Quiero expresar mi saludo a los hermanos sacerdotes que han venido a acompañar al padre Miguel Ángel en la toma de posesión de esta parroquia, de esta comunidad de fe.
Así también a los hermanos diáconos, en especial al papá de Miguel Ángel que vino a acompañarle también. Es muy bonito que el papá esté siempre a su lado de la familia, que es muy importante el apoyo y la presencia de la familia. Así lo que han venido de algunas comunidades a participar y a unirse en este momento de oración. Y por qué no el saludo a las personas que nos están mirando desde sus hogares a través del canal Televida, nuestro canal de la Iglesia Católica, de nuestra arquidiócesis.
Sé que hay muchas personas que están muy pendientes. De lo que está sucediendo en nuestra arquidiócesis, y especialmente un acontecimiento como este, en el que un sacerdote asume el compromiso de la guía pastoral y espiritual de una comunidad de fe de una parroquia. Y ante todo, hay que agradecer a todos los que han trabajado, sacerdotes especialmente, en esta parroquia.
El Padre Miguel Ángel no viene a comenzar de cero, ya hay un camino hecho, hay un camino transitado, trabajado, de mucho esfuerzo, de mucha lucha y de un gran sacrificio para hacer presente la obra de Dios en esta comunidad. El Padre Scarlett que trabajó muchos años entre ustedes y que sembró semilla. Entre ustedes, de fe, de palabra de Dios, de servicio, y hay que agradecer todo ese trabajo del Padre Scarlett entre ustedes, y el sacrificio, el esfuerzo que hizo por tantos años en esta comunidad.
Pero también está el Padre Eric, que trabajó un tiempo aquí con ustedes, les acompañó, continuó el trabajo, y hay que agradecer el esfuerzo, el trabajo. que un sacerdote hace en una comunidad para mantener la fe y sobre todo mantener viva, vivo el entusiasmo de la vida cristiana. Y también al Padre Cecilio de los Santos, que recién termina el servicio en esta comunidad para continuar en otra misión.
Y así pasa la antorcha al Padre Miguel Ángel. Agradecerle a cada uno de ellos que hayan trabajado, se esforzaron y cada uno sembró la semilla aquí en esta comunidad. Ahora viene el padre Miguel Ángel y agradecemos la disponibilidad de él de aceptar venir con mucho gusto a trabajar con ustedes. Y eso es muy importante cuando un sacerdote siempre está dispuesto y cuando uno le pide como obispo, uno espera la receptividad, la acogida a la solicitud que uno le hace de ir a una parroquia, salir de donde está para venir entonces a realizar otra misión.
El padre Miguel Ángel viene desde el seminario como formador y duró algunos años. Y ahora viene aquí a esta comunidad. Y por eso agradecemos la disponibilidad de venir a trabajar, acompañar a la comunidad y a servir en esta comunidad de fe. Ahora esperamos que ustedes le acojan con mucho gusto. ¿Ustedes lo acojan con mucho gusto? Ah, bueno.
Bueno, Miguel Ángel, comenzamos bien entonces. Así debe ser. Y la comunidad es la primera que debe acoger a su sacerdote, acompañarle, ayudarle y estar en la disponibilidad, como lo han hecho con otros, que también haya la gran disponibilidad de decir, yo padre, estamos a la disposición aquí para trabajar con usted, para unirnos en esta misión y colaborar en lo que esté a mi alcance.
Y cada uno está a su alcance. El que puede barrerse, yo puedo barrer nada más, pues nada, estoy dispuesto a barrer. Ah, que yo puedo poner las flores todos los días en la iglesia, pues vamos a poner las flores. O que yo puedo abrir todos los días la puerta de la parroquia, de la capilla, estamos ahí dispuestos.
Cada uno, cada una colaborando puede ayudar mucho en la misión. Que tendrá con ustedes el Padre Miguel Ángel. Y eso es muy, muy importante, porque el sacerdote entonces no se siente solo, se siente apoyado y acompañado por una comunidad que espera que… La presencia del sacerdote sea un estímulo, una ayuda para que la comunidad siga creciendo, siga avanzando en la vida cristiana, en la vida de fe, en su vida espiritual y que al terminar la misión la comunidad quede satisfecha, quede contenta por la tarea realizada por el Padre.
Pero también la otra parte de ustedes es orar. El padre Miguel Ángel tiene la tarea de orar por la comunidad. Es el pastor que cada día tendrá pendiente la comunidad en sus oraciones, todos los días. Y por eso como hemos escuchado hoy en esta fiesta que estamos celebrando de la transfiguración, cómo Jesús se lleva a sus discípulos, los más cercanos, los más íntimos.
se lo lleva al monte para tener una experiencia mística, una experiencia de oración profunda. Y por eso el padre, el párroco de una comunidad, no es solamente estar acá para atender una oficina o para atender el colegio o para resolver algunas cosas, celebrar la misa diaria, sino que diariamente el sacerdote debe tener en cuenta a todos sus fieles.
Los que vienen a la parroquia, los que no vienen a la parroquia, aquellos que están en situaciones, aquellos que están enfermos o aquellas que necesitan de una palabra de aliento, esa oración del sacerdote por todos. Pero tiene que estar o debe de estar, como dice el texto prácticamente, en esa comunión profunda con Cristo, en esa relación grande con Cristo.
Para poder llevar a la comunidad, a cada uno de ustedes, al encuentro con Cristo. Y esa tarea, esa misión diaria del sacerdote, día tras día, día tras día, tratando de que cada miembro de la comunidad conozca de Cristo. Y si él no puede solo porque el trabajo es mucho y la población es grande, entonces se auxilia con su catequista, con sus animadores de asamblea, sus animadores de asamblea, sus diáconos, los dirigentes de grupos y movimientos, todos unidos tratando de que la comunidad o aquellos hermanos o hermanas que no conocen de Cristo, conozcan a Cristo. No solamente el sacerdote, no solamente Miguel Ángel porque se va a cansar. Si él no encuentra entre ustedes ese apoyo de unirse para llevarle a Cristo a la comunidad, llega un momento del agotamiento. Porque es mucho, es mucho el trabajo. Desde lo que están enfermos los hogares, que él no podrá llegar a todos, pero están los ministros.
Entonces irán a llevar la palabra, la comunión y la presencia de Cristo a los hermanos. O aquellos que están distantes o quizás se encuentran un poco apáticos, indiferentes de la parroquia, a través de ustedes los hermanos, el Padre también llegar a esos que se sienten un poco distantes o un poco marginados, que sientan a través de ustedes.
Que Cristo está ahí y quiere que ustedes le conozcan. Por eso como Jesús que se lleva a sus discípulos, así también el Padre Miguel Ángel junto con ustedes, salir juntos, trabajar juntos, evangelizar juntos en esa misión. Pero también leemos en el texto la experiencia de fe que vivieron los discípulos. Al alejarse de la comunidad y entrar en ese momento bellísimo de oración, de encuentro con Cristo, es para vivirlos juntos.
Y por eso la comunidad, esos encuentros en el que ustedes a través de los retiros, las adoraciones, las reuniones, las convivencias, los encuentros, en cada acontecimiento de eso, tratar de que Cristo sea conocido y de tratar de vivir una experiencia de Cristo. Y ese es el esfuerzo diario del sacerdote en una comunidad, de que la comunidad tenga y haga una experiencia de Cristo.
Y de ahí el dinamismo que el sacerdote debe llevar cada día, cada mes, durante el año en la parroquia. Para que de una u otra manera, desde los niños en la catequesis, los adolescentes en los movimientos, los jóvenes en su pastoral, y luego los adultos en los diferentes grupos y movimientos, que tengan una experiencia de Cristo.
Y debe preocuparse por eso constantemente, que haya su retiro, que haya su adoración, que haya su convivencia, que haya sus encuentros, porque son oportunidades de tener una experiencia de Cristo. Pero reitero, Se necesita de la participación de toda la comunidad, de todos los grupos y movimientos para que eso que se quiere se pueda lograr.
Por muy buenas intenciones que tenga el padre Miguel Ángel, no lo podrá hacer solo. Necesita de la participación de cada uno y de cada una, para que aquellos que están de lejos o aquellos que se han ido de la comunidad puedan mirar el dinamismo, la vida, el entusiasmo que hay en la parroquia, que hay en la comunidad.
Pero depende de todos ustedes, junto con el Padre, para realizar esta tarea. Y luego, al terminar la experiencia, que vivieron los discípulos con Jesús en la transfiguración, aunque Jesús les dice a ellos, no le cuenten a nadie lo que ha sucedido, pero cómo no hablar con el testimonio de lo que uno vive de Dios.
No con la palabra nada más, sino con el testimonio. El testimonio. Y como sacerdote, todos nosotros, una de las cosas que debe distinguirnos en la comunidad debe ser el testimonio de vida, nuestro testimonio de fe, nuestro testimonio de vida cristiana, nuestro testimonio de Cristo en la comunidad. Y es un ejercicio que cuesta, pero cuando uno conoce de Cristo se hace mucho más fácil.
Pero no solamente el sacerdote que le podríamos pedir, padre, ¿tiene que darnos testimonio? Sí, tenemos que darlo. Tenemos el compromiso, la obligación moral de hacerlo, o la obligación evangélica, pero también todos nosotros como católicos, dar testimonio de lo que hemos vivido, de lo que estamos conociendo y de la experiencia que estamos viviendo.
Y cuando una parroquia está dinámica, activa, viva, luego cada uno, dará testimonio en su familia, en su comunidad, en el lugar donde está. Porque cada uno irá a contar y decir, en la parroquia hay mucha vida, hay muchos encuentros, hay muchas actividades, hay mucha oración, hay mucha vivencia. Y aquellos que escuchan dirán, pero hay que ir a ver lo que pasa ahí.
Hay que ver lo que está sucediendo porque fulana, fulano, ya es diferente. Y me habla de Cristo con una seguridad y un gran convencimiento. Y querrán venir a la parroquia a ver lo que está sucediendo. No por lo que dicen, sino por lo que se vive. Cuando se vive la vida cristiana desde el testimonio, entonces los demás querrán venir a ver lo que está pasando en ese lugar.
Y es lo que Cristo quiere de nosotros, que seamos testigos. Aunque le pidió a los discípulos que no hablaran. Pero ya estaban marcados con una experiencia de dar testimonio de un Cristo glorificado, de un Cristo vivo, de un Cristo que realmente nos enamora y nos entusiasma y lo que necesitamos como iglesia entre nosotros.
De ahí que pidamos al Señor por la misión entonces que inicia entre ustedes y en esta comunidad el Padre Miguel Ángel. Para que el Espíritu Santo le acompañe y que sea un transfigurado de esa presencia de Cristo, la alegría, el gozo, el entusiasmo, sea reflejado en su vida y en toda esta comunidad. Que así sea.