t\u00fanica, un cintur\u00f3n y unas sandalias de peregrino. El atuendo era muy pobre pero decente. Francisco lo us\u00f3 dos a\u00f1os, al cabo de los cuales volvi\u00f3 a San Dami\u00e1n. Para reparar la iglesia, fue a pedir limosna en As\u00eds, donde todos le hab\u00edan conocido rico y, naturalmente, hubo de soportar las burlas y el desprecio de m\u00e1s de un mal intencionado. El mismo se encarg\u00f3 de transportar las piedras que hac\u00edan falta para reparar la iglesia y ayud\u00f3 en el trabajo a los alba\u00f1iles. Una vez terminadas las reparaciones en la iglesia de San Dami\u00e1n, Francisco emprendi\u00f3 un trabajo semejante en la antigua iglesia de San Pedro. Despu\u00e9s, se traslad\u00f3 a una capillita llamada Porci\u00fancula, que pertenec\u00eda a la abad\u00eda benedictina de Monte Subasio. Probablemente el nombre de la capillita alud\u00eda al hecho de que estaba construida en una reducida parcela de tierra. La Porci\u00fancula se hallaba en una llanura, a unos cuatro kil\u00f3metros de As\u00eds y, en aquella \u00e9poca, estaba abandonada y casi en ruinas. La tranquilidad del sitio agrad\u00f3 a Francisco tanto como el t\u00edtulo de Nuestra Se\u00f1ora de los \u00c1ngeles, en cuyo honor hab\u00eda sido erigida la capilla. Francisco la repar\u00f3 y fij\u00f3 en ella su residencia. Ah\u00ed le mostr\u00f3 finalmente el cielo lo que esperaba de \u00e9l, el d\u00eda de la fiesta de San Mat\u00edas del a\u00f1o 1209. En aquella \u00e9poca, el evangelio de la misa de la fiesta dec\u00eda: &#8220;Id a predicar, diciendo: El Reino de Dios ha llegado.. . Dad gratuitamente lo que hab\u00e9is recibido gratuitamente . . . No pose\u00e1is oro &#8230; ni dos t\u00fanicas, ni sandalias, ni b\u00e1culo &#8230; He aqu\u00ed que os env\u00edo como corderos en medio de los lobos. . .&#8221; (Mat.10 , 7-19). Estas palabras penetraron hasta lo m\u00e1s profundo en el coraz\u00f3n de Francisco y \u00e9ste, aplic\u00e1ndolas literalmente, regal\u00f3 sus sandalias, su b\u00e1culo y su cintur\u00f3n y se qued\u00f3 solamente con la pobre t\u00fanica ce\u00f1ida con un cord\u00f3n. Tal fue el h\u00e1bito que dio a sus hermanos un a\u00f1o m\u00e1s tarde: la t\u00fanica de lana burda de los pastores y campesinos de la regi\u00f3n. Vestido en esa forma, empez\u00f3 a exhortar a la penitencia con tal energ\u00eda, que sus palabras hend\u00edan los corazones de sus oyentes. Cuando se topaba con alguien en el camino, le saludaba con estas palabras: &#8220;La paz del Se\u00f1or sea contigo.&#8221;<\/p>\n<p><strong>Dones extraordinarios <\/strong><\/p>\n<p>Dios le hab\u00eda concedido ya el don de profec\u00eda y el don de milagros. Cuando ped\u00eda limosna para reparar la iglesia de San Dami\u00e1n, acostumbraba decir: &#8220;Ayudadme a terminar esta iglesia. Un d\u00eda habr\u00e1 ah\u00ed un convento de religiosas en cuyo buen nombre se glorificar\u00e1n el Se\u00f1or y la universal Iglesia.&#8221; La profec\u00eda se verific\u00f3 cinco a\u00f1os m\u00e1s tarde en Santa Clara y sus religiosas. Un habitante de Espoleto sufr\u00eda de un c\u00e1ncer que le hab\u00eda desfigurado horriblemente el rostro. En cierta ocasi\u00f3n, al cruzarse con San Francisco, el hombre intent\u00f3 arrojarse a sus pies, pero el santo se lo impidi\u00f3 y le bes\u00f3 en el rostro. El enfermo qued\u00f3 instant\u00e1neamente curado. San Buenaventura comentaba a este prop\u00f3sito: &#8220;No s\u00e9 si hay, que admirar m\u00e1s el beso o el milagro&#8221;.<\/p>\n<p><strong>Nueva orden religiosa y visita al Papa.<\/strong><\/p>\n<p>Francisco tuvo pronto numerosos seguidores y algunos quer\u00edan hacerse disc\u00edpulos suyos. El primer disc\u00edpulo fue Bernardo de Quintavalle, un rico comerciante de As\u00eds. Al principio Bernardo ve\u00eda con curiosidad la evoluci\u00f3n de Francisco y con frecuencia le invitaba a su casa, donde le ten\u00eda siempre preparado un lecho pr\u00f3ximo al suyo. Bernardo se fing\u00eda dormido para observar c\u00f3mo el siervo de Dios se levantaba calladamente y pasaba largo tiempo en oraci\u00f3n, repitiendo estas palabras: &#8220;Deus meus et omnia&#8221; (Mi Dios y mi todo). Al fin, comprendi\u00f3 que Francisco era &#8220;verdaderamente un hombre de Dios&#8221; y en seguida le suplic\u00f3 que le admitiese corno disc\u00edpulo. Desde entonces, juntos asist\u00edan a misa y estudiaban la Sagrada Escritura para conocer la voluntad de Dios. Como las indicaciones de la Biblia concordaban con sus prop\u00f3sitos, Bernardo vendi\u00f3 cuanto ten\u00eda y reparti\u00f3 el producto entre los pobres. Pedro de Cattaneo, can\u00f3nigo de la catedral de As\u00eds, pidi\u00f3 tambi\u00e9n a Francisco que le admitiese como disc\u00edpulo y el santo les &#8220;concedi\u00f3 el h\u00e1bito&#8221; a los dos juntos, el 16 de abril de 1209. El tercer compa\u00f1ero de San Francisco fue el hermano Gil, famoso por su gran sencillez y sabidur\u00eda espiritual. En 1210, cuando el grupo contaba ya con doce miembros, Francisco redact\u00f3 una regla breve e informal que consist\u00eda principalmente en los consejos evang\u00e9licos para alcanzar la perfecci\u00f3n. Con ella se fueron a Roma a presentarla para aprobaci\u00f3n del Sumo Pont\u00edfice. Viajaron a pie, cantando y rezando, llenos de felicidad, y viviendo de las limosnas que la gente les daba. En Roma no quer\u00edan aprobar esta comunidad porque les parec\u00eda demasiado r\u00edgida en cuanto a pobreza, pero al fin un cardenal dijo: &#8220;No les podemos prohibir que vivan como lo mand\u00f3 Cristo en el evangelio&#8221;. Recibieron la aprobaci\u00f3n, y se volvieron a As\u00eds a vivir en pobreza, en oraci\u00f3n, en santa alegr\u00eda y gran fraternidad, junto a la iglesia de la Porci\u00fancula. Inocencio III se mostr\u00f3 adverso al principio. Por otra parte, muchos cardenales opinaban que las \u00f3rdenes religiosas ya existentes necesitaban de reforma, no de multiplicaci\u00f3n y que la nueva manera de concebir la pobreza era impracticable. El cardenal Juan Colonna aleg\u00f3 en favor de Francisco que su regla expresaba los mismos consejos con que el Evangelio exhortaba a la perfecci\u00f3n. M\u00e1s tarde, el Papa relat\u00f3 a su sobrino, quien a su vez lo comunic\u00f3 a San Buenaventura, que hab\u00eda visto en sue\u00f1os una palmera que crec\u00eda r\u00e1pidamente y despu\u00e9s, hab\u00eda visto a Francisco sosteniendo con su cuerpo la bas\u00edlica de Letr\u00e1n que estaba a punto de derrumbarse. Cinco a\u00f1os despu\u00e9s, el mismo Pont\u00edfice tendr\u00eda un sue\u00f1o semejante a prop\u00f3sito de Santo Domingo. Inocencio III mand\u00f3, pues, llamar a Francisco y aprob\u00f3 verbalmente su regla; en seguida le impuso la tonsura, as\u00ed corno a sus compa\u00f1eros y les dio por misi\u00f3n predicar la penitencia.<\/p>\n<p><strong>La Porci\u00fancula <\/strong><\/p>\n<p>San Francisco y sus compa\u00f1eros se trasladaron provisionalmente a una caba\u00f1a de Rivo Torto, en las afueras de As\u00eds, de donde sal\u00edan a predicar por toda la regi\u00f3n. Poco despu\u00e9s, tuvieron dificultades con un campesino que reclamaba la caba\u00f1a para emplearla como establo de su asno. Francisco respondi\u00f3: &#8220;Dios no nos ha llamado a preparar establos para los asnos&#8221;, y acto seguido abandon\u00f3 el lugar y parti\u00f3 a ver al abad de Monte Subasio. En 1212, el abad regal\u00f3 a Francisco la capilla de la Porci\u00fancula, a condici\u00f3n de que la conservase siempre como la iglesia principal de la nueva orden. El santo se neg\u00f3 a aceptar la propiedad de la capillita y s\u00f3lo la admiti\u00f3 prestada. En prueba de que la Porci\u00fancula continuaba como propiedad de los benedictinos, Francisco les enviaba cada a\u00f1o, a manera de recompensa por el pr\u00e9stamo, una cesta de pescados cogidos en el riachuelo vecino. Por su parte, los benedictinos correspond\u00edan envi\u00e1ndole un tonel de aceite. Tal costumbre existe todav\u00eda entre los franciscanos de Santa Mar\u00eda de los \u00c1ngeles y los benedictinos de San Pedro de As\u00eds. Alrededor de la Porci\u00fancula, los frailes construyeron varias caba\u00f1as primitivas, porque San Francisco no permit\u00eda que la orden en general y los conventos en particular, poseyesen bienes temporales. Hab\u00eda hecho de la pobreza el fundamento de su orden y su amor a la pobreza se manifestaba en su manera de vestirse, en los utensilios que empleaba y en cada uno de sus actos. Acostumbraba llamar a su cuerpo &#8220;el hermano asno&#8221;, porque lo consideraba como hecho para transportar carga, para recibir golpes y para comer poco y mal. Cuando ve\u00eda ocioso a alg\u00fan fraile, le llamaba &#8220;hermano mosca&#8221; porque en vez de cooperar con los dem\u00e1s echaba a perder el trabajo de los otros y les resultaba molesto. Poco antes de morir, considerando que el hombre est\u00e1 obligado a tratar con caridad a su cuerpo, Francisco pidi\u00f3 perd\u00f3n al suyo por haberlo tratado tal vez con demasiado rigor. El santo se hab\u00eda opuesto siempre a las austeridades indiscretas y exageradas. En cierta ocasi\u00f3n, viendo que un fraile hab\u00eda perdido el sue\u00f1o a causa del excesivo ayuno, Francisco le llev\u00f3 alimento y comi\u00f3 con \u00e9l para que se sintiese menos mortificado.<\/p>\n<p><strong>Somete la carne a las espinas; Dios le otorga sabidur\u00eda. <\/strong><\/p>\n<p>Al principio de su conversi\u00f3n, vi\u00e9ndose atacado de violentas tentaciones de impureza, sol\u00eda revolcarse desnudo sobre la nieve. Cierta vez en que la tentaci\u00f3n fue todav\u00eda m\u00e1s violenta que de ordinario, el santo se disciplin\u00f3 furiosamente; como ello no bastase para alejarla, acab\u00f3 por revolcarse sobre las zarzas y los abrojos. Su humildad no consist\u00eda simplemente en un desprecio sentimental de s\u00ed mismo, sino en la convicci\u00f3n de que &#8220;ante los ojos de Dios el hombre vale por lo que es y no m\u00e1s&#8221;. Consider\u00e1ndose indigno del sacerdocio, Francisco s\u00f3lo lleg\u00f3 a recibir el diaconado. Detestaba de todo coraz\u00f3n las singularidades. As\u00ed cuando le contaron que uno de los frailes era tan amante del silencio que s\u00f3lo se confesaba por se\u00f1as, respondi\u00f3 disgustado: &#8220;Eso no procede del esp\u00edritu de Dios sino del demonio; es una tentaci\u00f3n y no un acto de virtud.&#8221; Dios iluminaba la inteligencia de su siervo con una luz de sabidur\u00eda que no se encuentra en los libros. Cuando cierto fraile le pidi\u00f3 permiso de estudiar, Francisco le contest\u00f3 que, si repet\u00eda con devoci\u00f3n el &#8220;Gloria Patri&#8221;, llegar\u00eda a ser sabio a los ojos de Dios y \u00e9l mismo era el mejor ejemplo de la sabidur\u00eda adquirida en esa forma.<\/p>\n<p><strong>La naturaleza <\/strong><\/p>\n<p>Sus contempor\u00e1neos hablan con frecuencia del cari\u00f1o de Francisco por los animales y del poder que ten\u00eda sobre ellos. Por ejemplo, es famosa la reprensi\u00f3n que dirigi\u00f3 a las golondrinas cuando iba a predicar en Alviano: &#8216;Hermanas golondrinas: ahora me toca hablar a m\u00ed; vosotras ya hab\u00e9is parloteado bastante.&#8221; Famosas tambi\u00e9n son las an\u00e9cdotas le los pajarillos que ven\u00edan a escucharle cuando cantaba las grandezas del Creador, del conejillo que no quer\u00eda separarse de \u00e9l en el Lago Trasimeno y del lobo de Gubbio amansado por el santo. Algunos autores consideran tales an\u00e9cdotas como simples alegor\u00edas, en tanto que otros les atribuyen valor hist\u00f3rico.<\/p>\n<p><strong>Aventura de amor con Dios <\/strong><\/p>\n<p>Los primeros a\u00f1os de la orden en Santa Mar\u00eda de los \u00c1ngeles fueron un per\u00edodo de entrenamiento en la pobreza y la caridad fraternas. Los frailes trabajaban en sus oficios y en los campos vecinos para ganarse el pan de cada d\u00eda. Cuando no hab\u00eda trabaj\u00f3 suficiente, sol\u00edan pedir limosna de puerta en puerta; pero el fundador les hab\u00eda prohibido que aceptasen dinero. Estaban siempre prontos a servir a todo el mundo, particularmente a los leprosos y menesterosos. San Francisco insist\u00eda en que llamasen a los leprosos &#8220;mis hermanos cristianos&#8221; y los enfermos no dejaban de apreciar esta profunda delicadeza. El n\u00famero de los compa\u00f1eros del santo continuaba en aumento, entre ellos se contaba el famoso &#8220;juglar de Dios&#8221;, fray Jun\u00edpero; a causa de la sencillez del hermanito Francisco sol\u00eda repetir: &#8220;Quisiera tener todo un bosque de tales jun\u00edperos.&#8221; En cierta ocasi\u00f3n en que el pueblo de Roma se hab\u00eda reunido para recibir a fray Jun\u00edpero, sus compa\u00f1eros le hallaron jugando apaciblemente con los ni\u00f1os fuera de las murallas de la ciudad. Santa Clara acostumbraba llamarle &#8220;el juguete de Dios&#8221;.<\/p>\n<p><strong>Muri\u00f3 el 3 de octubre de 1226, despu\u00e9s de escuchar la lectura de la Pasi\u00f3n del Se\u00f1or seg\u00fan San Juan<\/strong>. Francisco hab\u00eda pedido que le sepultasen en el cementerio de los criminales de Colle d&#8217;lnferno. En vez de hacerlo as\u00ed, sus hermanos llevaron al d\u00eda siguiente el cad\u00e1ver en solemne procesi\u00f3n a la iglesia de San Jorge, en As\u00eds. Ah\u00ed estuvo depositado hasta dos a\u00f1os despu\u00e9s de la canonizaci\u00f3n. En 1230, fue secretamente trasladado a la gran bas\u00edlica construida por el hermano El\u00edas.<\/p>\n<p>El cad\u00e1ver desapareci\u00f3 de la vista de los hombres durante seis siglos, hasta que en 1818, tras cincuenta y dos d\u00edas de b\u00fasqueda, fue descubierto bajo el altar mayor, a varios metros de profundidad. El santo no ten\u00eda m\u00e1s que cuarenta y cuatro o cuarenta y cinco a\u00f1os al morir. No podemos relatar aqu\u00ed. ni siquiera en resumen, la azarosa y brillante historia de la orden que fund\u00f3, Digamos simplemente que sus tres ramas: la de los frailes menores, la de los frailes menores capuchinos y la de los frailes menores conventuales forman el instituto religioso m\u00e1s numeroso que existe actualmente en la Iglesia. Y, seg\u00fan la opini\u00f3n del historiador David Knowles, al fundar ese instituto, San Francisco &#8220;contribuy\u00f3 m\u00e1s que nadie a salvar a la Iglesia de la decadencia y el desorden en que hab\u00eda ca\u00eddo durante la Edad Media.&#8221; \u00a1San Francisco de As\u00eds: p\u00eddele a Jes\u00fas que lo amemos tan intensamente como lo lograste amar t\u00fa.!<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Fuente Bibliogr\u00e1fica: Breve S\u00edntesis tomada del Divino Oficio. El resto: VIDAS DE LOS SANTOS DE BUTLER &#8211; TOMO IV.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abEl hombre de hoy necesita la fe, la esperanza y la caridad de Francisco; necesita&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":83918,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"content-type":"","_lmt_disableupdate":"","_lmt_disable":"","footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-83911","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized"],"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83911","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=83911"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83911\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=83911"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=83911"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=83911"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}