Homilia de la misa y bendición del altar de san José de Calasanz

Les saludo a mis hermanos sacerdotes, especialmente al párroco Gerardo Ramírez y así también a los sacerdotes de la comunidad que fundó el mismo San José de Calasanz, esta comunidad de sacerdotes que sirve y colabora con nosotros en esta arquidiócesis de Santo Domingo. Celebramos también la clausura de estas fiestas patronales dedicadas a San José de Calasanz. Pero también vamos a tener en esta noche la consagración de este altar, no la bendición, la consagración. Y por eso la solemnidad que reviste esta celebración para… consagrar este altar que ha sido construido, preparado para colocar también en él una reliquia de primer grado de San José de Calasanz.

Y al escuchar la palabra que se ha proclamado, pienso en lo que significa realmente la vida de santidad. La vemos muy romántica, muy piadosa o muy simple. Pero los que han descubierto en Dios la misión, la vocación y sobre todo el propósito que Dios ha tenido con ellos y ellas, entonces han pasado por experiencias muy particulares. Y en esa experiencia muy particular que vivió San José de Calasanz y otros santos y santas, hay dos realidades, o tres realidades especialmente.

Primero, el santo o la santa es un ser humano, una persona que ha sabido descubrir en medio de las realidades los signos de los tiempos, la visión, la iluminación o la capacidad de mirar mucho más allá que el común de las personas. San José de Calasanz y otros y otras han mirado cosas que no miraba la gente generalmente y a veces cosas simples pero muy trascendentes a la vez.

Él se fijó en los jóvenes. En una cultura, en una sociedad, en un mundo donde el joven no tenía un puesto de gran relevancia, pero tampoco se confiaba en la juventud o se veía en la juventud la esperanza de una sociedad. Porque eran los sabios los que contaban. ¿Y quiénes eran los sabios? Los ancianos, los hombres y mujeres que ya habían tenido una larga experiencia.

Y en ellos había que confiar. Y en ellos era que se creía. Pero los jóvenes no eran tan trascendentes. Pero San José de Calasanz puso la mirada en ellos. Pero no solamente puso la mirada en el joven o los jóvenes, sino que puso la mirada en el futuro. Puso la mirada. en los talentos, en los dones, en los carismas que Dios había puesto en cada uno de esos muchachos y muchachas.

Y es tener una visión de una gran amplitud, pero sobre todo leer los signos de los tiempos. Y él leyó en la mirada, en el pensamiento y en la vida de los jóvenes, leyó el futuro de la sociedad. Pero no solamente mirar al joven o acoger al joven porque es joven o por simpatía o por agrado, sino educarlo, formarlo, porque ahí estaba la realización del ser humano.

 

Porque cuando un ser humano descubre los talentos, las cualidades que tiene y toma conciencia de lo que es, puede explotar sus capacidades y realizarse como ser humano. Y la mayor obra que podemos hacer y la que se puede hacer es ayudar a un ser humano a descubrir el tesoro que es y los talentos que tiene.

Pero más todavía, ayudarle a realizarse como ser humano. Porque creían en ellos y San José de Calasanz creyó en ellos. Y creyó en ellos y por eso apostó a la educación y a la formación para el futuro de la sociedad, de la iglesia y de la humanidad. Un gran aporte a la sociedad. Con una simpleza pudo hacer que el mundo cambiara y la sociedad de su entorno cambiara porque tuvo una visión y creo que también nos hace falta a nosotros poner la mirada en las cosas más importantes de la vida, en nuestros niños, nuestros adolescentes, nuestros jóvenes, porque si trabajamos los talentos, si trabajamos el potencial que hay en muchos de ellos y le valoramos como son, aseguramos el futuro y el bienestar de nuestro país y el de la humanidad. Una gran visión, leyendo los signos de los tiempos, pero solamente a través de la luz del Espíritu. Esa luz del Espíritu que él supo descubrir y supo discernir para hacer la voluntad de Dios. Pero hay otra realidad de un santo o una santa. Que muchas veces no queremos afrontar, por eso le tememos afrontarlo y entrar por este camino o este estilo de vida.  Y es ser incomprendido. A todos nos encanta que nos comprendan y caer bien a todo el mundo. Pero San José de Calasanz, como Jesucristo, fue incomprendido. ¿Quién creyó en él en el momento? Que podía… transformar a esos seres humanos, a esos jóvenes que podía aportar a la iglesia, que podía hacer un servicio, que podía evangelizar a través de la educación.

No lo comprendieron. Y terminó su vida sin que lo comprendieran. Terminó su vida sin que lo comprendieran. Jesús tampoco fue comprendido. Y leemos como Job… No fue comprendido. ¿Cómo es posible tú siendo rico y teniendo tanta propiedad que Dios te haga eso a ti? Y tú siendo un hombre de fe. ¿Cómo comprendemos eso? O cuando Jesús le dice a los discípulos que el reino de Dios, que para adquirir o conquistar el reino de Dios hay que hacerse como un niño. Incomprensible. Y por eso es incomprensible, porque cuando usted habla de las bienaventuranzas y dicen que son bienaventurados los que sufren, bienaventurados, y uno dice, pero Jesús va como en la vía contraria siempre, incomprendido. Y los incomprendidos son los que transforman el mundo, porque es fácil uno montarse en el vagón del metro, donde va todo el mundo, pero uno tomar otro vagón contrario, le dicen que uno es loco y anda mal.

Los incomprendidos son los que transforman porque va a contracorriente. No se alinea con lo que la sociedad le está imponiendo. No se conforman con lo que hay en el mundo. Tienen cierto grado de rebeldía contra lo que hay para poder transformar. Y por eso los santos son incomprendidos. Fíjense, lean toda la vida de los santos.

 

Ninguno la pasaron bien. Todos pasaron por situaciones, hasta su propia gente. lo trató mal. Lea a San Juan de la Cruz, lea a Santa Teresa de Jesús, lea a San Francisco de Asís y usted verá que fueron todos incomprendidos. Y nosotros nos quejamos por cualquier cosita que pase en la parroquia, ya estamos mal, el mundo se está acabando.

Y cree que es el único o la única que no lo comprenden en la parroquia. Pero hace miles de años que hay gente incomprendida en la iglesia. Porque están haciendo la voluntad de Dios. Porque hacer la voluntad de Dios muchas veces implica incomprensión. Solamente Dios entiende porque es un misterio. Pero los hombres y mujeres que han sabido conocer de Dios y entrar en el misterio de Dios, entonces lo han asumido con valentía, con firmeza y con gran determinación.

Así también… San José de Calasanz, quien entregó su vida, dedicó su vida a la educación, a la formación. Y de ahí entonces surge lo otro en la vida de un hombre o una mujer que ha conocido a Dios, que es su consagración. Se consagró a Dios. Un hombre que consagró sus ideas. Su corazón, su vida, su juventud, su fuerza, lo consagra a Dios.

Y por eso hoy vamos a colocar en este altar una de las reliquias de San José de Calasanz. Se consagró. Y por eso el altar también será consagrado. Porque es la imagen, la presencia de Cristo. Y por eso ustedes mirarán dentro de un momento. ¿Cómo se ungirá el altar? ¿Cómo se preparará todo este ambiente? Porque es la presencia de Cristo.

Y si ustedes se dieron cuenta, generalmente nosotros besamos el altar, el sacerdote, el diácono, cuando llega el altar. En esta ocasión no, porque todavía no está consagrado, porque es la presencia de Cristo. Por eso el altar debe dejarse prácticamente casi descubierto. Apenas se le cubre un poco la parte de arriba del altar con el paño, el mantel. Porque es Cristo, la presencia de Cristo. Y a veces lo adornamos y le ponemos tanta cosa que no se ve nada. El altar es Cristo. Y por eso se consagra. Cristo en este altar, el pan, el vino que se convierte en el cuerpo y la sangre y por eso toda nuestra atención, nuestra mirada en el altar porque la presencia de Cristo en este lugar sagrado y consagrado como San José de Calasanz que se convirtió también en un altar consagró su vida para que otros también tengan vida realizándose a través de la educación, la formación y el acompañamiento. Por eso agradecemos a los hermanos Escolapios que están acá. cuya comunidad también fundó San José de Calasanz. Ellos portan la reliquia que colocaremos dentro de un momento en el centro de este altar. Pidamos la intercesión de San José de Calasanz por esta parroquia, por cada uno de nosotros y especialmente por todos los jóvenes. Que así sea.

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