En el contexto de nuestra fiesta de patronales. También tenemos la confirmación los jóvenes de nuestro colegio San Pío X. Y ahora vamos a hacer la presentación. Estos niños fueron bautizados con la promesa de que serían educados en la fe y de que un día recibirán por la confirmación la plenitud del Espíritu Santo.
Ese fue el compromiso de sus padres y padrinos en el bautismo como responsable de la acción catequística. Tengo la satisfacción de decir a la comunidad reunida y a su padre y pastor nuestro, el obispo, que estos niños han recibido la catequesis adecuada a su edad. En nombre de la Iglesia damos la acogida a quienes van a recibir el sacramento de la confirmación en esta tarde.
Nos alegramos porque ustedes serán confirmados en la fe que recibieron en el día del bautismo y recibirán los dones del Espíritu Santo. Todos nosotros nos debemos alegrar porque estos jovencitos y jovencitas continuarán viviendo su vida de cristianos y cristiana. Y como un gesto de alegría de todos nosotros y de acogida, les vamos a dar un fuerte aplauso.
Se pueden sentar, por favor, dentro de un momentito vamos a retomar la celebración del sacramento de la confirmación. El padre Wington ha hecho la presentación de quienes recibirán en esta tarde el sacramento de la confirmación y un servidor en nombre de la iglesia de esta Arquidiócesis le da la acogida y por eso le hemos dado un aplauso porque ellos necesitan el apoyo, el acompañamiento y la motivación de todos nosotros. Para vivir la fe, para vivir la vida cristiana, se necesita especialmente los jóvenes del buen testimonio de papá, de mamá y de nosotros cristianos, para que en el camino no se desencanten ni se desanimen en seguir a Cristo. Por eso tenemos que animarlos y motivarlos para que vivan su fe.
Y nosotros los cristianos somos responsables de ayudar a los que van creciendo a mantenerse en la fe que han recibido en el bautismo. Por eso, en esta celebración, en la clausura de la fiesta de San Pío X, nos fijamos en la persona, en la vida de este hombre de Dios. Y por eso la comunidad elige un santo, un patrón o una patrona, como le llamamos, que le sirve de referencia para vivir la vida cristiana. Porque, los santos y las santas han sabido mantener su fe y vivir los valores cristianos y se convierten para nosotros en modelo de vida. Y por eso el santo, la santa, no solamente para colocarlo en un altar o ponerlo en una imagen en una pared, sino que debemos mirar las virtudes, las cualidades, los talentos que Dios le concedió para que sean santos o para que vivan su fe venciendo los obstáculos que pudieron encontrar en su camino.
¿Y qué es lo que mueve a vivir una vida de entrega y de santidad? Sencillamente el examen que el Señor le hace a Pedro y por eso San Juan de la Cruz o Santa Teresa nos van a decir que al final del camino, ¿de qué nos van a examinar? nos van a examinar del amor. Y ese es el examen que Jesús le dio a Pedro para pasar la prueba y le pregunta tres veces, “Pedro, ¿me amas?” “Sí, Señor, Pedro, ¿me amas?” Y parecería como pregunta repetitiva y sin sentido, pero no es así.
Jesús quiere asegurarse de que la vida de Pedro como apóstol, como su seguidor, se sustente, se construya sobre el amor. Y de ahí que la vida cristiana debe estar sostenida sobre el amor o la caridad. A veces nos perdemos con otras cosas como cristianos. A veces nos perdemos en cumplir solamente una norma o una tradición o nos perdemos en cosas innecesarias y dejamos lo más importante, el amor, la vida cristiana que se sostiene, que se fundamenta en el amor.
Y San Pío 10 o San Pío X supo entender muy bien lo que Dios quería de él y le tocó vivir en un momento difícil, en un cambio de siglo, en un momento en que se aproximaba una primera guerra mundial y en ese momento, San Pío X le tocó dirigir la iglesia. Pero para hacerlo hay que tener un corazón lleno de amor para poder aguantar las crisis o las provocaciones o los desafíos de camino.
Si no se hace desde el amor, uno termina siendo derrotado. La fuerza de un ser humano está en el amor que tiene por algo, como el padre o la madre que ama su familia y hace lo indecible para sostener su familia porque la ama. Cuando no la ama, le importa cualquier cosa, que su hijo sufran, que el matrimonio se destruya, que su hogar se vaya a pique, porque no ama verdaderamente.
El que lo ama hace todo lo posible. Y por eso uno ha visto hombres y mujeres que han gastado su vida por su familia, por sus hijos, por su hogar, porque aman, aman su hogar, aman su matrimonio, aman su familia, aman lo que Dios le ha regalado y sufren, pero lo hacen por amor. San Pío X, en un momento difícil de la iglesia, él se enfrentó a muchos obstáculos y lo hizo por amor.
Miraba que a los jóvenes le faltaba catequesis, por eso se dedicó a elaborar una catequesis para formar porque amaba a la gente, a los jóvenes de ese tiempo. Y por eso los jovencitos debían recibir su comunión a partir de los 7 años. San Pío X revolucionó de que debían recibir su comunión a los 7 años, que los niños iniciaran su vida cristiana, vivieran su vida cristiana en una relación con Cristo por amor a su iglesia y por amor a los hermanos o el amor a la Eucaristía como cristiano, como cristiana, ese amor que debe tener el cristiano por la Eucaristía y también por sus hermanos. Y eso es lo que entonces necesita nuestra sociedad, nuestra humanidad, un verdadero amor a Dios, a los hermanos, un verdadero amor a la familia. un verdadero amor al servicio que realizamos, a la vocación que hemos recibido.
Hemos ido perdiendo el rumbo, hemos ido perdiendo la orientación en el camino y necesitamos volver a lo central, el amor. Cuando se pierde el sentido del verdadero amor, entonces caemos en la banalización. Todo es vano. Una superficialidad, una chavacanería, un desorden. Todo se convierte en nada porque no se ama a nadie, a nada, ni a nadie ni a sí mismo.
Y por eso en la formación de nuestros niños y niñas hay que educarlo en el verdadero amor de Dios. Y por eso la catequesis que se le comunica, que se le da a los muchachos y muchachas, no es solamente para que memoricen muchos conceptos y muchas palabras que le enseñan los catequistas, es para enseñar la catequesis del amor a Dios, el amor a los hermanos y el amor a sí mismo, el amor a la comunidad.
Y es para enseñar. Nosotros como cristianos debemos enseñar a nuestros niños desde la catequesis, en los grupos de catequesis y en la familia. enseñarlos a amar, porque si no vamos a tener una generación de jóvenes que no le importan los demás, insensibles, indolentes, indiferentes, que solamente piensan en sí mismo y en sus propios intereses.
Por eso el Señor, reitero, examinó a Pedro del amor. Tú me amas, tú me amas. Y por eso Pedro al final tiró prácticamente el grito, “Sí, Señor, yo te amo. Tú sabes que te quiero.” Porque el Señor lo confrontó. Como Pedro lo traicionó, lo negó tres veces, entonces tres veces Pedro tuvo que decir, “Te amo.
” Como tres veces lo negó Pedro en el momento de la pasión de él. Por eso nosotros debemos poner atención en el amor de Dios. Eso no pasa de moda. Pasar cualquier cosa, pero el amor de Dios no pasa. Y por eso San Pío X llegó a descubrir el amor de Dios y por eso su amor a Dios y a la Iglesia y a la humanidad lo llevó a entregar su vida y a vivir una vida de sacrificio, de perfección y de santidad.
Por eso pidamos la intercesión de San Pío X por esta comunidad. Hoy también tendremos la celebración del sacramento de la confirmación. Tenemos un grupo de jovencitos y jovencitas, estudiantes de aquí del centro educativo, que ya recibieron una catequesis para el sacramento de la confirmación. Ya ellos recibieron el primer sacramento de iniciación cristiana que es el bautismo.
Y en el bautismo se recibe el don de la fe. Si esa fe no se educa, no se forma y no se acompaña, esa fe se va debilitando. Y para eso la catequesis que ellos recibieron en del centro educativo en su proceso de formación. Ahora ellos van a recibir la confirmación y siempre insisto, la confirmación, como el nombre bien lo dice, es confirmarse en la fe.
Ellos van a ser confirmados en la fe que recibieron en el día del bautismo. Ellos son jovencitos y jovencitas. Han ido viviendo la fe poco a poco y espero que en la familia le hayan ido ayudando a vivir su fe. Ahora, ellos tienen un poco de conocimiento y de conciencia y van a recibir el sacramento de la confirmación. Y en esa catequesis que ellos recibieron, le fueron enseñando como en el bautismo se recibe el don de la fe.
En la confirmación ellos van a recibir los dones del Espíritu Santo, la presencia del Espíritu Santo, indicando que ellos no solamente son cuerpo, no son solamente materia o carne. El ser humano es espíritu. Dios nos regala su espíritu por el en el bautismo, pero también en la confirmación. Y en esa confirmación que ellos recibirán y esos dones que recibirán los catequistas, los maestros le enseñaron unos dones también que los muchachos sol aprendieron.
Ya lo saben ustedes bien, se saben bien los 11 dones del Espíritu Santo. Eh, ¿cuánto? que son qué siete. ¿Y quién le enseñó que son siete aquí a ustedes? ¿Dónde están los maestros que le enseñaron que son siete? Están aquí los maestros y usted le enseñó que son siete de seguro. ¿Y dónde usted se aprende esos siete dones? En la iglesia.
Así es. tiene que defenderse son siete dones. Siete dones, sí, porque el cristiano que viene uno y le echa una cosa y se queda calladito y se agacha. No, enfrente, son siete. Diga las cosas como son, porque a veces no nos defendemos y aparecen unos gallitos por ahí y le echan la Biblia y le estrujan la Biblia en la cara a usted y usted si es verdad, nosotros no sabemos nada. ¿Cómo que usted no sabe nada? por haragán que no se puso a aprender. Tenemos que aprender.
Vengan las jóvenes. Vengan. Muy bien. Las jóvenes ustedes le van a decir porque si ustedes no se lo saben, los muchachos se lo van a decir a los que no se lo saben. Y hay gente que no está mirando en su casa por televisión también, no se preocupen. Sí pueden subir aquí ellos, los tres, ustedes tres lo van a decir lo que ustedes saben.
Entero lo que tú quieras. Sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza. ciencia, piedad de Dios y temor de Dios. Digo, piedad y temor de Dios. Ah, vamos a ver. Espérense. Oh, pero vamos a escuchar las muchachas también. Sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Sabiduría, piedad, temor de Dios, entendimiento, ciencia, entendimiento, fortaleza y temor de Dios.
Ahora sí, gracias. Muchas gracias. Gracias, jóvenes. Pueden sentar. Gracias. Ustedes lo sabían también. ¿Cómo lo saben ellos? Miren, yo no digo una palabra porque estoy en televisión me están mirando y después me dicen que el obispo dice muchas cosas. Todos debemos sabéroslo, ¿eh? Y usted dice, “Pero que yo tengo catequesis para saberme eso. Ya yo estoy viejo y grande para eso.” No, no es porque uno tenga o no en catequesis, no es porque ya no tiene cierta edad, es porque son dones de Dios, son valores, talentos, cualidades, virtudes. En la escuela no hablamos muchísimo, pero si hay que formar en valores. Eso es formar en valores. El don de la sabiduría hoy es muy necesario.
Hoy no se habla de sabiduría, hoy se habla de inteligencia artificial. No se habla de sabiduría y usted dice, “Yo eso pasó de moda la sabiduría. Ahora es inteligencia artificial. Usted está quedado, señor con eso. Ah, y la inteligencia artificial sabe vivir, no sabe vivir. A la inteligencia artificial si le da un dolor, ¿sabe lo que es un dolor? No le da dolor
Cuando se presenta un problema humano, ella te da te va a decir cómo hacerlo, pero que lo venga a hacer ella. No es lo mismo que haya una piedra grande y te dice, “Inteligencia artificial, dime cómo mover esa piedra, que se la eche la piedra arriba a ella.” Usted es el ser humano que sabe cómo se le va a poner encima.
La sabiduría es el arte, el don de saber vivir. Y ahora si hay gente torpe para vivir, no saben vivir mucha gente se matan antes de tiempo y acaban con su vida antes de tiempo. Porque si a usted le dicen que el alcohol hace daño a la salud y te lo dicen hasta en el anuncio, te lo dicen, fumar hace daño a la salud y te lo dicen hasta en el anuncio, te lo dicen y fuma y bebe y te lo dicen. Ahora, el arte de vivir no todo el mundo lo tiene. Hay que enseñar a los muchachos a saber vivir. Saber vivir o el don de inteligencia, no solamente para sacar una buena nota o tener un buen índice, sino aprovechar ese don que Dios te ha regalado para ponerlo al servicio del bien de la sociedad.
Porque hay gente que tiene una inteligencia para robar, corromper y dañar grandísima porque son inteligentes para eso. Si utilizamos la inteligencia para hacer el bien, el mundo fuera diferente. Porque un atracador es inteligente, porque sabe la hora en qué lo va a hacer y cómo lo va a hacer. Emplea inteligencia para el mal.
Esa inteligencia que Dios nos regaló es para hacer el bien. Por eso hay que educar a los muchachos para que sepan aprovechar esa inteligencia, pero para el bien, no para el mal. O el don de piedad, sentir con el otro, tener sensibilidad. Cuando uno conoce de Dios y el amor de Dios te hace sensible o el don de consejo. Un buen consejo, uno que tiene ese don para decirte una palabra en el momento más importante para tu vida o temerle a Dios o respetarlo. Respetar a Dios, son valores en los cuales debemos formar y orientar a nuestros muchachos. Por eso el Espíritu Santo es para iluminarnos en nuestro caminar y ayudarnos a vivir la fe que hemos recibido en el bautismo. Por eso vamos a orar por estos muchachos y muchachas y pedir a San Pío X que los acompañe en su caminar. Que así sea.