{"id":8883,"date":"2018-03-01T15:23:56","date_gmt":"2018-03-01T19:53:56","guid":{"rendered":"https:\/\/www.diariocatolico.org\/?p=8883"},"modified":"2026-04-17T15:04:06","modified_gmt":"2026-04-17T15:04:06","slug":"catequesis-del-papa-francisco-la-liturgia-eucaristica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/2018\/03\/01\/catequesis-del-papa-francisco-la-liturgia-eucaristica\/","title":{"rendered":"Catequesis del Papa Francisco sobre la Liturgia eucar\u00edstica"},"content":{"rendered":"<p><img \/>VATICANO, (ACI Prensa).-<br \/>\nEn una nueva Audiencia General, el Papa Francisco continu\u00f3 con el ciclo de catequesis sobre la Misa y explic\u00f3 algunos momentos de la Liturgia eucar\u00edstica.<!--more--><\/p>\n<p>Sobre el Ofertorio, por ejemplo, se\u00f1al\u00f3 que \u201cnos ense\u00f1a, pueda iluminar nuestras jornadas, las relaciones con los otros, las cosas que hacemos, los sufrimientos que encontramos, ayud\u00e1ndonos a construir la ciudad terrena a la luz del Evangelio\u201d.<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n, el texto completo de la catequesis del Papa:<\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, \u00a1buenos d\u00edas!<\/p>\n<p>Continuamos con la catequesis sobre la santa misa. En la liturgia de la Palabra \u2014sobre la que me he detenido en las pasadas catequesis\u2014 sigue otra parte constitutiva de la misa, que es la liturgia eucar\u00edstica. En ella, a trav\u00e9s de los santos signos, la Iglesia hace continuamente presente el Sacrificio de la nueva alianza sellada por Jes\u00fas sobre el altar de la Cruz (cf. Concilio Vaticano ii, Const. Sacrosanctum Concilium, 47). Fue el primer altar cristiano, el de la Cruz, y cuando nosotros nos acercamos al altar para celebrar la misa, nuestra memoria va al altar de la Cruz, donde se hizo el primer sacrificio. El sacerdote, que en la misa representa a Cristo, cumple lo que el Se\u00f1or mismo hizo y confi\u00f3 a los disc\u00edpulos en la \u00daltima Cena: tom\u00f3 el pan y el c\u00e1liz, dio gracias, los pas\u00f3 a sus disc\u00edpulos diciendo: \u00abTomad, comed&#8230; bebed: esto es mi cuerpo&#8230; este es el c\u00e1liz de mi sangre. Haced esto en memoria m\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>Obediente al mandamiento de Jes\u00fas, la Iglesia ha dispuesto en la liturgia eucar\u00edstica el momento que corresponde a las palabras y a los gestos cumplidos por \u00c9l en la vigilia de su Pasi\u00f3n. As\u00ed, en la preparaci\u00f3n de los dones. son llevados al altar el pan y el vino, es decir los elementos que Cristo tom\u00f3 en sus manos. En la Oraci\u00f3n eucar\u00edstica damos gracias a Dios por la obra de la redenci\u00f3n y las ofrendas se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo. Siguen la fracci\u00f3n del Pan y la Comuni\u00f3n, mediante la cual revivimos la experiencia de los Ap\u00f3stoles que recibieron los dones eucar\u00edsticos de las manos de Cristo mismo (cf. Instrucci\u00f3n General del Misal Romano, 72).<\/p>\n<p>Al primer gesto de Jes\u00fas: \u00abtom\u00f3 el pan y el c\u00e1liz del vino\u00bb, corresponde por tanto la preparaci\u00f3n de los dones. Es la primera parte de la Liturgia eucar\u00edstica. Est\u00e1 bien que sean los fieles los que presenten el pan y el vino, porque estos representan la ofrenda espiritual de la Iglesia ah\u00ed recogida para la eucarist\u00eda. Es bonito que sean los propios fieles los que llevan al altar el pan y el vino. Aunque hoy \u00ablos fieles ya no traigan, de los suyos, el pan y el vino destinados para la liturgia, como se hac\u00eda antiguamente, sin embargo el rito de presentarlos conserva su fuerza y su significado espiritual\u00bb (ib\u00edd., 73). Y al respecto es significativo que, al ordenar un nuevo presb\u00edtero, el obispo, cuando le entrega el pan y el vino dice: \u00abRecibe las ofrendas del pueblo santo para el sacrificio eucar\u00edstico\u00bb (Pontifical Romano \u2013 Ordenaci\u00f3n de los obispos, de los presb\u00edteros y de los di\u00e1conos). \u00a1El Pueblo de Dios que lleva la ofrenda, el pan y el vino, la gran ofrenda para la misa! Por tanto, en los signos del pan y del vino el pueblo fiel pone la propia ofrenda en las manos del sacerdote, el cual la depone en el altar o mesa del Se\u00f1or, \u00abque es el centro de toda la Liturgia Eucar\u00edstica\u00bb (igmr, 73). Es decir, el centro de la misa es el altar, y el altar es Cristo; siempre es necesario mirar el altar que es el centro de la misa. En el \u00abfruto de la tierra y del trabajo del hombre\u00bb, se ofrece por tanto el compromiso de los fieles a hacer de s\u00ed mismos, obedientes a la divina Palabra, \u00absacrificio agradable a Dios, Padre todopoderoso\u00bb, \u00abpor el bien de toda su santa Iglesia\u00bb. As\u00ed \u00abla vida de los fieles, su alabanza, su sufrimiento, su oraci\u00f3n y su trabajo se unen a los de Cristo y a su total ofrenda, y adquieren as\u00ed un valor nuevo\u00bb (Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 1368).<\/p>\n<p>Ciertamente, nuestra ofrenda es poca cosa, pero Cristo necesita de este poco. Nos pide poco, el Se\u00f1or, y nos da tanto. Nos pide poco. Nos pide, en la vida ordinaria, buena voluntad; nos pide coraz\u00f3n abierto; nos pide ganas de ser mejores para acogerle a \u00c9l que se ofrece a s\u00ed mismo a nosotros en la eucarist\u00eda; nos pide estas ofrendas simb\u00f3licas que despu\u00e9s se convertir\u00e1n en su cuerpo y su sangre. Una imagen de este movimiento oblativo de oraci\u00f3n se representa en el incienso que, consumido en el fuego, libera un humo perfumado que sube hacia lo alto: incensar las ofrendas, como se hace en los d\u00edas de fiesta, incensar la cruz, el altar, el sacerdote y el pueblo sacerdotal manifiesta visiblemente el v\u00ednculo del ofertorio que une todas estas realidades al sacrificio de Cristo (cf. igmr, 75). Y no olvidar: est\u00e1 el altar que es Cristo, pero siempre en referencia al primer altar que es la Cruz, y sobre el altar que es Cristo llevamos lo poco de nuestros dones, el pan y el vino que despu\u00e9s se convertir\u00e1n en el tanto: Jes\u00fas mismo que se da a nosotros.<\/p>\n<p>Y todo esto es cuanto expresa tambi\u00e9n la oraci\u00f3n sobre las ofrendas. En ella el sacerdote pide a Dios aceptar los dones que la Iglesia les ofrece, invocando el fruto del admirable intercambio entre nuestra pobreza y su riqueza. En el pan y\u00a0el vino le presentamos la ofrenda de nuestra vida, para que sea transformada por el Esp\u00edritu Santo en el sacrificio de Cristo y se convierta con \u00c9l en una sola ofrenda espiritual agradable al Padre. Mientras se concluye as\u00ed la preparaci\u00f3n de los dones, nos dispones a la Oraci\u00f3n eucar\u00edstica (cf. ib\u00edd., 77).<\/p>\n<p>Que la espiritualidad del don de s\u00ed, que este momento de la misa nos ense\u00f1a, pueda iluminar nuestras jornadas, las relaciones con los otros, las cosas que hacemos, los sufrimientos que encontramos, ayud\u00e1ndonos a construir la ciudad terrena a la luz del Evangelio.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Fuente: <a href=\"https:\/\/www.aciprensa.com\/noticias\/catequesis-del-papa-francisco-sobre-la-liturgia-eucaristica-34968\">AciPrensa<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VATICANO, (ACI Prensa).- En una nueva Audiencia General, el Papa Francisco continu\u00f3 con el ciclo&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":8930,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"content-type":"","_lmt_disableupdate":"","_lmt_disable":"","footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-8883","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized"],"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8883","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8883"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8883\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8883"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8883"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8883"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}