Homilía de Mons. Carlos Tomás Morel Diplán con motivo del 46.º aniversario de la ADRU
Celebramos hoy 46 años, casi medio siglo de presencia, de existencia de esta asociación y hay que celebrarlo con gusto y hay que acentuar esa celebración porque cuando una institución permanece en el tiempo, a pesar de los avatares y situaciones, obstáculos que ustedes conocen, muy bien, permanecen unidos trabajando como asociación y fortaleciendo sobre todo la educación.
La responsabilidad de los rectores y las rectoras
Y cada uno de ustedes, rectores, rectoras que tienen una carga encima, dirigir una universidad con ese día a día no es una tarea fácil. Cada día con una situación, cada día hay algo nuevo, cada día hay situaciones y el que está viviendo esa experiencia lo sabe bien y ustedes mejor que yo lo saben, pero vale la pena y hay que hacerlo, sobre todo porque tenemos y ustedes en sus hombros la formación de los futuros profesionales de nuestra sociedad de nuestro país o la especialización de nuestros profesionales, de nuestros hombres y mujeres, que son los que contribuyen al desarrollo y al bienestar del país. Por eso hay que seguir trabajando, fortaleciendo la institución, la ADRU en estos 46 años. Y como decía también recordar aquellos y aquellas que fueron parte o formaron parte de esta institución y que con su vida contribuyeron.
Y orar también por los que están enfermos. Hay muchos rectores que ya han terminado la misión, están en sus hogares o están en el retiro. Orar por ellos, por su salud y agradecer a Dios por el servicio que ellos han realizado.
Una invitación a la reflexión
En este ambiente de celebración en el que nos reunimos aquí en este lugar, también tenemos la invitación para la reflexión. No es solamente celebrar 46 años. Hicimos el encuentro, vivimos el momento, pero creo que es oportuno que nos detengamos también y reflexionemos, porque ustedes que están al frente de universidades saben los retos que diariamente hay por delante y no solamente diariamente, el futuro que tenemos por delante. En cierto modo es impredecible qué viene, qué sucederá.
Pero debemos detenernos para ver cómo nosotros seguir trabajando y aportando desde la educación y para eso la reflexión. Y quién más oportuno y quién es más indicado que un rector o una rectora de una universidad donde ese espacio universitario debe ser un lugar de reflexión, lo fundamental. Y para eso nosotros acudimos a la palabra de Dios, que nos sirve también de iluminación para la reflexión que se nos ofrece.
La indiferencia y el individualismo
Y al leer la palabra de Dios en este día que se ha proclamado, nos fijamos en el evangelio de la parábola que se narra en el texto y presenta dos realidades que son también como desafío para la educación dominicana y para el servicio, la misión que realizamos. Y estos dos desafíos que presenta la palabra son la indiferencia y el individualismo.
Son dos fenómenos. Nuestra sociedad, nuestro mundo ha ido desarrollando una realidad de insensibilidad que se ha ido convirtiendo en un fenómeno social. No nos duele, no nos importa. o cualquerizamos las cosas importantes como es la formación, la educación, la capacitación de un ser humano. Es algo sagrado y lo que tenemos en nuestras manos en cada una de las universidades es una responsabilidad de una gran envergadura.
Los sueños de quienes llegan a la universidad
Porque a tu universidad, a mi universidad, a la universidad van muchas personas con sueños, grandes sueños. ser profesional, ser doctor, ser magister, lograr lo que quieren. Nuestras universidades debe ser el lugar de acogida para potencializar esos sueños que traen tantos jóvenes y tantas personas a nuestras universidades. Y a eso no podemos ser indiferentes, todo lo contrario, valorar, porque hay un talento, hay un ser humano, hay un valor grande que viene a desarrollar sus capacidades. Pero también la sociedad, todos nosotros debemos valorarlo.
Y preocupa que uno escuche hasta voces por ahí que te dicen y le dicen a los muchachos, “No estudies, no te prepares, porque yo soy rico y no ni he estudiado nada.” Y nosotros a veces hasta lo celebramos y hay gente como que tú lo aplaudes por ahí, que es nada.
Y la capacidad que Dios te regaló ese muchacho, esa muchacha, ese hombre, esa mujer, ¿para qué la recibió? ¿Cómo se transforma? ¿Cómo se logra cambiar una soc iedad si no es con el pensamiento y las ideas? ¿Y dónde se desarrollan las ideas y los pensamientos? ¿Dónde se cultivan? Son es en los centros educativos, nuestras universidades.
La educación y la sensibilidad humana
Y nosotros no podemos ser indiferentes ni la sociedad ser indiferente a lo que podemos realizar a través de la educación. Nuestro país lo necesita. Nuestra nación necesita de gente preparada como la tenemos y mucho más de la que tenemos.
Pero no podemos ser indiferentes, ni la sociedad ser indiferente a la formación, a la preparación, a la capacitación de los demás. Es un mal que ha ido entrando y que se ha ido extendiendo a diferentes dimensiones de la vida, ante el dolor, ante el sufrimiento, ante la desgracia.
Y por eso al formar a un profesional hay que formarlo con sensibilidad. un médico sensible, un ingeniero sensible, un abogado sensible, en cualquier área que sea, un ser humano sensible. Y por eso se habla tanto de humanizar, humanizar la salud, humanizar la educación, humanizar todos los ámbitos, porque hemos ido perdiendo la sensibilidad a causa de la indiferencia, un mal.
Y nosotros en la universidad tenemos que trabajar duramente todo eso para formar un ser humano sensible, que al salir o terminar o graduarse en el centro, que de ahí salga con un compromiso de servir y aportar a la sociedad y a la comunidad en general. Hay que apostar a eso.
El desafío del individualismo
Pero lo sobre todo el tema que aparece en el texto del evangelio de eso que fueron invitados y se hicieron los indiferentes, le invitaron a la fiesta y no le importó y quién que le invite una fiesta no va tranquilamente y se alegra y se siente orgulloso de que lo invitaron. Pero esto no le importó.
Se hicieron los indiferentes, pero también luego los individuales, los individualistas. El Señor le invita a un convite, a un banquete, pero cada uno tenía lo suyo. Yo tengo lo mío. Yo tengo lo mío. Y eso es un mal junto con la indiferencia que ha ido penetrando en la sociedad. el individualismo humano, el individualismo social.
Cuidar la asociación y pensar en el bien común
Por eso hay que cuidar esta asociación, hay que cuidar esta institución, porque sin darnos cuenta van apareciendo personas que piensan más en sus intereses, en lo que pueden conseguir que el bien del grupo y es un riesgo y la universidad está para formar personas con compromiso. o social. Pero si nosotros rectores andamos cada uno por nuestro lado y cada quien buscando lo suyo, ¿qué mensaje le mandamos a los estudiantes y a los jóvenes y a nuestra gente? ¿Qué mensaje enviamos?
Y es un mal que afecta nuestra sociedad, cada uno buscando, como dicen popularmente, lo mío o denme lo mío, esa expresión tan popular que usted está haciendo. Yo quiero lo mío, no lo de la comunidad.
Y hay que formar gente con sensibilidad, como he dicho, con sentido de comunión, que piense en la comunidad, que piense en el país, que piense en la patria, pero que no solamente piense en sí mismo, ni en la fortuna que va a acumular, ni en el bien que va a conseguir, ni en el poder que va a obtener.
La misión de la universidad
Comunión y la universidad, la educación tiene una tarea importante que jugar, no solamente formar, capacitar gente competencia, con competencia, con capacidad y estamos enredados muchas veces en todos esos términos, en esos términos, esos conceptos educativos que ni lo entendemos, ni sabemos, ni se aterriza en ninguna parte.
Dice, “¿Qué es todo eso? Cuando la cosa es tan simple, formar a un ser humano con capacidad para vivir en comunidad, que piensa en el país, ¿no? Un tipo, un hombre competente. ¿Y competente para qué? para él mismo, para darse el orgullo de vender conocimiento y haciendo periplo por todo el pueblo y el país, que lo que ellos sabe, gran cosa.
Necesita gente que piensa en el país, profesionales que piensen en la sociedad con sentido de comunión, con sentido de hermandad, con sentido de fraternidad y por eso el banquete a que el Señor le invita son desafíos, pero entonces la palabra ante el desafío trae respuesta y nosotros en las universidades, en nuestras academias. Andamos buscando respuesta a muchas cosas, pero el Señor es simple, con palabras simples, pero contundentes.
Un corazón nuevo
Y por eso el libro de Ezequiel al final dice una expresión que da respuesta a todo esto. Dice, “Le daré, le quitaré ese corazón de piedra y le daré un corazón nuevo.” Un corazón nuevo. una expresión muy linda, pero también espiritual. Y uno dice, “¿Verdad? Necesitamos un corazón nuevo, gente con corazones nuevos. No hay clínica para sacar tantos corazones y ponerle corazones sensibles. Un corazón de piedra y le daré un corazón, un espíritu nuevo.Transformar y ahí está la clave.
La transformación desde la universidad
Entonces, de la tarea que tenemos y la misión que tiene cada universidad y ustedes como rectores, cada uno, cada una pensando y pensar en cómo transformar desde la universidad nuestra sociedad, no desde el estado nada más, porque siempre estamos mirando al Estado, al Estado que nos resuelva y que arregle todos los problemas.
El Estado no lo va a resolver todo, tiene responsabilidad, pero como academia tenemos la responsabilidad de transformar esos sueños de esas personas que vienen a la universidad, esos ideales con lo que llegan los muchachos y las muchachas transformar.
Y el cambio comienza por la educación y siempre se dice, estamos plenamente convencidos de eso, tanto en la educación inicial como la educación media y la educación superior, una transformación y se habla de transformar educación, pero hay que transformar el ser humano y una educación transformadora verdaderamente con un pensamiento nuevo, una visión nueva, una idea nueva, no de esas ideas nuevas que estamos vendiendo por ahí de la de las cosas novedosas.
Del esnobismo. Todos esos esnobismos más que esnobismo es la novedad de lo que puede hacer el mundo, las cosas diferentes que nos estamos poniendo viejos, aunque aparentemente estamos avanzando en muchas cosas. Transformar un corazón indiferente, un corazón individualista por un corazón con sentido de comunión y hermandad.
La exigencia en la educación
Y eso no dice el texto del del profeta Ezequiel, que es tajante cuando habla. Y luego ante el otro el otro ante el desafío la respuesta. Cuando el rey en la parábola, que es el mismo señor, que invita a todos y no le hacen caso para nada, no le importa nada, entonces vuelve el Señor y dice, “Vayan, inviten a todo el mundo, a todo el mundo. Ya que ellos no quisieron, inviten a todos los que ustedes encuentren y salen nuevamente y vienen.”
Pero hay algo que se da. que aunque el Señor insistió en que invitaran a todos y a todas, se dio la fiesta, pero se dio cuenta que había uno que fue mal vestido a la fiesta y se fijó en él y le dice, “Usted no debe estar aquí. Usted no cabe en esta fiesta. No vino vestido para la fiesta.” Y ahí entonces viene la exigencia. Dios es compasivo, quiere que participemos y entremos, pero también es exigente, nos reclama, nos exige. También la educación debe ser exigente, muy exigente. No se puede cualquerizar la educación.
Y yo veo gente que andan por ahí haciendo hablar de que doctor y doctor en qué y dónde fue que hizo ese doctorado que hasta daño le puede hacer la universidad el que esa persona diga que doctor hasta daño le puede hacer.
La calidad de la educación
Tenemos que cuidar eso. Si vamos a formar, formar personas capaces y eso le da nivel, le da respeto, le da credibilidad a la institución.
No entremos en esa dinámica de ir rápido todo el mundo porque le hacemos daño a la educación. La educación debe ser exigente, muy exigente. Para mí una de las experiencias más bonitas que tuve fue estudiar fuera del país. Y cuando estudié fuera me di cuenta lo que es la educación de verdad. Cuando yo tenía que amanecer estudiando aquí, yo estudié en la universidad y verdad que es muy exigente, pero hallar el triple, el triple y eso me marcó mi vida como vejo, como estudiante.
Esos años de estudio para mí fueron duros porque me siguieron al máximo, pero lo que duré estudiando aquí en 8 años, en dos o tres años, lo superé prácticamente porque la exigencia era tan grande que a mí me dejó prácticamente comprometido y sorprendido porque esa exigencia, sean que uno entonces le diera valor a la educación. Y valorar a la universidad.
Hay que darle carate y fortaleza a la educación porque si no hacemos un daño a la educación y le hacemos creer a mucha gente que son y no son y luego profesionales que van a provocar más daño que bien. Demos calidad en la educación y tenemos la responsabilidad todos y todas de dar fortaleza para tener una educación de calidad.
Fortalecer el sistema educativo
Sé que el Ministerio de Educación Superior están en esto y queremos que trabajemos para seguir fortaleciendo nuestro sistema educativo. Creemos en esto y creemos que el país debe seguir fortaleciéndose en la calidad y en la formación de sus profesionales para que seamos verdaderamente un país de hombres y mujeres capacitados. Que podamos ofrecer un buen servicio a la sociedad. Felicidades y sigamos celebrando estos 46 aniversarios de ADRU. Que así sea.
Ver transmisión: https://www.youtube.com/watch?v=rLcjc1O_4gM














