Sean todos bienvenidos, bienvenidas a nuestra Catedral Primada de Santo Domingo. Nuestro saludo a cada uno de ustedes, hermanos y hermanas. En especial, nuestro saludo al Señor Iván Ruiz, Director de Radio y Televisión Dominicana, al Señor Ellis Pérez, Presidente del Consejo Administrativo, y los demás miembros de este Consejo.
Al todo el personal administrativo, productores, técnicos, invitados especiales a esta celebración. Quiero compartir con ustedes algunas palabras con motivo a la celebración de este aniversario 74. Agradeciendo a Dios y reflexionando en torno a nuestro compromiso y la misión que tenemos, y especialmente este canal de televisión y los demás medios.
Nos reunimos en este lugar de oración con tres propósitos. Primero, para dar gracias a Dios por todos los beneficios recibidos en estos 74 años de existencia de este canal. En segundo lugar, para celebrar este acontecimiento que ha sido parte de la vida cotidiana de este pueblo, por su aporte a la cultura, al arte y a la educación.
Y en tercer lugar, oramos por todos los que contribuyeron al desarrollo de este canal, pero que ya no están con nosotros. También por los que están enfermos, para que el Señor les conceda vida y salud. Y por la dirección y todo el personal que le acompaña, para que el Señor les dé mucha sabiduría, discernimiento y fortaleza, para que este proyecto de comunicación siga defendiendo y difundiendo nuestros valores como pueblo, como sociedad.
El primero de agosto de 1952, Radio Televisión Dominicana, en ese momento La Voz Dominicana, fue fundada, como bien conocemos, por José Arizmendi Trujillo. Inició sus transmisiones como el primer canal de televisión del país y uno de los pioneros de América. Con este acontecimiento tecnológico, la República Dominicana se posicionó en un sitial muy importante en esta región.
De manera que estamos celebrando el 74 aniversario de este medio tan importante para nuestro país y que transformó para siempre la comunicación, la cultura y el entretenimiento en el país. Hoy, Corporación Estatal de Radio y Televisión, CRTV Canal 4, y a pesar de los años y los avances tecnológicos, el canal ha sabido acogerse a la realidad para seguir siendo un importante medio de comunicación para nuestro país. Esta celebración nos invita a detenernos en la reflexión de la Palabra de Dios que hemos escuchado.
Me detendré específicamente en la lectura del texto del Evangelio de San Mateo que se ha proclamado. La historia de la multiplicación de los panes es uno de los relatos más emblemáticos de la Biblia. Conocido por su mensaje de abundancia y fe.
Este milagro que se encuentra en los cuatro Evangelios no sólo revela el poder de Jesús, sino que también ofrece profundas lecciones espirituales que resuenan, que han resonado a lo largo de la historia. La multitud que se reúne para escuchar a Jesús representa la búsqueda espiritual de la humanidad. En un mundo lleno de incertidumbres, la gente se siente atraída por la esperanza que Jesús les ofrece.
En donde parece que la desesperanza hace más ruido, donde los titulares negativos dominan las pantallas y las redes premian el escándalo. Los cristianos estamos llamados a mirar más allá. La esperanza no es una ingenuidad ni una evasión.
Es una manera de vivir con los ojos puestos en Dios, como tenía el pueblo en ese momento. Estamos invitados a renovar el corazón para vivir y comunicar la certeza de que la esperanza no nos defrauda, como bien nos dice San Pablo, porque está enraizada en el amor fiel de Dios. Somos seres habitados por un anhelo profundo que sólo se colma al sabernos amados por Dios.
Esta certeza no nos inmoviliza, sino que nos impulsa. La esperanza es dinamismo, fuerza que nos pone en salida, porque creemos en un futuro donde Dios ya nos espera, confiando en nosotros incluso cuando dudamos de él. En la actualidad, el relato de la multiplicación de los panes sigue siendo relevante.
A medida que enfrentamos crisis sociales, económicas y espirituales, el mensaje de abundancia y esperanza resuena más entre nosotros. En un mundo donde muchos luchan con la escasez, esta historia nos anima a actuar con generosidad y fe, confiando en que nuestras pequeñas contribuciones pueden tener un gran impacto. ¿Cómo proclamar hoy el mensaje de Jesús de compasión, esperanza y generosidad en una sociedad enmarcada por antivalores, por el despilfarro y el consumismo desmedido? ¿Cómo construir un mensaje de salvación, de fe, de esperanza y caridad? Jesús utilizó un lenguaje directo, apropiado, cargado de una simbología propia de la cotidianidad en la cual creció y vivió, un código acorde con el público al cual dirige su mensaje.
Ante la situación de necesidad, Jesús muestra su cercanía. Sabe escuchar, observar, contemplar y penetrar en lo profundo de los corazones. Escuchaba a todas las personas que se le acercaban, a los discípulos, a sus enemigos, a los niños, a los soldados, a los cobradores de impuestos, a las prostitutas, a los enfermos, a los que ostentaban poder político, a los que representaban el poder religioso, al ladrón, en definitiva.
Todo aquel que estuvo en contacto con Jesús encontró un mensaje de esperanza y aliento, como lo que deben transmitir nuestros medios de comunicación social. Hoy en día, con mucha frecuencia, la comunicación no genera esperanza, sino miedo y desesperación, prejuicio y rencor, fanatismo e incluso odio. Muchas veces se simplifica la realidad para suscitar reacciones instintivas, se usa la palabra como un puñal, se utilizan incluso informaciones falsas o deformadas, hábilmente para lanzar mensajes distorsionados e incitar los ánimos a provocar y a herir.
Es un imperativo moral la necesidad de desarmar la comunicación y purificarla de la agresividad. Lamentablemente, vemos cómo se dan las guerras verbales, la competencia desleal, la voluntad de dominio y posesión y de la manipulación de la opinión pública, reflejando de esta forma el modelo de una mala comunicación que incide en el comportamiento social. Se distorsiona el fin de los medios de comunicación cuando difunden las mentiras en vez de la verdad, cuando emplean manipulación, cuando destacan la maldad en busca del lucro, de la fama y el poder.
Los medios de comunicación no cumplen su misión cuando sólo dan malas noticias, ocultan las buenas y aterrorizan el bien, la verdad y la belleza del mundo y de la creación. Estamos convencidos de que hoy más que nunca se hace necesario un trabajo periodístico y de comunicación apegado a la ética y a los mejores intereses de la sociedad. El compromiso valiente asumido por los comunicadores es indispensable para poner en el centro de la comunicación la responsabilidad personal y colectiva y el bien del prójimo.
Hoy nos encontramos en un contexto de comunicación cada vez más veloz e inmerso dentro de un sistema digital. Asistimos al fenómeno de las noticias falsas, las llamadas fake news. Esta expresión se refiere, por tanto, a la información infundada, basada en datos inexistentes y distorsionados que tienen como finalidad engañar o incluso manipular a las personas para alcanzar determinados objetivos, influenciar las decisiones políticas u obtener ganancias económicas.
Difundir la buena noticia es el fin de la predicación cristiana como Jesús y la finalidad de los medios de comunicación es buscar, expresar y transmitir la verdad, es decir, formar opinión e informar de la realidad. Pero la comunicación de Jesús es un signo de comunión porque además de transmitir la buena noticia con sentimientos, con verdad y con sabiduría, se entrega Él mismo como palabra de vida. Los medios de comunicación social tienen la gran responsabilidad de promover la justicia y la verdad, la paz y el bien común.
Sabemos de muchos medios que son fieles a la misión de ejercer un trabajo apegado a la verdad, asumiendo una postura de respeto a sus televidentes. El mundo en el que vivimos se mueve a un ritmo vertiginoso, impulsado por avances tecnológicos que antes sólo podíamos imaginar. Estas innovaciones buscan no sólo aumentar la productividad, sino también abordar desafíos de la comunicación.
Los medios de comunicación impregnan todos los ámbitos de nuestra cultura y de nuestra vida. Vivimos envueltos en lo que se viene llamando la sociedad de la información. Los medios influyen en nosotros, creando hábitos sociales, tendencias, gestos, modas.
Influyen en el tono moral de la sociedad y educan o maleducan a los ciudadanos. Su penetración en la sociedad es total y poderosa. Nadie se escapa de esta.
Los medios de comunicación tienen el gran poder de educar, orientar y formar conciencia ciudadana. Por ello, se han llamado acertadamente el primer aerópago del tiempo moderno. Para muchos, son el principal instrumento informativo y formativo de orientación e inspiración para los comportamientos individuales, familiares y sociales.
Realmente, los medios tienen un potencial enorme para promover la paz y construir puentes entre los pueblos, rompiendo el círculo fatal de la violencia, la venganza y las agresiones sin fin. Estar tan extendida en nuestro tiempo, las modernas tecnologías nos ofrecen posibilidades nunca antes vistas para hacer el bien, para difundir la verdad de manera de nuestra salvación en Jesucristo y para promover la armonía y la reconciliación, dando lugar a una comunicación que sepa hacernos compañeros de camino de tantos hermanos y hermanas nuestros para reanimar en ellos la esperanza en un tiempo tan atribulado. Una comunicación que sea capaz de hablar al corazón, no de suscitar reacciones, pasiones de aislamiento y de rabia, sino actitudes de apertura y amistad, capaz de apostar por la belleza y la esperanza, aún en las situaciones aparentemente más desesperadas, capaz de generar compromiso, empatía, interés por los demás.
Una comunicación que nos ayude a reconocer la dignidad de cada persona. Los medios de comunicación tienen la función de educar a la sociedad, transmitiendo conocimiento y valores a través de programas educativos, documentales, programas de divulgación científica y otros contenidos. Los medios de comunicación pueden contribuir al aprendizaje y a la formación de las personas.
Además, los medios de comunicación también pueden influir en la formación de valores y actitudes, transmitiendo mensajes que promuevan el respeto, la tolerancia, la igualdad y otros valores fundamentales para la convivencia pacífica y justa. Asumamos el compromiso de transmitir hechos positivos que abran las ventanas para ver y construir una sociedad más justa y fraterna. Hagamos la diferencia.
Encendamos las luces en vez de fomentar la oscuridad. Felicidades y sigamos trabajando por una buena televisión y una buena comunicación. Y así sea.