{"id":90321,"date":"2017-01-11T11:25:37","date_gmt":"2017-01-11T15:25:37","guid":{"rendered":"http:\/\/noticias.arquidiocesisd.org\/?p=576"},"modified":"2026-04-17T15:04:02","modified_gmt":"2026-04-17T15:04:02","slug":"texto-catequesis-del-papa-francisco-los-falsos-idolos-la-esperanza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/2017\/01\/11\/texto-catequesis-del-papa-francisco-los-falsos-idolos-la-esperanza\/","title":{"rendered":"TEXTO: Catequesis del Papa Francisco sobre los falsos \u00eddolos y la esperanza"},"content":{"rendered":"<p>En una nueva catequesis, el Papa Francisco habl\u00f3 sobre los \u00eddolos que los hombres suelen fabricarse creyendo que le dar\u00e1n la felicidad pero que sin embargo no lo hacen.<\/p>\n<p>\u201cEl hombre, imagen de Dios, se fabrica un dios a su propia imagen, y es incluso una imagen mal hecha: no escucha, no act\u00faa, y sobre todo no puede hablar. Pero, nosotros estamos m\u00e1s contentos de ir en los \u00eddolos que ir al Se\u00f1or. Estamos muchas veces m\u00e1s contentos de las ef\u00edmeras esperanzas que te da esto que es falso, este \u00eddolo, que la gran esperanza segura que nos da el Se\u00f1or\u201d, explic\u00f3.<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n, el texto completo de la catequesis del Papa:<\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, \u00a1buenos d\u00edas!<\/p>\n<p>El pasado mes de diciembre y en la primera parte de enero hemos celebrado el tiempo de Adviento y luego el de Navidad: un periodo del a\u00f1o lit\u00fargico que despierta en el pueblo de Dios la esperanza. Esperar es una necesidad primaria del hombre: esperar en el futuro, creer en la vida, el llamado \u201cpensamiento positivo\u201d.<\/p>\n<p>Pero es importante que tal esperanza sea colocada en lo que verdaderamente puede ayudar a vivir y a dar sentido a nuestra existencia. Es por esto que la Sagrada Escritura nos pone en guardia contra las falsas esperanzas: estas falsas esperanzas que el mundo nos presenta, encubriendo su inutilidad y mostrando su insensatez. Y lo hace de varios modos, pero sobre todo denunciando la falsedad de los \u00eddolos en el cual el hombre est\u00e1 tentado de poner su confianza, haci\u00e9ndolo el objeto de su esperanza.<\/p>\n<p>En particular los profetas y los sabios insisten en esto, tocando un punto central del camino de fe del creyente. Porque la fe es confiar en Dios \u2013 quien tiene fe, conf\u00eda en Dios \u2013 pero llega el momento en el cual, enfrent\u00e1ndose a las dificultades de la vida, el hombre experimenta la fragilidad de esta confianza y siente la necesidad de certezas distintas, de seguridades tangibles, concretas. Yo conf\u00edo en Dios, pero la situaci\u00f3n es un poco fea y yo necesito una certeza un poco m\u00e1s concreta. \u00a1Y ah\u00ed est\u00e1 el peligro! Y entonces estamos tentados en buscar consolaciones incluso ef\u00edmeras, que parecen colmar el vac\u00edo de la soledad y mitigar el cansancio de creer. Y pensamos de poderlas encontrar en la seguridad que puede dar \u2013 por ejemplo \u2013 el dinero, en las alianzas con los potentes, o seguridades de la mundanidad, o en las falsas ideolog\u00edas. A veces las buscamos en un dios que pueda doblegarse a nuestros pedidos y m\u00e1gicamente intervenir para cambiar la realidad y hacerla como nosotros queremos; un \u00eddolo, precisamente, que en cuanto tal no puede hacer nada, impotente y mentiroso.<\/p>\n<p>\u00a1Pero a nosotros nos gustan los \u00eddolos, nos gustan mucho! Una vez, en Buenos Aires, deb\u00eda ir de una iglesia a otra, a mil metros, m\u00e1s o menos. Y lo hice, caminando. Y hab\u00eda un parque por ah\u00ed, y en el parque hab\u00eda peque\u00f1as mesas, muchas, donde estaban sentados los videntes. Y estaba lleno de gente, incluso hac\u00edan colas, hab\u00eda mucha gente; y t\u00fa le dabas la mano y \u00e9l comenzaba\u2026 Pero, el discurso era siempre el mismo: hay una mujer en tu vida, hay una sombra que viene, pero todo saldr\u00e1 bien\u2026 y luego, pagabas. Y \u00bfesto te da seguridad? Es la seguridad de una \u2013 perm\u00edtanme la palabra \u2013 de una estupidez. Y este es un \u00eddolo: he ido al vidente, a la vidente y me han le\u00eddo las cartas \u2013 yo s\u00e9 que ninguno de ustedes hace esto \u2013 y he salido mejor. Me recuerda a esa pel\u00edcula, \u201cMilagro en Mil\u00e1n\u201d, \u201cque cara, que nariz\u2026 100 liras\u201d. Te hacen pagar para que te alaben y ten una falsa esperanza. Este es un \u00eddolo, y nosotros estamos tan atentos: compramos falsas esperanzas. Y aquello que es la esperanza de la gratuidad, aquella que nos ha tra\u00eddo Jesucristo, gratuitamente, ha dado su vida por nosotros, en aquella no confiamos tanto\u2026<\/p>\n<p>Un Salmo lleno de sabidur\u00eda nos describe de modo muy sugestivo la falsedad de estos \u00eddolos que el mundo ofrece a nuestra esperanza y a la cual los hombres de todo tiempo son tentados a encomendarse. Es el Salmo 115, que recita as\u00ed: \u00abLos \u00eddolos, en cambio, son plata y oro, obra de las manos de los hombres. Tienen boca, pero no hablan, tienen ojos, pero no ven; tienen orejas, pero no oyen, tienen nariz, pero no huelen. Tienen manos, pero no palpan, tienen pies, pero no caminan; ni un solo sonido sale de su garganta. Como ellos ser\u00e1n los que los fabrican, los que ponen en ellos su confianza\u00bb (vv. 4-8).<\/p>\n<p>El salmista nos presenta, incluso de modo un poco ir\u00f3nico, la realidad absolutamente ef\u00edmera de estos \u00eddolos. Y debemos entender que no se trata solo de representaciones hechas de metal o de otro material, sino tambi\u00e9n de aquellas construidas con nuestra mente, cuando confiamos en realidades limitadas que transformamos en absolutas, o cuando reducimos a Dios a nuestros esquemas y a nuestras ideas de divinidad; un dios que se nos asemeja, comprensible, predecible, justamente como los \u00eddolos del cual habla el Salmo. El hombre, imagen de Dios, se fabrica un dios a su propia imagen, y es incluso una imagen mal hecha: no escucha, no act\u00faa, y sobre todo no puede hablar. Pero, nosotros estamos m\u00e1s contentos de ir en los \u00eddolos que ir al Se\u00f1or. Estamos muchas veces m\u00e1s contentos de las ef\u00edmeras esperanzas que te da esto que es falso, este \u00eddolo, que la gran esperanza segura que nos da el Se\u00f1or.<\/p>\n<p>A la esperanza en un Se\u00f1or de la vida que con su Palabra ha creado el mundo y conduce nuestras existencias, se contrapone la confianza en im\u00e1genes mudas. Las ideolog\u00edas con sus pretensiones de absoluto, las riquezas \u2013 y este es un gran \u00eddolo \u2013, el poder y el suceso, la vanidad, con sus ilusiones de eternidad y de omnipotencia, los valores como la belleza f\u00edsica y la salud, cuando se convierten en \u00eddolos a los cuales sacrificar cada cosa, son todas realidades que confunden la mente y el coraz\u00f3n, y en vez de favorecer la vida la conducen a la muerte. Y feo escuchar y hace tanto mal al alma aquello que una vez, hace a\u00f1os, he escuchado, en otra di\u00f3cesis: una mujer, una buena mujer, muy bella, era muy bonita y se vanagloriaba de su belleza, comentaba, como si fuera natural: \u201cHe debido abortar para que mi figura es muy importante\u201d. Estos son los \u00eddolos, y te llevan por el camino equivocado y no te dan la felicidad.<\/p>\n<p>El mensaje del Salmo es muy claro: si se pone la esperanza en los \u00eddolos, se termina siendo como ellos: im\u00e1genes vac\u00edas con manos que no tocan, pies que no caminan, bocas que no pueden hablar. No se tiene nada m\u00e1s que decir, se es incapaz de ayudar, cambiar las cosas, incapaces de sonre\u00edr, donarse, incapaces de amar. Y tambi\u00e9n nosotros, hombres de Iglesia, corremos este riesgo cuando nos \u201cmundanizamos\u201d. Es necesario permanecer en el mundo pero defenderse de las ilusiones del mundo, que son estos \u00eddolos que yo he mencionado.<\/p>\n<p>Como prosigue el Salmo, se necesita confiar y esperar en Dios, y Dios donar\u00e1 bendici\u00f3n: \u00abPueblo de Israel, conf\u00eda en el Se\u00f1or [\u2026] Familia de Aar\u00f3n, conf\u00eda en el Se\u00f1or [\u2026] Conf\u00eden en el Se\u00f1or todos los que lo temen [\u2026] Que el Se\u00f1or se acuerde de nosotros y nos bendiga\u00bb (vv. 9.10.11.12). Siempre el Se\u00f1or se recuerda, tambi\u00e9n en los momentos dif\u00edciles; pero \u00c9l se recuerda de nosotros. Y esta es nuestra esperanza. Y la esperanza no defrauda. Jam\u00e1s. Jam\u00e1s. Los \u00eddolos defraudan siempre: son fantas\u00edas, no son realidades.<\/p>\n<p>Esta es la estupenda realidad de la esperanza: confiando en el Se\u00f1or nos hacemos como \u00c9l, su bendici\u00f3n nos transforma, nos transforma en sus hijos, que comparten su vida. La esperanza en Dios nos hace entrar, por as\u00ed decir, en el rayo de acci\u00f3n de su recuerdo, de su memoria que nos bendice y nos salva. Y entonces puede surgir el aleluya, la alabanza al Dios vivo y verdadero, que por nosotros ha nacido de Mar\u00eda, ha muerto en la cruz y ha resucitado en la gloria. Y en este Dios nosotros tenemos esperanza, y este Dios \u2013 que no es un \u00eddolo \u2013 no defrauda jam\u00e1s. Gracias.<\/p>\n<p>Fuente: ACI Prensa<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En una nueva catequesis, el Papa Francisco habl\u00f3 sobre los \u00eddolos que los hombres suelen&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":577,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"content-type":"","_lmt_disableupdate":"","_lmt_disable":"","footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-90321","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized"],"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/90321","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=90321"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/90321\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=90321"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=90321"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariocatolico.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=90321"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}