{"id":88383,"date":"2023-01-25T10:33:58","date_gmt":"2023-01-25T14:33:58","guid":{"rendered":"https:\/\/www.diariocatolico.org\/?p=88383"},"modified":"2026-04-17T15:06:14","modified_gmt":"2026-04-17T15:06:14","slug":"homilia-de-la-asamblea-comunidades-de-la-parroquia-santisima-trinidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/2023\/01\/25\/homilia-de-la-asamblea-comunidades-de-la-parroquia-santisima-trinidad\/","title":{"rendered":"Homil\u00eda de la Asamblea Comunidades de la Parroquia Sant\u00edsima Trinidad"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por: Padre, Cristian Peralta<\/strong><\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, llamar a una persona \u00abhonesta\u00bb es uno de los piropos m\u00e1s hermosos que se puede dedicar a un ser humano. La honestidad es esa cualidad de la persona que destaca por su decencia, su honradez y su capacidad de justicia. Quien es una persona honesta tiene un particular amor por la Verdad que le lleva a vivir coherentemente la fe que profesa y los valores que gu\u00edan su actuar. Quien es identificada como una persona honesta basa sus relaciones en la confianza y el respeto, en la sinceridad y la integridad. Son aquellas personas a las que se les atribuye veracidad, credibilidad, pues sus actos hablan de su profundad bondad.<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-88386 aligncenter\" src=\"https:\/\/www.diariocatolico.org\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/IMG-20230125-WA0001-300x129.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"129\" \/>Este a\u00f1o la Iglesia Dominicana, a trav\u00e9s de nuestros pastores, ha invitado al pueblo de Dios a que como creyentes demos testimonio de honestidad en medio de la sociedad dominicana, para que as\u00ed colaboremos en la eliminaci\u00f3n de la corrupci\u00f3n a todos los niveles de nuestra vida p\u00fablica y privada. Nos invitan a contrarrestar la corrupci\u00f3n que puede darse en la cultura, en la pol\u00edtica y la econom\u00eda, en la familia y en la ecolog\u00eda, incluso la corrupci\u00f3n que se nos puede colar en nuestro modo de vivir la fe y peregrinar como Iglesia. La invitaci\u00f3n eclesial para este a\u00f1o es un desaf\u00edo enorme, pero que, con la gracia de Dios y el esfuerzo de cada uno de nosotros, seguro que podremos colaborar en la construcci\u00f3n de una sociedad cada vez m\u00e1s libre de corrupci\u00f3n.<\/p>\n<p>Considero que el primer paso para combatir la corrupci\u00f3n es reconocer que cada uno de nosotros puede ser tentado por ella. Nadie se escapa a esta tentaci\u00f3n del \u00abcamino m\u00e1s corto\u00bb, de \u00abla puerta m\u00e1s ancha\u00bb, del \u00absalto de los procesos\u00bb o del \u00abescape de las responsabilidades\u00bb. Creernos inmunes a la tentadora corrupci\u00f3n es el primer paso para caer en ella. En un discurso dirigido a unos diputados italianos el Papa Francisco (21 de septiembre de 2017) les dec\u00eda: \u00abNunca vigilaremos lo suficiente ese abismo donde la persona est\u00e1 expuesta a las tentaciones del oportunismo, el enga\u00f1o y el fraude, que se vuelven m\u00e1s peligrosas por el rechazo a ponerse en discusi\u00f3n\u00bb. Hacernos conscientes de esto es el primer paso de honestidad que podemos dar. Y es que la corrupci\u00f3n se instala muy f\u00e1cil cuando se le abona el terreno de nuestro interior con justificaciones del tipo: \u00abes que es lo normal en este pa\u00eds\u00bb o \u00abel que quiere progresar tiene que ser corrupto\u00bb o la c\u00e9lebre tergiversaci\u00f3n del evangelio que cambia el sentido de la frase de Jes\u00fas: \u00abel que est\u00e9 libre de pecado que tire la primera piedra\u00bb. Estar atentos a las propias flaquezas y las propias tentaciones es un primer paso para combatir la corrupci\u00f3n.<\/p>\n<p>Un segundo paso importante para crecer en honestidad y con ello combatir la corrupci\u00f3n es el reconocer que no podemos solos. Cuando un sistema es corrupto, resulta muy dif\u00edcil ir contra corriente en soledad, m\u00e1s a\u00fan, el ir solos ser\u00e1 camino de frustraci\u00f3n que alentar\u00e1 a la tentaci\u00f3n de sumarse a la corriente que nos arrastra. La frustraci\u00f3n ante el tama\u00f1o de lo que deseamos enfrentar hace que nos rindamos a aquel adagio que afirma que cuando no puedes con el enemigo lo propio es unirse a \u00e9l. La corrupci\u00f3n no se combate en soledad, sino que amerita la uni\u00f3n con otros en aras de aquello que socaba un ambiente corrupto: el bien com\u00fan. En alg\u00fan escrito m\u00edo afirm\u00e9: \u00abel individualismo es el caldo de cultivo para la corrupci\u00f3n\u00bb, y es as\u00ed tanto porque el pensar solo en nosotros mismos nos hace olvidar el cuidado por lo com\u00fan y provoca que nos dejemos arrastrar por la b\u00fasqueda exclusiva de la propia ventaja; como tambi\u00e9n porque nos hace renunciar a toda lucha por un cambio ya que experimentamos que nuestros esfuerzos ser\u00e1n en vano. Caminar juntos, unir fuerzas y esperanzas, hacer comuni\u00f3n desde la fe y la justicia son un abono eficaz para que crezca la honestidad.<\/p>\n<p>La invitaci\u00f3n de la Iglesia es a caminar juntos aportando tres elementos fundamentales. Primero, el propio testimonio de una vida honesta. No hay gesto que sobre ni acto insignificante cuando se trata de hacer vida el deseo de una sociedad m\u00e1s honesta. Segundo, no sucumbir a la tentaci\u00f3n de la autosuficiencia, esa que nos hace olvidar el bienestar de los dem\u00e1s, especialmente la cristiana preocupaci\u00f3n por los m\u00e1s pobres, conduci\u00e9ndonos al nefasto y deshonesto \u00abs\u00e1lvese quien pueda\u00bb que es fuente de ego\u00edsmo e indolencia ante el dolor ajeno. Tercero, los creyentes, desde nuestra vocaci\u00f3n de bautizados, estamos llamados a ser profetas, es decir, a anunciar con nuestra vida que es posible caminar desde Dios en todos los \u00e1mbitos de nuestra existencia, que es posible una vida virtuosa en la familia, en el trabajo, en las relaciones interpersonales, en nuestro ejercicio de la ciudadan\u00eda, etc.; pero tambi\u00e9n esa llamada a ser profetas se ha de desplegar en la condena a los actos de injusticia y corrupci\u00f3n, a no sucumbir al silencio c\u00f3mplice ante lo que est\u00e1 mal, sino a vivir desde la Voluntad de Dios, que quiere que toda persona tenga vida y vida en abundancia y, por tanto, nuestro compromiso cristiano es combatir todo aquello que signifique muerte para muchos y ciertamente la corrupci\u00f3n es provocadora de muerte especialmente para los m\u00e1s pobres, sobre todo porque la corrupci\u00f3n mata la confianza, que es fuente de encuentro con los dem\u00e1s, de compromiso por la justicia, es la confianza lo que nos permite apostar por la vida.<\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, la iglesia nos invita a ser testigos y testimonio de honestidad en medio de nuestra sociedad. Entre nosotros tenemos ejemplos de personas que podemos se\u00f1alar con certeza como honestas, que bueno ser\u00eda que como comunidad cristiana podamos resaltar a esas personas, pues su testimonio alimenta la esperanza y nos asegura que cada uno de nosotros es capaz de vivir una vida decente y con ello, paso a paso, persona a persona, podamos colaborar para que nuestro pa\u00eds sea uno m\u00e1s justo y humano. Y es que la corrupci\u00f3n hace mucho ruido y acalla la sinfon\u00eda de los valores del Reino que est\u00e1 de fondo en la vida de tantos quede oculta. No dejemos que los ruidos de corrupci\u00f3n acallen nuestros gestos de honestidad, sino que sean estos gestos cotidianos los que nos alienten a caminar juntos para combatir la deshumanizadora corrupci\u00f3n y como Iglesia podamos hacer de este mundo uno m\u00e1s parecido al Reino que Jes\u00fas nos revela: Reino de amor y fraternidad, de justicia y de paz, de vida verdadera, de vida en abundancia para todos.<\/p>\n<p>Pidamos a Mar\u00eda, que ella nos alcance la gracia de una vida digna de ser llamada honesta y nos permita alentar a otros con nuestro ejemplo a desplegar la bondad que habita en sus corazones. Que as\u00ed sea.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Padre, Cristian Peralta Queridos hermanos y hermanas, llamar a una persona \u00abhonesta\u00bb es uno&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":70636,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"content-type":"","_lmt_disableupdate":"","_lmt_disable":"","footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-88383","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized"],"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/88383","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=88383"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/88383\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=88383"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=88383"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=88383"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}