Mons. Morel Diplán ordena diáconos y les exhorta a vivir con humildad, fidelidad y espíritu de servicio

Nuestro saludo a Monseñor Francisco Ozoria, arzobispo metropolitano de esta arquidiócesis de Santo Domingo.  A Monseñor José Amable Durán, obispo auxiliar de esta arquidiócesis.  A Monseñor Benito Ángeles, obispo auxiliar emérito de esta arquidiócesis de Santo Domingo.  Así también nuestro saludo para el padre Eric Cosme, Wilson Cosme, quien es el rector de nuestro seminario mayor Santo Tomás de Aquino.

Al padre Franklin, rector del seminario menor.  Así también nuestro saludo para cada uno de los vicarios territoriales.  y demás vicarios y arciprestes de nuestra arquidiócesis.  Así también el saludo para cada uno de mis hermanos sacerdotes,  mis hermanos diáconos.  Así también el saludo muy especial para los familiares de los ordenandos.

El saludo también muy particular y agradecido a los socios y celadores que oran, por las vocaciones y que sus oraciones han dado como fruto la vocación de estos dos jóvenes que serán ordenados diáconos transitorios.  Oramos por ellos para que el Señor les ayude a perseverar, sobre todo.  Y así también nuestro saludo para las personas que nos están siguiendo a través de la televisión, la radio y las redes sociales.

Le pedimos también a ustedes que están en sus hogares.  Que oren por las vocaciones.  Los jóvenes que nos están mirando o escuchando.  También a ustedes les motivamos.  Para que abran sus corazones a la llamada de Dios.  Dios nos llama. Dios le llama.  Y en esa llamada está también la oportunidad de realizar nuestras vidas y poner nuestros dones y talentos al servicio del Señor.  Y por eso al unirnos en esta mañana en oración,  por estos hermanos que hoy reciben este ministerio,  ambos jóvenes, pero con un gran deseo de servir a nuestra iglesia.  Y por eso nosotros los encomendamos a ellos.  Y pedimos por ellos, por Sandy y Walker,  quienes han hecho todo un proceso de formación en el seminario para  responder de manera definitiva al llamado que Dios les ha hecho.

Y por eso, hoy oramos por ellos,  pedimos por ellos para que se mantengan firmes en la llamada.  que el Señor les ha hecho de manera particular a cada uno de ellos.  Y al acercarnos entonces a la palabra de Dios que hemos proclamado,  encontramos expresiones,  ideas, iluminaciones que le pueden ayudar a ellos en este camino que emprenden como  diáconos transitorios, preparándose para el ministerio sacerdotal.

Y al leer el texto del profeta Jeremías que hemos escuchado,  el profeta recibe la llamada de Dios.  Y lo expresa de una manera hermosa,  pero también con temor.  El Señor me eligió desde el vientre de mi madre,  me eligió. Y él se siente incapaz,  indigno de poder.  Servir. De poder responder a la llamada de Dios.

Y por eso. El profeta con cierto temor.  Con cierta angustia. Le dice al Señor.  Yo soy incapaz prácticamente.  Porque humanamente.  Realmente somos incapaces.  De llevar la obra de Dios.  Por las limitaciones que tenemos todos.  Como seres humanos. Como la tiene Sandy Warkin.  Y como la tengo yo y los demás sacerdotes, tenemos limitaciones.  Pero el Señor le dice una palabra que le da mucha fortaleza al profeta.  No tengas miedo, yo estaré contigo, yo te defenderé en todo momento.  Y sé que Sandy Walker…  En el proceso vocacional sintieron mucho miedo, dudas como nos pasó a nosotros en el seminario, en el proceso de formación.   Pero apareció la voz de Dios o escuchamos la voz de Dios que  nos volvió a dar la tranquilidad y la paz para poder responder de manera firme a  su llamada. Por eso es importante que  Sandy y Walken, Ambos tengan bien claro que la vocación no es un mérito de ellos,  es un gesto de amor de Dios.  Quien les ha llamado a ambos y le ha dado la capacidad y le da la capacidad para cumplir la tarea que él les encomienda a ambos en la iglesia y en su misión y en su proceso que continuarán de formación en este camino diaconal.  Ambos tienen y deben tener bien claro que Dios es quien le ha llamado para evitar caer en la tentación o caer en la fragilidad de entender que eso es un logro mío, un éxito mío, logré, alcancé,    No, es una obra de Dios y  con humildad saber reconocer diariamente, el Señor es quien me ha llamado el Señor es quien me ha puesto en el camino, el Señor es quien está conmigo y va conmigo.  Y por eso ambos no pueden, no deben perder de vista que Dios es quien le ha llamado.  Podrán aparecer muchas palabras.  Alentándolo, animándolo, diciéndole, qué inteligente, qué capaz,  qué hábil, cuántas cualidades y talentos tú tienes.

Y uno podría creérselo, y aunque lo tenga, creer que es de uno, es Dios que te ha llamado, Dios le ha llamado.  Y humildemente reitero, mi respuesta es para Dios, mi vida es para Dios, y así ambos deben entenderlo.  Todo lo que Dios va haciendo y ha ido haciendo a través de este camino de formación, entender que Dios siempre ha estado ahí.

Y quien le ha llamado es el Señor.  Nadie más, el Señor.  Sencillamente somos instrumento de Dios para acompañarlos en este proceso que ambos van haciendo.  Dios como centro de su vocación.  No pierdan de vista a estos jóvenes, mantengan su mirada para no caer en la tentación de entender o creer que  es un mérito o un logro personal, es Dios que les ha llamado para que sean sus servidores en su pueblo.  Pero Pablo también nos recuerda algo, y sobre todo a ellos que son jóvenes.  Pablo dice, hemos sido llamados para vivir en comunidad y hacer una comunidad, pero también Dios nos ha llamado y nos ha regalado unos talentos, unos dones, una carisma para ponerlo al servicio de la comunidad.

Ambos jóvenes, Dios les regaló muchos talentos, jóvenes con cualidades, con energía, con juventud, con fuerza, pero lo que han recibido, Es para ponerlo al servicio de la comunidad, de la iglesia, al servicio del Señor.  Eso que han recibido, esos talentos, es para compartirlo, es para comunicarlo, es para enriquecer y dinamizar la comunidad donde ambos estén.

Porque esos dones Dios se los ha regalado para hacer que la comunidad disfrute de lo que Dios ha puesto en ellos.  Porque también podría uno caer en la tentación o creer que esos dones, esos talentos son para la vanagloria propia.  Dios me regaló eso y yo soy inteligente, yo tengo talento, yo soy hábil. Y uno se lo puede creer y entender que eso es de uno.

No, no son tuyos, son de Dios para que lo pongas al servicio de los demás.  Y la gran riqueza, la gran alegría, la gran realización humana es cuando podemos poner al servicio lo que Dios nos ha regalado. Sin egoísmo, sin intereses, sin ambición personal.

Lo que he recibido lo pongo al servicio de Dios, al servicio de la comunidad, al servicio de la iglesia.  Cada uno debe seguir trabajando esos talentos.  Todavía no se ha concluido el proceso y aunque se ordenen sacerdotes no se concluye el proceso de formación.  Deben continuar profundizando y trabajando esos dones que Dios ha puesto en sus vidas para hacer que sus comunidades, las comunidades, la parroquia,  la iglesia, donde se les ponga, sepan compartirlo con los demás.

Y eso les enriquece.  Y ustedes han tenido una gran oportunidad de tener personas que le acompañaron en el camino y le fueron ayudando en el seminario y le fueron formando y ayudándole a trabajar estos talentos.  Cosas que quizás muchos jóvenes por ahí no tienen esa oportunidad.  Una oportunidad de oro.

Ahora que lo han trabajado, lo han cultivado y deben seguir cultivándolo, entonces…  Poner esos dones al servicio de la comunidad.  Se ordenarán para una comunidad.  La iglesia lo enviará para una comunidad y servir en la comunidad.  Cuidémonos de caer en el individualismo, de creernos que no necesito de los otros y que soy sacerdote para mí.

No, no soy diácono y sacerdote para mí.  Me debo a la comunidad, me debo a la iglesia, me debo al pueblo.  Y para eso hoy recibirán este ministerio, para ponerlo al servicio de los demás.  La gran alegría, la gran satisfacción que da a un ser humano cuando sabe darse a los demás y sabe aportar a la comunidad.

Y finalmente el Evangelio da la palabra clave en lo que significa el diaconado, servicio, diaconía, servir, llamados.  para servir y han sido llamados y hemos sido llamados para ser servidores y es un ejercicio que ambos ahora en este tiempo en este periodo del diaconado transitorio ejercerán  con mucho más intensidad y con mucho más propiedad todos debemos ser servidores y por el  bautismo todos y todas somos servidores y servidoras pero ellos con mucha más propiedad, deben distinguirse por su servicio en la comunidad.

Y en este tiempo que duren de formación, de preparación para el ministerio sacerdotal, ejerciten la vivencia, la práctica del servicio con los hermanos.  Y eso es lo que hace rica la iglesia, es lo que dinamiza y fortalece la iglesia cuando tiene hombres y mujeres servidores y servidoras.  En las parroquias, en las comunidades, donde quiera que nos encontremos.

Personas con un corazón abierto para servir.  Jóvenes con un gran espíritu de servicio para la iglesia y para los demás.  Por eso nuestra oración, para que ellos mantengan bien firme su mirada en el compromiso que asumen.  para que no pierdan el horizonte en el camino de la iglesia y en la sociedad,  sino que mantengan su mirada puesta en lo fundamental,  porque de ahí dependerá toda su felicidad como ser humano,  su realización como sacerdote, pero también el bienestar que puedan hacer a la iglesia y a la sociedad.

Nuestra oración por ellos, para que vivan a plenitud este ministerio.  para que se entreguen verdaderamente y sin temor alguno respondan constantemente y renueven siempre esa llamada que  Dios les ha hecho a ambos.  Así, oremos por tantos jóvenes que han recibido la llamada,  pero por temor o por falta de motivación no han dado respuesta.

Sandy y Walken han dado respuesta.  así también otros jóvenes y ustedes los jóvenes sin miedo sepamos dar respuesta nuestros seminaristas no tengan miedo en  seguir respondiendo de manera valiente a la llamada que Dios nos ha hecho pues nuestra oración por estos dos jóvenes  para que sean buenos diáconos y a la vez en el futuro buenos sacerdotes, que así sea !

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