Mons. Carlos Tomás Morel Diplán: “Un padre es un sembrador de vida llamado a formar a sus hijos con esperanza, fe y sacrificio”
Con motivo de la celebración anticipada del Día de los Padres, Mons. Carlos Tomás Morel Diplán dirigió un mensaje de felicitación a los padres
del Arzobispado de Santo Domingo, agradeciendo a Dios por la vida de aquellos hombres que han sabido cumplir con la misión de ser verdaderos padres y acompañar a sus familias conforme a la voluntad del Señor.
Al iniciar su homilía, expresó también un recuerdo agradecido por los padres fallecidos, elevando una oración para que Dios les conceda el descanso eterno. Destacó la gratitud hacia quienes, durante su vida, entregaron todo cuanto estuvo a su alcance para procurar el bienestar de sus hijos y de sus familias.
Reflexionando sobre la parábola del sembrador, tomada del Evangelio según San Mateo, Mons. Morel Diplán explicó que Jesús presenta al sembrador como imagen de quien construye el Reino de Dios. Señaló que el sembrador es una persona llena de optimismo, esperanza y confianza, capaz de depositar una semilla en la tierra con la certeza de que dará fruto. Recordó que el campesino conoce cuándo sembrar y qué sembrar, poniendo su esperanza en la vida que brotará de una pequeña semilla.
A partir de esta imagen, afirmó que el padre también es un sembrador de vida. Así como el agricultor cuida la tierra para obtener una buena cosecha, el buen padre forma una familia, educa a sus hijos y los acompaña con dedicación, confianza, fe y sacrificio. Indicó que en los buenos padres descansa la esperanza de la familia, del país y de la sociedad, porque ellos siembran vida y trabajan por el futuro de sus hijos.
Durante su reflexión, lamentó que muchos hombres no sean conscientes de la responsabilidad que implica la paternidad. Comparó esa actitud con la del sembrador que deja crecer la maleza hasta ahogar la semilla sin hacer nada para cuidarla. Del mismo modo, expresó que existen padres que tienen hijos, pero no los acompañan ni se preocupan por su educación y formación.
Asimismo, señaló que los hijos constituyen un gran tesoro y una riqueza invaluable. Explicó que un padre no conoce todo lo que un niño o una niña podrá llegar a ser en el futuro, pero precisamente por ello debe cuidarlo, acompañarlo y atenderlo, de la misma manera en que el buen sembrador protege la semilla para que produzca abundantes frutos.
Mons. Morel Diplán recordó con gratitud la huella que dejan los padres que cumplen fielmente su misión. Manifestó que muchas de las cualidades que una persona posee son fruto de lo que sus padres sembraron en su vida mediante el trabajo, la honestidad, la caridad, el servicio, el sacrificio y la disciplina. Expresó también su agradecimiento personal por las enseñanzas recibidas de su padre, afirmando que lo que es como persona se lo debe a todo lo que él sembró en su vida.
El obispo destacó que muchas de las palabras, consejos y ejemplos de un padre permanecen vivos en la memoria de sus hijos y continúan orientándolos a lo largo de su vida. En contraste, manifestó su preocupación por tantos niños y jóvenes que no cuentan con la presencia de un padre responsable que los acompañe en su crecimiento, situación que les priva de una figura fundamental para desarrollarse de manera sana, equilibrada y agradecida.
En la parte final de su homilía, invitó a reconocer y agradecer a Dios por todos los hombres que han sembrado principios y valores con su testimonio y con su entrega. Comparó el sacrificio de muchos padres con la semilla que cae en la tierra y muere para dar vida, afirmando que numerosos padres renunciaron a muchas cosas personales para dedicarse al bienestar de sus hijos y al crecimiento de sus familias.
Finalmente, exhortó a celebrar la vida de los padres que han sabido cumplir su misión con responsabilidad y pidió orar por aquellos que se han descuidado en ese compromiso, para que asuman plenamente su vocación y ayuden a sus hijos a crecer sanos y estables en los ámbitos humano, emocional y espiritual.